El inicio de la caída
Nunca me había puesto a pensar cómo sería mi primer amor. Yo era fea, pero nunca hubiera imaginado algo parecido a esta situación; ni siquiera creía en el amor para ese entonces.
Con la respiración contenida, contemplé fijamente los ojos del que ahora era el cazador de mi corazón. Este me devolvió la mirada, complacido.
Seguramente él aún seguía sintiendo miedo hacia mí por todo lo que pasamos.
Aún no sé cómo llegamos hasta aquí. Lo único que sabía era que quizás no estaría aquí de no haber ido a aquella escuela o de no haber actuado como actué con él. Pero, a pesar de todo, no me arrepentía de nada. Cuando amas locamente a una persona y la vida te ofrece un sueño que supera con creces tus expectativas, no es razonable lamentarse por su resolución.
La sonrisa que me dio el cazador era tan hermosa que simplemente no me pude contener…








