Prólogo
—Tú eres mi hogar, Serena —Charles me mira con ojos húmedos mientras acaricia suavemente mis brazos temblorosos. No quiero dejarlo ir; acaba de expresar lo que siente, pero yo estoy aquí únicamente para despedirme del hombre que amo.
—Charles, tú eres mi verdadero amor. Solo espérame un año. No regresaré con las manos vacías, no cuando tengo tanto que perder. Te amo, Charles. —Lo dije, por fin lo dije. Te amo, Charles; ya lo sabe.
—Yo... Serena, te amo, mi dulce princesa. —Las lágrimas ruedan por sus mejillas. Desesperada, beso con dulzura la ruta por la que pasan esas lágrimas, dejando un sabor salado en mis labios.
Mi papá baja de su coche con una mirada dolorosa. Permanece de pie, mirándonos, testigo de un amor severo e imposible. Bien sabía que lo amaba. Sin embargo, mi madre no soporta la idea de que esté con un "plebeyo". Papá no puede evitar que una lágrima se deslice por su mejilla al contemplar esta escena de dos almas que serán separadas por un tiempo indefinido.
—Hija mía... Charles... Lo siento tanto...Quisiera ayudar.
—Papá, tú eres el rey... ¿Por qué permites que me separen de él? ¿Por qué? —Papá se tapa la boca en un sollozo doloroso, baja rápidamente la cabeza y dirige una mirada suplicante hacia mi madre. Luego se acerca al coche, donde mamá, irritada, nos dedica una mirada indiferente.
—Por favor, despídete, hija mía... —Niego con la cabeza mientras me aferro a Charles con todas mis fuerzas.Mamá sale del coche y ordena a los guardias que agarren a Charles. Se lo llevan, y emito un grito desgarrador mientras veo cómo es arrastrado por dos hombres. Me separaron de él. Me quitaron sus brazos... su aliento... su amor... su corazón... su voz...
—¡Serena!
—¡Charles!
Mi hogar... Mi Charles.








