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Festum Cor Cordis

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Summary

En el pequeño pueblo de Greenville, Maine. Un grupo de amigos esperan divertidos el momento en que Dean Smith, el chico más solar del lugar y Mikaela Davis, el forastero huraño que llego hace un año crucen esa delgada línea entre la amistad y el amor. Pero todo cambia cuando extraños eventos empiezan a suceder en el pueblo. Lo que llevará al grupo a tratar de sobrevivir mientras una misteriosa criatura que puede imitar voces y apariencias de aquellos a quienes aman. Si no sabes en quien confiar ¿Puedes confiar en tu corazón? ¿Sabes en realidad si podrías reconocer a tu persona especial? Bienvenidos a otra de mis obras dedicadas a Afrodita.

Status
36 mins ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Bienvenido a Greenville

Dean Smith

—¿Qué tal esta? — digo mientras me coloco una chaqueta café y me giro delate del espejo.

Tuerzo mi expresión un poco.

—¿O quizá esta? — interrogo mientras delante de mi cuerpo sobrepongo un suéter de lana blanco.

Un gruñido sale de mi perro dálmata que me observa sentado en mi cama.

—Oh vamos, Freddy… Ponle ganas— digo mientras sigo modelando la prenda—es el primer día de mi último año de clases. ¡Generación 2025! —digo emocionado.

—¡Dean! — Se escucha escaleras abajo— date prisa o se nos hará tarde.

Ruedo los ojos mientras miro la pila de ropa junto a mi Freddy con frustración.

—¡Voy! — respondo.

Al final me quedo con la chaqueta marrón.

—Que conste que si no me dicen que luzco bien será tu culpa.

Mi perro se lamenta y se esconde entre sus patas.


Bajo corriendo por las escaleras la madera cruje alegre ante mi peso, las paredes llenas de fotos familiares y en la parte de abajo mi hermana pequeña me mira con un desprecio algo discordante con su edad.

—Dios, eres una niña cuando te arreglas— se lamenta mientras me espera en la entrada.

—Te recuerdo que tú eres una niña— reclamo alegre.

—Exacto.

Asomo la cabeza hacia afuera, el viento me muerde la piel. Me hace vibrar. A lo lejos el autobús amarillo apenas y se distingue. Tomo una enorme bufanda roja y un par de guantes extra que están junto a la entrada.

—Nos vamos mamá—grito.

—¿Llevas tus llaves?— pregunta.

—Sí.

—Acuérdate de llevar a Claris a casa de la abuela después de clases.

—¡Oye, no soy un paquete! — refunfuña la pequeña niña de coletas y cabello castaño.

La veo adelantarse un poco.

—Diviértanse con la tía Mary y salúdenla de mi parte— digo contento antes de cerrar la puerta.

Las hojas amarillas caen delicadas como cada otoño y se depositan sobre la tierra como piezas de un rompecabezas, salto sobre ellas. El olor a pino y humedad inundan mi olfato y antes que el viento decida congelarme más echamos a correr al transporte que se está estacionando frente a la casa.

El autobús se detiene y las puertas se abren tras el bufido del pistón. Saludo alegre a Bob y rápidamente me dirijo a ocupar un par de asientos en medio.

Claris saluda a sus amigas en la parte trasera del bus, y se sienta de mala gana junto a mí.

—Oye, no me mires así— me quejo —Quizá solo sean dos paradas más antes que puedas salir corriendo.

—Pon tu mochila o algo— dice mientras rueda los ojos.

Las hojas siguen cayendo mientras el transporte se mueve hacia el este del pueblo. Los arboles pasan de naranja frondosos a ráfagas de verde vivido.

Muevo las manos nervioso con cada kilómetro que avanzamos mientras mi corazón parece agitarse ante la incertidumbre.

—Dios, eres un caso perdido— se lamenta mi hermana.

No le hago caso.

El autobús avanza y el vecindario se vuelve en casas muy separadas entre sí y zonas boscosas enormes y profundas. A la distancia puedo ver una silueta que ya espera el autobús...

Ese cabello desordenado y rubio, esos ojos azules como el hielo y esa piel blanca como la nieve.

Sonrió.

El chico de chaqueta negra sube con cara de pocos amigos mientras sus ojos exploran con cuidado la unidad, pero cuando su mirada se cruza con mis ojos cafés una ligera sonrisa incómoda aparece en su rostro.

Pero sin dudarlo camina hacia nosotros.

—Buenos días Dean —saludo

—Hola Mika— dice algo avergonzado.

Chocamos los puños.

Mi hermana rueda sus ojos.

—Oh dios, me darán diabetes— susurra mientras se levanta y se dirige al fondo del transporte.

Desviamos la mirada y pretendemos no escucharla.

—Así que al final no te mudaste este verano— bromeo.

—Tampoco lo entiendo— responde mientras levanta sus rodillas contra el puesto de adelante—De repente mi padre dijo que no nos mudaríamos más.

Se muerde el labio y gira a mí con una expresión tonta.

—Entonces, bienvenido otra vez a Greenville, Maine…

Llegamos a la escuela, la bandera de Estaos Unidos se iza en la entrada, caminamos en los enormes pasillos mientras la gente voltea a ver a Mikaela bastante sorprendidos. Supongo que tampoco esperaban que se quedara. En especial tras el mismo decir muchas veces que se iría terminado el verano. El joven rubio decolorado me mira de reojo cada tanto con su cara seria y de pocos amigos.

También lo observo de vez de cuándo y a veces nuestras miradas coinciden y terminan cambiando de dirección casi al instante.

¿No me digas qué es por lo de...?

Nos detenemos frente a nuestros casilleros.

—Entonces…— le doy un ligero empujón con el hombro.

—Entonces— repite haciendo lo mismo con una sonrisa.

—¡Dean! — Una voz suena a la distancia.

Ambos nos sobresaltamos y separamos al instante. Daphne, mi mejor amiga, una chica de cabellos negros rizados y lentes corre hacia mí y se lanza a abrazarme.

El dulce aroma de lavanda de la chica me rodea y siento la presión de sus brazos en mi, antes que dirija su mirada a la persona junto a mi y se tense.

—Oh, Mikaela— dice algo fastidiada— Pensé que ya habías migrado con las aves.

El chico levanta una ceja.

—Parece que no te daré ese gusto, Daphne— suelta mientras torna su expresión a un rostro serio.

Rio con cierta incomodidad.

—Oh, Davis— suena otra voz mientras un chico de cabello corto y entre rojizo y rubio choca con el hombro de Mikaela —Estas tan pálido que no te vi —bromea.

Y luego solo continua caminando por el pasillo con su pelota de básquet en la mano.

—¿Acaso quieres pelea desde ya, Blake? — grita el rubio mientras lo mira alejarse.

Al instante parece recordar algo, se sobresalta y voltea en mi dirección.

—Te juro que no estaba peleando…— dice.

Sus ojos se abren grandes y después sin más se retira.

Daphne levanta su ceja.

—Ya, en serio ¿Cómo lo soportas? —pregunta.

Me quedo mirándolo ensimismado mientras se aleja en el pasillo.

Cuando de repente un cartel enorme se extiende en mi rostro y me corta la visión.

“Club de lo paranormal”

La cartulina se queja mientras la bajo con cuidado. Detrás de ella un chico de cabello rizado y caoba me sonríe muy emocionado.

—Déjame adivinar Steve— digo algo desganado— ¿otra vez propondrás al consejo este club?

Dibuja una enorme sonrisa y me da un guiño.

— Como todo los años— dice feliz.

Dejo salir un suspiro largo.

Daphne lo ignora y solo termina de guardar sus cosas. El sonido de la puerta de su casillero me hace espabilar y empiezo a guardar mis cosas también.

—¿Entonces estás listo para la fiesta de esta noche? — pregunta la morena.

Acomodo con cuidado mis libros.

—Si, pero tengo que llevar a Claris donde la abuela y quizá no pueda quedarme mucho— digo mientras saco los de la siguiente clase — Además no quiero regresar solo a altas horas de la noche.

—¿Mencione que es en el local donde Mikaela trabaja? — sisea.

Me tenso.

Asomo mi rostro incomodo desde detrás de la puerta del casillero.

—¿Pero prométeme que me llevaras despúes casa? — digo algo avergonzado.

Entonces la campana suena.

****

Llega la hora del almuerzo, estoy en una mesa en el comedor con los chicos mientras miro algo preocupado hacia la puerta. Mis dedos tamborilean con demasiada impaciencia sobre la madera.

—Tu comida se va a enfriar.

Mis rodillas golpean la mesa del salto que pego.

Llevo mi mano al pecho, mientras trato de calmar mi corazón, me giro.

Una pálida y delicada chica detrás de mí sonríe.

—Dios Janeth, ¿Cómo es que siempre sales de la nada? — reclamo.

La chica sonríe y se ubica de forma elegante junto a Daphne, es como ver a un cisne aterrizar.

—No le hagas caso Janeth — interviene Daphne —Solo esta molesto porque esta quemando sus neuronas por lo de siempre.

La chica de cabellos negros y lisos me da una mirada suave y luego lleva su mano a su mentón. El contraste de su apariencia y su estilizado estilo hace que parezca salida de una película de Tim Burton.

—Creo que vi a Mikaela camino a la enfermería— dice con esa voz delicada.

Toda la mesa deja salir un suspiro desganado.

—¿Se volvió a pelear? — dice Steve alzando la vista de su libro de terror. —Apenas es el primer día de clases.

La chica levanta los hombros y toma los cubiertos.

—Yo…— tartamudeo

Todos ruedan los ojos.

—¿Tienes una emergencia, se te quito el hambre, y o recordaste que olvidaste algo en tu casillero? — interrumpe Daphne.

—Oh esa ultima es ya un clásico — dice Steve.

Me sonrojo un poco y aprieto los labios.

Entonces una manzana vuela en mi dirección, pero la atrapo antes que me dé en el rostro.

—Solo regáñalo esta vez y dile a ese idiota que si se va a quedar en este pueblo debe aprender a comportarse— completa Daphne mientras rueda los ojos.

Sonrió y salgo corriendo del lugar.

Las clases terminan cuando encuentro a Mika confabulándose con mi hermana pequeña en la entrada.

—Te lo prometo Mikaela— dice la pequeña— con esto mi hermano ni siquiera notara los moretones.

—¿Estas segura, secuaz? — dice el rubio

Carraspeo y ambos palidecen.

Casi estallo al ver el rostro de Mika lleno de Stickers. Dejo salir un suspiro cansado, pero me agacho y le coloco una bandita en su mejilla.

Se sonroja.

El autobús llega y la multitud se empieza a mover, Mika se levanta, tenemos la misma altura. y me mira como si lo fuera a regañar...

—¿En serio tenías que pelearte por eso? — pregunto.

El chico alza sus hombros con desgano, se encorva ligero y desvía la mirada.

Algo en mi le fastidia cuando se pone así.

—Hey, no me ignores— digo mientras extiendo mi mano y estiro su mejilla buena.

—Vale, vale— dice lloriqueando.

Se separa de mí mientras acaricia su mejilla.

—Siempre me olvido ese carácter que te cargas cuando te molestas— dice —¿No puedes ser solo lindo y educado como con los otros?

Mi expresión se contrae y lo miro de mala gana.

—Yo, esto….— tartamudea.

—¿Entonces te parezco lindo y educado solo con los otros? — reto.

Acaricia su nuca incómodo.

El viento de otoño, agita mi bufanda.

—Si no se dan prisa el autobús se llenara— dice Daphne que pasa en medio de ambos.

—¿Podrían dejar de coquetear delante del bus escolar?— completa Claris que también pasa entre nosotros y sigue a Daphne — es vergonzoso.

—No les hagan caso chicos, tómense su tiempo— dice Janeth.

Ambos volteamos hacia Steve que está detrás de nosotros.

Mikaela lo fulmina con la mirada.

—Entendí, no diré nada— responde el chico antes también de pasar de largo.

—¿Me recuerdas por qué los soporto?— dice fastidiado el rubio antes de avanzar.

—Porque si no comerías solo en la cafetería— digo burlón.

**********

Nos sentamos en la parte trasera, el bus está lleno.

Greenville al ser un pueblo pequeño no tiene transporte público y quitando el centro de la ciudad el resto de casas en realidad son casi granjas separadas varios kilómetros una de la otra. Así que el servicio escolar es la única forma de llegar rápido a casa.

Así que si, es un pueblo pequeño, tranquilo, junto a un enorme lago y rodeado de bosques inmensos donde no pasa nunca nada.

Bueno…

Mi mirada se desvía al chico de cabellos rubios decolorados.

—Vamos Lord Mikaela, únete a mi club— suplica Steve desde atrás.

Mikaela tiene cara de fastidiado como siempre mientras es ligeramente sacudido por el hiperactivo chico.

El ruido de las conversaciones y gritos de otros chicos resuenan cuando entramos al bosque del Oeste de la ciudad.

Miro por la ventana estoy algo perdido en mis pensamientos. Mikaela ha actuado extraño todo el día, digo pensé que estaría mas feliz por no mudarse, pero...

Los pinos siguen frondosos a pesar que el resto de árboles se tornan amarillos y dejan caer sus hojas.

—¿Dean? — escucho detrás de mi.

En el reflejo de la ventana contemplo como esos ojos azules se fijan en mí.

—¿Estas bien? — completa

Giro y asiento algo confundido por la pregunta.

—¿Seguro?

—Que sí, Mika— rezongo.

De repente extiende su mano sobre mi frente como comprobando mi temperatura.

Todos asoman sus cabezas detrás para ver el espectáculo.

—¿Qué estas…?— tartamudeo.

Dejo de respirar...

De repente los ojos de Mika se abren grandes y en un solo movimiento me toma entre sus brazos y me cubre.

Un golpe seco sacude el autobús, las ventanas de una sección explotan en pedazos. Todo se agita y se vuelve borroso. El sonido de los frenos derrapando sobre la carretera y después los gritos de terror de los niños.

Mi cuerpo se sacude con violencia cuando el transporte se detiene de improviso. Dejamos de movernos por completo, estoy aún temblando. Mi corazón casi sale de mi pecho. Me separo de Mika asustado y levanto la vista solo para contemplar a todos igual de aterrados.

—¡¿Están bien!? — grita Bob el conductor.

—Ay mierda Claris— digo girando casi por instinto y buscando a mi hermana.

Daphne tiene a la niña entre sus brazos y asiente su cabeza.

Janeth y Steve también parecen estar bien.

Dejo salir un suspiro y me dejo caer pesado en el asiento. Mi cabeza sigue aún resonando y sudo frio.

Hay pedazos de vidrio por todas partes y delante sale humo blanco del motor. Los sollozos llenan el lugar.

Estoy pálido.

De repente los niños lloran a nuestro alrededor y los quejidos se intensifican.

Suspiro algo aliviado.

—Gracias— digo al chico junto a mí con un hilo de voz.

Mi respiración sigue agitada.

—Ay mierda— dice el rubio con sus ojos muy abiertos aún.

Un grito de horror se lanza unos asientos al frente, y sin querer volteo a la carretera.

Un enorme alce yace agonizante junto al autobús.

Está completamente destrozado…

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1. Capítulo 1: Bienvenido a Greenville
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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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