Capitulo 1
El primer recuerdo que Lilian tenía de Gustavo era verlo llorar en una presentación para el día de las madres y pensar “qué niño más tonto” ella estaba feliz de bailar y ver a su tía sonreír y aplaudir, aún recordaba como Gustavo tenía las manos arriba y lloraba con las mejillas rojas y gruesas lágrimas bajando por estas, ella dejó de bailar para acercarse a él y tomar una de sus manos
—¿Por qué no bailamos juntos?— a pesar de que la niña había pensado que era tonto, algo en su corazón le había dicho que lo acompañara
El pequeño solo había asentido con la cabeza y ambos pudieron terminar el baile aún cuando Gustavo seguía sollozando y limpiando su nariz en su camisa blanca, aquellos niños tenían sólo cinco años y fue cuando Lilian se dio cuenta que había ganado un amigo, era muy pequeña para darse cuenta de lo que en verdad comenzaba a albergar en su corazón y se hacía más intenso con el paso del tiempo
—¿Nani te gustó mi baile?— preguntó la pequeña una vez que había corrido del escenario al asiento de su tía
—te salió muy hermoso mi pequeña… muchas gracias— aquella joven de tan solo 19 años se había echo cargo de su sobrina desde los 4 años
“Nani” era el apodo de ella en un diminutivo de “mami” que la pequeña Lilian le había puesto apenas había dicho sus primeras palabras; aquella pequeña había comprendido muy pronto que “mamá” no estaba pero sí Nani Y Mami, aún que en ese momento mami tampoco estaba y solo quedaba Nani
—¿crees a mi mami le gustó?— pregunto en su inocencia observando el cielo
—ella lo hubiera amado…— la sonrisa de aquella joven se hizo más triste, habían pasado 7 meses desde que su madre había fallecido dejando a un esposo y tres hijas, porque Lilian era una hija más que una nieta y el cargo quedó a ella ya que su padre no estaba en las mejores momentos para cuidar de una pequeña, había entrado en una extraña depresión tras el fallecimiento de su esposa y de la madre de Lilian, su hermana… mejor ni pensarla si quiera —¿qué tal si ahora nos vamos para la casa?— pregunto levantándose del asiento colocándole una chaqueta ya que el clima estaba algo frío
—espere… quiero ir a ver a mi nuevo amigo— le dijo con una sonrisa corriendo y evitando a todos hasta llegar a Gustavo que ya se iba —oye… ¿estás mejor?— pregunto observando al niño con los brazos cruzados
—si… gracias… nos vemos mañana— apenas fue audible lo que el niño decía, Lilian le dio un asentamiento de cabeza y volvió con su Nani
—¿ya hiciste amigos mi pequeña?— pregunto la joven saliendo del colegio de la mano de la niña
—más o menos… tengo una mejor amiga que se llama Danielle, Dani de cariño y ahora Gustavo… no es mucho pero ya es algo— se encogió de hombros observando a su mejor amiga con su familia
Tras el fallecimiento de su madre, María la joven de apenas 19 años, había tenido que cambiar a Lilian de colegio a uno mucho más cercano a su casa y dejar sus estudios en la Universidad qué apenas había comenzado para hacerse cargo de su sobrina en su totalidad, su hermana Isabel no podía cuidarla ya que tenía una leve discapacidad que le impedía caminar bien y su temperamento con la pequeña no era el mejor, su padre había caído en una depresión así que ella se había tenido que tragar su dolor y salir adelante por la pequeña, la madre de Lilian la había abandonado con dos años de edad para irse a vivir con su pareja actual dejando a la niña al cuidado de su abuela, solo la pudo cuidar dos años más antes de fallecer de cáncer de páncreas y por una negligencia médica. Las cosas en su familia habían cambiado mucho en menos de un año, María quería estudiar periodismo en una buena universidad pero una vez que pudo hacerlo lo dejó todo por su sobrina, aquella niña la necesitaba y su familia en general, tenía que ella ser el pilar fuerte allí
—bueno pequeña, súbete a la bicicleta y vamos a casa— Lilian asintió subiendo en la parte delantera de la bicicleta afirmando sus pequeñas manos en el manubrio y sonriendo mientras su tía comenzaba a pedalear y recorrer el extenso camino observando los árboles, las flores y los pájaros pasar, en ese momento agradecía vivir en una zona de campo y no tener el ruido de la ciudad pegado a sus oídos, el camino a casa fue corto y lleno de risas, aunque una vez que llegaron todo se tornó más frío de lo usual
—¡ya llegamos!— los pasos rápidos de la niña sonaron por el pasillo haciendo eco de su voz
—si, si, si… no es necesario que grites Lilian, sé más silenciosa…— Isabel le hizo freno cuando había llegado al comedor a lo que Lilian cerró su labios en una fina línea
—Isabel… no seas así, es solo una niña…— le reclamó María resoplando ante la actitud de su hermana, la entendía en parte ya que el fallecimiento de su madre la había dejado muy mal, Isabel siempre fue la favorita de su madre por algún motivo aunque ella siempre decía que no tenía hijos favoritos
—ya es momento de que aprenda a comportarse María— empujó a un lado a la niña para irse a su habitación
Lilian podía observar a su familia quien alguna vez fue unida rota ante la falta de su mami, bajo la cabeza soltando un suspiro observando a su papi, así llamaba a su abuelo, sentado en el sofá donde su mami solía sentarse a tejer, un lugar cerca de la ventana pero también cerca de la chimenea sosteniendo el último tejido que sería un chaleco para ella de color rosa fuerte, se acercó a él dejando un beso en su mejilla y se fue de allí para cambiarse ropa, les quedaba un largo camino todavía que recorrer
Desde ese acontecimiento en el baile Lilian y Gustavo se habían vuelto grandes amigos, Danielle no era muy partícipe de estar con ellos pero lo aguantaba por Lilian aún cuando Danielle tuviera otras amistades también. Con el tiempo lo que fueron niños inocentes de cinco años pasaron a tener siete años y ser más grandes, Gustavo tenía su grupo de amigos pero aún así pasaba algo de tiempo con Lilian, mientras que ella y Danielle se habían vuelto inseparables la una de la otra, siempre se sentaban juntas y se pasaban todas las clases conversando de cualquier cosa, hasta incluso de qué había volado una mosca cerca de ellas
—¿vendrá tu mamá a reunión?— preguntó Lilian a su amiga, todos los meses había una reunión de cada curso para hacerle saber a sus padres o tutores cómo estaba su hija/o académicamente
—yo creo que si, aunque se tendrá que partir en varias partes para asistir a todas— soltó a reír observando a su amiga, Danielle era la menor de cuatro hermanos y dos de ellos estudiaban en aquel mismo colegio
—¡señoritas! No se habla en clases— les llamó la atención la profesora de lenguaje observándolas a través del blanco pizarrón recién puesto
—¿tiene ojos en la espalda?— murmuro Lilian cerca de Danielle
—es una bruja… en el buen sentido— murmuró también Danielle riendo las dos al final ganándose otro llamado de atención de parte de la profesora
Danielle se había ido con sus hermanos, los que aún estudiaban allí y Lilian se había quedado en la reunión, fue allí cuando sintió un jalón en su trenza, Gustavo había llegado a su lado con dos autos de juguetes
—¿blanco o negro?— pregunto dejando a propósito el de color blanco en las manos de la niña
—siempre me das el auto color blanco, no tengo opción— lo empujó suavemente con su hombro y sin perder más tiempo comenzaron a jugar —¿te quedaste? Pensé que te ibas a ir a tu casa— lo observó unos segundos ladeando un poco la cabeza
—mi mamá dijo que me quedara, nos quedaremos con mi prima Barbara— la mueca de desagrado en el rostro de Gustavo fue muy notaria al igual que en la de la niña, a ninguno le simpatizaba la chica y era su compañera de curso
—velo por el lado positivo, mañana no tendrás que levantarte tan temprano y puede que nos topemos por el camino— trato de alentarlo la niña, su casa y la de Barbara quedaban por el mismo camino, pero Barbara vivía más alejada de ella en una población más grande, Lilian con suerte tenía un vecino a un kilómetro de distancia por decirlo de alguna manera, aún cuando el sector donde vivían era pequeño su familia vivía más apartada del resto
—al menos tendré con quien conversar por el camino— Gustavo le dio una sonrisa amplia para seguir jugando
No se habían dado cuenta que entre los juegos y las risas ya había pasado una hora desde que la reunión comenzó y solo fue el grito de la madre de Gustavo que los alertó del tiempo, llegaron corriendo llenos de tierra y algo de lodo, algo bueno de tener una escuela rural era que la tierra, las hojas y ramas estaban por todas partes y por ende en los niños también
—¡pero Gustavo por dios! ¡Mira tu cara! ¡Tu camisa!— la madre del chico estaba observándolo de cabeza a los pies tratando de parecer seria aun cuando la risa quería descubrirla de su “enfado”, Gustavo y Lilian por su lado mantenía la cabeza gacha para no ser descubiertos con la sonrisa en sus labios
—¿no crees que deberías retarlo por lo que hizo? ¡Dios me libre de que mi barbarita se manche así la ropa!— alzó la ceja y negó con la cabeza, allí estaba la madre de Barbara, tía de Gustavo
—Lilian… tu Nani se molestara mucho…— aquella amable señora, madre de su mejor amigo le guiño un ojo y dejó que sus labios se curvaran en una sonrisa amplia —ahora vamos… Gustavo despídete de Lilian…— el niño asintió alzando su mano a modo de despedida
En eso la Nani de Lilian había salido por lo que la niña corrió a abrazarla olvidando entregar el juguete de su amigo, entre el llamado de atención de Nani hacía la pequeña fue cuando se dio cuenta de que aún tenía el juguete, ambas corrieron antes de que el auto de ellos se fuera y daba las gracias que aún seguían allí sacudiendo la tierra del chico
—¡Gustavo! ¡tu auto!— la niña gritó corriendo con su nani de la mano para entregarle el juguete
—Gracias… lo guardaré…— asintió y pudo sentir los labios de la niña en su mejilla, era primera vez que lo hacía y no sabía cómo reaccionar aunque por lo visto su madre sí sabía
—pero no te pongas rojo mi Gus, es solo una amiga…— le picó sus mejillas observando a la niña que también se había quedado como en shock —¿te imaginas María terminemos siendo con-suegras? Sería muy bonito— dijo entre risas
—ya sabemos que nos llevaremos bien— mencionó María haciendo que ambos niños se colocarán aún más rojos que antes y ambas mujeres estallando en risas y burlas hacia sus hijos
—ya vámonos… por favor…— mencionaron en unísono ambos niños logrando que las mujeres rieran aún más fuerte
Ninguno de los niños habló de aquel acontecimiento al otro día pero sí sus miradas habían cambiado por alguna extraña razón, con siete años Lilian se comenzó a dar cuenta que su corazón latía un poco más rápido cuando estaba cerca de Gustavo y sus mejillas se colocaban rojas y sentía que sudaba mucho, no sabía porque pasaba aquello y no lo quiso averiguar en ese momento, pero aquella niña comenzó a experimentar lo que era sentirse atraída por el sexo opuesto con tan solo siete años
Desde aquel momento Gustavo tenía la extraña costumbre, aunque a Lilian no le desagradaba, de besarle la mejilla cada que llegaba por la mañana al colegio y antes de irse cada uno a su casa, una costumbre que tanto sus compañeros como profesores estaban acostumbrados, más de alguno soltó el comentario de “no me sorprendería que más adelante terminen juntos” pero el gusto por aquella acción duró solo un año, con 10 años y entrando a un nuevo año escolar llegaron tres niñas nuevas y por ende se llevaron toda la atención por ser “las chicas nuevas”
—iré con Antonia a la biblioteca tenemos un trabajo que hacer— Danielle llegó rápidamente al lado de Lilian para entregarle la información
—pensé que haríamos el trabajo nosotras dos…— parpadeó un par de veces incrédula ante lo que decía su mejor amiga
—si… pero ya sabes que ellas son nuevas, están solas y es mejor ayudarla, compañerismo amiga— dijo antes de irse y dejarla sola
Se levantó del asiento que compartía con su mejor amiga y salió al patio observando a todos rodeando a las chicas y ser el centro de atención, lo que más le dolía por algún motivo era la creciente atención de Gustavo hacia la más pequeña de las tres, Constanza… podía ver su mirada iluminada cada que ella centraba su atención en el, podía verlo nervioso y sus mejillas tenían ese tono rojo… se dio cuenta de una cruel verdad… a su mejor amigo le gustaba esa chica, su corazón se tensó y volvió a su asiento olvidando todo y concentrándose en el trabajo que tendría que hacer sola por obvias razones
Sólo dos meses después llegaron cuatro nuevas niñas, aumentando la expectativa en todos, los grupos de amigos se hicieron más notorios y en ninguno estaba Lilian, su mejor amiga rápidamente se fue alejando de ella a medida que conocía más personas y Lilian solo pensaba que estaba en todo su derecho aún así la soledad no dejaba su corazón y se sentía cada vez más triste, sus días pasaban de estar en la biblioteca y la sala de clases, por algún extraño motivo se había acercado a Bárbara descubriendo en ella una joven tranquila y nada parecida a su madre, pero muy estricta con ella misma, Lilian se dio cuenta que no podía ir por la vida juzgando a las personas sin conocerlas, sin saber cómo eran sus vidas, aún así… aquella niña anhelaba nuevamente la compañía de su mejor amiga
En su colegio para cerrar el año escolar y como todos los años cada curso presentaba un acto, una obra o un baile, en su mayoría eran bailes de películas para hacer más entretenido el show y ese año el curso de Lilian presentaría Aladin y ella al ser una niña rellena le tocó ser un extra, alguien que no sobresalía para nada pero Lilian era feliz de poder participar junto a sus compañeros. Aquella tarde cuando le entregaron su traje se dio cuenta de que le quedaba pequeño a lo que fue a decirle a la madre de Anais, aquella niña que aunque tenía una mirada dulce, su afilada lengua dejaba mucho que desear para la edad que tenía
—señora… mi vestuario es más pequeño…— le dijo señalando el traje y con aquello también se acercaba Danielle, Danielle había ganado peso al igual que Lilian en el paso de un año
—lo siento niñas… no es mi culpa que se ganaran unos kilos extras, debieron pensarlo antes de llenarse la boca de dulces— les dio una mirada despectiva y luego la sonrisa dulce apareció en sus labios ya que la profesora había aparecido por la puerta
—ni modo… tocara arreglarlo antes del show de esta noche…— mencionó Danielle suspirando y guardando el traje con brusquedad en la mochila
Lilian por su parte se fue hasta atrás del salón ya que allí estaba su puesto y también lo guardo, sus ojos tenían una pequeña niebla que no la dejaban ver bien observando a todas sus compañeras delgadas y lindas, con sus trajes a medida y ella… ella solo quería huir y llorar abrazada de su tía, sintió el toque en su brazo observando a Gustavo con una sonrisa
—no le hagas caso a la señora, siempre a sido así… acuérdate del año pasado…— le dijo con una sonrisa, Lilian asintió y le sostuvo la mano dándole un par de palmadas en esta, allí estaban sus mejillas rojas y el sudor frío recorriendo su cuerpo
—Gracias… por todo…— iba a decir algo más pero el miedo la consumió por lo prefirió callar, quizás en la noche podría decir lo que su corazón sentía
Lilian sentía que la noche era suya, era donde más valor tenía y la luna era su protectora, donde podía hablar sin arrepentirse y ser ella misma, durante el dia se sentía cansada y fatigada… pero durante la noche era un shock de energía y podía pasar toda la noche leyendo o haciendo cosas, su familia la había apodado “búho” por lo mismo, aun cuando en época escolar ella se durmiera temprano siempre despertaba durante la noche a admirar la luna; con aquel pensamiento tomo la decisión de decirle a su mejor amigos los sentimientos que había comenzado a albergar en su corazón, se quería dar el valor que tanto le faltaba y quizás esa noche pudiera lograrlo
La noche había caído rápidamente y con aquello las presentaciones de cada curso, Lilian buscó a su amigo durante largo tiempo pero no pudo encontrarlo, llegó su turno de bailar y aunque estaba algo desanimada logró hacerlo bien, aunque bueno… no la verían mucho de todas formas la habían dejado hasta el fondo donde iban todos los extras ya que no tenía un papel fuerte en aquel baile
—¡nos salió genial!— grito Antonia ya que ella había sido la princesa Jazmin
—sin duda… aunque hubiera preferido un beso de la bella Jazmin…— bromeó Javier estirando sus labios a la chica que lo empujó riendo también
Podía escuchar como seguían bromeando con las chicas y sintió algo de envidia por cómo les prestaban atención, como con ella era diferente ¿Qué tenia de diferente ella? ¿Era gorda? ¿Era fea? ¿Acaso era su sonrisa? Respiro profundo tomando el valor de hablar con su amigo y lo busco, se dio cuenta que se había ido con Javier, Carlos, Antonia, Constanza y Olga a la parte de atrás del colegio por lo que los siguió de manera sigilosa, la noche era oscura en algunos sectores y como si la luna estuviera de su lado la encubrió en más de una ocasión
—vamos Gustavo sé que te mueres por besar a Constanza…— podía escuchar la voz de Carlos alentando a su amigo y estos dos incómodos pero mirándose de una forma extraña
—¡beso! ¡Beso! ¡Beso!— el murmullo grupal alentando a dos jóvenes que buscaban explorar esa parte de sus vidas, el primer beso, el tan anhelado primer beso
—aunque si quieres puedes ir a besar a la gorda Lilian— le soltó Carlos nuevamente entre risas
Sintió el picor en sus ojos una vez más, su corazón de niña lo sintió romperse en miles de pedazos y darse cuenta de lo que pensaban de ella, darse cuenta de lo cruel que podían ser algunos niño, darse cuenta de que en esta vida ella estaba sola, que no debía confiar en nadie porque en cualquier momento le daban la espalda; agudizó el oído pensando que su amigo la defendería pero solo escuchó risas y murmullos y luego silencio… observó una última vez dándose cuenta de que Gustavo y Constanza se había besado, apenas un toque de labios pero allí estaba
—así que dime… ¿te gustó o aún quieres ir a besar a la gorda Lilian?—podía ver a Javier hablar y darle golpes a Gustavo
—me gustó, me gustó… aparte ¿Lilian? Antes muerto que besarla, está gorda y fea… yo quiero a alguien más delgada y femenina— Gustavo reía mientras seguía conversando con las chicas y recibía alientos de sus amigos, aquellas palabras había calado fuertes en su corazón y mente, ella era gorda y fea, un estándar diferente a las otras personas
Salió corriendo de allí buscando a su Nani por toda la escuela, quería o más bien necesitaba de sus abrazos, de sus palabras y por sobre todo salir de ese lugar, la angustia en su corazón se hizo más grande y su pulso se disparó a niveles que ni ella misma sabía que podía tener, el sudor cubría su frente y su traje lleno de polvo ya no relucía como antes, el velo había caído y podía verlo siendo pisoteado por verías personas, no le dio la gana ir por el, sentía que las personas se aprisionaban a su alrededor y que el aire le faltaba, que se hacia mas pequeña aún de lo que era y su pecho dolía, como si su corazón fuera a explotar, sintió una mano en su hombro y se dio la media vuelta viendo a Danielle qué la miraba con una sonrisa, aunque cambio su expresión rápidamente al verla en ese estado
—amiga… ¿estás bien?— pregunto tocando su frente como si estuviera enferma —hace rato la tía te estaba buscando para cambiarte el tra…— se quedó en silencio al ver el vestido de su amiga sucio y faltante de algunas partes
—estoy bien… creo que iré a buscarla… gracias…— tratado de parecer lo más serena posible respirado profundo
—¿te quedarás hasta el final Lilian? Todos dijeron que se quedarían…— Danielle alcanzó a ver como movía su cabeza en una negativa y salía corriendo
—¿pasó algo Dani? Encontré esto en el patio trasero entre los pies de las personas que esperaban en la fila de las papas fritas, es de Lilian— Gustavo apareció de un momento a otro y dejando el velo en las manos de la amiga de Lilian
—es de Lil… ¿Cómo lo sabías?… en fin… se le calló pero no quiso recogerlo, solo salió corriendo, quizás algo le pasó…— en ese momento ambos niños pensaron lo peor y se propusieron buscar a Lilian antes de que se fuera
Danielle quizás se hubiera alejado de Lilian por estar en compañía de Ester, una chica extranjera que había llegado de último pero quería mucho a su mejor amiga y si algo había pasado quería estar para ella, pero ninguno de los dos la había visto en lo que quedaba de velada, se preocuparon aún más cuando no la vieron la semana siguiente antes de finalizar por completo el año escolar, ninguno pudo saber que había pasado con ella o porque no había ido el último día de clases para despedirse de ellos
Lilian por su parte había encontrado a su Nani y entre lágrimas y palabras mal pronunciadas le había pedido que por favor se fueran, que se sentía mal y le dolía el estómago, tan mentira no era porque si tenía un malestar en el estómago y en el pecho que le impedía respirar tranquila, los días siguientes solo quiso quedarse en cama, sentía su cuerpo pesado y con muchos calambres en su estómago cada que recordaba las palabras hirientes de aquellos niños que se decían sus compañeros, la fiebre subió sin explicación alguna haciendo que incluso llegara al vómito; todos aquellos síntomas pasaron cuando su cuerpo se relajó y los días de clases se acabaron
—al menos ya la bajó la fiebre…— escuchaba murmurar a su Nani —¿qué le habrá pasado? Llego así desde la velada— la escucho soltar un suspiro y amor de la habitación
—quizás se enfermó, el viento corría algo frío ese día…— el comentario de su papi fue el último que escuchó antes de darse la vuelta para seguir durmiendo, aprovecharía de dormir un poco más esta vez, las cosas cambiarían mucho el próximo año y quería estar bien para navidad y año nuevo








