Prologo -Nostalgia-
-Yo no existo pero aún así logro generarte algo real, esa es la verdadera magia, es a lo que llamamos alma-
El sol comienza a ocultarse tras los edificios de la gran ciudad; el viento de la primavera golpea las hojas de los árboles, los autos llenan las calles con su ruido incesante, mientras el mundo a su alrededor está más despierto que nunca. Alan se encuentra recostado sobre el escritorio frente a su computador; el sonido que crean sus compañeros mientras se preparan para marcharse parece no generarle ningún estrés, ni siquiera su rostro contra el frío plástico del escritorio le interrumpe. Su cabello rizado está igual de desarreglado que siempre, con mechones rebeldes apuntando hacia todas direcciones. Usa su traje de siempre, pero parece ya bastante desgastado. Sin percatarse, uno de ellos se acerca detrás suyo.
—¡Oigan, Alan se quedó dormido de nuevo!— gritó el sujeto entre risas, así generando las carcajadas de algunos cuantos y la mirada fría de algunos otros, pero nada de esto interrumpió la siesta reparadora del buen Alan. El sujeto se alejó decepcionado, pero pronto eso cambiaría. Con un golpe estridente sobre el escritorio, Alan levantó el rostro dando un pequeño salto en su silla; abrió los ojos con dificultad, parpadeando sin parar. Frente a él, una taza de un perfecto color blanco; detrás suyo, su compañera con mirada fría y aburrida.
—De nuevo te quedaste dormido, Alan, de verdad que no tienes remedio—.
Alan la miró por un segundo con sus ojos apenas abiertos; sin decir una palabra, tomó con extrema lentitud la taza y le dio un pequeño sorbo.
—Yo… no estaba dormido, solo descansaba un poco los ojos— dijo Alan con una sonrisa sarcástica para, por consiguiente, tomarse todo lo que sobraba de café, suspirando con satisfacción.
—Gracias, Ana, me salvaste de otro llamado de atención… o de ser despedido, claro—
Ana rió suavemente, como con ganas pero sin fuerzas.
—Alan, de verdad pareces cansado— dijo con seriedad y un tono de preocupación, mirando las notables ojeras que se aferraban debajo de los ojos de Alan.
—Na, estoy como nuevo ahora gracias a ti—
Alan sonrió con dificultad mientras comenzaba a recoger sus cosas; sus manos tenían un leve temblor.
—Dijiste que tienes un nuevo trabajo, ¿cierto? Uno de noche… sabes, creo que podría ser un poco demasiado, necesitas descansar— mencionó Ana con un tono preocupado mientras ve con atención cada movimiento de su compañero. Un escalofrío recorre su espalda.
—Oye, no te preocupes, trabajaré de guardia nocturno en una escuela; dicen que es muy tranquilo, quizá hasta pueda dormir un poco sin que nadie se dé cuenta— dijo Alan riendo sin fuerzas.
—Y además, ya sabes, dinero es dinero—
Sus ojos cansados contrastan con su sonrisa burlesca mientras por fin termina de recoger su escritorio. Sus palabras no parecían ser muy creíbles para Ana, pues aún conservaba la preocupación marcada en su rostro. La luz del ocaso es ahora ocupada por la oscuridad de la noche; el aire fresco que entra por las ventanas choca contra Ana, moviendo su cabello con suavidad, mientras Alan se encamina hacia la puerta.
—Alan, dime algo— dice Ana con rudeza.
—¿Acaso siempre estás mintiendo? Puedes mentirme a mí, pero jamás podrás mentirte a ti mismo por más que intentes—
Alan se detuvo frente a la salida, agachando la cabeza; lleva su mano hacia detrás de su cuello.
—Gracias, Ana, es lindo que te preocupes por mí, pero estoy más que bien— pronuncia Alan sin fuerza, girando su mirada hacia ella, mostrando los dientes en una sonrisa forzada. Se da la vuelta hacia la salida y la abre con lentitud.
—Nos vemos mañana, Ana— dice mientras cierra la puerta detrás suya sin saber que ese sería su último adiós.
“Para: /~×∆•{
De: Alan
Estos últimos días se han sentido extraños; siento como si mis ojos no fueran míos, como si viviera en un cuerpo que no me pertenece, ¿qué raro, verdad?
Bueno, ya sabes, me mudé a este país ya hace dos años con la esperanza de poder ganar dinero y hacer una nueva vida, el sueño americano, y bueno, parecía que lo estaba logrando. Renté un apartamento y hasta ahorré para comprarme un auto usado, como siempre deseamos. Me sentía realizado cuando conducía por las calles de la gran ciudad, como si estuviera renaciendo y el camino empedrado por fin se hubiera terminado, pero poco después ya no era tan emocionante; supongo que la rutina lo mata todo.
En fin, el coche se averió, no pude pagar las reparaciones, ahora ni siquiera puedo usarlo, no he recibido ni un aumento en el trabajo y, para serte sincero, tengo algunas deudas… Pero ahora las cosas han cambiado: conseguí un nuevo trabajo, la paga es increíble para el poco esfuerzo que requiere. El sueño puede esperar. Espero estés bien donde sea que estés, ojalá nos veamos pronto… ¡Bueno, te seguiré informando de cómo van las cosas!
Con amor,
Alan”
Los coches pasaban por debajo del puente sin parar, mientras Alan contemplaba, recargado de las barras, los edificios que parecían tocar el cielo. Las luces que emitían reemplazaban a las estrellas, creando un espectáculo visual que hacía difícil apartar la mirada. Sostenía la hoja de papel mientras el aire la movía con fuerza, como queriendo arrebatarla de sus manos. Un suspiro emergió de su garganta; sus ojos se cerraron para recibir la brisa en su rostro. Al ver que no es capaz de cumplir su cometido, el aire envió una brisa estrepitosa que rompe la postura relajada de Alan, empujándolo hacia atrás. Cuando el aire se calmó, la carta ya había sido arrebatada de sus manos. Alan miró hacia todas direcciones con desesperación; detrás de él y fuera de su alcance se encontraba el trozo de papel flotando en el aire. Alan estiró su brazo sin resultado, aferrándose al límite de las barras. Más pronto que tarde cesaron sus esfuerzos y se apagó su postura, una expresión sombría recalcada en su rostro, mientras su mente también se apagaba. Los autos aún seguían pasando por debajo del puente. Así como ellos el tiempo no se detiene y su destino esperaba por el, casi sin fuerzas Alan siguió su camino, hacia donde el viento le conducía.
Si llegaste hasta esta parte te quiero dar un gran abrazo ¡gracias por leer y espero sigas la serie!
Quiero decirte que esta es una historia de fantasía oscura y terror psicológico. Si te gusta el misterio y los personajes rotos, quizás te interese seguir leyendo los capítulos que se encaminan.








