Prólogo
Varsovia no era solo el lugar donde nació Heky Colphiss, sino el escenario donde aprendió que la vida nunca sería sencilla. Su mundo estaba formado por su familia: Luna, su madre, una mujer de sonrisa cálida y presencia maternal inquebrantable; Raphael, su padre, un hombre duro y misterioso, conocido en las sombras de la ciudad por sus actividades criminales; y Viktor, su hermano mayor, quien siempre había sido su protector silencioso, el que cuidaba que ningún daño llegara a él.
Desde pequeño, Heky supo que la tranquilidad de su hogar era frágil. Luna, la luz que mantenía el calor en la casa, fue asesinada por un rival de Raphael, un golpe directo a la familia que marcó para siempre el destino de Heky. El dolor de esa pérdida era inmenso, pero también fue un punto de inflexión.
Raphael, tras el asesinato de Luna, tomó una decisión drástica: mudarse a España, buscando dejar atrás el pasado y abrir una nueva etapa para sus hijos. Aunque el mundo de Raphael era oscuro y peligroso, Heky nunca preguntó detalles ni cuestionó el amor que le tenía. Sabía que su padre estaba envuelto en algo que pocos comprendían, y eso no disminuía su respeto ni su cariño hacia él.
Durante su infancia y primeros años escolares en Varsovia, Heky fue un chico reservado. No tenía muchos amigos, pero sí algunos elegidos con cuidado. Entre ellos estaba Alessa, una chica con quien compartía silencios, risas tímidas y sueños apenas susurrados. Su relación fue creciendo, casi rozando el terreno de un primer amor. Ella era la chispa que iluminaba sus días grises.
Su aspecto también llamaba la atención: cabello negro, siempre despeinado de manera natural, como si se resistiera a ser domado, y ojos celestes que reflejaban una mirada tranquila, madura para sus apenas 16 años. Aunque joven, Heky tenía una presencia que imponía respeto sin necesidad de palabras fuertes.
Cuando Alessa se fue de Varsovia, dejando atrás la promesa silenciosa de lo que podrían haber sido, algo cambió en Heky. La alegría que esa amistad le había dado se desvaneció y en su lugar apareció una seriedad más profunda, un joven que entendía que el mundo no le daría segundas oportunidades tan fácilmente.
Su hermano Viktor siguió siendo su guardián, ese muro firme al que siempre podía recurrir, mientras Raphael seguía manejando sus asuntos con la fría determinación de un hombre acostumbrado a la lucha constante.
Así, con el peso del pasado y la mirada puesta en un futuro incierto, Heky Colphiss emprendió el camino hacia España, sin saber que en esa nueva tierra se escribirían las páginas más intensas de su historia.








