Prólogo
El pasado no se puede enterrar.
—hey Daniel. ¿Vas a tirar o no?— Isaac preguntó mientras barajeaba sus propias cartas, sin despegar la mirada de su amigo de cabello rubio.
Mientras por su parte Daniel sacudió la cabeza apenas, tratando de volver de su disociación y seguir con el juego. —perdón Isaac.— dijo sobandose la sien a lo que Isaac río
—¿seguro no estás así por la mudanza? Oye, tranquilo con eso. Dijiste que te iras a las afueras de la ciudad para hacer de guardabosques. ¿No?— Isaac tiró su primera carta.
—Hombre, que suerte tienes. Lo que yo daría por despertar escuchando a los pájaros cantar en vez de los coches y la muchedumbre de las calles.—
Daniel tiró también una carta.
—lo sé. Debería estar más contento con la idea, Clara esta más radiante que de costumbre con la idea de vivir en el pueblo y conocerse con todos.— admitió Daniel con una pequeña sonrisa, saber que su esposa estaba más que feliz con el nuevo trabajo y a donde el papel de guardabosques de Daniel los llevaría a vivir. En un pueblo pequeño donde el conocerse con cada habitante era lo clásico. Clara siendo tan dulce y extrovertida estaba desbordando alegría. Lo cual era un bálsamo para el corazón de Daniel. Pero en el fondo la idea de estar dentro del bosque le aterraba.
Además, extrañaría sin lugar a duda a Isaac. Después de todo es su mejor amigo y este había estado para el, apoyándolo en todo. Isaac no necesitaba dar consejos, su sola presencia y sus chistes hacían de cualquier lugar deprimente la mejor cosa del mundo.
Ambos amigos se habían conocido en un bar, antes de que siquiera Daniel conociera a su cónyuge Clara. Isaac estaba haciendo apuestas y aunque había ganado no quisieron darle el dinero por el simple hecho de ser un hombre moreno y extranjero. De no ser porque Daniel intervino Isaac se hubiese ido sin atreverse a buscar problemas.
¿Se metió en problemas? Si. ¿Le devolvieron el dinero a Isaac? También.
Y desde ese día habían sido inseparables.
Mientras ambos terminaban la primera ronda de póker , la puerta del apartamento se abrió. mientras seguidamente entraba una hermosa joven de cabellos ondulados, rubia de ojos marrones; Clara.
—ya termine de subir mis maletas al coche.— dijo ella para acto seguido acercarse a darle un beso rápido en la mejilla a su marido. —pero me tomaré un café primero para que terminen el juego.— Daniel sonrió a su esposa con un leve asentamiento de cabeza. —descuida cielo, terminaremos de jugar pronto. — dijo.
Tras el juego de póker y sentarse a almorzar llegó la hora de despedirse.
—cuídense los dos, recuerden escribirme cartas cuando deseen.— dijo Isaac tras abrazar a Clara y luego a Daniel para que seguidamente la pareja se subiese al auto listos para partir, Clara agitó su mano con una sonrisa mientras el auto arrancaba. Y Daniel miro a su amigo con una pequeña sonrisa triste desde el espejo retrovisor.
“todo va a estar bien. ”
daniel no dejó de repetirse eso durante el trayecto al pueblo y a su nuevo hogar. Sin tener la menor idea de que el bosque no perdona a los culpables.








