Customize readability
Aa

El Guardian del Jardín, crónicas de Verna

All Rights Reserved ©

Summary

​Verón habita en el implacable planeta Verna y sirve como Guardián del Jardín Sagrado, un territorio ancestral donde descansan sus antepasados y que hoy se ha convertido en una densa selva repleta de vegetación exótica y depredadores salvajes. Para las colonias de rebeldes que flaquean en el desierto, este lugar prohibido es la única salvación para obtener recursos y sobrevivir. ​Tras un violento enfrentamiento en el perímetro que cobra la vida de Kira, una valiente guardiana, la frágil paz de Verna se quiebra por completo. Verón se encuentra en una carrera contrarreloj para evitar una guerra abierta y sangrienta entre su propio ejército y las facciones rebeldes. ​Sin embargo, el destino lo obligará a confrontar sus propias creencias y lo colocará en una posición límite donde se pondrá a prueba su verdadera capacidad para cambiar las reglas del juego. ¿Será capaz de asumir el mando y guiar a su pueblo hacia una nueva sociedad, o el peso del orden establecido terminará por destruirlos a todos?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

El Incidente en el muro

Una luz naranja opaca se colaba por la ventana y teñía la habitación de un color encendido. Verón se sentó en la cama, observando a través del cristal la salida de la Diosa Maia.

Saludó a la estrella con reverencia, agradeciendo en silencio un nuevo día mientras el astro se asomaba perezoso entre las dunas del desierto que custodiaba desde lo alto de su puesto de mando.


Tras levantarse, sintió la tensión en su cuerpo por la sequedad de sus escamas. Se extendió un ungüento sobre la piel para humectar, y estas recobraron de inmediato un brillo iridiscente bajo el resplandor de la mañana. Se colocó el ajustado uniforme de una pieza, diseñado para protegerlo del gélido frío proveniente del desierto, y salió a caminar por su jardín privado; le agradaba realizar un poco de ejercicio matutino antes del primer reporte del ciclo.


Se paseaba en medio de la vegetación, deleitándose con los olores dulces que desprendían las plantas, y se detuvo en la zona donde crecían las especies más vistosas de rojos intensos y naranjas encendidos. Se inclinó sobre una hoja buscando algún parásito que la estuviera secando, cuando una voz lo sacó de su ensimismamiento:


—Que la Madre Verna te bendiga con sus dones.

Verón se sorprendió al girar. Allí estaba Tara.


—Igual para ti —respondió él, adoptando un tono más informal.


—Es un selecto grupo el que tienes aquí —comentó Tara, admirando el follaje.


—Están entre mis favoritas por sus colores exóticos —admitió Verón, orgulloso-. Requieren cuidados minuciosos, son frágiles.


—Disculpa si interrumpí tu momento de paz, pero tenía que entregarte el informe antes de lo habitual.


—No te preocupes, el deber está por encima de todo -aseguró de inmediato-. Sabes que conmigo no necesitas tantas formalidades. ¿Qué ocurre?


—No hemos podido contactar con Kira y quería que lo supieras.


—Quizá tenga un problema con su comunicador.


—Me preocupa que en su última transmisión reportara la presencia de rebeldes —confesó Tara, dibujando una línea de tensión en su rostro-. Están aumentando en número y me temo que intenten romper el perímetro del Jardín Sagrado.


—Debemos ir ahora mismo y corroborar que todo esté bien —sentenció Verón, dejando ver su alarma.

Caminaron un trecho corto hasta la plataforma de despegue y, sin perder más tiempo, partieron a su destino. La nave esférica se elevó sobre el jardín y Verón se quedó mirando por el visor, intentando divisar los movimientos en el exterior.

En medio de la inmensidad de las dunas del desierto de tierra roja se alcanzaban a ver pequeños campamentos improvisados, muy próximos al límite del Jardín, el cual se extendía como una espesa y oscura selva. Más allá, en el horizonte, brillaban las imponentes edificaciones de la gran ciudad.


—Sin duda están aumentando. Esos asentamientos en esa zona no estaban ayer —dijo Verón, señalando un punto cercano a la valla del Jardín—. Supongo que enviaste los informes a Kromo. Debe estar al tanto de los avances de los rebeldes. ¿Ha dado alguna respuesta?


—Por ahora, la orden es que sigamos en la vigilancia. Si el número sigue en aumento, nos enviarán refuerzos de la Ciudad Luz. Nos recordó que estamos autorizados a usar la fuerza para resguardar el perímetro.


—Esperemos no llegar a eso. Quizá debamos reunirnos con Jeda; él tiene que ayudarnos con esta situación, esos rebeldes son su gente.


—Voy a organizar esa reunión -asintió Tara.

En ese instante, sus pulseras de comunicación se iluminaron en un parpadeo rojo. Ambos se miraron con la preocupación pintada en el rostro. El mensaje holográfico los dejó helados: les avisaba que habían encontrado el cuerpo sin vida de Kira junto al de tres rebeldes. Verón sintió una punzada de dolor en el pecho. No podía ser posible.


—Tiene que haber un error —dijo, con el rostro desencajado por el horror.


—Lo lamento mucho —murmuró Verón, volviéndose hacia su compañera-. Sé que eras muy cercana a ella.


—Tenemos la misma edad, así que pasamos juntas todas las etapas de la preparación militar —respondió Tara, apretando los dientes para mantener la postura—. Ella ha sido como una hermana para mí.


Al llegar al sector, se encontraron con un número creciente de guardianes que se aseguraban de peinar la zona y mantener la integridad de la cerca de alta tensión que rodeaba el Jardín.


—Informe —ordenó Verón con voz autoritaria apenas descendió de la nave.


—Señor, tenemos a este rebelde bajo custodia —explicó uno de los oficiales—. Estamos analizando las imágenes de la cámara de seguridad para verificar si lo que dice es verdad.


—¡Yo no hice nada! —interrumpió el prisionero, un rebelde cubierto de polvo que temblaba de rodillas-. Estaba tratando de convencer a mis compañeros de que no le hicieran daño a la guardiana.


—Es cierto —confirmó otro guardián, mostrándoles un dispositivo de mano con la grabación de los hechos.

En la pantalla táctil se observaba a Kira tratando de detener el avance de los rebeldes, advirtiéndole que si daban un paso más la obligarían a usar su arma de plasma. Tras unos minutos de acaloradas discusiones y amenazas, los rebeldes se abalanzaron sobre ella. Kira disparó su poderosa arma, derribando a tres al instante, pero el resto la superó en número.


Verón apretó la mandíbula con impotencia, sintiendo el amargo peso de la culpa por no haber estado allí.


—Envía un informe detallado a Kromo ahora mismo —le indicó a Tara— y preparen los ritos para el funeral.

Verón se quedó contemplando los cuerpos con una mezcla de ira y decepción. Hacía mucho tiempo que el sector no registraba bajas; este siempre había sido un lugar pacífico. El lema de los guardianes era la protección, no estaban entrenados para ejecutar a su propia especie. Tenía que detener esta escalada de violencia. Se plantó frente al rebelde custodiado por los dos guardianes y lo miró con desprecio.


—¿Qué pretendían hacer? ¿Por qué querían violar los límites del Jardín?


—Estamos hambrientos —escupió el rebelde, con los ojos abiertos por el miedo a ser ejecutado—. Allí dentro hay comida en abundancia.


—Es la tierra sagrada donde yacen nuestros ancestros —replicó Verón con firmeza.


—¿Y qué se supone que debemos hacer en el desierto? ¿Morir sin pelear?


—Esa valla no solo protege el Jardín, también nos protege a nosotros de los depredadores salvajes que habitan en su interior. ¿Cómo pensaban sobrevivir allí dentro?


—Para eso trajimos las armas, no para matar guardianes. Esta zona está lejos del centro de control general y pensamos que lograríamos pasar desapercibidos.


—Hay sensores ópticos por toda la valla y hemos redoblado los turnos —sentenció Verón—. No vamos a permitir que profanen el sitio sagrado.


—Entonces van a tener que matar a muchos más rebeldes, créeme. Vendrán más. No tenemos recursos en las dunas y necesitamos sacar frutas y animales de allí dentro.


Verón se estremeció internamente ante la sola mención de alimentarse de criaturas vivas. Terminó el interrogatorio y dispuso las patrullas prioritarias para rendir tributo a Kira. Más tarde, regresó al centro táctico de los guardianes, la instalación científica que llamaban la Matriz.


Allí se reunieron en el comedor comunitario para racionar los alimentos y terminar de coordinar la logística.


—Ya está estipulada la hora del funeral: mañana a primera hora —anunció Tara, rompiendo el silencio—. Tras el tributo, enviaremos al rebelde al centro de detención de la ciudad para un interrogatorio formal. Y después, Verón, tienes la reunión programada con Jeda.


—Gracias por organizar todo —respondió Verón.


Comía de forma mecánica y en abundancia; a pesar de no tener apetito debido a la angustia, sabía que su enorme constitución física requería un alto consumo de energía para mantenerse en movimiento durante las largas jornadas. Terminaron la sesión en un silencio fúnebre. Todos los presentes estaban tristes e incrédulos por lo acontecido.


—Voy a estar en mi puesto de mando —le avisó Verón a Tara, levantándose de la mesa.

Era apenas el mediodía y aún quedaban diez horas completas de luz solar antes del ocaso de Maia. Verón suspiró mientras subía la rampa hacia la oficina técnica. "Este es un día más largo y agotador de lo normal", pensó. Al entrar al puesto de mando, se topó con una figura imponente: su tía Kala, la Guardiana Jefa.

Verón se incorporó de inmediato, realizando una pequeña reverencia y un saludo formal.


—¿Has vuelto de tu periodo de descanso? Pensé que aún te quedaba más tiempo en los sectores residenciales.


—Así es, pero ante la gravedad de lo sucedido he decidido suspenderlo y retomar el mando operativo —declaró ella, utilizando su acostumbrado tono militar y autoritario.


—Yo podía hacerme cargo de la crisis —replicó Verón con visible molestia por la falta de confianza.


—Lo sé, pero ningún esfuerzo está de más. Mientras tú trabajas en el terreno para resolver el conflicto con los nativos, yo me encargaré de controlar el despliegue de los guardianes desde aquí. Tienes muchos asuntos que atender; sé que mañana te reúnes con Jeda.

Verón asintió, conteniendo su orgullo.


—Y después de eso —añadió Kala, fijando sus ojos oscuros en él—, te he organizado una audiencia oficial con el Gobernador Kromo. Es hora de que des la cara y conozcas la verdadera élite de la ciudad. Algún día tú serás el líder absoluto de los guardianes, Verón, y necesitas empezar a codearte con los altos mandos.

La revelación lo tomó por sorpresa. Sería la primera vez que pisaría la Ciudad Luz de forma oficial. Su vida entera había transcurrido en los límites del asentamiento fronterizo de los guardianes. En Verna, la política de segregación era estricta: cada casta permanecía en su propio sector o ciudad subterránea y rara vez se permitía el tránsito hacia otras zonas.

Al ver que su tía Kala ocupaba de nuevo la silla del puesto de mando, Verón se retiró al hangar secundario para hablar con Tala, su mano derecha en la ingeniería de naves.


—He hecho tan mal mi trabajo que la Guardiana Jefa decidió anular su descanso por mi culpa —comentó Verón con amarga ironía, apoyándose en el ala de una nave-. Tal vez en el Consejo piensen que no soy el adecuado para ocupar el cargo cuando ella se retire.


—No seas tan duro contigo mismo, Verón. No fue tu culpa, hicimos todo lo posible por cubrir el perímetro —respondió Tala en tono comprensivo, dejando a un lado sus herramientas—.


—No creo que mi tía piense lo mismo. Pude ver la decepción en su rostro al entrar. No sé si tengo lo necesario para liderar a nuestro pueblo —admitió, apretando el puño con impotencia y culpa.


—Eres un buen líder, Verón. Has dedicado toda tu vida a prepararte para esto y lo harás bien.


—Eso espero. Si fracaso, tú eres la siguiente en la línea de sucesión y estás tan calificada como yo —intentó bromear él, buscando aliviar la tensión.


—Basta, eso no va a pasar —sonrió Tala—. Es solo una medida de prevención del Consejo; siempre se entrena a más de un candidato por ciclo.


Verón se despidió y se retiró a sus habitaciones privadas. Se quedó despierto durante horas, pensando si lograría resolver la situación con los rebeldes sin iniciar una guerra sangrienta, y sintiendo una profunda inquietud por la inminente reunión con el máximo líder del planeta, Kromo.

Let Irma Pérez know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Destino Secreto

Karin Rogowski: Gut geschrieben und beschrieben. Die Charaktere und Situationen sind stimmig und nehmen einen gefangen. Mich hat das Buch ab der ersten Zeile fasziniert, genau wie die anderen Bücher davor. Sehr guter Schreibstil und eine sehr gute Übersetzung, nebenbei bemerkt. Dankeschön, dass Du Deine Bücher ...

Read Now
My Playboy Roommate

luisasabato: Spitze! Sehr zu empfehlen und hoffe auf ein Happy End

Read Now
Welded Shut

user-OTNeRptjHm: Lire les histoires de cette auteure est toujours un vrai régal. Les personnages sont authentiques et attachants. J'ai pris beaucoup de plaisir avec cette histoire très émouvante. Je la recommande.

Read Now
Take the reins

Waterfront: Beautiful story! Love a happy ending!

Read Now
Ein Kuss für den CEO

eLue: Dieses „Buch“ ist so schön, ich muss mich zwischendurch bemerkbar machen, bevor der Roman zu recht in den Verkauf kommt.Luftig, leicht, lustig und trotzdem wunderschöne, ernsthafte Romantik, ohne aufdringlich zu sein. Man taucht ein beim Lesen in rosarote, schöne Gefühlsfelder wie aus Blumen und Duf...

Read Now
Alien Claim: Book 1

Izzy: i got hooked from the begining. good story and writing style

Read Now
An Irish Match

Joyce: This one will warm your heart and soul with a lot more than just Guinness being served to an American woman by an Irish pub owner.

Read Now