1. CASUALIDAD
- Madre, ¿de verdad esto es absolutamente necesario?- preguntó él, siguiéndola por el pasillo hacia su recámara- ¿Como es posible que en estos tiempos aún existan los matrimonios por conveniencia?
Su madre Caroline, lo vió de mala manera, incluso enfadada.
- Por supuesto Charles, es posible y ahora es tu deber casarte con la heredera de las empresas La Fontaine.
Rodó los ojos sin que ella lo viera, desde hacía dos meses, le habian informado de la decisión de su padre, Willem, un magnate de la industria naviera en Reino Unido, que se casaría con esa mujer a la que no conocía.
- Aun así, y por lo menos debería conocerla, ¿que tal que no es atractiva, con los dientes separados y con mal aliento? Asi no me llevaré una sorpresa cuando la vea.
Ella suspiró resignada.
-Bien, Charles, pactaré una cita, le diré a su padre, pero es todo lo que haré por ti, lo que pase después, es por tu cuenta.
- Gracias, mamá.
- Sé correcto, eso de mamá es muy americano.
- Sabes que lo hago solo para molestarte . . . madre - dijo sonriendo.
Ella se rió, solo él podia sacarle su buen humor, el resto del tiempo, era seria y perfecta en su comportamiento, hasta con sus otros hijos, asi lo exigia la sociedad en la que había crecido.
Correcta y educada, esos eran los valores que le habia trasmitido a sus hijos, o por lo menos lo había intentado.
*
-Señor La Fontaine . . . soy Caroline, mi hijo desea concertar una cita con su hija, para conocerse mejor.
- Me parece lo correcto, señora Walker, lo haremos posible.
Caroline Walker, siempre obtenía lo que queria, fue una dura empresaria, antes de retirarse y dejar su empresa textil en manos de su hijo Charles.
Su hijo mayor, Liam, estaba al frente de la naviera junto con su padre, pero él ya estaba casado y con un hijo en camino, al contrario de Charles, que seguía soltero, a pesar de tener más de 30 años.
Su hija menor Emily, aún estaba en la universidad, estudiaba medicina veterinaria en Cambridge, en contra de los deseos de su madre.
Casi de inmediato recibió un mensaje de texto a su celular.
-Mañana a la 1 en Coffee tree
-Me parece bien - respondió Caroline.
Así que se lo dijo a Charles.
- No lo arruines - advirtió.
- Claro que no, madre, la veré mañana.
*****
- ¿De verdad vas a hacerlo? - preguntó con curiosidad su amigo Bruno, trabajaba con él en la empresa de textiles, como asesor financiero, además se conocian desde la escuela secundaria.
Hablaban del matrimonio pactado de Charles en su oficina.
- ¿Tu te opondrías a Caroline Walker? - le dijo mientras se servía un café.
- ¡Nooo, claro que no! - respondió divertido - dios me libre de la ira de tu madre.
- ¡Que simpático, Bruno!, además insiste en que ya estoy en edad de casarme, y como no he encontrado a alguien pues. . .
- Mi más sentido pésame, hermano, y tengo una duda ¿Cómo es que no conoces a tu futura esposa?
- No sube fotos de si misma a sus redes, solo la vi hace unos años, cuando eramos jóvenes, es obvio que habrá cambiado.
- Me suena a alguien, un ermitaño, que no deja que lo fotografien - se burló Bruno.
AL DIA SIGUIENTE
Charles llegó puntual al lugar, como era su costumbre, porque no le gustaba hacer perder el tiempo a nadie.
Dejó su auto a una calle de la cafetería, no era un modelo de lujo, porque no le gustaba llamar la atención, pero los prefería en color blanco.
Entró y se sentó en un banco alto frente a una barra de madera, pidió un café negro, y vacío un sobre de azúcar en la taza.
El lugar tenía algunos comensales, vestidos de manera informal, charlando, de cosas triviales, supuso, habia una musica suave, de esas para mantener el ambiente agradable.
Llevaba unos jeans azules y una camisa de botones del mismo color, con las mangas dobladas hasta el codo, ceñida a su cuerpo.
Habia dejado su habitual traje por esta ocasión, para tratar de sentirse normal, porque queria sentirse cómodo consigo mismo.
Su madre no le habia dado muchos detalles de la chica, solo sabia que era rubia y un poco más baja que él.
Vió su reloj irritado, ya era la 1:20, si había algo que le molestaba era la impuntualidad.
Terminó su café, y se levantó para pagar, pero una chica chocó contra él, derramando su café sobre su pecho.
- ¡Lo siento, disculpa, perdón!- dijo nerviosa, tomó un fajo de servilletas y trató de secar su camisa.
- ¡Está caliente!
- Claro, lo acabo de comprar.
- Ya basta.
Levantó la mirada, se veia apenada, la chica era castaña y con unos hermosos ojos en color miel.
- Dame tu número - dijo tendiéndole su teléfono, ella lo miró, extrañada - para enviarte la nota de la tintoreria, es mi camisa favorita.
Ella lo tomó, tecleo un número y se lo entregó.
- ¿A?
- Asi estará al principio de tu lista.
- Uhmm.
Ella vió a su alrededor.
- ¿Esperabas a alguien?
- No realmente.
- Pues adios. . . A.
- ¡No me dijiste tu nombre!
No respondió, solo le sonrió de forma sexy y levantó las manos, haciéndose el tonto, al salir por la puerta.
- Vaya, que buen mozo.
Era más su tipo, alto, atlético, mentón cuadrado, mirada pícara y con una sonrisa matadora.
Giro hacia el mostrador y pidió otro café, negro, y solo vertió un sobre de azúcar, asi le gustaba, intenso, caliente y algo amargo.
- ¿Algún hombre de traje malhumorado que hayas visto por aquí?
Preguntó a la chica de la caja.
- No, solo vi al tipo lindo que acaba de irse.
Bien, no se habia perdido de mucho, no fue a la cita, tal vez era feo y tenia mal aliento, tal vez su rostro tiene acné o peor, una nariz torcida o una cicatriz.
En fin, no quedó de ella, ya se conocerían el dia que se casaran.
¡Puaj!
Como odiaba esa idea, no sabia porque su padre la obligaba a eso, en que maldita época estaba para tener que casarse solo por un acuerdo.
Ella ya era rica por si misma, habia hecho una pequeña fortuna con un negocio de bienes raíces, era muy buena negociante, eso lo habia heredado de su madre, asi como su cabello rubio que ahora teñía de castaño, porque para ella era demasiado el cliché de la rubia tonta.
Salió del lugar, sin desanimarse, ya se conocerían otro día.








