Chapter 1
El aire en el salón del consejo estaba saturado de una estática violenta. Martina, con los ojos encendidos en un púrpura radioactivo, sintió cómo la bilis de la traición le quemaba la garganta. No era solo Sebastián. No era solo Gris, su prima, su hermana de alma. Era la sangre que ella misma había protegido la que ahora se volvía veneno.
—¡Tropas de la Luna Negra! —rugió Martina, y su voz hizo que los cristales del santuario vibraran hasta agrietarse—. ¡Encadenen a esos traidores! ¡Que el fuego arcano consuma su deslealtad antes de que el sol se ponga!
El silencio que siguió fue más letal que una herida de espada. Los soldados, hombres y mujeres que habían visto a Martina diezmar ejércitos de vampiros, no se movieron. Sus lanzas permanecieron firmes, pero sus puntas no apuntaban a los traidores.
—Lo siento mucho, Suprema —dijo el comandante, bajando la mirada pero no el arma—. Pero no pensamos atacar a la Consejera Gris.
—¿Cómo se atreven a desobedecer mis órdenes? —el poder de Martina estalló en chispas a su alrededor—. ¿Acaso han olvidado quién les dio la victoria? ¡Muévanse o sufrirán una agonía que ni la muerte podrá borrar!
—Si se atreve a lastimar a nuestro líder —intervino un licántropo de alto rango, colocándose frente a Sebastián—, no tendremos más opción que atacar. No dejaremos que les cause daño. El pueblo apoya a Gris. Aunque usted nos acuse de traición, ella es quien nos ha escuchado mientras usted se ocultaba en su gloria.
La Soledad del Poder
Martina sintió un vacío gélido. Había liderado ejércitos, había sido la espada y el escudo de su linaje, y ahora, en el momento de su mayor humillación, su propia gente le daba la espalda. Sus padres y su hermana corrieron a su lado, sus manos brillando con energía defensiva.
—Hija, estamos contigo —susurró su padre, el rostro endurecido por la vergüenza de su propio pueblo—. Si piensas acabar con ellos, iremos contigo hasta la muerte. Solo ordena.
Martina miró a Sebastián, que sostenía a Gris con una ternura que a ella nunca le dio. Miró a Gris, cuyo vientre guardaba la vida que le robaba su futuro. La furia luchó contra la razón. Si atacaba ahora, sus padres morirían en el fuego cruzado.
—No será hoy —sentenció Martina, y su voz sonó muerta. Se dio la vuelta, arrastrando su capa de seda por el suelo de piedra, y salió de la iglesia dejando atrás el hedor de la infamia.
La Sentencia del Abuelo
Horas más tarde, en la penumbra de sus aposentos, Martina intentó conjurar una llama de nivel cinco. Solo obtuvo una chispa débil que se extinguió en segundos. El pánico, por fin, se filtró en sus huesos. La mitad de su poder se había evaporado.
Sebastián era el mejor de su clase, una bestia de guerra pura. Y Gris... Gris estaba preñada. En el linaje de las brujas, la gestación triplicaba el poder; Gris era ahora una supernova andante, mientras Martina se desmoronaba.
Buscó al único hombre que conocía los secretos más oscuros: su abuelo, el Supremo Líder.
—Abuelo... necesito hablar contigo —dijo ella, entrando en el santuario ancestral.
El anciano no levantó la vista de los pergaminos. Sus ojos estaban llenos de una tristeza milenaria. —Imagino de qué quieres hablar. Lo siento, mi niña. No hay nada que puedas hacer. Te quedan tres meses de vida.
—¿Tres meses? —gritó ella, y el santuario tembló ante el último vestigio de su gran poder—. ¡Voy a destruirlos! ¡No pueden hacerme esto!
—Tus poderes irán disminuyendo cada semana hasta que no quede nada más que polvo —dijo el abuelo con voz gélida—. Y hay más. Mañana es la ceremonia. Boda y entrega de liderazgo en un solo rito. Consumarán su matrimonio frente a todos los espectadores, como dictan las leyes antiguas de los líderes. Y tú, Martina, como futura sucesora oficial hasta que mueras, estás obligada a presenciarlo.
Martina soltó una carcajada histérica que se tornó en un sollozo seco. —¿Obligada a ver cómo el hombre que amo posee a la mujer que me traicionó?
—Si no lo haces —sentenció el anciano—, tus padres y tu hermana serán expulsados del linaje. Morirán como parias.
—Me retiro... Supremo Líder —dijo ella, escupiendo el título. El amor y la admiración que sentía por él se calcinaron en ese instante. Su linaje ya no era su prioridad. Su familia ya no era su límite. La supervivencia era lo único que quedaba.
El Secreto de las Tres Hermanas
Antes de la reunión con el líder, tres figuras la esperaban en las sombras de la biblioteca. Sus tías, las hermanas humanas de su padre, aquellas que dedicaban su vida a la ciencia de lo oculto.
—Hija, el plan de Gris ha sido perfecto —dijo la tía mayor—. Te ha alejado de la gente para que la amaran a ella. Ahora, si mueres, ella será la Suprema. Tiene aliados que desean tu caída.
—Pero esto no se quedará así —intervino la tía menor, extendiendo un mapa amarillento y una llave de hierro negro—. Este es el mapa hacia el Libro de los Secretos. Nuestra madre murió protegiéndolo para ti, su primogénita.
Martina recordó las palabras de Gris en el pasado: "Es importante que tu gente te ame... ¿Qué tal si yo te traiciono?". La ceguera de su propio corazón había sido su tumba. Pero ahora, con la llave de su abuela en la mano, sintió una vibración diferente. No era la magia de las brujas, era algo más antiguo, más oscuro.
—Gracias, abuela —susurró Martina, mirando el mapa que conducía a lo prohibido—. Te juro que haré buen uso de este libro. Me vengaré. Porque si algo ha odiado nuestra familia es la humillación, y ellos van a pagar cada grano de polvo en el que pretenden convertirme.
Continuará...




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