Prólogo
El mundo a veces no es lo que en realidad quieren hacernos creer. Muchas veces estamos viviendo en un sistema corrupto y controlado por personas que no son tan confiables como nos prometen. El asunto es que... ¿cómo nos damos cuenta de esto?
Durante siglos, millones de generaciones han seguido este sistema sin cuestionar. Han seguido las leyes sin refutar. Nunca llegaron a pensar que, tal vez, por más increíble que pareciera, estaban equivocados.
Prepárate, querido lector, porque esta no es una historia cualquiera. Es una historia que involucra sacrificios, política, familia, amistad pero sobre todo amor, guerras, pérdidas y momentos que te hacen querer gritar...
Así es. Estamos hablando de mi historia. La pueblerina que se hizo leyenda.
Davina Ronderville.
Ashen'rok.
Todos vivimos en Marai'el. Un mundo que se divide por clanes y reinos elementales.
Este es mi hogar. Un pueblo chico que se localiza muy lejos del reino. Queda tan lejos que las noticias nos llegan semanas más tarde que a toda la nación.
— ¡Davina! -escucho la voz de mi madre que me llama a través del bosque-. ¡Davina!
— ¡Ya voy!
Atravieso la verja lo más rápido que puedo. Intento salir del bosque antes de que mi madre lo note, pero no tengo suerte. Su mirada de desaprobación provoca que le baje la mirada automáticamente.
— ¿Cuantas veces te lo he dicho? -coloca sus manos en su cintura-. No puedes ir al bosque.
— Ya lo sé.
— Pues, si lo sabes, ¿por qué lo haces?
— ¡Es que me gusta! Siento que hay algo allá. Algo más que no me dejan ver.
— Ya se que te gusta. ¡Y ni si quiera yo lo entiendo! Pero, entiende, las personas podrían pensar diferente.
— ¡Pero, mamá!
— ¡Pero, nada! Eres de fuego. No nos relacionamos con tierra ni con nada que tenga que ver con ellos. ¿Entendido?
Me encapricho de manera muy infantil.
— ¿Y qué hay de Scales? ¿Y de Stylen? No son de fuego. Tienen que venir de alguna parte.
— ¡Son dragones! Davina, sabes la regla, los animales no se tocan, ni se doman, son espíritus libres y hacen lo que quieran. Pero tú vas a seguir las reglas. ¡NO MÁS BOSQUE!
— ¡Pero...! -la voz varonil que oigo al abrirse la puerta hace que me olvide de lo que estaba alegando. Voy corriendo a la puerta y lo primero que hago al verlo es abrazarlo-. ¡Papá!
— ¡Eeeyyy! ¿Cómo está mi dinamita preciosa?
— Explotando cada vez que puede. Ya la conoces -mis padres rieron y se dieron un beso.
— ¿Que han hecho en la semana que no estuve?
Cada año un grupo de cada clan sale a dar suministros a los demás. Ese es el trabajo de mi padre y cada año le pagan una cantidad diminuta. Pero como él suele decir: "siempre hay que agradecer por lo que tenemos".
— Pues, nuestra hija ha encontrado el bosque como algo con lo que pasar el tiempo -otra vez esa mirada.
— Pues, que raro. ¿No?
— ¡Por supuesto que no! -protesto.
Mamá coge el trapo que tiene a un lado y me lo arroja.
— Lo siento, lo siento. Pues, que mal -me cruzo de brazos dramáticamente.
Papá y mamá rompen a reír a carcajadas. No tengo cara de risa pero me muero por poder reírme y disfrutar este momento con ellos.
No pasó mucho tiempo cuando, de pronto, empezamos a escuchar que se avecinaban las carretas de la realeza.
— Quédate aquí -me advirtió mi madre y salió enseguida para averiguar. Yo no podía quedarme quieta sabiendo que los reyes de de Ashen'rok estaban de visita por el pueblo. Nunca vienen.
Me asomo por la ventana y miro hacia afuera de manera discreta.
— Pueblo Velkaris: la realeza está en busca de una mujer talentosa para esposarse junto al príncipe de Ashen'rok -todos en el pueblo se maravillaron cuando el guardia real dio la noticia. A mi, la verdad, es que no me interesa saber nada de ellos-. La mujer debe tener ciertas especificaciones: debe de ser de cabello rojo, dominar a la perfección el poder del fuego y tener la edad del príncipe. Si no cumple con estas especificaciones... ¡no pierda el tiempo!
Pero que arrogantes son. ¿Por qué no piden a una mujer cariñosa, inteligente y bondadosa? Típicas personas que solo buscan el físico.
Las mujeres de por aquí se van a volver locas. Todas tenemos el cabello rojo. Somos de fuego y el cabello es lo que nos identifica como tales. No todo el mundo domina el fuego a la perfección, eso sí es cierto, y muchísimo menos si la chica debe de ser de dieciocho años.
Las carretas desaparecen a lo lejos de la ciudad. Voy a los establos y les pongo un poco de comida a los dragones.
— Hola, Scales. ¿Cómo estás? ¿Tienes hambre? -le lanzo un pedazo de chuleta cruda y lo agarra en el aire-. ¿Esta buena? Eww.
Stylen me gruñe de manera desesperada.
— Ya voy. No me he olvidado de ti, Stylen -le lanzo otra chuleta cruda a Stylen y repite el movimiento del otro dragón.
Scales y Stylen no han sentido la necesidad de aparearse. ¡Y que bueno! A mi madre no le gustaría mucho la idea. A pesar de ser de géneros diferentes creo que no han sentido atracción el uno por el otro. ¡Pero yo sigo con la esperanza de que algún día sí pasará!
Madre se detiene en la puerta y tiene esa mirada que usa cuando quiere decirme algo importante. Lo curioso es que solamente usa esa mirada cuando sabe que lo que tiene que decirme no va a gustarme.
Al llegar a la sala ambos tienen esa mirada. No me gusta para nada. Estoy en un punto en el que ni si quiera quiero tener esta conversación. Me siento automáticamente.
— ¿Qué pasa?
— Cariño... -empieza mi madre- el príncipe del reino está buscando esposa.
— Ajá. Lo escuché.
Mis padres intercambian miradas.
— ¿Me pueden decir que ocurre?
— Tienes diecisiete años y...
— No voy a casarme -interrumpo.
— Davina -esta vez es mi padre el que habla-. Escucha a tu mamá, es necesario.
— No domino el fuego a la perfección. ¡Lo sabes! Ayer encendí el establo por accidente. ¡Por tercera vez!
— Lo sabemos bien -mi madre mantiene su calma-. Escucha, Davina, aunque no domines el fuego a la perfección, eres perfecta. Eres hermosa, de cabello rojo, unos ojos hermosos y poco usuales. Además de lo exterior, eres una persona muy inteligente, amable y soñadora. Sé que al menos se lo van a pensar.
— Ya. ¡Pero yo no quiero! Ni si quiera lo conozco.
— De seguro que es guapo.
— ¡No me interesa si lo es o no! No lo conozco. No quiero casarme con alguien que no conozco, mamá.
— ¡Dale la oportunidad! Lo vas a ver cuando llegues allá, solo tienes que ir y ya.
— Ya te dije que no.
— Pues, no te daré opción.
La ira me tenía cegada. ¡¿Cómo es posible que mis padres me obliguen a esto?! ¿Lo aprueban? ¡Es increíble!
— Davina... -mi padre se sienta a mi lado y conserva la calma- ¿crees que tu madre y yo nos casamos por amor?
Me quedé inmóvil. Sin habla. Tardé diez segundos en responder.
— ¿Qué estás diciendo?
— Que nuestro matrimonio lo arreglaron nuestros padres cuando éramos de tu edad. Tu madre no quería casarse conmigo, así como tú no quieres al príncipe, y no la culpé en ese momento como no te culpo a ti. Sin embargo, me dio una oportunidad para conocerme. Y créeme, yo era un verdadero cretino. Pero luego ella descubrió que en realidad solo estaba muerto del miedo, y cuando ella empezó a ayudarme, yo empecé a ver lo increíble que era... ¡lo increíble que sigue siendo! Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos enamorados el uno del otro... porque así es como esto funciona, cariño. ¿Quién sabe? Tal vez y ni si quiera sea un cretino. Tal vez y sea alguien bueno y amistoso. Hay rumores de que el príncipe es encantador.
— ¿Y si no resulta como dicen? -ya tenía varias lágrimas paseando por mis mejillas- ¿Y si me caso con él y resulta que tendré una vida miserable? ¿Y si me expongo a amenazas de su familia en lugar de que me traten como una de ellos? ¡¿No se han puesto a pensar en cómo será mi vida si no sale como ustedes esperan?!
— ¿Y si sí sale como esperamos? ¿Y qué si resulta ser el mejor hombre que hayas conocido en toda tu vida? ¿Y qué si resulta ser el amor de tu vida? ¡¿No te haz puesto a pensar en cómo sería tu vida si fueras la futura reina de esta familia?! ¡Entiende que quiero lo mejor para nosotros! ¡Lo mejor para ti! ¡Lo mejor para mis futuros nietos! ¡Podré morir en paz si se que vas a estar bien, Davina!
— ¡Aaaaggghhhhh!
Un grito ensordecedor sale de mí ante la impotencia que tengo por la situación. Los dragones llegaron al oír mi grito y se pusieron en guardia. Estaban gruñendo y sus alas estaban levantadas. Como dos gallinas ariscas pero mucho más grandes y aterradores. La cara de mis padres era de espanto pero no me importaba. ¡De verdad no me importaba!
— Davina diles que se detengan.
Los dragones gruñen cada vez más fuerte.
— ¡Davina Ronderville te estoy diciendo algo!
— Está bien -dije pero los dragones no hicieron caso-. Dije que estoy bien -volteo a ellos y les hablo más claro. De inmediato se relajaron y sus alas bajaron. De repente eran como dos cachorros listos para jugar.
Se escuchaba la gente de afuera como salían con sus hijas bien vestidas y arregladas. Mi madre me miró muy determinada.
— Nos vamos ahora.
— ¿Qué? ¿Ahora? ¿No me dejarás prepararme ni nada? ¡Creí que al menos saldríamos mañana!
— No hay tiempo. Si vamos mañana tal vez sea demasiado tarde. Hay todo un reino que quiere desposar al príncipe. ¡Tenemos que ser de las primeras! Andando.
Mi madre rentó una carreta para que nos llevara al palacio de fuego. Así le ganamos ventaja a varias personas. De igual manera cuando llegamos ya habían muchísimas personas.
El castillo es enorme. Es blanco con algunos detalles rojos. La bandera de Ashen'rok está ondeándose desde el pico de una de las torres. El palacio es increíblemente hermoso. Es totalmente diferente al pueblo en el que vivo. Esto es como vivir en un sueño. Es como en los libros que me gustaba leer de pequeña.
Al entrar por las puertas del castillo, un guardia nos pregunta a dónde nos dirigíamos. Nos da las indicaciones para llegar y le agradecemos para seguir avanzando. ¡Todo es magnífico! ¿Quién tiene fuentes de lava en su casa? Bueno, la realeza los tiene. ¡Claro que me encantaría vivir aquí! Estoy segura de que a Scales y Stylen les agradaría mucho vivir aquí. Están muy emocionados jugando a perseguir aves.
— Anda, cariño -me dice mi madre-. Puedes ir a ver el castillo. Es increíblemente gigante. Te veré en la puerta a la oficina de la reina en cuanto sea tu turno.
No me emociona tener que casarme con el príncipe. Ni si quiera conozco su nombre. Pero nunca he desafiado a mi madre. No en serio. Y de verdad que no me atrevería a intentarlo justo ahora.
Además, ¿cuál es la probabilidad de que me elijan a mí hablando todo un reino? Es relativamente mínima.








