La promesa de Esther
Había una… no, no, no. No escribiré mi historia con el típico inicio de los cuentos. Eso es lo que todos quieren, pero le daremos un gran giro a esta trama…
En un mundo cruel, en el cual si tú haces algo malo más adelante lo vas a pagar, se encontraba una niña… niña que desde antes de estar en el vientre de su madre Dios la había elegido. Ella pasó por el dolor de perder a su padre a temprana edad y luego casi pierde a su madre, por eso le tocó madurar antes de tiempo. Ella lleva por nombre Esther.
Déjenme contarles que su mayor deseo era estudiar y ser cirujana… ella es educada, empática, bondadosa e inteligente, y le tocó pasar por algo nefasto. A la edad de 11 años le tocó tomar decisiones que solo algunos de los adultos pueden. Cuando digo que solo algunos adultos pueden, lo digo por la madurez… pero nunca me imaginé que esta niña, a su edad, iba a tomar ese tipo de decisiones.
Al encontrarse con que su madre tenía un problema de salud y saber que no vivió mucho con su padre, ya que él falleció cuando ella tenía tan solo 5 años, decidió pasar tiempo con su madre. Ella la amaba con todo su corazón, y no solo decidió pasar tiempo con su madre, sino que también decidió dejar la escuela por un tiempo.
Sé que se preguntarán dónde estaba su familia… la familia estaba con ellas, las ayudaban. Incluso no querían que Esther dejara la escuela porque era solo una niña. Pero ella no quería ir a la escuela. Su madre no podía comer, se puso delgada, a tal manera que no pesaba mucho… nadie creía que se iba a sanar.
Ella no sabía qué era lo que tenía su madre, pero sabía que era algo malo, algo que quizás la iba a matar. Esther no dormía, pasaba malas noches porque su mamá en las noches empeoraba.
Hasta que un día hizo algo que en ese momento nunca creyó que iba a rendir frutos, porque no conocía mucho de eso y quizás en ese momento pensaba que no la iban a escuchar. Ese día habló con Dios, habló con Él en su casa, sentada en la sala.
Entre lágrimas, le dijo:
—Dios, yo sé que tú puedes sanarla, y sé que tal vez todo esto sea un propósito… pero yo no quiero verla sufrir más. Si tú la sanas, yo te voy a entregar mi vida.
Y ella en ese momento no recibió respuesta, pero aunque en ese momento no escuchó lo que quería y pensaba que Dios no la había escuchado…
Más adelante llegó un ángel a sus vidas. Le dicen ángel porque desde que pasó todo eso él se desapareció. Nunca volvieron a saber de él… fue como si nunca hubiera existido, y él las ayudó mucho.
Un día Esther la estaba cambiando y su mamá vio a alguien. En ese momento Esther no entendía porque era algo espiritual y ella no veía lo que su mamá veía. Ella llegó a pensar que ya se iba y estaba delirando, porque decía:
—Yo no me voy, no puedo dejar a mis hijos solos.
Ella decía que el hombre la estaba llamando y le estaba diciendo:
—Ven conmigo.
Pero ella no quería…
Después de eso le preguntaron quién era ese hombre que ella estaba viendo, y ella contestó diciendo:
—Era Gabriel.
Gabriel era el hermano de la abuela de Esther que había fallecido, y ustedes pensarán que sí, que era él, o que él venía para llevársela al cielo… pero no, porque ella aprendió que los muertos no reviven. Quizás era una entidad maligna, no sabía qué era.
Después de eso todo comenzó a mejorar. Su mamá se empezó a sentir bien, empezó a comer, empezó a subir de peso. Todo mejoró. Incluso Esther regresó a clases.
Y pues en ese momento se le había olvidado el pacto que hizo con Dios, porque sí… eso fue un pacto. Por eso se sanó su madre, porque Dios la escuchó y ella no entendía eso en ese momento. Se le olvidó lo que le dijo a Dios.
Ella sabía que Dios la había sanado, pero se le olvidó lo que le dijo.
Luego un chico y una chica en su barrio se entregaron a Dios y ella empezó a ir a la iglesia con ellos, porque la invitaron. Se entregó a Dios y todo empezó a salir bien.
¿Se acuerdan de que les dije que Esther regresó a clases? Pues sí, y repitió año, pero no el año entero, porque como en su escuela sabían por lo que había pasado, y además sabían que Esther es una joven inteligente, le dieron una prueba.
Esther la pasó con la calificación máxima e hicieron un trato: que si Esther reprobaba en el curso al cual la subieron, la iban a bajar. Pero como Esther es una chica inteligente, nunca ha reprobado.
Moraleja:
En realidad no estuvo bien que Esther dejara la escuela, pero ella al ver que su papá falleció y que su mamá tenía una enfermedad y estaba tan grave que pensaban que ella iba a fallecer decidió vivir con su madre lo que no vivió con su padre, porque en el cuento se menciona que su papá falleció cuando ella tenía 5 años y ella no recordaba casi nada de lo que vivió con su papá, incluso no se acordaba de cómo era, decidió quedarse con su madre.
Ahora hablemos de lo divino. Vemos que Esther no creía que Dios la iba a escuchar… y eso deja una gran reflexión, ya que a veces decimos las cosas y pensamos que nadie nos escucha, pero no es así, porque Dios siempre nos escucha y siempre está ahí para ser nuestra luz en la oscuridad y para ser nuestro hombro de apoyo.
Es increíble cómo Dios refleja su poder en nuestros momentos más difíciles. Es increíble cómo Dios nunca nos defrauda, aunque nosotros pensemos que estamos solos, no lo estamos. Esther hizo algo bueno porque siempre estuvo ahí para su madre y Dios la premió, porque Dios sabe cuál es nuestro deseo y como Dios sabía que el deseo de Esther era estudiar y tener buenas calificaciones, Dios hizo ese milagro y la ayudó.
Tú que estás leyendo esto, quiero que sepas que en este mundo no solo existe la opción de hacer lo malo, sino que también puedes hacer lo bueno, porque mira ese gesto tan hermoso que tuvo Esther por su madre, y desde ese gesto mira todo lo hermoso que le pasó. Dios le demostró su poder toda su vida a partir de eso.








