~Instinto no es amor~
-...mnh... ngh... mier... mnh...~-
El contacto apenas se rompía. Solo lo justo para respirar antes de volver a cerrarse. El aire entraba tarde, incompleto.
Las manos lo sujetaron por la cintura y lo acercaron sin pedirlo. No había prisa, tampoco duda. La piel quedó expuesta bajo la ropa, recorrida con una seguridad que no dejaba lugar a errores.
La pared apareció a su espalda de golpe. El espacio se redujo hasta desaparecer. Intentó moverse, pero cada intento terminaba igual: más presión, menos salida.
El jadeo se le escapó sin permiso. Los dedos se aferraron a la chaqueta, arrugándola, buscando distancia donde ya no existía. Empujó. No alcanzó.
Al separarse, un hilo de saliva todavía unía sus labios. La respiración de ambos estaba alterada; el cuerpo reaccionando a algo reciente, abrupto, mal contenido.
-No pienses que lo hago porque quiero -dijo Itadori, seco, sin rodeos.
-Ya lo sé -respondió Fushiguro con la misma frialdad.
Pero algo le golpeó el pecho al oírlo. No porque no lo supiera, sino porque esas eran palabras que no quería escuchar... y aun así, las había esperado.
El recuerdo de cómo había terminado contra la pared volvió con demasiada claridad.
.
.
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Itadori y yo solíamos llevarnos bien. Éramos amigos, aunque nuestra relación nunca fue sencilla. Demasiado roce, demasiada competencia encubierta. Aun así, funcionaba.
Todo se fue a la mierda el día en que se supo que Itadori era un alfa hiperdominante.
Desde entonces, nada volvió a ser neutral.
Yo soy un omega dominante. Siempre lo he sido. Nunca necesité bajar la cabeza ante nadie. Pero cada vez que Itadori se acercaba, algo en mí se tensaba. No era miedo. Era una alerta constante, una sensación de invasión que me ponía en guardia antes incluso de pensarlo.
Como si mi omega supiera algo que yo me negaba a aceptar: que no era solo competencia lo que estaba creciendo entre nosotros.
Pero no era el único que se sentía así.
Después de un par de días evitándolo -necesitaba espacio, necesitaba dejar de sentirme invadido- noté el cambio en él. Como si se hubiera dado cuenta de lo que me provocaba su cercanía. Y, en lugar de detenerse, decidió empeorarlo. Como siempre.
Itadori empezó a acercarse solo cuando estaba obligado. No por intención, no por voluntad. Y cada vez que lo hacía, soltaba deliberadamente sus feromonas dominantes. No era sutil. Era un mensaje claro, dirigido solo a mí: no eres el único dominante aquí.
Eso fue lo que terminó de encenderme.
Lo que había comenzado como una amistad se deformó en algo distinto. Una rivalidad silenciosa, tensa, sostenida por el choque constante de voluntades. Yo había sido el único omega dominante durante mucho tiempo. Eso significaba respeto. Espacio. Control.
Y entonces apareció él.
Un alfa hiperdominante que no necesitaba levantar la voz para imponerse, que ocupaba demasiado lugar con solo estar presente. Cada encuentro me dejaba la misma sensación: no de derrota, sino de invasión.
Como si algo que era mío estuviera siendo disputado sin haberlo permitido.
No, no era eso. Mi orgullo no lo permitía.
Hasta entonces, todo había girado en ese mismo eje. Tensión contenida, roces constantes, miradas que nunca terminaban de apartarse. Pero volvió a haber un quiebre. Uno mucho más marcado.
Ocurrió durante una fiesta en la academia. Estaban casi todos: estudiantes, ruido, música, vasos que no dejaban de llenarse. Con el alcohol, las feromonas comenzaron a soltarse sin control.
Yo no bebí. Soy sensible al alcohol y, además, tenía cosas pendientes esa noche. Aun así, no tardé en notar que él tampoco había tomado nada. Estaba sobrio. Y claramente molesto.
Las feromonas ajenas lo estaban irritando. Se notaba en su postura, en la tensión de sus hombros. Entonces liberó las suyas.
Mi cuerpo reaccionó al instante. Me puse en guardia. No iba a permitir que intentara someter a todos en la sala. Mucho menos a mí. No esta vez.
Estaba a punto de decirle algo -insultarlo, si era necesario- cuando lo vi equivocarse de vaso. No lo dudó. Bebió. Alcohol fuerte.
El cambio fue inmediato.
El murmullo del salón se apagó poco a poco cuando todos lo notaron. Sus feromonas se intensificaron, perdiendo control. El alcohol lo había afectado más de lo que esperaba. Tanto que incluso... entró en celo.
Me levanté de la mesa sin pensarlo. Me acerqué a él.
Y le di una cachetada.
-¡¡¿Se te ocurrió beber alcohol y entrar en celo?!! -le grité-. ¡¿Eres imbécil o qué?! ¡Sabes perfectamente que hay gente aquí, y aun así decides soltar tus feromonas para atraerlos.!
La mano todavía me temblaba por la cachetada. No la bajé. No me arrepentía. Todavía no.
Él se levantó despacio de la silla. Cuando alzó la vista, no me miró como a un igual. Me miró como si yo fuera su objetivo. Sentí el temblor recorrerme los brazos, pero no retrocedí. Le sostuve la mirada y liberé mis propias feromonas, cargadas de irritación.
-Itadori. Fushiguro. -La voz del profesor sonó firme-. Cálmense ahora y regresen a sus sitios.
No lo escuchamos. O no nos importó.
Estábamos en otra cosa. En otro punto sin retorno.
-Arrepiéntete ahora -ordenó Itadori-, o te aseguro que no la vas a pasar bien.
Eso terminó de sacarme de quicio. Estuve a punto de volver a golpearlo cuando su mano atrapó mi muñeca y la apretó con fuerza. El dolor fue seco. Mi mirada se llenó de puro odio.
-Suéltame -dije-. Ahora.
No me di cuenta en qué momento el profesor intervino. Fue demasiado rápido. Un movimiento preciso y seco, y el cuerpo de Itadori cayó sin resistencia.
Me mordí el labio inferior. La rabia seguía ahí, intacta, pidiendo salir. Quería golpearlo incluso inconsciente. Quería hacerlo pagar. Pero había demasiadas miradas encima, demasiado silencio atento.
-Lo siento mucho, Fushiguro -dijo el profesor, visiblemente preocupado-. Hablaré con Itadori después. Puedes volver a tu habitación.
-Bien.
Mi voz salió fría, correcta. Por dentro, la ira seguía ardiendo, concentrada en un solo punto. Las ganas de volver y estrellarle el puño en la cara me acompañaron hasta que me di la vuelta.
No lo hice.
Pero no porque no quisiera.
Fui a mi habitación después de ver cómo el profesor le inyectaba el supresor líquido. No miré atrás. Me alejé con pasos firmes y cerré la puerta de un portazo.
Me dejé caer en la cama, con la intención de dormir. No pude. La rabia seguía demasiado presente, vibrando bajo la piel, negándose a apagarse.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que escuché una puerta abrirse en el pasillo.
Era tarde.
La curiosidad terminó ganando. Salí de mi cuarto y vi la puerta de su habitación abierta. Itadori estaba apoyado en la ventana, la silueta recortada contra la oscuridad, mirando las estrellas como si nada hubiera pasado.
-Anda, duérmete -ordenó sin mirarme, la voz firme, cargada de enojo.-
No me des órdenes -respondí al instante. No fue valentía. Fue orgullo.
Se giró entonces.
-¿Por qué carajos eres tan terco? -dijo-. ¿No ves que es peligroso para ti estar cerca de un alfa en celo?
Me tensé. Recién entonces lo noté con claridad. El supresor no había hecho casi nada. Su presencia seguía pesada, densa.
Estaba a punto de responder cuando se acercó. Demasiado. Me acorraló apenas, lo suficiente para obligarme a retroceder contra la pared.
Estaba a punto de responder cuando se acercó. Demasiado. Me acorraló apenas, lo suficiente para obligarme a retroceder contra la pared.
-¿Q-qué haces...? -pregunté, incrédulo.
Intenté apartarme, ganar espacio. No me lo dio. Se inclinó y habló cerca de mi oído, la voz baja.
-¿Por qué no te das cuenta de que mientras más sueltas tus feromonas... más me excitas?
Me quedé inmóvil.
¿Yo...?
El frío me recorrió el cuerpo al comprenderlo. No había notado mi propio enojo, la intensidad con la que lo había estado conteniendo. Y sin darme cuenta, lo había estado provocando todo este tiempo.
Fue entonces cuando lo noté.
Fue cuando noté que su miembro ya estaba erecto, y parecía muy duro. Me sonroje y lo mire, ¿había estado así de duro desde que nos vimos? Pues no parecía tan reciente.
Él bajó la cabeza y apoyó la frente contra mi hombro. El gesto fue mínimo, pero me desarmó. Por un instante, sentí su debilidad, pesada y real, contrastando con todo lo que había mostrado antes.
-Ayúdame -murmuró-. Tú eres el único que me afecta así. Por favor.
Eso fue lo que terminó de romperme.
Mi orgullo reaccionó primero, furioso, negándose incluso a considerarlo. No después de todo. No con él. Pero mi omega... mi omega sintió otra cosa. Compasión. Algo cercano al impulso de sostenerlo. Era la primera vez, en meses, que lo veía así: expuesto, pidiendo, sin máscaras.
El conflicto fue breve. Doloroso.
-Está bien.
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
Alzó la cabeza de golpe.
-¿Lo dices... en serio? -preguntó, tan sorprendido que casi me enterneció.
Lo miré con fastidio, intentando recuperar algo de control.
-Sí, idiota.
-Lo siento, sé cómo me comporte hace un momento y quería pedirte discul-...
-Solo cierra la boca y bésame- lo interrumpí porque me dio pereza escuchar sus disculpas y explicaciones, le dí acceso rápido a que me besara.
Con libertad, él me tomó de la cintura y comenzó a besarme. Primero, empezó con un beso tranquilo pero urgente; luego, comenzó un beso en competencia por quién dominaba el beso.
Me lo tomé en serio, pero cuando abrí los ojos un poco, vi que se excitaba más. Ahí entendí que realmente todo esto solo le servía para excitarse conmigo y a mi orgullo.
Quise enojarme con él, pero luego recordé que estaba borracho y en celo, por lo que podía hacer lo que quisiera y él no lo recordaría.
Con esa libertad en mente, decidí dejar de lado mi orgullo y seguir con mi omega interior, que respondía a las atenciones con calor.
-A la mierda con esto...
Jadeé, luego me pegué más a él y lo besé nuevamente. Enrollé mis brazos en su cuello, pero luego sentí cómo sus manos se posicionaron en mi cintura y luego las metió en mi ropa.
-A-ah... mier... mnh...
No pude evitar gemir; el contacto de sus manos en mi piel se sentía caliente y muy bueno. Inconscientemente, empujé mi cintura hacia sus manos, como dándole acceso a que siga con lo que hace.
-Entremos a la habitación... ya no aguanto más.
Me dio urgido; notaba cómo su miembro se ponía cada vez más duro y eso, de alguna manera, me excitó también.
-Bien... e-entremos.
-°•-♧-•°-
El colchón suave golpeó contra su espalda. Por la suavidad de primera clase contra su piel, era claro que estaban en el cuarto del alfa por sus feromonas tan fuertes.
Cuando Itadori se acercó a él, y se acercó mucho a su boca, casi rozando sus labios. Fushiguro se sintió algo invadido pero a la vez deseoso de ese alfa. Su omega ronroneo en aprobación por lo que luego sintió cómo Itadori atacaba sus labios con algo de desesperación.
De manera gustosa Fushiguro le dio paso libre en su boca, los labios del alfa del hombre eran absolutamente lo mejor que había probado en su vida. De manera experta lograron hacer temblar sus piernas y dormir sus sentidos. Las manos del alfa empezaron a hacer masajes en su cuello y luego bajaron lentamente hacia sus pezones
Con un cierre en sus dedos los apretó ligeramente, provocando un jadeo en respuesta, el cual solo do paso libre a la lengua de Itadori para conquistar en totalidad la boca del omega. Fushiguro estaba empezando a tener dificultades para respirar, realmente ese alfa lo estaba devorando con una maestría increíble.
-Dios... mgh.... ah...-
Gimió Megumi cuando el alfa traslado su boca hacia sus pezones, succionando sus botones rosas por encima de la ropa. Rápidamente sintió un líquido resbaladizo entre sus muslos, el olor era embriagante incluso para Itadori.
Con excitacion palpable y notable vió como el alfa frente a él se quitaba las prendas posteriores, Itadori al ver que Megumi estaba algo pegado al ver su cuerpo definido. Agarro la mano del omega y la puso en su pecho, luego guió su mano hasta abajo y se detuvo en su bulto muy bien empaquetado y duro.
-Maldito presumido....
-Pero no pareces disgustado.
Itadori agarro los muslos de Megumi y los alzó, poniéndolos sobre su hombro. Luego agarro el borde de su pantalón y los fue sacando, dejando completamente desnudo a Fushiguro en la parte de abajo.
Fushiguro estaba apunto de insultarlo, pero fue cuando se quedó en seco al sentir la lengua de Itadori en sus muslos. Ya para rematar Itadori casi arranco la camisa de Fushiguro.
-¡¡Ngh!!~....- Gimió Fushiguro cuando sintió una mordida en su glúteo derecho.
-Estas muy húmedo- murmuró Itadori, provocando un sonrojo muy notable en el rostro de Fushiguro.
-¡¿Q-qué estas- ¡Ah!- exclamó el omega cuando sintió la lengua de Itadori en su agujero, para finalmente hundirlo en él- N-no... espera... ahí no.... ah.
Pero sus súplicas fueron ignoradas cuando el alfa contesto introduciendo más su lengua en ese estrecho y apretado agujero, Megymi comenzó a gemir más efusivamente. Sintió que iba a desmayarse de la excitacion cuando sintió cómo Itadori metía dos dedos dentro de su boca. Megumi a regañadientes tuvo que lamer sus dedos, pasando su lengua por la punta de sus dedos y bajando hasta el principio de sus dedos.
Cuando los dedos estuvieron lo suficiente húmedos, el alfa los retiro y dejo libre el trasero de Megumi, antes de que pudiera quejarse un dígito se introdujo lentamente, provocando un ardor en esa parte de su cuerpo. Fushiguro nunca se había sentido tan extraño cuando el dedo comenzó a moverse dentro de él.
Ese solo dígito lo estaba llevando al cielo.
Su omega se regocijo cuando un segundo dedo fue introducido, preparándolo bien para poder recibir al alfa de la manera menos dolorosa posible.soltó un jadeo cortado cuando esos mismos dedos empezaron a moverse en forma de tijera, jugando con su agujero de manera obscena, sabía que no iba a resistir por mucho tiempo más cuando el alfa retiro sus dedos y empezó a alinearse.
-voy a entrar.
Fushiguro se tenso, apretó las manos en la sábana y se preparó. Se sentía húmedo y pegajoso todo, pero no se quería apartar aún.
-¡¡Ah, Carajo!!...
Fue la primera reacción que tuvo megumi al sentir eso, solo era la punta que había metido pero de sentía ganas grande, y era muy estimulante el como su agujero se agradaba más mientras más entraba en el.
-no grites muy fuerte, y relájate. Estas muy apretado.
Itadori puso sus manos en la cintura de Fushiguro y lo atrajo hacia el, metiendo un poco más su miembro.
Mientras que los ojos de Fushiguro estaban dilatados del placer que tenía, su cuerpo no podía soportar tanto en un solo día. Todo era un conflicto.
-¡Mmh!- Fushiguro mordió la almohada frente a él para no gritar por el dolor. El alfa era muy grande.
Mientras se introducía lentamente en el chico Itaodir sintió su excitación crecer en la estrechez del joven, con un último empujón lo llenó por completo.
Controlándose para esperar a que él omega se ajustara, lo jalo del pecho con sus brazos para voltear su cara en un beso hambriento. La lengua del hombre distrajo a Fushiguro del dolor en su parte trasera y su propio miembro empezó a palpitar, cuando estuvo listo movió sus caderas provocando un gemido en ambos. El alfa movió su miembro de manera lenta y pausada.
-M-más...Ngh!-pidió el omega. Itadori empezó a incrementar sus embestidas causando más gritos de excitación en el chico que solo hacía más fuertes sus movimientos, con una mano rodeó el cuello del omega para acariciar su glándula de apareamiento.
-¡Ah!...N-no toques ahí o m-me vendré!- pidió Fusiguro entre gemidos. Casi eyaculó cuando la mano del alfa tocó su miembro para empezar a masturbarlo. El sonido obsceno de la piel chocando inundó toda la habitación, los jadeos del alfa y las súplicas del omega podrían hacer enrojecer incluso a la mejor puta de Tokio.
El omega no pudo aguantar más cuando el alfa tocó un punto dentro de él, golpeándolo con una puntería increíble, una y otra vez atacándolo de manera dulce y sin piedad, con un fuerte jadeo se vino en la mano de Itadori.
Trato de regular su respiración y calmar su libido, sintió las manos del hombre acariciarle de manera casi cariñosa.
Antes de que pudiera tomar un respiro el alfa lo alzó en brazos y lo recargó de espaldas frente al enorme ventanal de la habitación, Fushiguro soltó un jadeo de sorpresa cuando el frío cristal se sintió en su espalda. Sus piernas fueron levantadas y el alfa se introdujo nuevamente de una sola estocada. Por alguna razón sentía la mirada de todo Tokito mientras se lo follaban.
-Eres increible. A pesar de haberte venido ya, tú agujero sigue succionándome- le susurró el alfa en el oído. Con una fuerte embestida del alfa y la fuerte mirada dorada de él; Fushiguro soltó más de su aroma, nublando por completo el poco juicio que le quedaba a Itadori. Sin piedad salió y entró del omega de manera rápida y agresiva el omega sentía su miembro despertar de nuevo.
Mordiendo fuertemente sus pezones, el alfa empezó a gruñir más fuerte. De manera automática ladeó su cuello mostrando su glándula, el alfa inmediatamente dirigió su boca al cuello del pelinegro, pasando su lengua por toda la piel del omega.
-Hazlo- incitó Fushiguro, no sabía que estaba pidiendo pero su omega hablaba por él. El alfa dentro de Itadori gruñó satisfecho al ver la piel expuesta ante él, sintiendo sus colmillos picar y el nudo apuntó de formarse, ignoró todas las señales de alerta que había aprendido de su abuelo para evitar situaciones así.
Sus lobos se enredaron de manera compatible, el alfa de Itadori reconoció al joven frente a él como una pareja totalmente adecuad.
Y con un solo sentido de posesividad, mordió fuertemente el cuello del chico.
Fin del capitulo 1.








