🐈⬛ ~ I~ Colonia Cingaro
Rávena, Año 2020
La colonia Cíngaro está situada a unos veinticuatro kilómetros del supermercado en el que me encontraba, en un principio respirar libertad no tenía precio, pero ahora, veía el porqué Lilyan me había puesto guardaespaldas desde hacía nueve meses atrás.
Las cosas eran un caos en las últimas semanas, los actos de asesinatos alrededor de las avenidas principales habían crecido. Sin duda los principales sospechosos eran las decenas de Drider que comenzaban a tomar la ciudad, los demonios se regían por instintos bajos que solo buscaban dañar y apoderarse de lo ajeno.
Mataban a sangre fría y no les importaba morir en el intento. La noticia más grave que se escuchó fue hace seis años, cuando la hija del Ministro Christoph Brown fue asesinada por ellos, en un disturbio que causó más de cien muertes ese mismo día.
Claro que todo fue manipulado por los medios y se condenó el ataque como un plan terrorista extranjero, llenando de tensión cada país con pequeñas diferencias comerciales.
Los Subterráneos empezaban a superarnos en número y no habíamos más de cuatrocientos Terrenales en la colonia Cíngaro, los pocos que quedamos a excepción mía — Debido a que la Abuela me había vetado prácticamente de mi propia especie— eran sometidos bajo un entrenamiento riguroso para seguir con la protección de la Asociación.
Las cosas sin duda en los últimos cincuenta y dos años habían ido de mal en peor, así que decidí mandar al rincón de mis pensamientos los problemas referentes a mi miseria después de la Depuración en 1968, centrándome en otro problema no muy grato.
Por que meterme en problemas me resultaba tan fácil, al punto de estar rogando misericordia a un Dios que ni siquiera conocía.
Simplemente, Lilyan había dicho que en el libro del Índice un Dios olvidado me ayudaría si yo se lo pedía.
Y no tenia nada mas que perder en este momento.
La abuela siempre me gritaba en la cara que nunca me acercara a las personas que tenían una aura negra por que eran Drow o Drider (esa maldita clase de demonios con cuerpo de araña y cara de duende), bastantes espeluznantes que por lo regular ocupaban el recipiente humano que habían asesinado para poder mezclarse entre los mortales.
Claro que cuando vi a la niña de preescolar intentando bajar una caja de cereal del penúltimo estante, junto con toda esa aura oscura cubriéndola como azúcar en una dona, mis sentidos de bondad se dispararon y opacaron la enorme alerta roja que me decía mantente alejada.
¿Qué podría estar haciendo una niña SOLA en el supermercado… sin su mamá?
—Te falta malicia— ahora podría estar de acuerdo con Rach
Porque obviamente no era una niña.
Mi error
La niña endemoniada se transforma en un loco demonio Drow succionador de almas en cuestión de segundos. Sabía que debía correr e incluso gritar pero mis piernas no respondieron y mi voz se apagó. Escuche a lo lejos los gritos histéricos de algunas mujeres que estaban viendo exactamente lo mismo que yo.
Mi corazón golpeaba con fuerza en el pecho y lo único que puede hacer fue rezar esa maldita oración que encontré en el Índex, mientras la niña demonio avanzaba hacia mi con las garras colgando de esos dedos esqueléticos.
Kaedmon, Kaedmon, Dios, ven a mi ayuda. Protégeme con tu fuerza implacable. Kaedmon, Kaedmon, Dios, escúchame. Imploro tu presencia en mi vida. Kaedmon, Kaedmon. Hoy es el día que te elijo como mi guía.
¿Kaedmon, Kaedmon, Maldita sea donde estas?
Después de lo sucedido en la Depuración de 1968, donde mi Abuelo perdió la vida, deje de creer en el ser tan solemne y poderoso al que la Abuela tanto alababa, el Creador nos dejo morir aquella tarde.
Y con ello también murió mi lealtad a ese ser omnipotente que nos abandono
Si no hubiera sido por el hermano de Kuragari que llegó en el último momento no habría existencia Terrenal sobre la tierra el día de hoy.
Durante cincuenta y dos años me dedique a investigar sobre él, ¿Quién era? ¿Por que nos había salvado? ¿Cómo lo podía volver a invocar?. La Abuela no daba información clara, solo decía que tenía un pacto que cumplir y él era quien debía hacerlo.
Deo fue quien en una tarde en la que se encontraba entrenando con Ángel, mientras yo solo era espectadora, divulgó el nombre de ese joven. El señor Dankworth, así se había referido a él, pero cuando se dio cuenta del error cambio el tema como si nunca hubiera dicho nada.
Cincuenta y dos años transcurridos desde ese día y lo único que tenía era ese nombre.
Como investigadora apestaba.
El cuerpo entero me temblaba y mi respiración errática no la podía controlar, quería gritar en el momento en que un escalofrío recorrió mi espina dorsal, cerré los ojos al momento que el Drow llego a mi.
Dios Kaedmon—susurre cerrando los ojos y esperando mi final.
No era inmortal pero tampoco era humana, casi era como una especie de los dos, solo que con una alma divina otorgada por el Creador. De lo cual por lo único que estaba agradecida era por el envejecimiento a placer.
Era lo único que me gustaba de mi extraña especie, nacíamos y crecíamos como cualquier humano normal hasta los quince años donde nuestra aura maduraba dándonos la libertad de manejar nuestra edad a voluntad.
Si fuera como Ángel o Deo lucharía, pero yo no sabia pelear, la Abuela lo había prohibido.
Lo cual me recuerda que esto no me estaría pasando si no me hubiera escapado del Vigilante protector que me puso Lilyan.
La jefa de la colonia Cíngaro, quien nos dio refugio cubriéndonos y manteniéndonos en el anonimato de toda vida terrenal y mortal mediante sus conjuros. Desvaneció todas nuestras auras impidiéndole a los demonios subterráneos llegar a nosotros.
Hoy me daba cuenta que para que sus conjuros funcionaran un Cíngaro debía estar cerca.
—Any, todos estamos conectados—había dicho—Solo permanece cerca y ningún demonio te notara.
—Eso es casi esclavitud
—Supongo que tu abuela piensa lo mismo
—Desde que murió el Abuelo, lo único que le importa es restablecer la Asociación
—Para ella tiene sentido— tal vez, pero eso no quitaba que me sintiera como un peón de ajedrez
—Nos iremos y seremos el blanco de Kuragari otra vez— murmure ante el recuerdo de la Depuración cruzando mí mente
— Cuando el día de su partida llegue ya habré ampliado mi conjuro de protección hacia algún ornamento que cada uno de ustedes portara
—¿Hablas en serio?
—Claro que habló en serio— las esquinas en esos hermosos ojos grises se arrugaron con una enorme sonrisa
—Has hecho mucho por nosotros. Nos has dejado vivir en tu colonia por décadas y…
—No te preocupes por eso, de momento Louis siempre te acompañara a donde sea que tu quieras ir—Tener al cíngaro siguiendo mis pasos durante más de nueve meses y solo recibir miradas hostiles de su parte me había llevado a tomar la peor decisión en años.
Escápame.
Rach estará muy orgullosa de mi si lograba sobrevivir a la niña demoníaca.
—Any—gire la cara encontrándome con un ceño marcado y juzgon — Se que no crees en el Creador— resople— pero, tal vez en los dioses puedas hacerlo, — sin entender aún del todo espera a qué terminará—cuando te encentres en peligro reza una oración.
—¿De que me serviría una oración? una daga de Anapelo sería más efectiva
—Hay un Dios que te escuchará
—No conozco a ninguno en el que pueda creer—Ella rio
—En el libro del índex, hay una oración para un dios abandonado.— Frunció el ceño sin entender—Búscalo, tal vez cambie de opinión.
Entrar a la biblioteca personal de la abuela y robarme el índex no fue fácil, sin embargo cuando lo hojee por primera vez, cayo una hoja rota doblada por la mitad, no parecía ser del libro, al contrario era como si la hubieran arrancado del libro original y la hubieran escondida en un libro casi olvidado, como si alguien quisiera esconder el contenido de la hoja.
La cual solo tenia una descripción básica, decía que Kaedmon era un Dios que databa del año 1404, era hijo del Dios Vaisravana, quien junto a su hermano mellizo hicieron temblar a los demonios.
No parecía nada interesante
La hoja estaba rota justo donde se encontraba el nombre de su hermano. Al reverso se encontró la oración que empezaba a creer no servía para nada.
Trastabillé dos paso cayendo de bruces contra el suelo del supermercado, No sentí dolor, no sentí más miedo, solo ese dulce aroma a bergamota con un toque de anís. De a poco fui abriendo los ojos y me encontré con una espalda ancha. el aire se escapa de mis pulmones y trague cuando la figura frente a mí se materializó.
—¿Quién eres?— carraspee totalmente paralizada, no recibí respuesta solo esa aura oscura que parecía envolverme. Tomo a la niña demonio por el cuello con una de sus fuertes manos
—Señor…—Chillo la criatura volviendo a la forma humana — Kaedmon
Abrí de golpe los ojos, ¿él era el dios Kaedmon?, ¿Esto en realidad estaba pasando?. ¿yo lo había invocado?. mi corazón golpeo contra mis costillas y el nudo en la garganta por fin lo trague.
En un crujido reventó la garganta de la niña demonio la cual comenzó a desaparecer en partículas parecidas a la cenizas.
—¡Mierda!—otra ves invadió el silencio y ese hombre, corrijo, ese Dios desapareció frente a mis ojos.
literalmente desapareció.








