No soy el chico que crees
El sonido de las pesas chocando contra el suelo se mezclaba con la respiraciΓ³n pesada de los que entrenaban. Para muchos era ruidoβ¦ para mΓ, era orden.
El chico frente a mΓ llevaba rato dudando. Lo notΓ© desde la primera repeticiΓ³n mal hecha, desde la forma en que evitaba mirarme cada vez que pensaba en rendirse.
βTe quedan dos βle dije con calma, sin levantar la voz.
NegΓ³ con la cabeza, soltando el aire con frustraciΓ³n.
βNo puedo mΓ‘sβ¦
No respondà de inmediato. Solo lo observé. A veces la gente no necesita que la motives⦠necesita que no le des una salida fÑcil.
βEntonces vete βle dije al final, sin cambiar el tonoβ. AquΓ nadie te obliga.
El silencio se quedΓ³ entre nosotros unos segundos. DudΓ³β¦ pero volviΓ³ a tomar la barra.
Esa era la diferencia.
SubiΓ³ una repeticiΓ³n, luego otra. Cuando terminΓ³, dejΓ³ caer el peso con fuerza, como si se estuviera quitando algo de encima. Yo asentΓ apenas.
No sonrΓo. No felicito de mΓ‘s. La gente se acostumbra rΓ‘pido a que la aplaudanβ¦ y despuΓ©s no sabe exigirse sola.
TomΓ© mi botella de agua y recorrΓ el gimnasio con la mirada. Todo estaba como debΓa estar: cada quien en lo suyo, sin perder el enfoque. HabΓa respeto. Siempre lo hay.
O casi siempre.
Porque fue entonces cuando la vi.
No estaba entrenando ni hablando con nadie. Tampoco parecΓa perdida. Solo estaba ahΓ, apoyada contra la pared, observando. Pero no miraba el lugar como lo harΓa alguien nuevoβ¦ miraba como si estuviera tratando de entender algo.
Y ese βalgoβ parecΓa ser yo.
Nuestros ojos se cruzaron por un segundo que se sintiΓ³ mΓ‘s largo de lo normal. La mayorΓa aparta la mirada rΓ‘pido cuando pasa eso. Es automΓ‘tico. Pero ella no lo hizo.
Se quedΓ³ ahΓ, sosteniendo la mirada con una tranquilidad extraΓ±a. Sin incomodidad, sin retoβ¦ pero tampoco con interΓ©s evidente.
Solo firme.
FruncΓ un poco el ceΓ±o, mΓ‘s por curiosidad que por otra cosa. No era una reacciΓ³n comΓΊn. AquΓ la gente suele comportarse de cierta manera cuando me ve: mantienen distancia, bajan la voz, o simplemente evitan llamar la atenciΓ³n.
Ella no.
Y eso, por alguna razΓ³n, rompΓa el equilibrio del lugar.
Fui yo quien apartΓ³ la mirada primero. No porque no pudiera sostenerla, sino porque no tenΓa sentido alargar algo que ni siquiera habΓa empezado.
SeguΓ con lo mΓo, como siempre.
Pero mientras caminaba entre las mΓ‘quinas, corrigiendo posturas y revisando rutinas, no pude evitar notar que seguΓa ahΓ.
Observando.
Sin moverse.
Como si estuviera esperando⦠algo.
Y no sabΓa por quΓ©, pero tenΓa la sensaciΓ³n de que ese βalgoβ iba a terminar involucrΓ‘ndome.








