Chapter 1
Recuerdo aquel día de verano, el sol calentando mi cuerpo mientras un viejo árbol daba sombra a mi rostro. Las nubes con tantas formas diferentes, yo y Evan las veíamos con la imaginación que solo un niño puede tener.
—Esa parece un cisne —dije mientras señalaba aquella nube.
—Parece más un pato, ¿no crees? —dijo Evan mientras me veía confundido.
Observé las nubes un poco más, viendo tantas formas diferentes, tantas cosas que mi mente infantil interpretaba de varios modos y, en un rápido movimiento, giré mi cabeza hacia Evan con una sonrisa en mi rostro.
—¿Por qué no lo intentas tú? —Diviértete un poco, Evie —el viento golpeaba mi rostro con fuerza.
Evan volteó su mirada hacia mí un momento para luego soltar un suspiro.
—Bueno, lo voy a intentar —contestó mientras observaba el cielo.
El sonido del aire invadió el lugar, rompiendo el agobiante silencio cuando Evan levantó su mano y empezó a señalar una nube.
—Esa parece... ¿una orca? —dijo Evan nerviosamente.
Volteé a ver la nube que Evan señalaba, intentando encontrarle la forma de orca, pero lo único que podía ver era un simple pez.
—Para mí parece un pez —respondí mientras giraba mi cabeza de vuelta a Evan.
—¿Te estás vengando por lo del pato? —preguntó Evan mientras rodaba los ojos.
Ambos empezamos a reírnos mientras el sol comenzaba a ocultarse cada vez más, trayendo la noche, de un momento a otro nuestras risas fueron disminuyendo gradualmente hasta que ambos quedamos en silencio, viéndonos el uno al otro.
Yo no podía evitar verlo con una sonrisa en mi rostro y sabía que él sentía esa misma felicidad de estar ahí en ese momento compartiendo un buen momento juntos.
Luego de un buen rato de puro silencio, empecé a escuchar cómo la alarma de mi reloj sonaba; al revisar, mi cara cambió de una de paz y felicidad abundante a una cara que solo alguien que va a llegar tarde puede tener.
—¡Mi mamá va a matarme! —exclamé mientras salía corriendo, dejando a Evan atrás.
—¡Nos vemos luego, Andy! —me gritó cuando estaba lejos.
Mientras estaba camino a casa, la imagen de la sonrisa de Evan se apoderó de mi mente.
No importaba que yo tratara de no pensar en él; siempre regresaba, pero no estaba cansado para nada.
«Él realmente me hace feliz», pensé mientras una amplia sonrisa se dibujaba en mi rostro; de pronto, todo lo que quería era regresar con él y ahora ver constelaciones hasta el amanecer.
Pero ya era tarde para verlo y yo tenía que volver con mi madre. «Espero que mamá hiciera su deliciosa lasaña», me dije a mí mismo antes de pararme en seco.
Frente a mi casa había tres patrullas de policía; los vecinos rodearon la cuadra haciéndome imposible el pasar.
—¡Mamá! —grité mientras me abría paso entre la multitud.
—Espera, amiguito —dijo un policía mientras me tomaba del brazo.
—¡Quiero ver a mi mamá! —grite.
El policía se puso de rodillas frente a mí, volvió a verme con una evidente angustia en sus ojos y empezó a hablarme de la vida y la muerte, pero al voltear a ver tras de él, logré reconocer la silueta de mi madre colgando en un pasillo y mi pequeña mente solo podía entender dos cosas: que mi madre había muerto y que ella lo provocó.








