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EL DÍA DE LA LIBERACIÓN

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Summary

En un mundo dominado por el "Partido de la Liberación", Lucas, un joven fanático del régimen, sueña con servir al líder supremo, mientras Alex, un huérfano, lucha por sobrevivir en las calles. Sus caminos se cruzan en un instituto que promete un futuro glorioso, pero ambos descubrirán las sombras detrás del poder. ¿Serán capaces de desafiar el destino que les han impuesto?

Genre
Drama,Scifi
Author
Axel
Status
2yrs ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1:EL INICIO

El día que Lucas fue inscripto por su padre al “Partido de la Liberación”, se sentía lleno de vida y confianza en el futuro que se le avecinaba. Desde que era niño, había sido fanático del partido, aunque no sabía realmente por qué. Quizás la causa de su fanatismo eran las canciones de cuna con claros mensajes propagandísticos que su padre le ponía para que pudiera dormir. O quizás fue esa vez que Pablo le mostró la imagen del líder supremo por primera vez.

El caso es que, en ese momento, Lucas se encontraba de cara con su destino.

Una mañana en el Instituto Juvenil de Liberadores, Lucas tenía la dichosa tarea de entonar el himno del partido en su fiesta de graduación.

—“Gloria al poderoso Partido Liberador…” —se le escuchó decir.

El fervor de Lucas hacía resonar las palabras que salían de su alma en el espacioso patio del instituto, repleto de familiares y amigos.

—“Nosotros, los hijos del destino, arquitectos del futuro, liberadores del pensamiento.


—"Ofrecemos nuestra vida al glorioso partido”

entonaba Lucas, ante la mirada atónita de la muchedumbre, que no podía creer cómo la euforia encontraba lugar en un cuerpo tan pequeño.

Así continuaron las palabras saliendo de su boca por un largo rato. Para él, cada estrofa era una caricia al alma, un déjà vu del futuro que la vida le tenía preparado. ¿Su sueño? Claro está: conocer al líder supremo.

El líder rara vez se mostraba en público. Dichosos aquellos que pudieron verse retratados, al menos por un momento, en el mismo espacio y tiempo que él. Alto, 2 metros o quizás más. Elegante de pies a cabeza, vestido con su habitual chaqueta, “la chaqueta del triunfo”, llamada así debido a la deslumbrante cantidad de medallas que se exhibían en ella. Su cabellera rubia, como los rayos del sol, deslumbraba a quien la viera. Capaz de vivir infinitamente. O al menos esa era la descripción que los rumores de la gente proporcionaban.

Pasados unos minutos, Lucas llegó al ocaso del epinicio.

—“Gloria al Partido de la Liberación, gloria a los liberadores del pensamiento, gloria al líder.”

Luego de terminar, la muchedumbre respondió a sus palabras finales con un aplauso al unísono. De pronto, junto a él en el escenario, escuchó una voz familiar. Era el director del instituto.

—“¡Genial, Lucas! Si continuás así, algún día podrás ser parte de la guardia personal del líder, o mejor aún, ser uno de sus generales en batalla” —mencionó el director.

—“Gracias, director. Ese es mi sueño, ojalá algún día pueda cumplirlo” —respondió Lucas, con una sonrisa que le cruzaba toda la cara.

—“Ahora ve a festejar con tu familia” —dijo el director, finalizando la breve conversación.

Lucas bajó del escenario y fue entonces cuando pudo divisar a sus padres entre la multitud. Avanzó entre las felicitaciones de los presentes hasta llegar a donde estaba su familia.

—“¿Cómo estuve, padre?” —preguntó Lucas con la misma dosis de miedo como de incertidumbre, por saber qué respondería su padre.

Su padre tardó unos segundos en responder, como analizando cada segundo del canto de Lucas en su mente.

—“Estuviste bien. Quizás un poco desafinado al final” —contestó.

Lucas, que en su breve estadía en el mundo solo había tenido tiempo de hacerse con dos referentes: el líder, por supuesto, pero también su padre. Aunque su relación parecía más bien la de un profesor con su pupilo, Lucas siempre quiso ser como él.


Actualmente, su padre se encontraba retirado del campo de batalla debido a una herida proporcionada por un opositor en una de sus misiones y en el presente trabajaba de administrativo en el partido. En su juventud, supo ser uno de los mejores generales del partido. Tanto así que tuvo el honor de conocer al líder supremo. Quizás por eso necesitaba su aprobación en casi todo lo que hacía. Cada cumplido de su padre valía su peso en oro.

—“Gracias, padre, prometo que la próxima ocasión no cometeré ningún error” —respondió Lucas, con una leve sonrisa en la cara por la aprobación de su padre, pero también un poco decepcionado por haberle fallado.

—“Me encantó tu actuación, hijo” —dijo su madre, con completa alegría. Y continuó diciendo: “Cuando lleguemos a casa, te prepararé tu comida favorita”.

Su madre, con la hospitalidad, generosidad y carisma que siempre la caracterizó, tenía los atributos que debe tener cualquier doctora de su estirpe. Ella conoció a su padre cuando, en su juventud, él entró por la puerta de la carpa hospital con un disparo en la pierna, desangrándose y a punto de morir. A pesar de los cuidados y procedimientos que conlleva salvarle la vida a alguien, pudieron encontrar tiempo para enamorarse.

—“Eres la chica más hermosa que conocí, si sobrevivo a esta me casaré contigo” —prometió el soldado moribundo.

—“Déjese de decir idioteces, ¿quiere? Está delirando por la pérdida de sangre y la morfina que le proporcioné“.

Si bien los dichos de la doctora eran ciertos, y es común presenciar episodios de delirio entre los soldados heridos, en el fondo ambos sabían que esas palabras eran más que el producto del simple delirio. Eran las palabras de un soldado que, a pesar de tener un futuro incierto, aún se aferraba no solo a la vida, sino a la proyección de un posible futuro que no le sea tan indiferente como un disparo en la pierna.

Lucas no tuvo tiempo de decir nada más, cuando escuchó un grito lejano que lo nombraba.

—¡Lucas, ven! —era Pablo, su mejor amigo, junto a su grupo de amigos.

—¡Ya voy, Pablo, esperame! —Lucas abrazó a su madre, se despidió de su padre y se dirigió al encuentro con Pablo.

—Ahí viene el mejor estudiante del instituto —habló Pablo, haciendo reír al grupo.

—Debe ser porque tampoco hay demasiada competencia —respondió Lucas con humor mientras saludaba a su amigo.

—¿De qué sirven las mejores notas si no tienes una de estas? —se unió Alex a la conversación, con una risa sarcástica y evidenciando un arma.

Alex nunca fue un aprendiz del conocimiento. De hecho, nunca lo buscó, solo hacía lo mínimo para no ser expulsado del instituto. Su historia acompañaba su carácter.


Huérfano, a su padre nunca lo conoció y su madre lo abandonó de muy pequeño. Vivió en un orfanato de poca monta de la ciudad, donde le dieron hospedaje y un nombre. Hasta que se cansó de la falta de información sobre cómo llegó a este mundo. Un día decidió escaparse para buscar respuestas, pero en cambio se encontró con la hostilidad de la ciudad. Se convirtió en otra alma errante que luchaba por sobrevivir en las calles de la urbe.

Un día, mientras rebuscaba entre la basura en busca de comida, vio a quien parecía ser un miembro del partido, o al menos alguien a quien la vida le fue más favorable que a él. Sabiendo que eso no ocurría repetidas veces, empuñó su cuchillo improvisado, lo ocultó en su bolsillo delantero y fue a su encuentro

—Señor, señor, ¿tiene dinero para esta alma en necesidad? —preguntó con retórica.

—Lo siento, niño, ya vete de aquí —respondió el extraño.

—Yo creo que sí me entregará el dinero —dijo Alex, enseñando su cuchillo improvisado a la víctima.

En ese momento, el hombre esbozó una leve sonrisa y, con una mueca de confianza, respondió:

—Eres un niño valiente, al enfrentar a un militar con esa especie de cuchillo. Hoy no tenía pensado asesinar a nadie, pero no me dejas muchas opciones.

El hombre confirmó el miedo y la falta de experiencia en los ojos del niño, al ver cómo su rostro se convertía en la representación viva del terror, cuando contempló que cargaba un arma.

Alex, que sucumbió a sus instintos más primarios, experimentó el peor miedo, el miedo esencial: el miedo a la muerte. Pero pronto recapacitó, al fin y al cabo, ¿qué más daba morir hoy de un disparo o mañana de hambre? Se afirmó en su postura y buscó la valentía de alguien que está dispuesto a morir, y dijo:

—Intente cualquier cosa y veremos quién de los dos conoce primero a nuestro creador.

El aire se colmó de tensión; ya se podía vaticinar la muerte. Fue entonces cuando el hombre rompió el silencio que anticipa un asesinato y le propuso la mejor oferta que podía imaginar un niño en esa situación.

—Me asombra tu valentía. Quiero proponerte algo: puedes intentar asaltarme y que alguno de nosotros muera, o puedes acompañarme que te llevaré al Instituto Juvenil de Liberadores, donde te darán hospedaje y una razón de vida. ¿Qué opinas? —ofertó el hombre, como quien ya se sabe ganador de una negociación.

Alex, sabiendo que pocas cosas eran peor que la vida en las calles, rápidamente consideró la oferta del hombre, pero quiso socavar cualquier tipo de duda.

—¿Me lo está diciendo de verdad? —

—Claro, soy una persona de palabra —respondió el hombre.

—Está bien, lo acompañaré, pero no le quitaré los ojos de encima —

dijo Alex, quizás aceptando la oferta que le daría un giro a su vida, que hasta ese momento no era más que una serie de eventos desafortunados.

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