Chapter 1
Han pasado diez años desde que comencé a documentar e investigar sobre estas magníficas y misteriosas criaturas, seres que rompen el molde de lo normal.
Desde muy joven me intrigó lo que me rodeaba y lo que no podía entender. Cada investigación, cada viaje y encuentro me llevaron a ese momento, que —afortunadamente—no tiene retorno.
Si has abierto este libro, solo te queda rogarle a Bell que se apiade de tu alma.
Escucha lo que te digo, pues quiero ayudarte. Mi intención no es hacerle daño a nadie; pero la curiosidad es mi maldición, y ahora será la tuya.
No cierres el libro.
No lo extravíes.
Porque si lo haces, las criaturas que en él residen podrían atormentarte hasta el fin de tus días. Solamente tienes que terminarlo, y cuando lo hagas, agradece a las bestias y reconoce su benevolencia así ellas te dejaran ir en paz.
-T.J. Arbenz.
Registro 1
Año 1799 del calendario solar
Han pasado muchos años desde que decidí escribir esto y creo que es momento de continuar. No he perdido la práctica de esto, ya tengo un buen registro de mis aventuras, es solo que no sabia como iniciar. Pero ahora lo se, comenzare desde ese día, el día que cambio todo.
Recuerdo que fue durante una tarde de otoño. Me encontraba en la habitación de entrenamiento del castillo, con la respiración acelerada, y el corazón que me zumbaba en los oídos, las gotas de sudor no dejaban de caer por mi rostro. Con una rodilla en el suelo tratando de recuperar el aliento cuando por el rabillo del ojo divise una sombra acercándose velozmente, reaccione de inmediato y pude bloquear un par de nudillos que me atacaron. Me cubrí con mis brazos y cuando tuve la oportunidad me alejé rodando sobre la estera. Al ponerme de pie y recuperar el equilibrio, pude tener mejor visión de quien me atacaba.
—Esas semanas en aislamiento no te sirvieron para nada. ¿No crees Naerys? —Me froté el cuello haciéndolo crujir, girándome hacia ella.
Debo admitir que no soy una persona a la que se le de bien expresarse, sin embargo, suelo serlo con ciertas personas. Siendo Naerys parte de este grupo reducido.
Prefiero que mis acciones hablen por mi, y por eso es que estaba en ese lugar, para expresarme sin remordimiento. Pero cuál era la razón por la que estaba luchando con Naerys, pues la respuesta es algo complicada, y para hacerlo más simple, es porque somos cazadores de monstruos. O como yo prefiero que nos llamen, "investigadores de criaturas mágicas".
—Tal como yo lo veo el único oxidado aquí, eres tu — Naerys extendió los brazos sobre su cabeza haciendo crujir todos y cada uno de sus huesos, cambiando la postura separando los pies, y llevando los brazos cerca de su rostro, cerrando las manos en puños. — ¿Te enseño que estuve haciendo todo ese tiempo?
—Por favor. Ilústrame querida asistente. —Tal cual si hubiese presionado un interruptor en ella, la mirada de Naerys se volvió hostil, y se abalanzo sobre mi.
Los golpes eran una combinación de puñetazos y patadas precisas y pesadas. Haciendo que casi rompiera mi defensa. Puede que ella olvidar que era una simple sesión de entrenamiento,
—¡Naerys! Oye solo fue una broma. — Me faltaba el aire y el cuerpo comenzaba a dolerme, pero no me hiso caso. Me lo merecía. Logro tomarme del brazo izquierdo y en un movimiento lo puso en mi espalda. El dolor era intenso, pero no me doblegue.
Al ser cazadores debemos tener agilidad a la hora del combate, —y agradezco que no tuviese alguna arma cerca—. Como sea, fueron las provocaciones las que habían hecho cambiar a Naerys, olvidado el objetivo principal.
¿Me pregunto qué clase de cosas habrá soportado durante el tiempo que la separaron de mi, para que haya tenido un giro tan drástico? A comparación de los primeros días de estas sesiones, ahora su semblante era serio, como si no le importara matar; ya no era esa misma chica tímida y frágil que conocía, pero esa tenacidad que la caracterizaba no hizo mas que aumentar.
En ocasiones se mordía el cabello cuando no lo tenia recogido en un par de coletas al estar cerca mío, y sus ojos verdes que antes me evitaban ahora ya no lo hacían. Esa tención entre nosotros que antes se tenia, fue desapareciendo poco a poco, hasta llegar a esto, que me trate como a un igual — cosa que para mi no es común— me ponía nervioso. Pero a pesar de que solo había trascurrido un año, aprendió mucho del oficio, después de todo, esto no es para los débiles, ya que eso te separa de estar vivo a ser un cadáver, o peor, alimento de monstruos.
Siempre me ha intrigado cómo las criaturas se desenvuelven en la cacería, como es su estilo de vida; desde pequeño siempre me lo pregunté cuando me contaban las historias de estos seres. Pero por desgracia o por fortuna, en mi familia se tiene la regla y tradición de que a cada nuevo iniciado, se le da un acompañante que debe mantener a raya el gen de la curiosidad de la familia, aunque Naerys me he dado ciertas libertades, que puedo decir, cada uno de mis antepasados a arriesgado su vida en nombre del saber, todo por un propósito, saciar ese deseo ferviente de lo que no se sabe.
Me logre soltar lanzando mi cabeza hacia a tras golpeando su nariz. Luego me voltee hacia Naerys mientras que ella rápidamente cubrió su rostro. Justo después de eso ya no me dio tiempo de contratacar y ella respondió con una serie de ataques consecutivos.
Naerys no se detuvo, patadas, ganchos al estómago, y golpes secos dirigidos a mi cara, eso era el huracán de golpes que ella me propinaba. Logre quitarla de encima al golpearle en la parte superior del vientre, ella retrocedió algunos pasos, sujetándose con fuerza donde le había golpeado.
— ¿No cree que golpear a una dama no es de caballeros, amo? —Esas palabras arrastradas por el cansancio solo la hicieron sonar más amenazante.
—Lo sería si en este momento fuera Thainicaro quien hablara contigo, querida Naerys —Le respondí con tono burlón. —Pero solo estamos tú y yo.
Intercambiamos miradas asesinas, y la sonrisa que teníamos ambos fue suficiente para que supiéramos que debíamos continuar. Bástame decir que tras esa pequeña pausa ambos nos lanzamos uno contra el otro con todas nuestras fuerzas, y fue en un descuido tras haberme confiado, que Naerys tomo mi brazo izquierdo y usando mi propio peso logró levantarme del suelo haciéndome girar, y posteriormente caer de espaldas el suelo.
El golpe fue tan grande que me hizo rebotar la cabeza sobre la estera. Solo puedo recordar una oscuridad inmensa que me atrapó y mi cuerpo se sintió pesado, después, una luz me encandiló la vista y una imagen vino a mi. Vi a una mujer de larga cabellera, de un tono verdoso, con una piel sumamente fina de un fucsia brillante, y una caja de cristal que la apresaba.
''Ayuda, por favor. Ayuda." Fue lo que decía entre sollozos. A su alrededor vi a muchos hombres y mujeres, riendo y mofándose, contemplando a la mujer como un trofeo. El miedo me invadió y sentía como mis fuerzas se desvanecían. Esto no provenía de mí, era de esa mujer, cuya belleza no tenía descripción. El lugar era sumamente lujoso. Al volver mi vista la mujer había desaparecido. Luego me traslade a otro lugar, era frio y húmedo, a mi oído llegó un llanto, tan melancólico que me destrozó el corazón. Al dirigir mi vista hacia la fuente del sonido, vi a la misma mujer sobre el suelo con la cara oculta entre las rodillas, no pude acercarme más, ya que una reja nos separaba. Al percatarse de mi, me vio como si ya supiera que yo estaba ahí desde un principio, elevó su visita y al cruzar nuestras miradas, en un acto de desesperación trato acercarse a la reja pero los grilletes que la tenían sujeta no se lo permitieron. Extendió su mano a través de los fríos tubos de metal hacia mi dirección.
—¡Sálvame! Por favor ¡sálvame!
Cuando la visión cesó, Naerys se encontraba sobre mi agarrando el cuello de mi camisa mientras me amenazaba con su puño. Me incorporé sobre la estera; sentí mis manos frías, y el cuerpo entumecido, y ella se extrañó al ver la reacción en mi rostro.
—¿Pasa algo?— preguntó mientras me soltaba —¿ O prefieres continuar? —Se puso de pie extendiéndome la mano.
—Hay que prepararnos. —Le dije mientras me acomodaba la camisa y regresaba en mí.
—¿Qué viste?—preguntó sin una pizca de duda o miedo. Mientras terminaba de ponerme en pie —¿Dónde está?
— Al Noroeste, en Rushtan.
Nos dirigimos a la salida de la habitación y cerré la puerta luego de que ella pasara y caminamos por el gran pasillo que estaba iluminado con candelabros.
El sonido de las botas se ahogaba en la alfombra de color vino tinto con encajes dorados. Caminamos hasta llegar a otra puerta que daba paso una estructura que conectaba al jardín sur, luego avanzamos hasta llegar a las escaleras de caracol que nos dirigieron al pasillo que conectaba con la sala de la entrada principal.
Continuará...
Notas del Autor:
Un saludo a todos los lectores. Me siento muy feliz de finalmente poder escribir esta historia después de tanto y compartirla con ustedes. Debo confesar que es mi primer proyecto así que no estoy seguro como saldrá, espero esta historia les guste tanto como a mi me gusta, espero contar con su apoyo para seguir publicando mas capítulos. Trataré de subir uno cada semana








