Nuestra Vida Juntos
Un día viernes cualquiera, encontró a Harry tomando unos tragos junto a uno de sus grandes amigos, Niall, en su bar favorito, ese que los ha cobijado por más de tres décadas. A veces, aún les parecía extraño ver a sus dueños como lo que siempre han sido, sus amados amigos, Liam y Zayn.
Habían comprado el lugar hace 15 años y lo habían mantenido a flote, incluso en los momentos más difíciles. Esos donde el dinero escaseaba, donde la distancia los había alejado y cuando alguna discusión amenazaba con romper algunos de los dos matrimonios que existían en esa hermandad.
—¿Cómo va todo? ¿Por qué no vino el renacuajo? —Preguntó Niall, dando un gran sorbo a su cerveza.
—Llevo una vida pidiéndote que no le digas así y te lo voy a seguir repitiendo hasta que no tenga dientes, —contestó muy serio, más de lo normal. —Salía tarde del trabajo y dijo que estaba cansado.
—Pero la semana pasada pasó lo mismo...
—Lo sé, lo sé... —contestó suspirando con un poco de pesar.
—¿Están pasando por alguna crisis?
—No lo sé, creo que no, quiero pensar que solo es cansancio. El trabajo lo ha consumido estos últimos seis meses, porque el tema de las importaciones ha tenido mil trabas con lo del nuevo decreto marítimo. Pero lo demás, está bien...
—Tu cara dice otra cosa.
—Lo extraño, es eso...
—¿Cómo puedes extrañarlo si viven juntos y duermen juntos?
—Créeme que igual lo extraño, nunca he tenido suficiente de él...
— ¿Sigues enamorado después de 3.000 años?
—Treinta y dos años desde que me enamoré, de ese primer beso, de esa primera vez, de ese ¿quieres ser mi novio? —dijo sonriendo.
—Hablas igual que en una comedia romántica.
—Sabes que lo amo más que antes y que este tiempo no ha sido suficiente. Por eso lo extraño, porque si bien la vida nos ha enseñado que estar en pareja no es fácil, que hay mil problemas, no cambiaría nada, ni siquiera nuestro peor momento cuando nos separamos hace quince años por esas espantosas 744 horas... Extraño dormirnos abrazados, desayunar juntos y salir a caminar un domingo por la tarde. Extraño verlo sonreír, sus enojos cuando Inglaterra pierde un partido o que se moleste porque no compramos suficientes cervezas.
—Tienen una relación tan bonita... Siempre los he admirado, yo jamás he logrado ni dos años de estabilidad con mis novias y mira nuestra edad... A veces creo que voy a quedarme solo... —comentó desganado. —Pero después me acuerdo de que me encanta mi soledad y se me quitan las ganas de un matricidio, jajajaja...
—Lo importante es que estés tranquilo, nada más. Creo que me termino esta cerveza y me voy, quizás alcance a ver despierto a mi esposo.
—Dale, te voy a dejar y me devuelvo, quizás tengo una noche de suerte, —dijo poniéndose de pie.
Harry se despidió de los chicos y luego de diez minutos ya entraba en su pequeño departamento que estaba a oscuras.
Caminó hacia la habitación y pudo escuchar el ruido de la televisión. Dejó su mochila, que a pesar de los años no ha querido cambiar, junto a su chaqueta en el sofá y se quitó los zapatos y la corbata. Se estiró y se quedó de pie en la puerta, mirando a Louis que dormía, todo chueco, con una sopa instantánea dada vuelta en su ropa y en la cama.
Se permitió dos minutos para admirarlo, porque jamás se cansaría de hacerlo, porque siempre sería el hombre más lindo de la tierra y de la galaxia, porque era simplemente su compañero de vida, su hermoso esposo hace 29 años, su mejor amigo y su confidente.
—Despierta mi sol, —llamó despacio. —Despierta...
Louis abrió un ojo, luego el otro y sonrió. Frente a sus ojos, el hombre más hermoso de la tierra, su amado Harry.
—¿Qué pasó amor? ¿Es mi idea o volviste temprano? ¿Pasa algo?
—Volví temprano porque te extrañaba... Levántate, se te dio vuelta la sopa. Anda a bañarte mientras cambio la ropa de cama, ¿sí? ¿Tienes hambre?
—Tengo hambre, pero tengo que levantarme temprano, necesito dormir.
—Anda a bañarte y te preparo un sándwich ligero, no vas a descansar con hambre mi sol.
—Amo cuando me dices así...
—Lo sé precioso, perdón por no decirlo siempre...
Un beso suave terminó con la conversación, reconfortándolos.
Una vez que Louis estuvo limpio y seco, en una cama recién hecha, con un delicioso pan en su estómago, pudo abrazar a su esposo y dormir, y sobre todo, descansar. A las cinco de la mañana sonó la alarma, y el primero en levantarse fue Harry. Se puso un buzo, y zapatillas, y fue a preparar el desayuno. Después fue a despertar a Louis.
—Buenos días mi sol... Ya tienes que levantarte...
—Buenos días amor, —dijo estirándose. ¿Qué hora es? —Preguntó de pronto, con el pánico en su cara.
—Son las cinco y cuarto. Anda a darte una ducha rápida para que alcances a desayunar conmigo, —contestó dulcemente.
—¿De verdad? Pero amor, duerme, sé que estás agotado también.
—No tanto como para no pasar un poco más de tiempo con mi bello esposo, ¿qué te vas a poner?
—El traje negro simple, —dijo entrando al baño.
Mientras tanto, Harry buscó la ropa, incluyendo un bóxer, calcetines, camisa, corbata y zapatos. Hizo la nota mental de ir a la tintorería esa misma mañana, porque había una gran cantidad de trajes sucios y arrugados en la cesta. Luego fue a la cocina y sirvió las tazas de té, preparó huevos revueltos, y le alcanzó el tiempo para hacer dos sándwiches de jamón y queso, que envolvió bien, y dejó una gaseosa a mano, para una pequeña merienda.
Louis apareció resplandeciente y tomó asiento. —Hace mucho no tomábamos desayuno juntos amor.
—Lo sé mi sol, lo sé...
—¿Te puso triste lo que dije?
—No, no es eso, es solo que te extraño mucho y he empezado a sentirme angustiado, porque no quiero perderte...
Louis soltó su taza y se levantó rápidamente. —Harry, amor, no digas eso, —pidió mientras lo abrazaba con fuerza.
Si había alguien que podía entender el sentir de Harry, era Louis.
Louis, que ha sufrido en silencio cada vez que no ha podido pasar tiempo con su esposo, a quien ama mucho más de lo que puede decirse y explicarse. Es un amor tan fuerte y profundo, que vive esperando morir de tanto sentimiento.
Los seis últimos meses han sido un horror, apenas tiene aliento para un pequeño beso de buenas noches y no le hubiera extrañado que Harry lo dejara, si no fuera porque confía en lo que sienten.
Ha estado a punto de renunciar en innumerables ocasiones, porque ya no tiene tolerancia a la poca y nula planificación de la empresa donde lleva veinte años trabajando y eso es lo que lo ha frenado. De renunciar, perdería una importante suma de dinero y por eso ha soportado. Sin embargo, ahora, con su esposo todo frágil y vulnerable entre sus brazos, imagina su vida si aceptara trabajar con Liam y Zayn como socios. Tendría más tiempo, que es lo que necesita. ¿El dinero? No les hace falta, nunca han sido una pareja que gusten de los lujos o grandes planes, siguen siendo los mismos chicos sencillos de su juventud.
Desde que están juntos decidieron tener un departamento pequeño, de fácil y económico mantenimiento. Tampoco hay hijos ni mascotas, han ahorrado bastante y Harry gana muy bien como arquitecto.
Apenas pudo apoyarlo hace un mes, cuando se cambió de estudio a uno más pequeño y con un mejor horario, así como tampoco pudo ser el pilar necesario cuando su esposo perdió a una de sus tías más queridas.
Y lo que más le dolía, era que Harry siempre entendía. Llevaba años comprendiendo y ahora lo veía con claridad y pese a eso, Harry estaba haciendo un esfuerzo por acercarse.
Harry otra vez.
Harry.
—Lo siento Lou, no debería...
—No amor, no te disculpes... —Y no quería soltarlo, no quería volver a sentir sus brazos vacíos.
—Se te está haciendo tarde mi sol, vamos, te voy a dejar en la parada.
Louis estaba sin palabras, solo quería volver a ser uno con Harry, volver a fundirse con su cuerpo, ese que aún desea con la misma intensidad de la primera vez. Necesitaba adueñarse de esa piel pálida, menos firme y tonificada, pero igual de suave, tersa y cálida y que amaba acariciar... Pero llevaban más de un mes, es lo que puede recordar, sin hacer el amor. Exactamente eran casi cuatro meses, pero no puede recordarlo porque cada vez que habían empezado algo, se había terminado durmiendo y apenas se acordaba al día siguiente... Ahora mismo volver a recordarlo le clava un puñal en su corazón... Ahora entendía tantas miradas con forma de preguntas que vio en las mañanas, tanto silencio de quien no se atrevió a hacer un comentario, mucho menos un reclamo... Solo su esposo soportando las migajas que le estaba dando, una vez más.
Porque en tantos años, pasaron por distintas épocas. También recuerda cuando Harry estaba terminando una especialización y apenas se vieron los domingos, dos horas, durante cuatro meses. O cuando pelearon un día lunes y Harry se fue a dormir al departamento de Niall por dos noches porque Harry no quería perdonarle el haber olvidado su aniversario. Y así había mil momentos difíciles, pero, ¿cuál era la diferencia?
La gran diferencia, es que aunque fuera culpa o responsabilidad de cualquiera de los dos, Harry siempre buscaba un acercamiento, una forma de volver a intentarlo. Se estaba empezando a cuestionar tantas cosas, que necesitaba tiempo para pensar.
Iba sentado en el autobús, con el recuerdo de ese último beso en la parada, que volvió a encenderlo, y estaba a punto de devolverse para secuestrar a su esposo, por las próximas dos décadas. Pero no podía dejar todo tirado, Harry merecía más.
Al llegar a su trabajo, lo primero que encontró es que la mitad de la gente simplemente no fue a trabajar, Luego, que habían cancelado tres pedidos y más problemas en la aduana. Eran las siete y media de la mañana y ya le dolía la cabeza, fue por un café, y la máquina estaba en reparación, y eso lo colmó. Buscó a su jefe directo y le transmitió sus dudas y quejas, pero prácticamente el tipo lo dejó hablando solo. Debido a eso, caminó hacia la oficina de recursos humanos.
—Señor Tomlinson, ¿qué lo trae por acá? —Preguntó Susan, la encargada.
—Necesito que me ayudes a redactar mi carta de renuncia. Tengo entendido que es la mejor manera de hacerlo y ya estoy harto.
La chica palideció, porque Louis era el empleado número diez que quería renunciar en la última semana y sabía que el tema se estaba descontrolando.
—¿Está seguro?
—Lo estoy.
—Señor Tomlinson, usted es uno de los trabajadores más antiguos, si se va, perderá sus prestaciones...
—Lo sé, pero ya no soporto más.
—Bien, escúcheme. Hay una manera de que no pierda todo, y es que me notifique lo sucedido estos meses por mail y cuando renuncie definitivamente, se hace una denuncia a través de la misma empresa. Le aseguro que la puede ganar. Le voy a entregar esto, es una carta de renuncia estándar, léala y rellénela con sus datos. Luego la revisamos y si está todo bien, la firma y la recepciono, cuando lo decida—dijo entregándole un formulario.
Cerca de diez minutos estuvieron en ese trámite, y luego Louis volvió a trabajar. Iba a hablarlo con Harry primero, no podía tomar ese tipo de decisiones solo y agradecía la buena voluntad de la encargada.
Fue un día realmente difícil y agotador, porque los que fueron a trabajar tuvieron que cubrir las funciones de los faltantes, pero lograron salir adelante. Al terminar, Louis se volvió a encontrar con su jefe directo.
—¿Ves que no era necesario quejarse? Hicieron el trabajo de todas maneras.
—¿Y a qué costo? Al que tu gente se empiece a aburrir por tantos malos tratos, porque no eres capaz de mirar más allá de tu nariz.
—No me hables así Tomlinson... Eres importante para la empresa...
—Llevo más de seis meses trabajando de lunes a domingo, mi matrimonio está en crisis, estoy estresado, apenas duermo... ¿Eso es ser importante para ustedes? Hace dos semanas me enfermé, y ni siquiera así quisieron darme medio día libre. Agradece que no te he dejado tirado el puesto.
Y se fue, no quería escuchar más al idiota de su jefe.
Desde ahí, se fue al bar.
—Hey renacuajo, —saludó Niall. —Tanto tiempo sin verte, ¿cómo estás? ¿Y Harry?
—Estoy bien, Harry en el departamento, vengo del trabajo.
—¿Te sirvo algo?
—Una cerveza, por favor... —contestó bostezando.
—Estás reventado, ¿cuánto tiempo llevas así?
—¿Seis meses?
—¿Y? ¿Para cuándo un análisis de tus prioridades? Estuve hablando con tu esposo anoche...
—¿Qué te dijo?
—Que te extraña, que está más enamorado cada día, pero tiene miedo de que ya no lo ames...
Louis no contestó. Se tomó la cerveza cabizbajo, hasta que llegaron Liam y Zayn.
—¿Y este milagro? —Preguntó Liam, abrazándolo.
—Te ves fatal, —dijo Zayn, besando su mejilla.
—Gracias por sus ánimos... Vengo a hablar con ustedes de algo serio.
Los tres se miraron, preocupados.
—¿Pasa algo?
—Quiero saber si sigue en pie lo de ser socios, creo que lo estoy evaluando.
—¿Estás seguro? —cuestionó Niall. —¿Lo hablaste con Harry?
—No, no he hablado con él, por eso les pregunto, porque se imaginan hablo con él ¿y luego no me dan el trabajo? —dijo lamentándose. Esa única cerveza logró desestabilizarlo, y parecía por completo borracho.
Los tres amigos lo miraban con pena, porque sabían lo que estaban pasando y no se lo merecían. Zayn lo abrazó y lo llevó detrás de la escalera, donde había un pequeño cuarto que usaban para dormir cuando tenían turnos largos por petición de alguna empresa. Lo dejó acostado y llamó a Harry para que lo fuera a buscar.
En tanto que llegaba, Liam, Zayn y Niall hablaban.
—Jamás imaginé que llegaría a ver a Louis así, está completamente agotado, ya no tiene esa chispa ni esa alegría de antes.
—Ya no hace bromas ni chistes.
—Ni hablar de lo que ha pasado con Harry.
—Creo que eso es lo peor de todo, porque cuando han tenido cualquier tipo de problema, se refleja de inmediato en todo lo demás. Son demasiado unidos, su amor es demasiado grande.
—Pero, finalmente, ¿pueden hacerlo socio?
—Podemos, y es definitivamente lo que haremos. Louis maneja muy bien la logística, es ordenado y riguroso, lo sabemos, y eso nos da pie para bajar nuestra propia carga de trabajo.
—Tienen razón, ojalá y logre salir de esta, aunque creo que necesita una semana de dormir sin que le digan ni hola... ¿Vieron sus ojeras?
—Son impresionantes. Silencio, ahí viene Harry.
—¿Dónde está? —Preguntó afligido. —¿Qué pasó?
—Suponemos que está tan cansado que una cerveza lo noqueó por completo. Parece que se hubiera tomado dos garrafas de vodka.
—Voy a verlo.
Entro despacio al pequeño cubículo, y se arrodilló frente al sofá cama. Su Louis estaba durmiendo profundamente, con el ceño fruncido, como si estuviera sufriendo.
—Mi sol... Estás tan cansado... —Susurró acariciando su pelo, y con lágrimas en los ojos. Se levantó y salió.
—Necesito que me ayuden a levantarlo. Niall, ¿puedes acompañarme al departamento? No voy a poder subirlo solo; Zayn, puedes pedir un taxi, por favor.
—Claro, dame un segundo para llamar, —contestó buscando el número al lado de la caja registradora.
Media hora más tarde, Louis dormía en su cama, desnudo, y con Harry al lado, cuidando su sueño y adelantando trabajo. Había hablado con su jefe para tener mediodía del lunes libre, y se lo concedieron si lograba terminar unos planos.
A las siete de la mañana despertó Harry. Había trabajado hasta las dos de la madrugada, pero logró terminar y enviarlo a su jefe.
Lo conmovió ver cómo Louis seguía durmiendo, parecía que no se había movido en toda la noche y de vez en cuando se quejaba.
No sabía si despertarlo, los últimos 23 domingos los había trabajado, pero ese día no había sonado la alarma, ¿tendría libre? Lo deseaba con todo su corazón, aunque se quedara durmiendo, necesitaba verlo y saber que seguía ahí, a su lado.
Cualquiera que fuera el caso, se levantó y duchó. Fue hasta la cocina y preparó huevos con tocino y café, pan y jugo, el desayuno favorito de Louis. Lo puso en una bonita bandeja y lo llevó a la habitación.
Louis estaba despierto, mirando el techo.
—Buenos días mi sol, ¿cómo te sientes?
—Amor, me duele la cabeza, ¿cómo llegué aquí?
—Toma primero este analgésico. Te fui a buscar al bar, estabas muy mal y los chicos me llamaron.
—Pero no recuerdo haber tomado...
—Fue solo una cerveza, pero estás tan cansado mi sol, que te cayó muy mal, ¿qué pasó? ¿me quieres contar? —Preguntó un poco triste y preocupado.
—¿Qué piensas de que renuncie?
—¿La verdad? Sé que estás cansado y agotado, pero has aguantado tanto y yo también... Que me dolería que te quedaras y también que te fueras... Es un tema tan difícil, lo he pensado tantas noches, yo... Lo siento, lo siento por no poder más claro...
—La encargada de Recursos Humanos me dijo que podía ir dejando denuncias y luego renunciar y llevar a la empresa a juicio.
—Eso sería maravilloso... Mi sol, lo que necesito que entiendas, es que si crees que es lo mejor solo renunciar, hazlo. Yo te voy a apoyar en cualquiera de tus decisiones.
—Lo sé amor, pero no es justo. Nuestro matrimonio está pasando por un momento complicado debido a esto, no es como si pudiera ahora mandar todo a la mierda... Dios, estoy confundido...
—¿Por qué no te das una ducha y luego te recuestas a descansar? Quizás te sientas mejor después de un rato. ¿No vas a trabajar hoy?
—No voy, puedo quedarme contigo... —Sonrió.
—¿Podemos ir a caminar después? ¿O ver una película? —Preguntó un emocionado Harry.
Cuando Louis iba a contestar, sonó su teléfono y toda la energía de la habitación desapareció. Louis respondió en dos o tres palabras y colgó. No tenía cara para mirar a su esposo.
—Lo siento... Te lo juro que lo siento...
—No te preocupes, —dijo aguantando sus lágrimas. —¿Te ayudo con tu ropa?
—Harry, amor...
Y Harry simplemente se largó a llorar al baño.
—Dame un minuto, ¿sí? —Le pidió a Louis, cuando sintió su abrazo desde la espalda.
—Lo siento mucho... Y sé que no es el mejor momento, pero en caso de que definitivamente renunciara, ¿qué te parece la idea de que trabaje en el bar?
—¿Sinceramente? Cualquier trabajo que me permita verte más seguido va a ser mejor...
Se quedaron abrazados unos minutos, que deseaban fueran eternos.
—Algún día voy a recompensarte amor, por toda tu paciencia.
—Solo necesito saber que me sigues amando, porque ya no me lo dices... Y tengo miedo, y perdón por estar tan sentimental...
—Te amo... Harry, te amo mucho más que la primera vez que te lo dije, jamás he dejado de hacerlo, ni en los buenos ni en los malos momentos, ni cuando hemos dormido separados o discutido... Mi amor es lo más honesto y verdadero de mi vida, nunca lo dudes...
Soltó su abrazo para llevar sus manos a las mejillas de Harry y besarlo, besarlo con ganas, traspasando su necesidad a esa boca jugosa que lo recibió como cada vez, ansioso y necesitado.
—Te amo mi sol... Báñate... No quiero que se te haga tarde...
Una hora después, Harry estaba solo una vez más, pero se sentía mejor. Siempre le ayudaba escuchar y sentir a Louis, porque literalmente era su oxígeno.
Mientras imaginaba cómo sorprender a su esposo, Louis encontraba y uno y otro problema en la empresa. Había ido menos gente que el día interior, y tres personas reportaron estar enfermos. Además, durante la jornada, se cortó el agua durante una hora, y luego la luz por dos horas más, deteniendo el trabajo de todos y haciendo por consiguiente, que salieran más tarde de lo normal.
Al salir, cerca de las once de la noche, Louis le envió un mensaje y un mail a su jefe directo, que no había ido a trabajar, para informarle de todas las irregularidades, y para avisar que al día siguiente llegaría a mediodía.
Recibió contestación solo en lo referente a su permiso de horario, negándoselo por completo, frustrando a Louis desagradablemente.
Harry ya estaba durmiendo cuando llegó, pero encontró en su almohada una nota, deseándole una bonita noche, y que si podía, que lo abrazara... Y era peor que una pesadilla, ya no quería que su amado esposo se durmiera solo. Estaban a un suspiro de los cincuenta años, ¿por qué no podía manejar su presente a su antojo?
Se desnudó y miró el calendario en su teléfono. Faltaba una semana para que terminara el mes y tomó una decisión. Se durmió abrazando el hermoso cuerpo de Harry, intoxicado por el olor de su piel que era mejor que cualquier perfume.
Esa semana pasó igual que las últimas, con los esposos sin verse, sin poder compartir un desayuno, ni un vaso con agua, menos una conversación.
Al llegar el viernes, Louis se reunió con Susan. Tenía suficientes quejas de los malos manejos, por lo que se dio curso a la renuncia inmediata y a la evaluación de los pasos a seguir. Louis salió sonriendo, con su carpeta bajo el brazo, dispuesto a trabajar ese último día.
Apenas llegó el horario de salida, Louis se levantó y se arregló, mientras su jefe lo miraba molesto.
—¿A dónde crees que vas? Aún hay mucho trabajo.
—Me voy a mi casa. Te hice muchas horas extras este mes, hoy ya no puedo, estoy agotado.
—No puedes solo largarte, estarías demostrando tu poco compromiso con la empresa.
—Piensa lo que quieras, esta es mi hora de salida.
—Está bien, si se demora un poco tu pago este mes... Ya sabes, sería algo casual, —sonrió triunfal.
—Que se demore, tendrán que pagármelo de todas maneras. Te aviso, aunque no debería, que presenté mi renuncia inmediata y fue aceptada. ¡Feliz fin de semana!
—¡No me jodas Louis!
—No lo hago, qué asco...
—Sabes a que me refiero, no puedes solo largarte.
—Lo estoy haciendo.
—¡Es fin de mes! Sabes lo que significa...
—Sí, que voy a tener a mi esposo todo el fin de semana solo para mí. ¡Adiós!
Y salió, sin escuchar más la horrible voz de su ahora, ex jefe. Fue directo a hablar con Niall, que era el abogado de todos sus amigos.
—¿Qué haces acá? ¿Tienes un tema legal que ver?
—Así es mi querido irlandés, —contestó ante la cara de sorpresa que lo recibió. —Susan, la encargada de recursos humanos, me dijo ciertas cosas que podía hacer para demandar a la empresa y lograr que me paguen lo correspondiente a mis 20 años de servicio.
—Si tienes suficientes pruebas, es bastante fácil. Es uno de los juicios que tienen mayor tasa de éxito, revisemos los papeles.
Luego de media hora, Niall estaba listo para presentar la demanda el día lunes a primera hora.
Louis tomó un taxi hasta una sala de arte, donde estuvo cerca de diez minutos. Luego caminó hasta una florería y finalmente hasta una licorería. Si se apuraba, llegaría antes que su esposo al departamento.
Efectivamente, llegó primero. Fue a la habitación, se cambió de ropa a un pantalón suelto y una sudadera delgada. Descalzo se fue a la cocina y preparó una bonita bandeja con quesos, aceitunas, uvas, galletas, algunas pastas para untar y nueces. Sirvió dos copas de coñac y se sentó a esperar a Harry.
Exactos diez minutos después, Harry entraba y casi se desmaya de la impresión.
—Mi sol... ¿Qué haces aquí?
—Antes de cualquier cosa, ponte cómodo. Dame tu mochila y vamos para que te cambies.
En la habitación, Harry se puso un pijama y muy sonrientes volvieron a la cocina.
Louis le entregó las flores, haciendo que Harry se emocionara hasta las lágrimas.
—Sé que no te gustan las flores, pero no tenía tiempo de buscar algo más...
—¿Estás loco? Mi sol, todo lo que me das me encanta y estas flores están muy, muy lindas... ¿Y esto? ¿Vamos a brindar? —Preguntó recibiendo al copa que le ofrecía Louis.
—Así es mi amor... Quiero que brindemos por ti, por hacer que todo tenga sentido en mi vida y por demostrarme, a pesar de los años, que me sigues amando...
—Entonces, yo brindo por ti mi sol, porque eso eres para mí, mi sol, mi compañero de vida, al único al que he amado y al que amaré...
Apuraron sus copas y comieron un poco de cada cosa de la bandeja.
—Amor, hoy renuncié. Pero, antes de que te pongas nervioso, Niall el lunes me ayudará a poner una denuncia en contra de la empresa para que me paguen mis años de servicio.
—¿Y eso es posible?
—Así es, yo no lo sabía, pero la chica de recursos humanos me ayudó.
—Es decir que ¿te tengo este fin de semana para mí?
—No amor... —contestó viendo la mirada confundida de Harry. —Yo te tendré para mí...
Se acercó y se apoderó de la cintura de Harry, que llegó a temblar ante la sensación y la certeza de volver a tener esa presión en su cuerpo, porque a pesar de todo el tiempo que llevan juntos, siempre ha reaccionado igual a la intensidad de Louis, que lo reclama con propiedad y sin miedo ni vergüenzas, sin pausas y sin reparos, simplemente como lo que es... Harry es de Louis.
Caminaron perdidos en sus besos y en sus caricias torpes, desnudándose, riendo, tocándose y reencontrándose con ellos mismos.
Cayeron a la cama, Louis encima.
—Te extrañaba amor, —decía Harry, rasguñando suavemente la espalda de su esposo, —estoy listo, déjame buscar el lubricante...
Y no tuvo respuesta, solo un muy ligero ronquido.
Louis estaba dormido, desnudo y encima de su cuerpo.
¿Se enojó?
Claro que no, al contrario. Se puso a reír, y los giró hasta quedar encima y poder arrastrar a Louis hacia las almohadas para poder taparlo. él hizo lo mismo, y se acomodó, metiéndose entre los brazos de su esposo. Nada podría hacerlo más feliz que tener a Louis así.
Despertaron cerca de mediodía, hace mucho no dormían tanto ni tan juntos. Estaban muy cariñosos, perezosos y enamorados, casi como cuando empezó todo hace tantos años atrás.
—¿Qué quieres hacer amor?
—Quiero que nos bañemos juntos, luego podemos ir a almorzar afuera y caminar un poco. Pasar por un café y volver a dormir, para que podamos ir al bar en la noche y bailar un poco, ¿qué dices?
—Que te voy a consentir en todo lo que quieras amor...
Estaban abrazados, cuando de pronto Louis recordó.
—¿Qué pasa mi sol? —Preguntó preocupado Harry cuando sintió que era liberado de las manos de su esposo.
—Anoche... Harry, ¿anoche me quedé dormido?
Harry sonrió. —Sí amor, apenas llegamos a la cama te dormiste.
—Lo siento tanto, te juro que no es por ti...
—Lo sé, —interrumpió Harry con un beso. —Tu agotamiento no se va a acabar de un momento a otro, y está bien mi sol. Créeme que a pesar de eso, estaba muy feliz de poder tenerte a mi lado, igual que ahora. —Se acurrucó en el pecho de Louis. —Si me dices que quieres quedarte a dormir todo el día, voy a estar igual de feliz, porque te he extrañado tanto, pero tanto... que aún me duele...
—Amor, no quiero escucharte triste, no ahora. Las cosas van a cambiar, te lo prometo. Mereces que me esfuerce por nuestro matrimonio y lo voy a hacer.
—No tienes que hacerlo, solo necesito saber que me sigues amando...
—Entonces, me voy a esforzar porque jamás lo dudes amor... ¿Vamos a la ducha?
Bajo el agua se dedicaron a mimarse, a besarse y volver a descubrir el deseo que pareció dormido muchas noches, pero que solo necesitaba tiempo para volver a aparecer.
De vuelta en la habitación, Louis se perdió en el sur del cuerpo de Harry, a pesar de saber que no era lo mejor en ese momento. ¿Por qué? Porque increíblemente a Harry no le gustaba el sexo oral y eso fue algo que le costó mucho entender.
Harry siempre fue mucho más tierno, romántico y suave que Louis, incluso cuando sus encuentros fueran más atrevidos y fuertes, Harry necesitaba de un beso o de una mirada o de una palabra. Y cuando Louis estaba preocupado de darle placer a su miembro, no obtenía ninguna de esas tres cosas, a diferencia de Louis, que lo disfrutaba mucho porque podía desligarse un poco de tanta emocionalidad y ser un poco más salvaje. Pocas cosas disfrutaba más que follar la boca de su esposo, pero es que además, Harry era excelente en eso, un verdadero experto que probó en él mil recursos y él simplemente se dejaba llevar.
Sin embargo, ese día, Louis estaba sorprendido de escuchar los gemidos tan altos de Harry, y verlo retorcerse de placer lo encendió excesivamente. Sus planes eran solo darle un orgasmo y luego salir, pero no podía, entre sus piernas algo le estaba quemando, y aprovechó el clímax de Harry para prepararlo con sus dedos y lengua, y en el momento menos esperado, entrar en él y llevarlos al cielo y más allá.
Se sentía distinto, mejor, diferente, nuevo, caliente, suave, íntimo, arriesgado.
Era definitivamente, distinto, mejor, diferente, nuevo, caliente, suave, íntimo, arriesgado.
Lo entendieron cuando sus cuerpos ya estaban fríos, enredados bajo la manta, ya con sus respiraciones tranquilas y se miraron y parecía que se descubrían.
—Nunca entendí cuánto te extrañaba hasta ahora... —dijo Louis, besando el cuello de Harry. —Juro que ni siquiera cuando éramos un par de hormonales disfruté tanto de estar contigo amor.
—Me siento igual... Fue, más que maravilloso, —respondió acariciando el pecho de su esposo.
—¿Vamos a almorzar?
—Vamos mi sol.
Después de otra ducha, salieron. No tenían decidido qué comer, así es que fueron a uno de sus barrios favoritos y optaron por comida china. Después, fueron a caminar por un paseo lleno de librerías y negocios de lámparas, de tiendas asiáticas y muebles de madera. Recorrieron, compraron, revisaron, preguntaron. Se besaron afuera de cada local, incluso Louis arrinconó a Harry en un pequeño callejón, mientras lo manoseaba entre sus piernas.
No dejaban de conversar, de mirarse y de llevar sus ojos a cualquier parte el cuerpo del otro. Siempre les llamó la atención cómo podían hablar por horas y no aburrirse, y no agotarse, y eso no había cambiado.
Llegaron al departamento casi tres horas después, sin cansancio, simplemente disfrutando de cada minuto juntos. Decir que la cama volvió a recibirlos está de más, estaban recuperando todo el tiempo perdido y se sentía increíble. Sucios y sudados se durmieron hasta que la noche apareció y en medio de besos se prepararon para salir nuevamente.
El ambiente en el bar estaba como en sus mejores épocas, había bastante gente.
—¡Por fin los veo juntos! —Gritó Niall al verlos.
—¡Pero qué bien se ven! —Siguió Liam.
—Estoy seguro de que han estado todo el día haciendo cochinadas, —opinó Zayn, riendo.
—Pero qué buen recibimiento, —contestó Louis, abrazando a cada uno, después de meterse detrás de la barra.
Harry también los abrazó, pero se quedó sentado, muy cómodo.
—¿Te ofrezco algo de tomar? —Preguntó Louis, coqueteando.
—Sí, un coñac por favor, —contestó guiñándole un ojo.
Los demás no se metieron porque sabían que estaban en plan de reconquista.
—¿Esperas a alguien?
—No, si tengo suerte alguien se fijará en mí...
—Espero que no, porque soy muy celoso, —dijo Louis, sirviendo una pequeña y hermosa copa de cristal.
—¿Muy celoso? —Preguntó mordiéndose el labio.
—Con alguien como tú... Imposible no serlo.
Los dos sonrieron.
Después de otra copa, fueron a la pista de baile que se formaba al fondo del lugar y se dedicaron a mover sus cuerpos sensualmente, solo para el otro, sin tocarse, a ratos mirándose desde lejos. Varios chicos más jóvenes se acercaron, atraídos por las vibras que emanaban y terminaban frustrados, porque entre Harry y Louis no existían los celos, tampoco la necesidad de ser tóxicos. Ser posesivos era algo íntimo, privado de su relación, algo que jamás mostrarían en público.
Algunas copas más tarde, ligeramente borrachos, y en medio de risas, Harry decidió ir al baño mientras Louis lo esperaba en la barra. Sin embargo, no le gustó ver, al mismo tiempo, a dos tipos ir detrás de su esposo, por lo que también caminó hacia el baño.
Tal y como lo presintió, uno se había quedado afuera y el otro había entrado, lo que no estaba bien ni era normal.
—Mejor no entres, —le dijo el desconocido.
—¿Por qué?
—Ya sabes, hay un parcito algo “ocupado”, ¿me entiendes no?
—Pues no, dame permiso.
—Que no, ¿no entiendes? Vuelve después.
—El que no entiende eres tú, allá adentro está mi esposo, así es que te mueves o te muevo.
Al escuchar eso, el tipo palideció y le despejó la entrada.
Louis estaba nervioso, pero lo que vio lo dejó asqueado y sin palabras.
Su esposo lavándose las manos muy tranquilo, mientras en el piso, el extraño estaba con su miembro al aire y golpeado.
—¿Qué pasó amor? —Preguntó sin entender.
—Cuando salí del cubículo, el asqueroso este se estaba masturbando y quiso tocarme. Le di un buen golpe y ahí quedó tirado, voy a necesitar hielo, mira mi mano, —contestó tan dulcemente que Louis suspiró.
—Tuve miedo de que te hiciera algo...
—Lo entiendo mi sol, pero nadie va a arruinar nuestra noche, vamos a la barra.
Zayn le pasó una bolsa de hielo, y diez minutos después ya estaba bien. Continuaron bailando, hasta que el turno de ir al baño fue de Louis. Harry lo vio caminar, y mordiendo su labio, se fue detrás. Lo espero a que terminara y apenas abrió la puerta del cubículo, se metió.
—Amor, ¿qué haces?
—Travesuras...
Empezaron a besarse descaradamente, y en un acto que Louis jamás vio, Harry bajó sus pantalones y su bóxer, y se empezó a preparar. Ver a su esposo así de sucio, solo le hizo endurecer en cosa de segundos y su boca salivar.
—Harry...
—Rápido, antes que entre alguien...
Y así fue, casi agónicos salieron del baño cinco minutos después, más felices que nunca.
—¿Quieres irte ya amor?
—Sí, estoy muy mareado... Pero si quieres nos quedamos un poco más...
—No amor, solo quiero hablar algo con los chicos y nos vamos, —contestó caminando.
—¿Otro trago? —Preguntó Zayn en la barra.
—No amigo, ya nos vamos. Pero quería preguntarles sobre lo de ser socios, ¿cuándo nos podemos juntar para conversar?
—¿Almorcemos mañana? —Sugirió Liam. —Nosotros invitamos, —dijo sonriendo.
—Perfecto, ¿a la una está bien?
—Más que bien, váyanse con cuidado, ¿les pido un taxi?
—Sí, por favor, —pidió Harry, casi dormido.
Tuvieron una noche tranquila, durmieron muy, muy juntos, felices de tenerse.
La reunión con sus amigos fue muy provechosa. Además de compartir, de comer, y de reír entre los cinco, decidieron algunas cosas, como que Niall haría los papeles para incluir a Louis en la sociedad; también la cantidad de dinero que invertiría y cómo serían los horarios y cosas administrativas. Louis empezaría a trabajar en dos semanas, porque quería disfrutar de Harry un poco más.
Sin embargo, hubo una noticia que los dejó con la boca abierta.
—Tengo que contarles algo, —dijo Niall.
—¿Qué pasa? —Preguntó Liam, extrañado.
—Me acabo de enterar que tengo un hijo de 20 años...
Todos sacaron cuentas.
—Paula... —Dijeron al mismo tiempo.
—Ella era muy tóxica... —Opinó Harry.
—Tuvo a este hijo y yo no me enteré. Ahora ella me envió un mail, porque está en Senegal, haciendo un voluntariado y su hijo, mi hijo... Él necesita ayuda porque su novia lo dejó con un bebé de dos meses y... Nos vamos a ver mañana, y yo no sé qué hacer...
El silencio fue sepulcral.
—Pero, ¿necesita ayuda económica? —Susurró Louis.
—Lo que yo entendí es que él está estudiando con una beca en Roma y no tiene más ayuda. Al parecer, me va a entregar al bebé por unos meses...
Los cuatro se miraban. En algún momento de sus vidas, Liam y Zayn intentaron adoptar y les fue negada la oportunidad. Louis y Harry ni siquiera se lo plantearon, pero ahora iban a tener un bebé. Así lo sintieron, un bebé de todos.
—Esto es algo extraño, pero Niall, estamos aquí, de alguna manera lo haremos. Lo primero es que vas a tener que cambiarte de departamento. El tuyo es frío, oscuro, y feo. Una vez que tengas otro, prepararemos su habitación.
—Deberíamos ya comprar pañales.
—Y hacer un curso de primeros auxilios.
—No te vamos a dejar solo Niall, solo me preocupa que te encariñes demasiado y después sufras.
—Es exactamente lo que no quiero... Pero además, tengo un hijo, alguien de quien no me he hecho cargo en más de 20 años, es horrible...
Se quedaron conversando hasta que la noche apareció y por lo menos Harry y Niall debían levantarse temprano.
Esa noche, ya en su cama, Louis y Harry estaban más callados que de costumbre. La situación de Niall removió algo entre ellos, y tenía que ver con que pasaron una situación parecida cuando una ex novia de Louis inventó un embarazo, con la típica excusa de la borrachera y las fotos desnudos al día siguiente. Harry siempre confió en Louis, pero el fantasma siempre estuvo ahí, hasta que hace 24 años, la encontraron por casualidad en un restaurant, y ella se disculpó y confesó la mentira.
Al día siguiente, Louis fue a dejar muy temprano a su esposo al trabajo, y luego se fue a la oficina de Niall y entablaron la demanda, para después ir por un café.
—Anoche hablé con Darien...
—¿Cómo fue? ¿Cómo te sentiste?
—Al principio fue como hablar con un cliente, pero después de diez minutos, se sintió diferente. No es como que de repente sienta un lazo entre nosotros, pero es un chico tan despierto, inteligente, dulce... Vamos a vernos en una hora, y voy a conocer a mi nieto... Se siente bien decirlo.
—Se te nota, me alegro mucho de que hayan podido hablar, y me emociona pensar en el bebé.
—Se llama Tyler, y espero poder tomarlo en brazos, —dijo nervioso.
—¿Quieres que te acompañe? Estás muy ansioso.
—Lo estoy pero no te preocupes. Sé que hoy tienes mucho que hacer, hoy es su aniversario, ¿verdad?
—Lo es... —Y las mejillas de Louis se pintaron de rubor.
—Aww... estás todo enamorado... no, están, los dos. ¿Qué vas a hacer?
—Le voy a regalar algunas cosas, voy a cocinar, y todo lo cursi que se te ocurra: Bañera, velas, pétalos de flores...
—¿Es broma?
—¿Crees que esté mal?
—No, pero a Harry nunca le han gustado esas cosas. Es muy cursi, sí, pero contigo, no con los detalles.
—Lo sé, pero no sabía qué más hacer y espero que le guste...
—Cualquier cosa va a ser mejor que tenerlo dos días durmiendo en mi cama, llorando destrozado de la pena y la decepción por cuando olvidaste su aniversario. Estoy seguro que aunque lo invitaras a tomar agua, Harry sería el más feliz.
Después de esa pequeña conversación, Louis pasó a comprar algunas cosas, que se transformaron en muchas y tuvo que hacer equilibrio para llevarlas. Se sentía nervioso, porque era primera vez que él era el encargado de tantos detalles. Estaban cumpliendo 30 años de matrimonio, y le parecía que era imposible sentir que había sido tan poco y era cuando entendía que podrían ser cien años y nunca sería suficiente.
Suspiró, completa, total y absolutamente enamorado.
Una vez en el departamento, se preocupó de limpiar todo, incluso la bonita bañera. Buscó un tutorial para doblar toallas como en los hoteles y dejarlas a la vista. Colgó sus batas, después de sacarlas de la secadora junto a sus pantuflas. Llenó de agua fresca el jarro en la mesita de noche, dejó a mano lubricante y estiró bien la cama, donde dejó pétalos de rosas de colores.
Se estaba sintiendo un poco tonto, pero no se iba a detener.
Preparó una crema de zapallo con pan frito, bolitas de arroz y pollo salteado. Tenían la despensa de coñac muy bien surtida, y en medio de su pequeña cava, la botella especial, la que llevaba esperando esos 30 años por este aniversario.
Buscó el regalo en la bolsa y también lo llevó a la cama. Quería acostarse con Harry y quedarse por días ahí, solo holgazaneando, solo siendo unos tontos cursis.
Su pobre corazón estaba a punto de salir corriendo, estaba tan nervioso como cuando le pidió matrimonio.
Unos minutos después, sintió las llaves, y no sabía qué hacer, ni cómo poner las manos, si sentarse o estar de pie. Y para empeorar todo, Harry se veía maravilloso, más maravilloso.
Cuando Harry vio a Louis, sus ojos se iluminaron, como cada día. Tenía una pequeña bolsita en su mano, y como siempre, su mochila.
—Hola mi sol.
—Amor... Estás tan lindo... —Saludó embobado, haciendo que Harry se sonrojara.
—¿Preparaste todo esto? Se ve todo muy rico, tengo mucha hambre.
—Entonces cenemos.
Louis corrió la silla para su esposo, y le sirvió un poco de vino. Cenaron mientras se contaban su día, disfrutando de todos los sabores.
—¿No has hablado con Niall? Lo vi temprano y me dijo que iba a juntarse con su hijo y que iba a conocer a su nieto.
—¡Sí! Dios, ese bebé es hermoso. Mira, —le entregó su teléfono.
—Santo cielo, los tres se parecen mucho.
—¿Cierto que sí? Espero que puedan mantener esta relación, un poco loca, pero que les va a hacer muy bien.
—Sí amor, ojalá. ¿Todo bien en la oficina?
—Más que bien en realidad. Uno de mis jefes, Robert, me dijo que los planos que había hecho en casa, le demostraban que podía trabajar desde acá. ¿Entiendes qué significa? Que cuatro veces a la semana voy a trabajar en casa, y solo los miércoles voy a ir presencialmente...
—Amor, eso es maravilloso...
—Es increíble, porque además, me va a subir el sueldo. He estado estudiando algunas noches, cuando te esperaba, y ahora manejo más programas, unos que ellos apenas están conociendo, y eso le agrega valor a mi trabajo.
—Me alegra mucho amor... —habló ligeramente triste.
—No parece, ¿pasa algo? —Preguntó preocupado, mirándolo fijamente.
—No quiero volver a recordar estos meses... Es solo eso, estoy feliz con que reconozcan tu importancia en el despacho, lo sabes, ¿verdad?
—Sí mi sol, tranquilo.
—Bien, entonces, ahora que ya terminamos de comer... ¿Vamos a la habitación?
Harry sonrió, y una electricidad bajó por su espalda. Se devolvió para buscar su bolsita y le estiró la mano a Louis.
—Vamos.
Caminaron despacio, más nerviosos aún.
Pero nada preparó a Harry para lo que estaba frente a sus ojos.
—¿De verdad? —Sus ojos no dejaban de ver los pétalos, la cama, incluso algunas velas led. De fondo la música de Marvin Gaye, suave, incitando, provocando.
—Sé que no te gustan estas cosas, pero es que yo...
—Me encanta... Louis, esto es tan bonito... Amo que te hayas preocupado, que le dedicaras tiempo a esto, —susurró, abrazando a su esposo.
—¿Quieres que nos demos un baño en la tina?
—¿Es en serio? ¿Sabes hace cuanto no lo hacemos? Quiero, quiero que me abraces y que me toques...
—Ven...
Louis los llevó hasta el baño. Dio el agua caliente, puso burbujas, encendió la calefacción, dejó a mano las pantuflas, las batas y las toallas.
—Espérame, olvidé algo en la cocina.
Salió corriendo, y volvió con una bandeja con la botella de coñac, dos copas, y una fuente con frutillas bañadas en chocolate.
—Ahora sí, —dijo, después de dejar todo en una pequeña silla. —Eres mío desde ahora, solo para mí.
Mientras se besaban, empezaron a desnudarse, a dejar sus ropas caer sin cuidado. Louis tocó el agua, y ayudó a Harry a entrar.
Los dos suspiraron y gimieron despacio al sentir la temperatura perfecta.
Louis se sentó primero, apoyando su espalda en el tibio acrílico, y arrastró a Harry, hasta sentir su espalda en el pecho.
—Es la mejor sensación del mundo tenerte así, aquí, —murmuró Harry.
—¿Recuerdas cómo nos conocimos?
Harry sonrió. —El primer día en la universidad, los cinco en nuestro primer día. Liam iba caminando y Zayn lo empujó sin querer. Se cayó, nos acercamos cada uno por su lado, lo ayudamos y decidimos ir a conocer las instalaciones. Nunca más nos separamos. Ese mismo día me invitaste al cine, y una vez allá, me dijiste que estabas seguro de que algún día seríamos esposos. Esa misma noche la pasamos juntos y al amanecer ya éramos novios...
—Nuestra primera vez juntos fue... extraña, —comentó riendo. —Fue absolutamente mi culpa. Los dos teníamos un par de experiencias previas, pero tenerte en mi cama me trastornó y estaba tan nervioso... Lo hice todo mal, y me tuviste tanta paciencia... Siempre me has tenido tanta paciencia...
—Porque te amo mi sol, creo que me enamoré después de nuestro primer beso, cuando nos miramos y tus ojos me decían que de verdad veías un futuro a mi lado, y yo ya lo sabía. Sabía que era para siempre, como fuera, porque después de ti no existiría otro hombre... Y dices que yo te he tenida paciencia y olvidas todas las veces en que mi inseguridad casi nos separa, y lo que hiciste cada vez, fue darme calma, y dedicarme tiempo.
—Es que amor, no podía ser de otra manera. Puse todo en nuestra relación. Mi pasado, mi presente y mi futuro y siempre has sido tú... te amo, tanto...
—Te amo mi sol... ¿Recuerdas nuestra primera pelea?
—¿Es necesario recordarla? Nunca la olvidaré. Llevábamos casi dos meses de novios y olvidé que te había invitado a comer, y me fui con los chicos a una fiesta de la universidad. Esa noche no me contestaste el teléfono y al día siguiente tampoco. Fui a buscarte a tu casa y no saliste, tu mamá me dijo que no querías verme y desesperado llamé a Liam y le conté. Habló con Zayn y él habló contigo. Me sentía tan mal porque no podía creerlo, y los chicos me ayudaron a llevarte una especie de serenata y no me importó hacer el ridículo frente a tus vecinos y canté con todas mis ganas “Love of my life” de Queen...
—Me conmovió verte tan mal, estaba molesto y solo esperé que se me pasara. Llevábamos esos casi dos meses demasiado perfectos y me sentí fatal de que olvidaras nuestra cita... Pero ese día aprendí y entendí, que el amor no es como nos contaron. Que iban a haber momentos difíciles, peleas, malos entendidos, noches de lágrimas, fines de semana de soledad, y comprendí que si en mi mente y en la tuya lo nuestro era para siempre, entonces no podía acobardarme y al contrario, desde ese momento debía enfrentar mis fantasmas y aprender a comunicarme en vez de arrancar.
—Ha sido un largo aprendizaje, y me asusta pensar que es algo que no acaba nunca...
—Sí, pero ahora tenemos experiencia, más herramientas y sobre todo mucho amor.
Harry se colocó de lado, y apoyó su cabeza en el hombro de Louis, mientras acariciaba su cuello y Louis hacía lo propio en la espalda de Harry.
—¿Cuál es tu momento más favorito y el más difícil que hemos pasado?
—El más horrible es, sin duda, cuando llegó Pathy a decirme que se habían acostado y me mostró las fotos... Dudé, claro que lo hice, hasta que lo hablamos y tuve la certeza de tu inocencia. Y mi favorito... Cuando me pediste matrimonio, siempre me acuerdo de lo nervioso que estabas, te sudaba todo el cuerpo, estabas al borde del llanto y yo no sabía qué pasaba. Cuando te dije que sí, no lo podías creer y fue tanta la alegría que lanzaste el anillo al aire y cayó en algún lugar que nunca encontramos. Te pusiste mal, lloraste de frustración porque habías ahorrado mucho y yo intenté calmarte y lo único que lo logró, fue desnudarme en medio de la calle, ¿te acuerdas? —Preguntó riendo.
—Cuando te vi sin polera me quise morir, porque andaba mucha gente que se te quedó viendo. olvidé el anillo solo para poder cubrirte y sacarte de ahí. Fue la primera noche que compartimos y que no tuvimos sexo, se sintió raro pero fue lindo al mismo tiempo. Fue cuando yo entendí, que no por estar en una relación íbamos a estar haciendo el amor a cada rato, que iban a existir mil razones para no hacerlo y que eso estaba bien, que no significaba que no existían ganas, ni deseo ni amor. Que al contrario, había la confianza suficiente de decir no...
Se besaron tiernamente.
—Te toca contestar tu pregunta, —dijo Harry sonriendo.
—El momento más hermoso para mí fue nuestro matrimonio. Creo que fue un día perfecto, tuvimos sexo rápido cerca de diez veces ese día, apenas podíamos nos escapábamos para hacerlo. Y el más difícil para mí, creo que han sido estos seis meses. Sé que hemos pasado por muchas cosas, pero casi todas fueron por alguien más, pero ahora me siento responsable por completo. Me aterra pensar que pude perdernos, y que si no fuera por ti, seguiría empecinado en no perder mis prestaciones. Si te hubiese perdido, creo que simplemente no habría sabido como seguir... —Su voz estaba triste.
—Pero ya se acabó mi sol, míranos...
Uno tras otro, aparecieron pequeños besos y tibias caricias, silenciosos gemidos.
—Quiero hacer un brindis, —pidió Louis, sirviendo el coñac. —Quiero brindar por ti, porque eres el amor de mi vida, el único al que veo y con quien quiero seguir caminando para siempre.
—Y yo brindo por ti, porque eres mi sol, porque te amo como jamás imaginé, porque eres quien me hace sonreír. Felices 30 años mi sol, gracias por seguir aquí.
—Feliz aniversario amor...
Diez minutos de silencio, donde solo se escuchaba el choque de sus labios y de sus lenguas, intentando decirse muchas cosas más solo con sus sentidos.
—¿Quieres salir?
—Sí, quiero ver mi regalo, —contestó Harry, sonriendo.
—Ojalá te guste, me costó mucho decidirme.
Louis se envolvió con una toalla, y ayudó a Harry a salir. Lo secó y le puso la bata, para después hacer lo mismo con él.
Una vez en la habitación, Louis le entregó el regalo a Harry.
Apenas lo abrió, comenzó a llorar de la emoción.
Era un cuadro, pintado en acuarela, de dos erizos. Y en una bolsa más pequeña, dos erizos de cristal transparentes.
—Son... hermosos, y perfectos, y yo... Lo recordaste... Gracias...
—Recordé cuando nuestras madres nos llamaban así, igual que los chicos. Decían que parecíamos un par de erizos al despertar, y siempre ha sido un apodo muy bonito, que nos gustaba mucho a los dos. Dejamos de usarlos cuando pasó lo de Pathy... Y creo que no fue justo, porque sencillamente nos representa. Tú eres el erizo que tiene las púas un poco más largas, porque siempre tuviste el pelo más largo que yo, y ahora adornarán nuestra habitación.
Harry se levantó para abrazarlo y besarlo.
—Es hora de tu regalo, —dijo emocionado. —Toma.
Louis recibió la pequeña bolsa y miró adentro. Sonrió extrañado, era una cajita con forma de erizo.
Antes de abrirla, Harry se la quitó de las manos.
—A pesar de que pasen los años, de que ya no seamos los mismos, de que quizás estemos muy lejos de donde soñamos alguna vez, nos seguimos eligiendo. Yo te elijo cada día, y por eso, quiero preguntarte, —dijo arrodillándose y mostrando un anillo hermoso, —¿si quieres volver a casarte conmigo?
Louis estaba perplejo y sin poder contestar.
—Louis...
—¿Qué?
—Contéstame...
—Yo, no sé, o sea, sí... ¡Quiero casarme contigo mil veces más!
Harry le puso el anillo a Louis y luego lo besó.
—Estoy preparado para nuestros próximos cincuenta años amor...
—Y yo mi sol, estoy listo para empezar una nueva etapa, siempre contigo, siempre juntos.
FIN









que hermosa historia 😭 gracias!! 🫶
hermosa historia la disfrute mucho
Muy bonita, me encantó ♥