CapĂtulo 1
El pitido rĂtmico de la mĂĄquina de pulso me golpeaba las sienes como un martillo insistente. IntentĂ© abrir los ojos, pero el mundo era una mancha borrosa de rostros conocidos y lĂĄgrimas que se deshacĂan contra el blanco de las sĂĄbanas. Al otro lado del cristal, la lluvia de Lowestoft caĂa con monotonĂa, dibujando otro dĂa gris mĂĄs en el este de Inglaterra.
Mi memoria estaba fragmentada, incompleta.
Lo Ășltimo que recordaba era la libertad.
Pasear a Lily por el parque de Rosedale. El crujido de las hojas secas bajo mis botas mientras las recogĂa para mi herbario. El aire frĂo en los pulmones. La sensaciĂłn de estar viva.
SentĂ una presiĂłn en la mano.
Era mi madre. Sus dedos se aferraban a los mĂos con una fuerza desesperada, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier momento. Sus labios se movĂan, pero no entendĂa lo que decĂa. Sus palabras me llegaban distorsionadas, como si estuviĂ©ramos separadas por un muro de agua.
Entonces el terror me alcanzĂł de lleno.
No sentĂa las piernas.
Un hormigueo helado empezĂł a trepar por mi cuerpo, lento, imparable. SubiĂł por el torso, se expandiĂł por los brazos, se instalĂł en mis manos. El monitor cardĂaco estallĂł en un pitido frenĂ©tico y continuo. El mundo se volviĂł blanco.
Y después, luz.
Una luz palpitante que lo devorĂł todo.
Cuando volvĂ a despertar, el hospital habĂa desaparecido.
Estaba sola. La mascarilla de oxĂgeno seguĂa pegada a mi rostro. IntentĂ© arrancĂĄrmela, pero mis mĂșsculos no respondieron de inmediato. El pĂĄnico me cerrĂł la garganta. El corazĂłn empezĂł a golpearme el pecho con violencia.
Parpadeé.
La nubosidad de mi vista comenzĂł a disiparse, revelando un techo que no era de yeso.
Era de hojas.
Me encontraba en un bosque denso, rodeada de ĂĄrboles colosales cuyas copas parecĂan sostener el cielo. La vegetaciĂłn era de un verde vibrante, casi irreal, como si alguien hubiera saturado los colores del mundo mĂĄs allĂĄ de lo posible.
âÂżEstoy... muerta? âsusurrĂ© al aire inmĂłvil.
Estaba tendida sobre un manto de buganvillas que amortiguaban mi cuerpo. Sobre mĂ, el cielo era de un azul limpio, intenso, un tono que jamĂĄs habĂa visto reflejado en el mar grisĂĄceo de la costa britĂĄnica.
Me quedĂ© allĂ un momento, suspendida en el tiempo, pensando en la extraña belleza de la muerte... y en todo lo que habĂa dejado atrĂĄs en un solo instante.
Tras lo que parecieron horas, el entumecimiento empezĂł a remitir. MovĂ un dedo. Luego un pie. Finalmente, logrĂ© incorporarme. El cuerpo me pesaba, pero respondĂa.
EmpecĂ© a caminar sin rumbo, notando cĂłmo el cansancio fĂsico se instalaba en los hombros.
âSi estoy muerta... âmurmurĂ©, sentĂĄndome para recuperar el alientoâ, Âżpor quĂ© me agoto asĂ?
La sed y el hambre eran reales. Punzantes. IncĂłmodas.
Y eso me dio una esperanza aterradora.
SeguĂa viva.
El sonido del agua me guio. EncontrĂ© un rĂo de aguas cristalinas que serpenteaba entre las raĂces de los ĂĄrboles. Me quitĂ© las botas negras y los calcetines de rayas, hundiendo los pies en el agua frĂa con un suspiro de alivio.
La sensaciĂłn de seguridad durĂł apenas un segundo.
âÂżQuiĂ©n eres y quĂ© haces aquĂ?
La voz firme cortĂł el silencio como una hoja afilada.
Salté fuera del agua, agarrando mis botas con torpeza y mirando a mi alrededor con el corazón desbocado.
âÂżHola...? âmurmurĂ©.
De entre los arbustos emergiĂł un joven.
TenĂa los ojos amarillos, del color del sol al mediodĂa, y el cabello rubio ceniza. VestĂa una especie de armadura metalizada entretejida con ramas vivas que parecĂan formar parte del tejido, como si la naturaleza misma lo hubiera reclamado como suyo.
âNo has respondido a mi pregunta âinsistiĂł, acortando la distancia.
âSoy Grace. Grace Gardner âdije, con la voz temblorosaâ. No sĂ© dĂłnde estoy ni cĂłmo he llegado aquĂ.
Sus ojos recorrieron mi ropa, deteniéndose en cada detalle extraño.
âLlevas un ropaje muy peculiar, Grace Gardner âdijoâ. Esto es Akindor. EstĂĄs al sur de Irishwood, en el corazĂłn del Bosque Verde, a pocas millas de Anberthel.
âAlzĂł la mirada hacia mĂâ. ÂżCĂłmo has cruzado nuestras fronteras?
âNo sĂ© ni por dĂłnde empezar âadmitĂ.
SuspirĂł y llevĂł la mano a una bolsa de tela con hebillas doradas que colgaba de su espalda. MetiĂł el brazo... y extrajo una silla de madera antigua, de patas torcidas, como si acabara de sacarla de la nada. RepitiĂł el gesto y apareciĂł otra, esta vez para mĂ.
En cualquier otro momento habrĂa gritado. Pero despuĂ©s de morir âo casiâ y despertar en un bosque imposible, mi capacidad de sorpresa estaba agotada.
âSiĂ©ntate âdijoâ. Tengo tiempo.
âNo sĂ© nada de ti ni de este lugar ârepliquĂ©, sentĂĄndome con cautelaâ. Y lo que tengo que contarte... no sĂ© si vas a creerlo.
âSoy Alec Hawthorne, de Irishwood. GuardiĂĄn del Bosque Verde. âUna leve sonrisa se asomĂł a su rostroâ. EstĂĄs en mi territorio. Y para que lo sepas... estarĂas muerta si mi padre te hubiera encontrado primero.
Un escalofrĂo me recorriĂł la espalda.
âÂżMuerta? Yo creĂa que ya lo estaba... que esto era el cielo o algo parecido.
âYo te veo muy viva ârespondiĂłâ. ÂżVienes de Greenwhole o del Valle de las Aguas?
âSoy de Lowestoft. Inglaterra âdije, con un nudo en la gargantaâ. Solo quiero volver a casa.
âNo entiendo ni una sola de tus palabras.
Respiré hondo.
âEstaba paseando a mi perra. Luego despertĂ© en un hospital, rodeada de mi familia, perdiendo la sensibilidad del cuerpo hasta que vi una luz. Y despuĂ©s... esto. Por favor, crĂ©eme. Estoy aterrorizada.
El semblante de Alec cambiĂł. Su mirada se perdiĂł en el rĂo unos segundos.
âAcompåñame âdijo al fin, poniĂ©ndose en pie.
âÂżA dĂłnde? No te conozco.
No me dio opciĂłn. Me tomĂł de la mano con firmeza y empezamos a caminar rĂo arriba. Durante horas, el silencio solo fue roto por el barro bajo mis botas y los cantos de aves que no pertenecĂan a ningĂșn libro de biologĂa.
Mi mente era un torbellino.
âÂĄAlec!
Una voz femenina nos detuvo.
âÂĄRose! ârespondiĂł Ă©l, sorprendido.
Ella apareciĂł apoyada contra un ĂĄrbol. Alta, de belleza gĂ©lida. Cabello negro azabache. Piel tan blanca que parecĂa emitir un leve resplandor. Su atuendo estaba incrustado de cristales rojos que captaban la luz del bosque.
âTu padre te busca âdijoâ. SabĂa que estarĂas aquĂ perdiendo el tiempo.
Sus ojos se clavaron en mĂâ. ÂżQuiĂ©n es esta y por quĂ© viste asĂ?
âEs Grace Gardner. Es mi invitada. La llevo al castillo ârespondiĂł Alecâ. ÂżAlgĂșn problema?
âMe trae sin cuidado âreplicĂł ellaâ. Regresa antes de que el Rey pierda la paciencia.
Luego me mirĂłâ. Soy Rose Tigreen.
âEncantada... supongo.
Retomamos la marcha.
Ya no estaba sola. Y aunque las preguntas se acumulaban, sentĂ que tras los muros del castillo que nos aguardaba, la verdad empezarĂa, por fin, a emerger.








