PrΓ³logo
La profecΓa del Γ‘ngel
La noche en que naciΓ³ el heredero del imperio, el cielo se partiΓ³ en dos, no fue una tormenta comΓΊn.
Las nubes se abrieron como una herida y un relΓ‘mpago blanco atravesΓ³ el firmamento, iluminando los templos, los palacios y los barrios olvidados de la capital.
En el Santuario de las Voces Eternas dentro de la Catedral de Astra, el orΓ‘culo despertΓ³, era un anciano de piel translΓΊcida y ojos tan blancos que parecΓa mirar mΓ‘s allΓ‘ de la realidad. Nadie recordaba cuΓ‘ndo habΓa llegado al templo aunque algunos decΓan que habΓa vivido allΓ por siglos.
Otros afirmaban que jamΓ‘s habΓa nacido realmente, que era un invento de los sumos sacerdotes para mantener a raya al pueblo ganando respeto con sus profecΓas, pero todos sabΓan una cosa, cuando el orΓ‘culo hablaba, los reinos escuchaban.
Aquella noche lo encontraron temblando frente al altar, los sacerdotes acudieron en silencio, envueltos en sus tΓΊnicas de plata, mientras las antorchas proyectaban sombras inquietas sobre las paredes de piedra.
βΒΏQuΓ© ha visto? βpreguntΓ³ el sumo sacerdote, inquieto porque hace mucho no tenΓan una profecΓa.
El orΓ‘culo respiraba con dificultad y sus manos huesudas se aferraban al borde del altar chorreando sangre como si estuviera tratando de mantenerse en este mundo, como si se hubiera arrastrado para llegar al altar, desgarrando asΓ sus manos.
Y entonces hablΓ³.
βEl imperioβ¦ βsu voz era apenas un susurro cortadoβ. El imperio tendrΓ‘ un Γ‘ngel.
Los sacerdotes intercambiaron miradas, algunas perplejas, otras temerosas y otras contentas con la bendiciΓ³n de dios.
βUn emperador bendecido por los cielos βcontinuΓ³ el ancianoβ. Un corazΓ³n puro, un alma sin mancha, un guerrero que nos guiarΓ‘ sabiamente al triunfo.
El sumo sacerdote inclinΓ³ la cabeza.
βEntonces es una bendiciΓ³n.β Suspiro aliviado pues esto arreglarΓa todo en el imperio, esto cambiarΓa todo.
El orΓ‘culo comenzΓ³ a reΓr pero no fue una risa alegre, fue una risa quebrada, casi desesperada.
βToda luz proyecta sombraβ¦β Gesticulo con sus fuerzas nulas y sus ojos desorbitados.
Las antorchas parpadearon violentamente,el anciano levantΓ³ el rostro hacia el techo del santuario mirando los angeles pelando con los demonios en la pintura.
βPorque donde nace un Γ‘ngelβ¦ tambiΓ©n despierta una serpiente.
El silencio se volviΓ³ pesado y los sacerdotes se miraron con temor unos a otros.
βElla llegarΓ‘ envuelta en rojo βsusurrΓ³β. Hermosa como el pecado, peligrosa como el deseo.
Los sacerdotes se miraron con inquietud.
βEl Γ‘ngel deberΓ‘ mantenerse puro βcontinuΓ³ el orΓ‘culo con voz cada vez mΓ‘s cansadaβ. Hasta el dΓa de su coronaciΓ³n, sin tentaciones, sin pecado.
Su voz se quebrΓ³. βPorque si escucha la voz de la serpienteβ¦
El viento atravesΓ³ el santuario y las antorchas se apagaron al mismo tiempo, cuando la luz regresΓ³, el orΓ‘culo estaba muerto.
Pero sus ΓΊltimas palabras quedaron grabadas en los registros sagrados del imperio.
"El dΓa que el Γ‘ngel mire a la serpiente, el destino del imperio comenzarΓ‘ a arder."
AΓ±os despuΓ©s en el salΓ³n imperial, las puertas se abrieron.
Y el Γ‘ngel la vio por primera vez, tan hermosa y tan divina como un pecado.








