1. Sujeto 5
Bajo tierra, dentro del Centro de Experimentación 2, situado en algún lugar desconocido para los prisioneros, todo parecía completamente normal.
Desde las salas de concepción, las mujeres gritaban mientras eran usadas, ya fuera por los propios custodios de las instalaciones, o ya fueran por los ejemplares atormentados de otras especies con las que, los propios humanos, trataban de experimentar.
Ella estaba en su propia celda, separada del resto, porque era diferente, la habían hecho diferente y ahora, cuando podrían usarla para sus planes, se negaba.
No tenía nombre porque nadie se había molestado en darle uno. Al fin y al cabo, solo era el resultado de un experimento anterior que, aparentemente, no había resultado como ellos querían. No era un varón, sino una hembra. Y en su ególatra pensamiento pensaron que, si no había suerte en la primera generación, sería en la segunda.
Ellos fueron los tontos que tomaron ADN de otra especie sin saber si el espécimen original era macho o hembra. Y más tontos aún al tratar de convertir las células clonadas en gametos para producir descendencia. Confundieron una 'X' un tanto deforme con una 'Y', la inyectaron en un óvulo humano y, voila, nació una niña de otra especie, que no era ni humana ni lo que fuera aquel ser.
Al principio le pusieron de nombre "sujeto 5" porque lo intentaron varias veces, y de una docena de óvulos, solo diez culminaron su desarrollo. Pero de los otros diez, todos murieron lentamente por fallos orgánicos, sin que pudieran salvarlos.
Cuando 5 cumplió los dos años y no hubo señales de deterioro, quizá por ser la única hembra, le drenaron líquido encefaloraquídeo para sus experimentos. No supo si tuvo éxito o no, tampoco le importaba, solo le importó el dolor que le causaron, la debilidad, el deseo de morir. Durante años.
Ella no quería nada de esto, solo quería morir o que la dejasen en paz. Pero su tormento continuó. Año por año, la pincharon, cortaron, diseccionaron a veces con ella consciente y sin anestesia, probaron medicamentos, jugaron con sus entrañas y sus emociones, hasta que, al cumplir los catorce, sus poderes estallaron y mató a dos médicos.
Desde entonces, estaba en una celda.
Muchos días no la alimentaban, por lo que había aprendido a racionar lo que le daban. Tampoco nadie venía a limpiar, por lo que el olor en el interior era horrible. Se suponía que debería funcionar el sanitario y la ducha, pero hacía mucho que se habían averiado y nadie se arriesgaría a entrar allí.
A veces, jugaba en su mente con contactar con otras como ella. Eran más pequeñas, la mayoría tristes y abandonadas, a las que trataban de enseñar cosas horribles que ellas rechazaban.
Y luego estaba Helena.
Helena, rodeada de padres amorosos, una hermana mayor que la cuidaba sin tocarla y una madre que la besaba cada vez que podía, a pesar de sus protestas infantiles. Le encantaba ver la vida a través de los ojos de ella porque era una vida feliz, una vida que le gustaría tener. Ser bañada en agua caliente, ser abrazada con cariño, que le ofrecieran dulces o chocolates.
Por ello, cuando el recinto estaba en silencio, 5 se aferraba a los recuerdos de la pequeña y los revivía como si fueran suyos. Su padre enseñándole a hablar, a caminar, a pedir por favor. ¿No podría ella tener una vida así?
Entonces la primera explosión sacudió la instalación y los gritos, alarmas y voces masculinas ladrando órdenes llenaron el ambiente.
5 corrió a la puerta de la celda y trató de ver por la mirilla enrejada, deslizándola con los dedos para asomarse al exterior. Hacía mucho que nadie la usaba, por lo que estaba dura, pero abierta, y ella la usaba en secreto para vigilar.
Los hombres cargaron sus armas y se parapetaron donde pudieron, mientras gigantes cubiertos con algo que parecía una coraza roja, entraban en la instalación, disparándoles a bocajarro. Disparo que los gigantes hacían, hombre que caía al suelo, sacudiéndose con los ojos abiertos y dejando de respirar.
Uno trató de usar a una de las chicas desnudas como rehén. Pero otro gigante le disparó desde otro ángulo, para horror de la chica, quien se vio bañada en sangre, pues no era el mismo tipo de arma. La cabeza de su captor había volado, literalmente.
5 sonreía al pensar que se les había acabado herir a las chicas, los extraños y solo rezaba porque no estuvieran aquí para matarlos a todos. Aunque... ¿Sería tan malo morir? Muerta no habría dolor, olor o recuerdos. No sabía cuanto tiempo llevaba siquiera encerrada en esta celda, sabía que había sido al empezar a sangrar, pero, había sangrado tantas veces...
Al principio usó la sangre para marcar las veces que ocurría, toda una pared estaba marcada con las líneas de su intento de contar, aunque no sabía de números. Se detuvo cuando vio que era inútil, la pared estaba llena, pero ella no sabía cada cuanto sangraba ni cuantos sangrados debían ir al año. Sabía que había tenido catorce, porque cada vez que los médicos empezaban con pruebas, la ataban a la mesa, y empezaban a hablar con alguien que no estaba presente.
"El sujeto 5 tiene siete años... El sujeto 5 tiene doce años... El sujeto 5 tiene ahora catorce años y su primer sangrado a ocurrido hace una semana, por lo que procedemos a la monta..."
Ella había sabido lo que era la monta. Uno de los médicos la había llevado a una para que aprendiera hace tiempo. Muchos hombres desnudos, haciendo gritar a una chica de su edad, y no precisamente de placer, cuando se colocaban entre las piernas de ella y empujaban una y otra vez sus caderas contra las de ella. Hasta que callaba. Y aun así seguían adelante hasta que una alarma sonaba. Entonces los médicos entraban, la revisaban, y se la llevaban o la dejaban para otra sesión de 'monta'.
El horror le heló la sangre y sus poderes, hasta ahora débiles e imperceptibles para los médicos, estallaron. Los reventó contra la pared, hizo que la mesa los golpeara una y otra vez, mientras gritaba. Luego todo se volvió negro cuando la golpearon en la nuca.
Trataron de intentarlo con ella sedada, pero sus poderes no la necesitaban consciente aparentemente. En cuanto la trataban de meter en una sala de monta, estos estallaban y golpeaba a todos los que tratasen de sostenerla.
No huía porque no sabía lo que había fuera de aquel lugar o si lograría sobrevivir por su cuenta.
Las explosiones, disparos y gritos se fueron apagando, y ella sacó una mano para que, si sacaban al resto de mujeres de allí, no la dejaran entre los muertos.
Pero no tenía porqué preocuparse, una a una, todas las puertas fueron abiertas, incluyendo la de aquellos seres dañados y drogados la mayor parte del tiempo. Su puerta no fue diferente, pero el grito de horror de los gigantes al ver su sucio estado, o el horrible olor de la celda, o quizás su apariencia no humana, la hizo encogerse.
Alguien tiró de ella y la cubrió con una manta antes de guiarla con las demás a un pasillo, una escalera y un agujero en la pared, hasta lo que parecía otro tipo de recinto, mucho más metálico, frío y áspero.
Miró el enrejillado del suelo, tan diferente a las baldosas del recinto. Sus dedos casi se colaban por él, dificultándole andar, hasta que pasaron a unas alfombras que habían sido extendidas para la comodidad de pies descalzos, aunque seguían notando la dureza de este.
Todo era muy diferente, las puertas se abrían y cerraban a su paso, los gigantes las iban distribuyendo en distintas habitaciones, dependiendo de si sus vientres estaban muy redondeados, poco, nada, si eran niñas pequeñas, bebés o jóvenes de aspecto triste. No había recién nacidos, o si los había, aun no los habían subido, por lo que no podía estar segura. A ella la colocaron en una habitación con otras dos chicas de aspecto parecido.
La única diferencia entre ellas era que no eran completamente humanas. Una tenía la piel blanca veteada en negro y marrón por la suciedad, la otra tenía la piel dorada como ella, pero unos largos y hermosos cuernos. 5 era la única con alas. Las tres estaban tan sucias que difícilmente se veían las diferencias en sus pieles, pero estaba claro que no eran humanas.
Las otras dos estaban tan desnudas como 5, temblaban bajo sus mantas y sus ojos eran huidizos. Estaba claro que difícilmente se habían defendido cuando las trataron de 'montar'. Siendo la única con confianza de las tres, 5 empezó a curiosear hasta encontrar algo que parecía una ducha.
Para probarlo, ya que tampoco estaba segura, tiró de las otras dos chicas hasta allí, les quitó las mantas y, con cuidado, apretó un botón.
Pero en lugar de agua, como 5 esperaba, salió un inodoro de la pared y las tres se rieron. Volvió a pulsar el botón, y se cerró. Entrando en el cubículo, las tres se pusieron a curiosear, hasta que la de cuernos largos tocó otro botón, las puertas se cerraron y el agua, caliente, empezó a caerles desde todas partes.
Gritaron y gritaron, primero de sorpresa, luego de alegría y finalmente de consternación cuando el agua fue sustituida por una espuma higienizante que sabía a metal. Trataron de quitarla del pelo y la piel, cuando nuevamente el agua cayó y fueron enjuagadas. Esto se repitió dos veces antes de que, tras el último aclarado, aire caliente fuera soplado sobre ellas de forma divertida. Cinco abrió ligeramente sus alas para que sus plumas se secaran y disfrutó de la sensación de este a través de ellas.
Para cuando salieron de la ducha, pues las puertas se abrieron solas al final, uno de aquellos gigantes las miraba divertido, tendiéndoles ropa, que ellas rápidamente se colocaron. 'Cuernos' y 'Vetas', como había empezado a llamarlas en su cabeza, se escondieron detrás de ella, y 5 separó sus alas para cubrirlas con su cuerpo.
— Volvemos a casa, ya nadie os hará nada, os lo prometo. — Dijo el gigante en estándar, que era lo único que entendían, aunque no lo hablaban, pues nadie les había enseñado. — Os he traído la comida y os iba a enseñar a usar la ducha, de una en una, pero ya veo que no teníamos que preocuparnos por vosotras tres. Las humanas lo están pasando mucho peor. No confían, creen que les haremos lo mismo que les han hecho antes porque subimos a esos pobres desgraciados que también eran prisioneros. En fin, venid a comer antes de que se enfríe, que tendréis hambre.
El gigante salió del baño y se fue, dejándolas para ver que comida le habían traído.











