¿Cuándo?
Mierda.
—¿Cuándo me ibas a contar sobre tu pololo? —Papá preguntó, de brazos cruzados mientras se para fuera de mi habitación.
Nunca planeé contarle a mi papá de que soy gay. La verdad yo tampoco sabía. Siempre él me imaginaba trayendo una mina linda a la casa...
El primer beso fue de meme. El segundo y el tercero de bromita. El cuarto y el quinto para reforzar la amistad
Y luego pasaron cosas.
Creo que soy gay. Y ahora mi papá lo sabe.
—¿Qué?
Fue todo lo que pude decir.
—El niño, el loco con el que estabas ahora.
Ah. Asentí, y sacudí la cabeza un poco, mi corazón se aceleraba. Debí haber cerrado la puerta con llave.
—Esteban —Dije, sin mirarlo a los ojos. Que vergüenza.
—Sí, Esteban. ¿Están pololeando?
—¡No! O sea, no sé, o sea... Bueno, es que, mira, yo...
—Dime. Sí o no. ¿Están pololeando?
¿Cómo se supone que responda eso? Ni siquiera yo lo sé, el Esteban y yo nunca hemos confirmado nada, para empezar se supone que solo éramos amigos. Mira, no es mi culpa, cuando me mira con esos ojos es difícil negarse.
Pero... Ahora, ¿Cómo se lo explico a mi viejo?
—¿Tal vez?
—¿Tal vez?
—Sí.
Él me miró, de arriba a abajo, con una cara de confusión. De esas que te dan como diciéndote "Estos jóvenes de hoy en día", pero bueno es que no sé qué más decir. Mejor me quedo callado no más.
—Ya... Cierren la puerta para la próxima. Después hablamos —Me dijo, y se fue, cerrando la puerta detrás de él.
Suspiré.
Me estaba cagando de miedo, pero al menos la situación ya terminó.
Me di la vuelta, rascándome la cabeza mientras camino en mi habitación, tropezando con un aerosol. Ni he ordenado la pieza por andar comiéndome con un hueon. Moví las sábanas buscando mi celular y al encontrarlo, me metí a Whatsapp y lo llamé.
Espere unos momentos, volviéndose minutos. Me mordí el labio y pasé mi mano por mi pierna.
Hasta que escuche su voz.
—¿Yael?
—Ya sabe —Solo le dije.
—Oh.
¿Oh? Casi me desmayé de los nervios ¿Y este culiao solo dice "oh"?
—¿Qué va a hacer ahora?
—Nada, o sea, no me dijo nada. Supongo que todo está bien.
—Bueno, me tengo que ir a jugar ahora, lo llamo más tarde ¿Va?
—Ya —Honestamente me sentí un poco decepcionado, pero no quería hacer un show.
Y cortó.
Sentí que no podía juzgarlo mucho, total él siempre me dijo que solía ser más seco por teléfono. Y siempre ha sido un obsesionado con el volley, yo también a veces lo ignoraba por el skate o por dibujar.
Pero estaba nervioso, lo necesitaba.
Nunca me hubiera imaginado que estaría en esta situación. A mi nunca me habían gustado los hombres, tal vez encontrar un actor bonito, pero nunca así, con un amigo. No me gustan los hombres, me gusta ese hombre. Cuando lo conocí es como si mi vida se hubiera iluminado, me quedé pegado viéndole sus ojos, y aprovechaba cada oportunidad para jugar con sus rulos. Sonriendo cada vez que él se aparecía.
Los chiquillos me weaban llamándome weco, pero no me importaba. Tal vez si lo soy, un poco.
—Yapo, contéstame —Le mandé yo, y suspiré.
No quería molestarlo, pero al mismo tiempo si.
Era el único con el que podía hablar, con el que no me daba miedo sentir lo que decía.
No quería salir de mi pieza, mi viejo me iba a bombardear de preguntas. ¿Y si me pregunta si soy gay? ¿Qué digo? Si ni yo sé.
Eso es lo que envidio de el Esteban, él está seguro, él me dijo que era gay desde la primera vez que hablamos. No duda, no se asusta.
Yo sí.
Tengo miedo porque nunca me ha pasado, nunca me ha pasado de querer estar acurrucado en los brazos, y en el calor de un hombre. Nunca me había pasado de anhelar tanto la presencia, los labios, el amor de un hombre. Es confuso.
—Estoy en la plaza, ven —La pantalla de mi celular se iluminó, viendo su mensaje, sonreí.
—Ya.
Me levanté y agarre mi skate, saliendo de mi habitación, mi papá no parece estar, tal vez salió. Mamá aún no regresa, se debió ir con la enana a comprar.
Entonces me puedo ir sin que nadie se oponga.
...
Llegué a la plaza, y ahí lo ví, sentado en una banca, la pelota de volley a su lado mientras tomaba agua, sus rulos desordenados y mojados con su sudor. Hacía un calor de la puta, hasta yo me saqué el polerón.
Caminé hacia él, tomando mi skate, me senté a su lado. Me miró y sonrió, sus ojos achinados y frunciendo el ceño por el sol.
—Así que... ¿Nos vio?
Asentí. Él suspiró.
—¿Y ahora?
—¿Ahora que?
Se encogió de hombros.
—¿Qué va hacer? ¿Nos vamos a seguir besando a escondidas, que un beso por acá y por allá, o se hace hombre y no se amaricona y va decirle que si, que si se ha besado conmigo, que no somos amigos?
Puta. Fue todo lo que pensé. Si no es mi viejo con esa mirada y con ese "tenemos que hablar" es Esteban con sus reclamos, porque a él no le gustan los juegos. Lo sé, él es muy directo.
Pero aún así, no me gusta.
—No me amaricono. Estoy confundido, Esteban.
—¿Confundido de que? ¿De qué si le gustan los hombres? Si le está comiendo la boca uno todos los días, yo creo que sí.
—No, pero... Es difícil.
Dije, pero él no se suavizó, su ceño seguía fruncido y ya no era por el sol, me miraba, pero no decía nada. Está molesto, pero solo estoy pidiendo que me entienda. Que entienda... Algo que yo aún no entiendo.
Pero Esteban no es indeciso como yo, no duda como yo, no se asusta como yo. Él tiene experiencia.
Y yo solo quería jugar, reírme. No enamorarme.
¿Estoy enamorado?
—Yael, yo ya hablé de esto. A mi no me gustan los juegos, uste' sabe. Sabía que iba a pasar cuando nos besamos la primera vez, yo sé que acobarda, pero yo no espero.
—Ya, ya entendí. ¿Podí entenderme a mi también? 'toy, no sé, no entiendo nada. Yo sé que capaz no se enojen, pero... No sé.
—Yael.
—Esteban.
Él me miró, molesto, y yo suplicante. Trago seco y miró hacia otro lado, soltando un suspiro por la nariz.
Dios, este hombre me estresa pero mentiría si dijera que no le quiero callar la boca de un beso cada vez que le da la wea.
—Yapo.
—Ya, Yael. Ya.
Se notaba que ya estaba harto de mi, pero me dio risa.
En realidad no sabía si llorar o reír. O comérmelo a besos.
—Ya si igual me amai. Aunque me querai mandar a la chucha.
—Sí, a la próxima, le voy a dar un manotazo, a ver si así se le mete en la cabeza.








