Prólogo.
Siempre sentí que algo no encajaba en mi vida, aunque no sabía exactamente el que. Crecí con unos padres que decían que me amaban, pero algo en su mirada me hacía dudar. Mi nombre era Liora Nizeth Deryan Wedsa, aunque siempre he sentido que ese no era mi verdadero nombre, ni siquiera mi verdadera identidad.
Me mudé a Akris por el trabajo de mis padres, y no es una ciudad cualquiera. Hay algo en ella que resulta inquietante, un silencio demasiado perfecto, casi antinatural. Desde que llegamos, han ocurrido muchas desapariciones; se reportan, sí, pero nunca encuentran la causa. Es como si las personas simplemente… se desvanecieron. He intentado ignorarlo, fingir que no pasa nada, pero a veces siento que alguien —o algo— me observa desde la oscuridad. Esa sensación no me abandona, como si Akris respirara muy cerca de mí, esperando que cometa el error de mirar atrás.
Hasta que llegó el. Kares Morrigan Lusiav.
No se como explicarlo bien, pero cuando lo vi por primera vez en el instituto, sentí que nada sería igual desde su llegada. Era diferente, oscuro, con una máscara de hielo que me evitaba ver a través de esta. Pero había algo en su mirada oscura que me hizo sentir extrañamente protegida, y familiarizada pero… a la vez aterrada.
Lo que no sabía era que Kares tenía órdenes: vigilarme, protegerme, aunque para mi eso significaba el comienzo de mi nueva yo, de la búsqueda de mi perdida identidad. Lo que no sabía era que Kares tenía órdenes: vigilarme, protegerme, aunque para mi eso significaba el comienzo de mi nueva yo, de la búsqueda de mi perdida identidad. Lo que no esperaba era que no solo yo estaba metida entre juego de engaños, y el muro de mentiras. Jared, mi supuesto hermano mellizo tampoco era quien decían que era. No tengo recuerdos de él en mi infancia antes de los nueve años. Mis padres me aseguran que tengo los recuerdos bloqueados porque estuve en coma.
En medio de todo este caos había una realidad a la que sí que pertenezco, pero que me la han estado ocultando a base de mentiras.
Aquí en Akris la realidad es otra, la sangre es tan fácil de limpiar, una vida es tan fácil de eliminar, y el engaño puede destruirlo todo…hasta a uno mismo.








