Chapter 1
El Sueño del Dios y el Nacimiento de Engardin
En el principio de todo, no había nada más que el vasto vacío hasta que el Dios Supremo, Luca, despertó. Luca soñó con la perfección, y de su sueño nació Engardin, un lienzo vibrante y próspero. Para que su creación perdurara, Luca dio vida a los Goliats, los gigantes primigenios. Su deber era simple y sagrado: mantener el Orden, custodiar el Pozo del Ser y asegurar que el ciclo de vida y la energía fluyeran sin cesar a través de los Flujos. Después, para poblar su mundo, Luca sopló vida en la Humanidad. Luego, el Dios se retiró, dejando a los Goliats como guardianes de su obra y a la humanidad para prosperar bajo su protección.
La Ambición Prohibida y el Desgarro
Durante siglos, la paz reinó. Pero con el tiempo, el corazón de la humanidad se llenó de ambición desmedida. No se conformaron con los dones que les habían sido concedidos; querían el poder que los Goliats custodiaban. Así comenzó la Gran Guerra. La humanidad levantó armas contra sus protectores.
A medida que la guerra se volvía más desesperada, los magos humanos se atrevieron a algo impensable: el Ritual Prohibido. En su desesperación por vencer, forzaron la apertura del Portal al temido Mar de Almas.
El Cataclismo y la Ruina
Ese fue el momento en que el sueño de Luca se hizo añicos. El ritual se salió de control y la energía del Mar de Almas estalló con una furia incontrolable. Una gran Inundación, un torrente de almas y caos, se desató sobre Engardin, barriendo ciudades y civilizaciones enteras. Este desastre, que casi borra a la humanidad de la existencia, fue bautizado como "The Razing" (La Destrucción). A pesar de la destrucción de Engardin, Dios (Luca) creó otro
mundo llamado Aethel en una dimensión diferente, dando inicio a una historia aparte de la de Engardin.
El Encuentro en la Cima
Kael sintió cómo el aire frío y vivificante le azotaba el rostro. Tras semanas de agotador ascenso, finalmente puso el pie en la cumbre del Pico Argenteo. El sol, aún bajo en el horizonte, teñía las nubes de un vibrante naranja y púrpura. El esfuerzo había valido la pena.
Estaba solo, o eso pensó. A pocos metros, en una pequeña saliente protegida del viento, había una figura sentada. Era un anciano de barba blanca como la nieve y ojos que parecían contener la profundidad del cielo. Estaba envuelto en una capa simple pero gruesa y
miraba hacia el
vasto paisaje con una serenidad inquebrantable.
Kael se acercó con cautela. "Buenos días, señor," dijo, con la voz ligeramente ronca por el esfuerzo.
El anciano giró la cabeza y le dedicó una sonrisa gentil.
"Buenos días, joven. Veo que has conquistado a la Dama de Piedra. Pocos lo logran."
Kael se dejó caer sobre una roca cercana, la adrenalina dando paso a un cansancio profundo. "Fue la escalada más difícil de mi vida."
Las cosas que más valen la pena suelen serlo," asintió el anciano.
La Hoguera Imposible
Se quedaron en silencio por un momento, simplemente compartiendo la majestad de la vista. Kael notó que, a pesar de la altitud y el frío cortante, el anciano no parecía temblar.
"¿Qué hace usted tan arriba, señor?" preguntó Kael finalmente, curioso.
"Espero," respondió el anciano, con una respuesta tan vaga como definitiva. "Pero la espera siempre es mejor con algo de calor, ¿no crees?
El anciano se inclinó hacia una pequeña pila de ramas secas y pequeños trozos de madera que Kael no había notado antes. Entonces, ante los ojos atónitos del joven, el anciano extendió las manos desnudas sobre la leña. No hubo pedernal, ni yesca, ni frote. Simplemente... calor. Un resplandor anaranjado pareció emanar de sus palmas, y en un instante, las ramas prendieron con un crujido audible, creando una pequeña y acogedora fogata.
Kael se enderezó de golpe, olvidando el cansancio.
"¿¡Cómo... cómo hizo eso!?"
El anciano rio suavemente, el sonido como el crujido de hielo viejo.
"Fascinante, ¿verdad? El mundo está lleno de maravillas para el que sabe mirar."
Kael se acercó a la hoguera, sintiendo el bienvenido calor
en sus manos entumecidas. "¡Es increíble! ¿Es magia? ¡Por favor, dígame cómo lo hizo!"
El anciano miró fijamente a las llamas por un momento, sus ojos brillando a la luz del fuego. Finalmente, levantó la mirada hacia Kael.
"¿Quieres saber?" Su voz se hizo más grave, más resonante. "Si deseas entender, primero debes comprender el poder de la voluntad, la disciplina y el espíritu que te conecta con la creación. Pero eso, muchacho, es un camino largo." Hizo una pausa, la llama bailando en sus pupilas. "¿Te gustaría escuchar una historia sobre un guerrero? Alguien que dominó ese poder a través de la sangre y el tiempo. Yo fui testigo de su vida a lo largo de los
años."
El joven asintió con fervor, sintiendo que esta cumbre le había dado mucho más que una vista. "¿Quién era? ¿De dónde viene usted, señor?"
El anciano sonrió, tomando una rama y revolviendo las brasas. "Tengo muchos nombres, joven escalador. Pero tú puedes llamarme Naul. Y mi hogar... mi hogar se llama Engardian."
"Engardian es otro mundo, a igual que este," reveló, sin un atisbo de duda en su voz, la cual, a pesar de su edad, era sorprendentemente firme. "Existe a una frecuencia, una dimensión, o un 'plano' diferente, si prefieres usar esa palabra."
Kael frunció el ceño, su mente luchando por comprender. "Pero... ¿cómo puede ser eso?"
"Ambos mundos están hechos de la misma esencia," continuó el anciano, señalando un grano de arena en el suelo y luego el cielo. "La misma materia prima.
Simplemente vibran de manera distinta. Yo provengo de ese lugar. Hace muchos años que abandoné Engardian y viajé a este otro mundo."
Una profunda melancolía cruzó su mirada. "Mi partida fue una necesidad, un exilio autoimpuesto. Desde entonces, he sido testigo de maravillas y terrores aquí. Lo más impresionante fue presenciar el surgimiento de algo verdaderamente único: un guerrero hecho de la esencia de mi mundo natal."
Kael se inclinó, fascinado. "¿Un guerrero de Engardian, aquí? ¿Cómo es eso posible?"
"No. No era de Engardian," corrigió el anciano con
paciencia. "Era una manifestación. La esencia de Engardian de alguna
manera se filtró en este plano y se condensó, tomó forma humana, nacida en este suelo pero con la memoria y la energía de mi hogar.
El Nombre de un Mundo Aethel
Kael le preguntó a Naul: "¿Cómo se llama mi mundo para ti?"
Naul le respondió de inmediato, sin dudar: "Aethel." Luego, con un cambio
en el tono, añadió: "¿Y conoces la diferencia entre Engardian y Aethel?"
Antes de que Kael pudiera responder, Naul continuó: "En Engardian jamás lograrías sobrevivir sin tus Dones. Serías devorado por toda clase de bestias que, para ti, parecen puramente ficticias. Sin embargo, tu mundo supo tener criaturas similares a las de Engardian, solo que desaparecieron. Se desvanecieron tan completamente, como si jamás hubieran existido. Ahora, son meras leyendas en tu mundo."
Anciano Naul, ¿podrías explicarme bien el Nacimiento de ese guerrero?"
"Bueno, Kael, te lo explicaré. Pero debes saber que lo que te contaré no es una leyenda que me narraron, sino algo que yo presencié."
Hizo una pausa, dejando que la solemnidad de sus palabras se asentara en el muchacho.
"Yo estaba en un lugar que podrías llamar un templo, aunque era mucho más que eso; un nexo de energías primigenias. Allí, yo vi cómo nacía esa criatura. No fue un nacimiento de carne y hueso como el de un niño cualquiera. Fue el nacimiento de una fuerza, de una esencia... era pura energía condensada."
Naul miró hacia el horizonte, como si pudiera ver de nuevo aquel momento.
"Era un resplandor, una promesa de poder sin forma definida al principio. Yo solo le di un nombre y lo crié. Me convertí en su mentor, su guardián. No podía dejar que semejante poder vagara sin guía."
Kael, absorto, apenas se atrevía a respirar.
"Le enseñé muchas cosas. Cosas que la mayoría de los hombres solo sueñan con aprender. ¿Cómo cuáles, preguntas?" El anciano asintió, anticipando la siguiente pregunta.
"Le enseñé las artes de combate desde sus fundamentos más sutiles. Le enseñé el estilo de la espada, la danza letal de la hoja, y también el control de su propia energía interna, entre muchas más."
El despertar de las memorias
Naul, ¿por qué me estás contando todo esto ahora?
preguntó Kael, sintiendo una inquietud creciente.
El anciano lo observó fijamente y sentenció:
-Kael, necesitas recordar.
-¿Recordar qué? -replicó él, sosteniéndole la mirada.
-Esta historia les pertenece a tu hermano y a ti -explicó Naul con voz grave-. Cuando aquella energía se filtró y se condensó, no permaneció como una sola; se dividió en dos, dando origen a lo que son tú y Eisel. Ha pasado demasiado tiempo, y es momento de que las memorias que te borré sobre él regresen a ti. Te lo contaré todo.
El aire se sentía pesado, cargado de una energía eléctrica que Kael no lograba comprender. Sus ojos buscaban respuestas, moviéndose erráticamente entre las sombras de la habitación.
-Kael, entiendo que tu mente esté llena de dudas -dijo Naul con una voz
sorprendentemente serena-. ¿Cómo puede ser todo esto posible? Es una
pregunta difícil de procesar, pero hoy obtendrás la verdad.
Kael intentó retroceder, pero la presencia de Naul era imponente.
-Calma -continuó Naul, extendiendo una mano hacia él-. Te contaré con
todo detalle cómo fue tu antigua vida al lado de tu hermano. Pero para que entiendas de verdad, no bastan las palabras.
Naul dio un paso al frente y una luz tenue comenzó a emanar de sus palmas.
-Quédate quieto un momento. Déjame usar este poder sobre ti. No tengas miedo; mientras te relato tu pasado, estas visiones irán desbloqueando tus recuerdos.
Kael sintió un calor repentino en la frente. El mundo a su alrededor empezó a
desvanecerse, dando paso a fragmentos de imágenes olvidadas que
comenzaban a cobrar vida en su mente.
"Todo comenzó con el nacimiento de Eisel y el tuyo. Me hice la promesa de
inculcarles el bien para que jamás fuesen corrompidos por la maldad o los bajos deseos. Al no tener experiencia cuidando bebés, observé con detenimiento a la gente de este lugar hasta que encontré a una pareja, Zaule y Xian, quienes no podían tener hijos. Decidí dejarlos a su cuidado; el primer paso fue abandonarlos frente a su puerta, justo donde pudieran
encontrarlos."
La pareja los adoptó y los llevó al interior de su cabaña, cerca del lago Morskie Oko, donde pasarían varios años. Pasado 3 años, decidí visitar a la familia vestido como un curandero y vidente. Al llegar, me encontré con el señor de la casa; le pregunté si me permitía pescar y, entre charla y charla, le mencioné mi oficio.
-Nunca he visto uno -me confesó él-. Siempre se habla de gente que cura
con hierbas y con las manos. ¿Qué lo trae por acá, señor?
-Vengo a pescar, joven -le respondí.
En ese momento aparecieron Eisel y Kael jugando con palos.
-Joven, tiene usted dos hijos muy fuertes -le comenté.
-Sí -asintió él-. Mi esposa está cosechando verduras para que comamos
con pescado fresco, pero no he logrado atrapar ninguno.
-Déjeme ayudarlo, joven.
-¡Woo! ¿Señor, cómo lo hizo?
-Solo concentré mi energía para atraer a los peces. ¿Quiere que le enseñe? -¡Por supuesto! ¿Le gustaría quedarse a comer con mi familia, señor? -Sí, joven.
Logré ganarme la confianza del joven de la casa. Me preguntó si tenía dónde vivir y le contesté que no tenía un lugar fijo; que estaba un día aquí y otro allá. Entonces, el joven Zaule me dijo: '¿Le gustaría vivir con nosotros?'. Le dije que no quería causar molestias, pero él me respondió: 'No es molestia. Es mejor si tenemos a alguien que sepa de medicina por si nos pasa algo; así podría cuidar de nosotros'.
Le agradecí y le dije que lo tendría en cuenta. Así fue como me quedé con
ellos. Les enseñé mejores formas de cultivar alimentos y preparar la tierra. Xian fue quien más aprendió sobre agricultura, mientras que Zaule aprendió sobre la pesca y el uso de la espada. Esto último se lo ofrecí cuando vio una espada dentro de mi bolso y me preguntó qué hacía con ella. Le respondí: 'Afuera hay bandidos y gente mala, siempre debes tener con qué defenderte'. Me pidió que le enseñara a usarla. Pasaron cuatro años y les propuse a Zaule y Xian entrenar a Kael y Eisel. Ellos accedieron sin problemas. Así pasaron diez años con esta familia."
El eclipse antes de la partida
Antes de irme, deseo dejarles un regalo a sus hijos, Xian y Zaule.
-¿Por qué te vas, anciano? -preguntaron -. ¿Ya es hora de partir hacia nuevos horizontes? Promete que volverás algún día; te vamos a extrañar. Gracias por todo.
-Me podrían llamar a los niños, quiero hablar con ellos -pedí.
Zaule comenzó a llamarlos:
-¡Chicos, vengan! El anciano se va. Vayan a pasear un rato con él mientras nosotros vamos a trabajar en los cultivos.
-Está bien, padre -respondieron ellos.
Entonces les dije: -Vengan, observen el cielo; algo está por pasar.
Eisel exclamó: «¿Qué está pasando? El sol se está tapando».
-Ya pueden dejar de mirar el eclipse solar -les dije-. Este fenómeno
permitirá liberar las Black Swan: una representa al sol y la otra a la luna. -¿Qué es una Black Swan? -preguntaron.
-Son dos espadas fabricadas para cortar incluso la misma creación; son capaces de alterar la realidad. Por eso, Kael, Eisel, acérquense. Vamos a caminar hacia el centro del lago.
Kael, asustado, me detuvo: «¡Nos vamos a ahogar! No podemos caminar sobre el agua».
-Ay, Kael, ¿por qué dudas? -respondí-. Nada es imposible si te lo propones. ¿Qué es real para ti y qué no?
-No lo sé, señor -contestó Kael-. No sé nada de estas cosas, pero si me lo muestra, no dudaré más, señor Naul.
En ese momento, empezó a surgir del fondo del agua un templo hecho de líquido cristalino con dos espadas en su interior. Entonces, proseguí: «Tomen sus espadas>.








