Entre excusas y confección
El primer día de clases siempre tenía ese aroma a libros nuevos, café de pasillo y, sobre todo, a chismes acumulados durante meses. Yo, Jenny, caminaba por el patio principal rodeada de mi "ejército" personal: Nadia, María y Fiorella. Éramos un torbellino de risas y anécdotas.
Nadia y María, que además de mis mejores amigas eran primas, no paraban de contar lo que habían hecho en las vacaciones. Yo las escuchaba, riendo de cada ocurrencia, hasta que mis ojos chocaron con algo... o más bien, con alguien.
Al otro lado del patio, un chico de cabello oscuro y ondulado, perfectamente despeinado, caminaba con la mirada un poco baja.Fue un segundo, un cruce de miradas rápido, pero sentí un cosquilleo extraño.
-¿Jenny? ¿Me estás escuchando? -María me dio un codazo suave, dándose cuenta de mi distracción.
-Sí, sí... solo me quedé pensando -mentí, aunque mi mente ya había registrado el nombre que Nadia mencionó poco después: Liam...
meses después...
El colegio estaba a punto de terminar y los exámenes finales nos tenían a todos al límite, pero mi verdadera distracción tenía nombre propio. En estos meses, Liam se había convertido en el centro de mis pensamientos.
Aprovechaba cualquier excusa para acompañar a Nadia y María hasta su casa. "Es que me queda de paso", decía yo, aunque tuviera que caminar diez cuadras de más. Todo valía la pena con tal de verlo un segundo, quizás sentado en el sofá con su teléfono, o simplemente cruzándonos un saludo tímido.
Un jueves, mientras caminábamos a la salida, María me acorraló con una sonrisa pícara.
—Jenny, te conozco. Te gusta mi primo Liam, ¿verdad?
Sentí que mis mejillas ardían. Ya no podía ocultarlo.
—Sí —confesé en un susurro—. Me gusta muchísimo.
El recreo que lo cambió todo
Dos días después, mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho. Nadia se me acercó corriendo antes de que terminara el recreo.
—¡Jenny! Liam me dijo que también le gustas, pero ya sabes cómo es... es demasiado tímido para decirte algo.
Lo busqué con la mirada. Estaba allí, cerca ,en los pasillos , tarareando algo bajito y haciendo ese gesto tan suyo mientras miraba el suelo. Tomé aire. Si él no iba a dar el paso, lo daría yo.
Me acerqué lentamente. Él levantó la vista y sus ojos oscuros se encontraron con los míos.
—Hola, Liam —dije, tratando de que mi voz no temblara.
—Hola, Jenny... —respondió él con esa amabilidad que lo caracterizaba, aunque se notaba el rastro de su timidez.
No le di vueltas.
—Liam, me gustas. Y sé que yo te gusto a ti. ¿Quieres ser mi novio?
El silencio duró un segundo que pareció eterno. Liam me miró y asintió con una sonrisa dulce.
—Sí, Jenny. Me encantaría.
Ese fue el inicio de nuestro mundo. El resto del colegio pasó como un suspiro, entre manos entrelazadas y besos robados antes de entrar a clase. Pero lo mejor estaba por llegar: las vacaciones.








