Imitadora by 𝐾𝑖𝑚_𝐶𝑒𝑐𝑖𝑙𝑠 at Inkitt
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Imitadora

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Summary

Dijeron que habías muerto. Yo les creí, claro que lo hice. Pero entonces… ¿quién es ella? Porque la que ahora me mira con tus ojos odia todo lo que tú amabas. Pero está bien, mi amor. Te follaré hasta el alma si hace falta solo para ver si dentro de ese cuerpo perfecto aún late mi Taehyung. Y si no eres tú… te destrozaré hasta encontrar a la verdadera.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Imitadora

¿Quien eres tú?





⊱ ────── {.⋅ ♫ ⋅.} ───── ⊰


La habitación estaba iluminada únicamente por aquel foco que colgaba del techo. Debajo de él, Jungkook interrogaba a aquella mujer tan extraña, quien siempre reía ante cada pregunta como si las esquivara. De pronto, tiró de las cadenas que sujetaban sus manos, provocando a Jungkook.

—¡¿Cómo sigues viva?! ¡Responde! —gritó Jungkook.

Ella soltó una risa burlona ante la desesperación de Jungkook.

—Tanta insistencia… ¿No te cansas de buscarme? —pronunció con voz ronca mientras alzaba lentamente su pie descalzo por el muslo de Jungkook.

—¡Tú estás muerta! ¿Cómo es posible que estés viva? —preguntó él, conteniendo la rabia mientras intentaba apartar la pierna de Taehyung… no, de ella.

—No sé quién eres, puto loco —respondió ella rodando los ojos—. No tengo idea de qué hago aquí.

—¡Déjate de juegos, Taehyung! —respondió Jungkook irritado mientras la miraba con furia.

—Eso es lo único en lo que coincidimos, mi hombre —respondió ella con una sonrisa torcida—. No entiendo, Jungkook.

—¡¿Por qué fingiste tu muerte?! —reprochó él, alzando la voz.

—¿Qué parte de “nunca estuve muerta” no entiendes? —respondió ella, molesta, con un brillo sarcástico en los ojos.

—¡Me dejaste solo con nuestra hija durante meses! —gritó Jungkook, perdiendo los estribos—. ¡Piensa en ella!

—No, estás equivocado —dijo ella con frialdad, encogiéndose de hombros—. Yo odio a los niños, no pude haber tenido un hijo.

—Yo soy tu esposo y tú mi mujer —gruñó él entre dientes.

—¿Tu mujer? —respondió ella con una risa seca carcajada—. Sí, tal vez podría serlo… pero con tu maldito interrogatorio de mierda me estabas aburriendo soberanamente.

—¿Quién… quién eres? —preguntó Jungkook, la voz quebrada por el dolor y la incredulidad.

—¿Quién crees que soy, teniente Jeon? —susurró ella, inclinándose apenas hacia adelante, las cadenas tintineando suavemente..

—Tú… tú no eres mi esposa —murmuró él, retrocediendo un paso, el rostro desencajado—. Tú eres una..

—Imitadora?—pregunto ella mientras lo miraba de arriba abajo con una lentitud deliberada—. Pero a pesar de eso te excito demasiado, ¿verdad?

Jungkook apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. El aire de la habitación parecía volverse más denso, más caliente.

—No juegues conmigo —masculló él, la voz ronca—. No eres ella.

Ella ladeó la cabeza, la sonrisa se ensanchó, peligrosa, casi animal.

—¿Y si sí lo soy? ¿Y si siempre lo fui y tú nunca te diste cuenta? —Sus pies descalzos rozaron de nuevo el suelo frío; dio un pequeño tirón a las cadenas, solo para recordarle que estaba atada… y que aun así él era quien se sentía atrapado

—. Pobrecito Jungkook… tan perdido, tan duro, tan desesperado por creer que la mujer que follabas cada noche era buena era la misma que ahora te mira como si no importaras.

Él dio un paso hacia ella, furioso, temblando.

—Cállate.

—¿O qué? —susurró ella, alzando la barbilla—. ¿Me vas a pegar, teniente? ¿Me vas a follar aquí mismo para comprobar si mi coño sigue teniendo tu nombre grabado? Porque los dos sabemos que estás a punto de romperte… y yo estoy deseando ver cómo lo haces.

El silencio que siguió fue tan pesado que casi se podía cortar. Solo se oía la respiración agitada de Jungkook y el leve tintineo de las cadenas cuando ella se lamió el labio inferior, despacio, desafiandolo.

Jungkook perdió el control.

Con un rugido ahogado cruzó la distancia que los separaba, la agarró por la nuca y la estampó de bruces contra la mesa metálica. El golpe resonó en la habitación; las cadenas tintinearon con violencia.

—¡Cállate de una puta vez! —gruñó, pegando su entrepierna dura contra el culo de ella.

Ella soltó una carcajada rota, pero la risa se quebró en un jadeo profundo cuando sintió la erección de Jungkook presionando entre sus piernas.

—Joder… —susurró Taehyung, frotando descaradamente su coño empapado contra él a través de la tela—. ¿Qué esperas, teniente? Meteme tú polla de una vez… eso es lo único que quieres ver, ¿verdad? Entrar en mi coño y destrozarme tan fuerte hasta que me hagas recordar lo que viví supetasmte contigo.

Jungkook soltó una risa amarga, oscura, mientras le levantaba el vestido con brusquedad y le bajaba las bragas de un tirón. Su mano se cerró en el cabello de ella, tirando hacia atrás hasta arquearle la espalda.

—Yo quiero a mi esposa de vuelta —siseó contra su oído, la voz temblando de rabia y deseo—. Pero tú no lo eres en lo absoluto ¿verdad?

Taehyung jadeó, los ojos brillantes de placer y desafío, empujando las caderas hacia atrás para sentirlo más.

—Puedo ser tu esposa… —gimió, la voz rota— si vas a follarme tan duro hasta hacerme olvidar recordar cómo dices ¿Quieres follarme, mi amor? Entonces hazlo. Rómpeme. Hazme tuya otra vez.

Jungkook apretó los dientes. La cabeza de su polla ya rozaba la entrada húmeda y caliente de ella.

Y con un jadeo, la penetró de una sola embestida brutal hasta el fondo.

Jungkook se hundió hasta la base con un golpe seco que le arrancó un grito ahogado a Taehyung. Ella se arqueó contra la mesa, las cadenas chirriando, los dedos arañando el metal.

Pero mientras la follaba con furia, una duda le taladraba el cerebro como una bala oxidada):

¿Dónde está mi mujer?

Porque era su cuerpo.

Era su voz.

Era su coño apretándolo exactamente como lo recordaba, caliente, húmedo, perfecto.

Pero no era ella.

O sí lo era.

O había sido ella todo este tiempo y él nunca lo supo.

¿Cómo pude no darme cuenta?, pensó mientras le clavaba los dedos en las caderas, marcándola con moretones nuevos. ¿Cómo pude dormir todas esas noches a su lado, besarla, follarla, creer que era mía… y no ver que dentro llevaba a esta… esta cosa que ahora me mira con los mismos ojos y me pide que la destroce?

Taehyung giró la cabeza lo que las cadenas le permitían, lágrimas de placer en las comisuras, sonrisa rota.

—¿En qué piensas, amor? —jadeó entre embestidas, burlandose de Jungkook—. ¿En ella? ¿O en mí mientras me jodes tan bien?

Jungkook apretó más fuerte, casi con odio, y la penetró tan profundo que ella gritó su nombre.

—Cállate —gritó, pero su voz temblaba—. Solo… cállate.

—No puedo —susurró ella, empujando hacia atrás para tragárselo entero—. Porque soy ella. Y no lo soy. Y tú me sigues follando igual… porque en el fondo siempre supiste que tu esposa perfecta tenía un demonio dentro, ¿verdad, Jungkook?

Él cerró los ojos con fuerza.

Las imágenes se le mezclaban:

la Taehyung que le hacía el desayuno sonriendo,

la Taehyung que lloraba en sus brazos después de hacer el amor,

y esta Taehyung que ahora se corría alrededor de su polla gritando que la rompiera más.

Y mientras ella se convulsionaba en un orgasmo violento, Jungkook sintió que algo dentro de él se quebraba para siempre.

Porque ya no sabía si estaba follando a su mujer…

o si estaba dejando que el monstruo que vivía dentro de ella lo devorara vivo.

Y lo peor de todo:

le gustaba.

Jungkook se quedó clavado dentro de ella, respirando como un animal herido. El orgasmo de Taehyung aún palpitaba alrededor de su polla, pero él ya no se movía.

De pronto soltó una risa hueca, fría, casi rota.

—Eres buena, ¿sabes?—dijo mientras la miraba—Tan jodidamente buena que casi me lo creo otra vez.

Se inclinó sobre su espalda, le agarró un puñado de su cabello y tiró con fuerza para que ella alzara la cara. Sus labios rozaron la oreja de Taehyung mientras hablaba en un susurro mortal:

—Pero no eres ella.

Mi mujer no gemía así de sucio.

Mi mujer no me miraba como si quisiera destrozarme el corazón.

Mi mujer no abandonaría a la bebé que tanto deseo.

Escupió las palabras como veneno.

—Tú eres una imitadora.

Una puta réplica perfecta que se metió en su piel, que me folló con su cuerpo ajeno, que me hizo creer que seguía teniendo a mi esposa…

Pero ya no cuela.

Le dio un último empujón brutal, solo para sentir cómo ella se estremecía, y luego se retiró de golpe. Taehyung soltó un gemido vacío, casi inhumano, como si le hubieran arrancado algo vivo de dentro.

Jungkook se subió la cremallera con manos temblorosas y se quedó ahí un segundo más, respirando agitado, mirándola desde arriba. Los ojos le ardían de desprecio y de un dolor que le desgarraba el pecho como si tuviera cuchillas dentro.

—Devuélveme a mi mujer, hija de puta —escupió con la voz rota—. Sea lo que seas… devuélvemela.

O te juro por lo que más quiero que voy a arrancarte esa cara tan perfecta a tiras hasta encontrar a la verdadera Taehyung debajo. Y esta vez no habrá polla que te salve.

Dio media vuelta, tambaleándose, y abrió la puerta del cuarto de interrogatorios de un golpe. Pero antes de cruzarla se detuvo en el umbral, con la mano aún en el pomo, como si algo lo retuviera. Giró apenas la cabeza y la miró una última vez.

Ella seguía ahí, inclinada sobre la mesa metálica, las muñecas todavía sujetas por las esposas, el cuerpo tembloreso, con la espalda arqueada y las piernas abiertas. El semen de Jungkook le resbalaba despacio por el interior de los muslos, goteando sobre el suelo frío en un silencio que retumbaba más fuerte que cualquier grito.

No se movía. No lo miraba. Solo respiraba entrecortado, con los ojos perdidos en ningún lado, como una muñeca rota a la que acababan de usar y abandonar.

Jungkook apretó los dientes hasta que le dolieron. Quiso volver, quiso destrozarla con las manos, quiso gritarle que no era ella, que su Taehyung nunca se habría quedado así, callada, rendida, sucia. Pero el llanto ya le quemaba la garganta y no le salían más palabras.

—Te extraño tanto, princesa… —susurró para sí mismo, tan bajo que casi ni se oyó—. Te extraño tanto que me estoy muriendo.

Y entonces salió, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó por todo el pasillo. Se derrumbó contra la pared, se deslizó hasta el suelo y rompió a llorar como un niño, con la cara escondida entre los brazos. Desde la cámara Gesell, al otro lado del cristal, aún podía verla: inmóvil, rota, con su propia corrida manchándole las piernas, como una burla cruel de lo que ya nunca volvería a ser.

—Yo solo quiero que regreses, mi amor… —sollozó contra el suelo helado, golpeándose el pecho con el puño—. Por favor… vuelve conmigo.


-ˋˏ ༻📨༺ ˎˊ-

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