Capítulo 1
El despertador taladró mis oídos, arrancándome de un sueño profundo y agitado. Un suspiro se escapó de mis labios mientras estiraba el brazo para silenciar el estridente sonido. No era un madrugón cualquiera; hoy, el destino me llevaba nuevamente a la Toscana.
Me levanté con una extraña mezcla de emoción y nerviosismo, sintiendo una agitación en el pecho que no lograba comprender del todo. La imagen de Mia, su sonrisa radiante, sus ojos llenos de vida, invadió mi mente. Hoy era la fiesta de pre boda, y yo estaría allí, como siempre lo he hecho.
Preparé café, el aroma amargo y estimulante llenando el pequeño apartamento. Mientras bebía, repasé mentalmente la ruta, los recuerdos, las palabras que había ensayado mil veces pero que ahora, ante la inminencia del reencuentro, parecían desvanecerse.
La nostalgia, esa vieja amiga que siempre me visitaba en momentos como este, invadió mi mente con recuerdos de Mia. Los días en el café, las risas compartidas, las conversaciones hasta altas horas de la noche. La vi en cada rincón del apartamento, en cada taza de café, en cada rayo de sol que se filtraba por la ventana.
De repente, una oleada de inspiración me invadió. Tomé rápidamente mi bolígrafo y una hoja de papel, dispuesto a escribir una última carta. Una carta que sería el cierre de un capítulo, o tal vez, el inicio de uno nuevo.
Las palabras fluyeron con facilidad, como si llevaran años esperando para ser escritas. No eran palabras de amor, ni de reproche, sino más bien una reflexión, un intento de empezar a soltar esto que siento y dejarlo ir.
La tinta negra danza sobre el papel, formando palabras que quizás nunca sean leídas. O quizás sí. No lo sé. Hay algo en esta última carta, la última línea se posa sobre el papel, un susurro final en una confesión que nunca fue pronunciada. Cierro el bolígrafo, doblo la carta introduciéndola en un sobre color marrón, el cual procedo a sellar con lacre finalmente, y deslizándola junto a las demás. Una pequeña pila de secretos atada con una cinta de seda, esperando ser descubiertos. Un gesto impulsivo o un acto de fé. Realmente no sé dónde terminará esto. Ni cuándo. Tal vez sea una locura que terminará muy mal o quizá sólo signifique un adiós, o una segunda oportunidad... quién sabe.
~° Inicio de Flashback °~
Giulia y yo estábamos sentados en nuestra mesa habitual del café, esperando a Luca. Giulia estaba enfrascada en su libreta de bocetos, dibujando un diseño de vestido que parecía sacado de un sueño. Yo, por mi parte, garabateaba en mi libreta, intentando capturar la imagen de un pájaro el cual se posó sobre una silla al otro lado del cristal.
- ¿Qué tanto dibujas tú? - preguntó Giulia, sin apartar la vista de su libreta.
-Que te importa- respondí entre risas.
-Eres un grosero- reclamó de forma sarcástica.
-Estoy dibujando un gorrión. ¿Tú qué planeas? -
-El futuro vestido que me lanzará a la fama. - Me responde mientras sus ojos brillan ante cada trazo que suelta de forma entusiasmada.
-Me postulo para ser el modelo. -
-Oh, definitivamente te quedará increíble, Podrás lucir tus magníficas piernas peludas de macho alfa con este vestido de corte ochentero, cariño. - Suelta Giulia con tanta naturalidad que fue inevitable no reír a carcajadas de tan sólo imaginarlo.
En ese momento, Luca entró al café, con una sonrisa radiante y una chica a su lado.
-Hola niños- Saluda Luca, acercándose alegremente a nuestra mesa. -Les presento a mi amiga Mia, la que les mencioné antes- Nos comenta Luca con una sonrisa de oreja a oreja, mientras toma asiento a mi lado.
Mia sonrió tímidamente, pero con una chispa de alegría en sus ojos. -Hola, chicos- dijo, con una voz suave pero llena de energía acompañada de una amplia sonrisa.
Giulia se levantó y le dio un abrazo rápido de forma entusiasmada. -Un gusto conocerte al fin, linda. Yo soy Giulia...
Quedé absorto en mis pensamientos. Perdiendo el hilo de la conversación. Me quedé mirándola, sin poder apartar la mirada. Su sonrisa, su voz, su forma de moverse, sus lunares... todo en ella llamaba mi atención de forma inigualable. Mis ojos vagaban sin parar por cada una de sus facciones.
-André, ¿sigues disociando? - preguntó Giulia, con un ceño de intriga levantando una de sus cejas. -No te quedes ahí parado, saluda-
Sacudí mi cabeza levemente sacándome de mi ensoñación -Lo siento, me distraje. Soy André, mucho gusto, Mia- dije, extendiendo una de mis manos y sintiendo que mis mejillas se ponían rojas.
-Mucho gusto, André- respondió Mia, con una sonrisa radiante correspondiendo ante mi apretón de mano. Quería que fuera eterno ese momento.
Al soltar mi mano, rodeo torpemente la mesa, deslizando la silla hacia atrás permitiéndole a Mia poder sentarse frente mi puesto.
-Muchas Gracias, André-
-No es nada, descuida- respondí con una enorme sonrisa, regresando a tomar mi respectivo asiento, notando las miradas expectantes de Luca y Giulia sobre mí, haciéndome sentir un poco confundido y apenado.
Las conversaciones continuaron entre tazas de café, risas, y comentarios sarcásticos. Pasamos de conversar temas triviales, a los más profundos, conociéndonos entre los cuatro aquella tarde en aquel café. Desde ese momento, supe que algo había cambiado. Algo dentro de mí. Una chispa, un presentimiento, una sensación extraña que no supe descifrar hasta mucho después.
Giulia, Luca y yo. El trío dinámico desde los diecisiete. Éramos inseparables. Risas compartidas, sueños en común, noches emotivas, la sensación de que el mundo estaba a nuestros pies. Y luego, ella apareció... Mia Comucci. Cambió de forma positiva nuestro grupo, también mi corazón, y mi perspectiva del mundo.
~° Fin del Flashback °~
Antes de seguir sumergiéndome por completo en el pasado, necesito poner en orden mi presente. Abrí mi laptop y me adentré en el mundo de mi galería de arte en Canadá. La tarde transcurrió entre correos electrónicos, llamadas y la organización del inventario. La pantalla de la laptop se iluminaba con imágenes de pinturas, esculturas y fotografías, cada una con su propia historia, su propia voz.
A pesar de la distancia, la galería era una extensión de mí mismo. Un espacio donde podía expresar mi pasión por el arte, donde podía conectar con otros artistas y amantes de la belleza. Pero hoy, incluso el arte parecía palidecer ante la inminencia del reencuentro.
Mis dedos se movían con agilidad sobre el teclado, pero mi mente divagaba hacia la Toscana. De repente, la alarma de mi teléfono irrumpió en mis pensamientos, recordándome que el tiempo corría y que debía apresurarme si quería llegar a la fiesta. - ¡Carajo, se me hará tarde! - Solté sorprendido al fijarme en lo hora.
La pre boda de Mia. Un evento que había marcado en mi calendario desde hacía meses, pero que ahora, a pocas horas de distancia, me llenaba de una extraña mezcla de emoción y temor.
Me levanté con un suspiro, sintiendo la adrenalina correr por mis venas. Opté por una camisa de lino azul marino, que combiné con unos pantalones chinos color beige. Un atuendo elegante, pero lo suficientemente relajado para una fiesta en el jardín.
Me vestí con rapidez, pero sin perder la compostura. Ajusté el cuello de la camisa, me aseguré de que los pantalones estuvieran bien planchados y me peiné con cuidado, controlando cada mechón mal posicionado.
El espejo me devolvió la imagen de un hombre seguro de sí mismo, con un toque de elegancia casual. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en mis labios.
-Perfecto- me dije a mí mismo, tomando la llave del coche y salí del apartamento, cerrando la puerta tras de mí con un clic suave y decidido. Bajé las escaleras con paso firme, sintiendo la emoción crecer en mi interior.
En el coche, ajusté el espejo retrovisor y me aseguré de que el perfume que había elegido para la ocasión se sintiera en el aire. La caja descansa en el asiento del copiloto, un pasajero silencioso en mi viaje. Encendí el motor y salí a toda velocidad, con la música suave y relajante para calmar mis nervios.
~°~
El viaje en coche fue una mezcla de nervios y anticipación. La Toscana, con sus colinas ondulantes y sus cipreses centenarios, me recibió con la misma belleza que recordaba. Pero hoy, la belleza del paisaje palidecía ante la emoción de volver a ver a Mia.
Finalmente llego a mi destino. Llegué a la Villa Comucci al anochecer. Antes de dirigirme al evento principal, decido escabullirme con la caja entre mis manos en ese jardín tan familiar de mis recuerdos. Un laberinto de colores y aromas, un lugar donde el tiempo se detiene. Respiro paz mientras camino entre rosas, gerberas, lirios, calas, tulipanes y peonias; un escondite conocido solo por dos corazones.
El jardín guarda silencio, se convirtió en mi testigo mudo de un acto cargado de misterio, y amor. La caja, un enigma entre las flores, un regalo del pasado para un futuro incierto.
Encuentro el lugar perfecto para dejar mi emotivo regalo. Decido marcharme del lugar dejando la melancolía y la nostalgia de mi primer amor detrás.
Las luces cálidas que iluminaban el jardín me guiaron hacia la fiesta. La música suave, las risas y las conversaciones crearon un ambiente mágico. Me acerqué lentamente, sintiendo que el corazón me latía con fuerza.
Y entonces, la vi. Mia. Estaba radiante, con un vestido que resaltaba su figura y una sonrisa que iluminaba su rostro. Me quedé paralizado, observándola desde la distancia. La luz dorada de las farolas resaltaba la belleza de su piel, el brillo de sus ojos, la curva de sus labios. Era como si el tiempo se hubiera detenido, como si volviéramos a esos días en el café, riendo y soñando.
Un torbellino de emociones me invadió. Alegría por verla de nuevo, nostalgia por los recuerdos compartidos, y una punzada de incertidumbre por el futuro. ¿Qué papel jugaría yo en su vida ahora que estaba a punto de casarse?
Antes de que pudiera ordenar mis pensamientos, Mia ya tenía sus ojos en mí. Su rostro se iluminó con una sonrisa cálida y familiar.
—¡André! — exclamó, corriendo hacia mí y abrazándome con fuerza.
Sentí su cuerpo contra el mío, el calor de su abrazo, el olor familiar que evoca su cuerpo mezclado con el de su perfume de tonos dulces. Era como si el tiempo se detuviera. Como si volviéramos a esos días en el café, riendo como bobos.
—¡Qué alegría verte aquí! Sabía que vendrías— Me dice mientras se separa un poco de mí. Y sus brillantes ojos que parecen dos soles, los cuales ven directamente a los míos, acción que hace estremecer mi corazón.
—No me lo iba a perder— Murmuro con un tono dulce que sólo ella podía escuchar. Hasta yo mismo desconocía tener un tono de voz como ese. Esta chica siempre saca lo menos esperado de mí.
Reímos al unísono, sintiendo una mezcla de alegría y nostalgia. —Qué bien que llegaste temprano. La noche apenas comienza. —
—Quería saludarte antes— respondí, desviando la mirada.
—Bueno, me alegra que estés aquí— dijo, tomándome del brazo y arrastrándome hacia el jardín. —Vamos, para que saludes a todos—
Mientras caminábamos, sentí que el tiempo se ralentizaba. Cada paso, cada roce de su piel contra la mía, era un recordatorio de todo lo que habíamos compartido. Recordé su risa, como una melodía que siempre me había llenado de alegría. Recordé sus ojos, brillantes y llenos de vida, que me habían enseñado a ver el mundo con otros ojos.
Y recordé su corazón, un corazón generoso y amable, que me había acogido como a un hermano. Siempre había sentido una conexión especial con ella, una chispa que nunca se había apagado.
Pero ahora, mientras la acompañaba hacia su futuro esposo, esa chispa se convertía en una llama silenciosa. No era un amor egoísta, ni un deseo de poseerla. Era un amor puro, un anhelo de verla feliz, de saber que había encontrado a alguien que la amaría y la valoraría como se merecía.
—“Espero que Matteo la haga feliz”— pensé, con una sonrisa triste. —“Ella se merece toda la felicidad del mundo”. —








