Prologo
"Antes de todo”
Dicen que la guerra empieza mucho antes del primer disparo.
Empieza en las palabras que se repiten hasta volverse verdad.
En los hombres que creen que tienen razón.
En los silencios que nadie se atreve a romper.
Pero yo creo que no.
Creo que la guerra empieza el día en que conoces a alguien…
y no sabes que lo vas a perder.
La primera vez que lo vi, no había sangre.
No había gritos.
No había muerte.
Solo tierra húmeda, botas mal ajustadas y un grupo de muchachos que no entendían del todo por qué estaban ahí.
Yo tampoco lo entendía.
Pero él…
Él parecía no cuestionarlo.
Tenía la mirada firme. Como si el mundo fuera algo que podía sostenerse con las manos.
Como si el miedo fuera una cosa que se aprende a ignorar.
Como si la guerra fuera… necesaria.
Nunca supe si lo creía de verdad…
o si solo era bueno fingiendo.
A mí me temblaban las manos.
No por el frío.
Nunca fue por el frío.
Recuerdo que alguien gritó un nombre.
Luego otro.
Y otro.
Nos alinearon como si ya no fuéramos personas, sino números esperando su turno para convertirse en algo más… o en nada.
Fue ahí cuando nuestras miradas se cruzaron.
Un segundo.
Tal vez menos.
Pero suficiente.
No pasó nada.
Y sin embargo… pasó todo.
No hablamos ese día.
No había nada que decir.
¿Qué se supone que dices cuando te arrancan de tu vida y te lanzan a una guerra que no entiendes?
¿Qué palabras sirven para eso?
Con el tiempo aprendí que algunas cosas no necesitan palabras.
Como la forma en que alguien te mira cuando sabe que tienes miedo… pero no te expone.
Como la forma en que alguien se queda cerca… sin invadir.
Como si entendiera que el espacio también puede ser una forma de cuidado.
No sé en qué momento dejó de ser un desconocido.
Ni en qué momento empezó a importarme.
Solo sé que, cuando lo mandaron a otra línea la primera vez…
el silencio se sintió distinto.
Más pesado.
Más real.
Hay cosas que uno entiende demasiado tarde.
Como que no todas las guerras se libran con armas.
Como que hay pérdidas que no hacen ruido.
Como que a veces…
lo más peligroso no es la guerra.
Es lo que nace en medio de ella.
Si hubiera sabido cómo terminaba todo…
no habría cambiado nada.
Y eso…
eso es lo que más miedo me da.
Porque en un lugar donde todo se rompe,
él fue lo único que alguna vez se sintió intacto.
Y aun así…
lo perdí.








