Entre el silencio y la tinta
Siempre, una historia comienza con un primer trazo.
A veces tinta. O sangre.
Pero esta historia, inició con ambos.
El antagonista de esta historia está identificado. Víctor. ¿Un ex? ¿Un enemigo? Bastián no lo sabía, sus dudas todavía no se aclaraban.
Él era un escritor, y eso era algo que podría ayudar al caso. No estaba perdido. Sólo necesitaba investigar.
Fase 1: “Víctor”
Empezó a investigar: Revisó los diarios de Isabella. Leyó y releyó los post-its en las tapas de los cuadernos. Revisó cada detalle, aunque sonara loco, lo necesitaba.
Bastián investigaba. Buscaba en todo lo que tenía a su mano. Incluso en la tarde, cuando llevaron el cuerpo de Isabella al hospital.
No era un detective calificado. Era un escritor dispuesto a descubrir la verdad detrás del párrafo mal escrito.
Y allí, en la tinta roja que Isabella siempre usaba cuando algo le importaba, encontró lo que siempre estuvo ahí:
“No todo lo que se borra, desaparece. A veces, simplemente, se oculta mejor.”
–“No todo lo que se borra, desaparece ...”– Vaciló Bastián, leyendo el breve párrafo escrito con tinta roja. ¿Qué quería decir Isabella?
De repente, debajo del texto breve, se encontraba una nota escrita para él. Una promesa. Un charco de tinta que jamás se limpió. “Bastián.. Sólo por si encuentras esto y lo lees, quiero que sepas que me gustas” ... Quería declararse antes del accidente.
– ... Isabella – Gimió, las lágrimas corriendo de sus mejillas nuevamente. Abrazó la nota contra su pecho, con fuerza. – ... También me gustas ... No quería dejarte tan pronto, Isabella ... –
Fase 2: “Víctor e Isabella. Una relación de mala fama.”
Bastián recolectó toda la información e inició un informe de investigación. Isabella y Víctor. No era sano, no le daba espacio para comprenderlo.
– Isabella y Víctor ... Ellos no eran nada ¿Por qué él la atacó sin siquiera dar explicación? – Se preguntó a sí mismo, revisando las carpetas, documentos y escritos en los que se mencionaba al tipo.
Cada vez que el nombre surgía, era como una sombra impresa a medias, una mancha de tinta que resistía a borrarse. Había mensajes sin firmar, referencias a viejos encuentros en cafés, hasta un par de recibos de librerías con anotaciones que Isabella jamás le mencionó.
–No encaja... nada encaja –murmuró, golpeando con el lápiz contra la mesa.
Pero lo que más le inquietaba no eran los datos objetivos, sino lo que no estaba escrito. Las páginas en blanco. Los silencios de Isabella cada vez que el nombre de Víctor se colaba en una conversación. Ese vacío decía más que cualquier párrafo.
Y fue entonces cuando la idea lo golpeó con fuerza:
Quizás la clave no está en lo que Isabella contó… sino en lo que nunca quiso contar.
Con ese pensamiento, Bastián cerró el informe, lo miró como si fuera un borrador inacabado y escribió en la primera página, con trazos tensos y rápidos:
“Hipótesis: Víctor no buscaba a Isabella por lo que ella fue, sino por lo que ella guardaba.”
Fin. (602 palabras)








