Dulce Obsesión by Velunna at Inkitt
Customize readability
Aa

Dulce obsesión

All Rights Reserved ©

Summary

Jesse sabe que está jugando con fuego. Lo que no sabe… es quién va a quemarse primero. Dos hombres. Dos formas de perder el control. Uno lo arrastra al peligro. El otro no piensa dejarlo escapar. Entre deseo, celos y una tensión que nunca desaparece, Jesse queda atrapado en un juego donde nadie gana… y donde rendirse puede ser la única salida. Porque algunas obsesiones no se eligen. Y cuando te encuentran… ya es demasiado tarde. ⚠️ Contenido adulto. Obsesión, celos y relaciones poco saludables.

Genre
Lgbtq
Author
Velunna
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1.Demasiado dulce para ser casualidad.

Escena 1


JESSE


Despierto con la sensación poco glamorosa de haber perdido una pelea contra mi propio volante. Mala señal. Muy mala.

La mejilla pegada. La marca seguro me va a quedar horas.

El sol me pega de lleno, sin ningún tipo de delicadeza, como si hubiera decidido que hoy es un buen día para castigarme por mis malas decisiones. Gimo bajito y parpadeo varias veces, esperando que el mundo vuelva a su lugar.

No lo hace de inmediato, pero tampoco tengo apuro.

Si algo aprendí, es que despertarse rápido nunca mejora la situación.

Estoy en mi auto. Perfecto.

Bien. Podría ser peor.

Intento incorporarme y no me muevo.

Ah.

—¿En serio? —murmuro.

Miro hacia abajo y confirmo lo que mi cuerpo ya sospechaba: estoy esposado al volante. Metal frío, bien cerrado, sin margen para discutirlo.

Me quedo mirándolas unos segundos, evaluando si esto es una broma elaborada o una advertencia. Ninguna de las dos opciones me gusta demasiado.

—Bueno —murmuro—. Esto es nuevo.

Las esposas me resultan… familiares.

No sé por qué, pero lo hacen. Hay cosas que el cuerpo reconoce antes que la cabeza, y esta es una de ellas. Decido no profundizar, todavía.

La cabeza me late, pero no lo suficiente como para entrar en pánico. Pánico es para gente con margen de maniobra. Yo, por ahora, tengo tiempo.

Dejo caer la frente otra vez contra el volante, con cuidado de no tocar la bocina. Sería una forma bastante triste de anunciar mi presencia. Tuve bastante atención por hoy.

Respiro hondo y observo alrededor.

Nada.

Absolutamente nada.

Campo, asfalto, silencio. Ni una estación de servicio fantasma como para darle dramatismo a la escena.

Lo único estratégicamente colocado, como un regalo envuelto con moño, es mi celular.

Demasiado prolijo para ser casualidad.

Claro…

Danthe.

No me dejó tirado. Me dejó encaminado.

Qué considerado.

No puedo evitar sonreír.

—Qué detallista.

Esto definitivamente no estaba en la agenda de mi día libre. Tenía planes. Café, cero estrés, tal vez no estar esposado a un volante en medio de la nada.

Pero bueno. Supongo que nadie es perfecto.

Exhalo.

Estoy metido en un lío monumental, eso está claro. Pero sigo vivo, más o menos lúcido, y con un teléfono.

He salido de peores con menos.

Hay una sola persona a la que puedo llamar…

Samuel.

Que seguramente va a reconocer esas esposas en medio segundo.

Y ahí está el verdadero problema: demasiadas preguntas, demasiadas explicaciones, demasiado “¿qué carajo hiciste ahora, Jesse?”.

Me río solo.

—Bueno, Jesse… —me digo—. Es momento de sacar a pasear todo ese encanto natural.

Si voy a estar en problemas… que al menos sean problemas con estilo.

Tomo el celular con la mano libre y marco.

La muñeca ya empieza a entumecerse . Debo llevar así más tiempo del que recuerdo.

Mientras el tono suena, dejo la mirada perdida más allá del parabrisas.

El sol cae perfecto, casi obscenamente hermoso para el contexto. El cielo está limpio, azul, como si el mundo hubiera decidido tener un buen día a propósito, solo para llevarme la contra.

Como si yo no estuviera atrapado en medio de la nada.

No me siento una víctima.

Me siento… en problemas.

Y curiosamente, sigo siendo yo.

Escena 2

A los muertos les pasa algo muy cautivador:

No te juzgan si hablás solo y prácticamente no esperan nada de uno.

No piden explicaciones, no hacen preguntas incómodas y jamás se acercan más de lo necesario.

El microscopio tampoco.

Por eso me llevo bien con ambos.

Está donde lo dejé. Enfocado. Callado. Obediente.

Si algo en mi vida funciona sin resistencia, suele ser un objeto.

Por eso mi trabajo es sencillo.

Lo difícil empieza cuando alguien vivo decide interrumpirlo.

Siento pasos detrás de mí. Entran sin avisar, como de costumbre.

—¿La doctora Campbell?

Me río.

No fuerte. No por burla. Es una risa breve, automática, de puro hábito.

—Le voy a cortar la ilusión —digo, sin girarme—, pero es doctor Campbell.

No me doy vuelta todavía. Me gusta ese segundo incómodo. Es educativo.

—Samuel Calder, investigaciones —responde.

Su voz suena segura, como si este lugar ya fuera suyo.

—El nombre confunde —agrega.

Los nuevos siempre hacen lo mismo: leen el nombre y la profesión, y lo demás lo descartan.

Como si la palabra “investigar” no viniera con el cargo.

—La carpeta no —contesto—. Página uno.

Me enderezo y lo miro.

Seguro. Demasiado relajado para alguien que acaba de equivocarse dos veces seguidas.

Su mirada de sorpresa lo delata.

—Treinta y ocho —agrego—. Antes de que lo piense.

Pausa.

—La edad también está escrita.

—No parece —dice.

—Sí, me lo dicen seguido —respondo—. Dígale eso a mi columna.

Eso sí le arranca una sonrisa.

—¿Y John? —pregunto, como si me interesara.

El detective piensa un instante.

—¿Carl?

—Ah… —digo, poniéndome de pie—. Con razón nunca me hacía caso.

—Lo trasladaron —responde, observándolo todo—. Nos vamos a ver seguido.

Sonrío.

—Perfecto —contesto—. Voy a anotar su nombre para que no pase lo mismo.

Lo miro de arriba abajo, divertido.

—Carl —repito—. Esta vez prometo intentarlo.

Samuel me mira unos segundos más de los necesarios. Sonríe, evaluando… más a mí que a la situación.

Después abre la carpeta.

—¿Qué tenemos, doc?

Sonrío también.

Ahí está. Confianza inmediata. Anotado mentalmente.

Me pongo guantes nuevos. Él me mira hacerlo con una atención innecesaria.

—Venga —digo—. Le muestro.

—Una muerte interesante. De esas que hacen que ustedes entren convencidos de algo… y salgan fastidiados.

Camino hacia la mesa de autopsias.

Samuel no me sigue: se me pone al lado. A la misma velocidad. A la misma distancia.

Como si estuviéramos caminando juntos desde siempre.

Corro la sábana.

—Marcas de asfixia —continúo—. Hemorragias en los ojos. Surcos en el cuello.

Samuel se acerca.

Mucho.

Demasiado para mí.

—Estrangulamiento —dice—. Manual.

—Eso parece —respondo.

Se inclina un poco más, con demasiada comodidad. Claramente a propósito.

Me corro apenas. Lo justo para que lo note.

—¿Siempre trabaja tan cerca? —pregunto.

—¿Le molesta, doc?

—No —digo—. Me distrae.

Samuel sonríe, curioso.

—¿Así de fácil?

—Depende —respondo—. Hay distracciones más interesantes que otras.

Sonríe. No se mueve.

Solo ajusta su posición para seguir quedando cerca.

—Perdón —dice, sin sonar arrepentido—. Costumbre.

Levanto un poco más la sábana.

—La fuerza aplicada fue irregular —sigo—. Demasiado tiempo. Demasiado contacto.

Lo miro de reojo.

—Demasiada intimidad para mi gusto.

Samuel deja de mirar el cuerpo. Me mira a mí.

—¿Alguien cercano? —pregunta—. ¿Una pelea que se fue de las manos?

—Podría parecer —digo.

Se acerca otra vez. Ya es un juego.

Uno que claramente disfruta.

—¿Así de cerca? —pregunta.

—Más —contesto—. Y sin respeto por el espacio ajeno.

Eso sí lo hace reír.

—No conocí muchos forenses que se muevan tanto —dice.

—No conocí muchos detectives tan insistentes —respondo.

Se acerca otra vez. Ya no disimula.

Inclina la cabeza, interesado.

—Entonces… homicidio.

Niego con la cabeza.

—No.

Su sonrisa se congela apenas.

—¿No?

—Las marcas del cuello no son de anoche —explico—. Son viejas. Repetidas.

Levanto la vista.

—Cicatrización parcial. Distintos intentos.

Se queda quieto por primera vez.

—¿Está diciendo…?

—Suicidio —digo—. Esta vez lo logró.

Samuel exhala despacio. Se aleja medio paso. Milagro.

—Entramos mal —murmura.

—Siempre entran mal —sonrío, quitándome los guantes—. Es parte del encanto del oficio.

Me observa distinto ahora.

—Interesante, doc —dice.

Me encojo de hombros.

—Me lo dicen seguido… por eso me pagan.

Meto la mano en el bolsillo de la bata y saco una paleta. El envoltorio cruje en el silencio demasiado atento de la habitación.

La desarmo con calma y me la llevo a la boca, despacio, como si no estuviera en una morgue.

Samuel me observa.

Lo sé sin mirarlo.

Lo confirmo cuando levanta apenas una ceja, intrigado, como si ese gesto mínimo le hubiera despertado más interés que cualquier otra cosa.

La saco de mi boca y se la muestro.

—¿Quiere?

Mi tono es liviano. Casi profesional. Casi provocador sin querer.

Samuel sonríe apenas. No se mueve.

—Estoy bien —dice—. Con mirar me basta.

Y su mirada… deja claro que no habla de la paleta.

Chapters
1. 1.Demasiado dulce para ser casualidad.
Let Velunna know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

PARIS IN THE DARK

Chiflaru: Interesting read and plot, a bird caged and clipped wings for too long...

Read Now
The Contract Wife

Lynne: Beautiful story very enjoyable.well done.

Read Now
The Easter Bunny

Lynne: Beautiful short story with a happy ending.luved it.

Read Now
An Irish Match

Elisa_sims: I really appreciate the creativity in your story. I'd love to discuss it with you sometime

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

Victoria: I liked how you described everything so clearly. It made the story very immersive. Do you plan to continue this story further?

Read Now
Rebuilding After Betrayal

Adetutu Akinfaderin: I like the plot of the story in general ,though it’s a bit sad it isnt so long as I would have wanted but that’s fine , I’ll definitely recommend it to my friends whose name is actually Shay 😁😁

Read Now
The Grumpy Next Door

Jane: A lovely story with good characters.

Read Now
Crowned in Blood: Fated to the enemy

Historical Writer : This is the kind of story you recommend without caveat. No 'it gets better after chapter five' or 'just push through the slow parts.' It's good from the first page and stays that way.

Read Now
Exile in Flames

Marilyn: I am enjoying this novel so far. The author does need to work on past and present tense, as well as, dependence on spell check when using words that sound the same. Other than that, quite enjoyable.

Read Now