Prólogo
Hay secretos que no deberían ser revelados.
Hay páginas que, una vez leídas, no pueden olvidarse.
Elías no sabía en qué se estaba metiendo cuando abrió aquel viejo diario. Lo que empezó como una curiosidad terminó por desgarrar la delgada línea entre la realidad y el delirio.
En esas páginas dormían criaturas que ningún ojo humano había visto, voces que solo un alma al borde de la locura podría escuchar, y una verdad que nadie estaba preparado para enfrentar.
Ahora, con cada palabra, con cada dibujo, algo se despierta. Algo que observa. Algo que susurra en la oscuridad.
Y Elías está atrapado en medio de un mundo roto donde la ayuda y el peligro se disfrazan de la misma sombra.
Porque en este juego, incluso la compañía puede ser una trampa.