𖤐 𝓔𝓵𝔂𝓻𝓲𝓪 𝓭𝓮 𝓼𝓸𝓶𝓫𝓻𝓪𝓼 𖤐 by xXEliansXx at Inkitt
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Summary

Nustra protagonista se muda a una nueva ciudad llamada nocturna donde nada es como parece

Status
Ongoing
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1
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n/a
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13+

Capítulo 1

PARTE I — Las Sombras de Noctis Verlain

La chica de las manos frías

Nocturna jamás conocía el verdadero amanecer.

La ciudad permanecía atrapada bajo un cielo gris eterno donde la lluvia parecía no terminar nunca. Las calles antiguas estaban cubiertas por niebla y las luces amarillentas de los faroles apenas lograban iluminar los caminos húmedos.

Las personas caminaban rápido.

Siempre rápido.

Como si temieran quedarse demasiado tiempo bajo aquella oscuridad.

Pero Vaelisse Morvane Blackthorn caminaba lentamente.

El sonido de sus zapatos resonaba suavemente sobre la piedra mojada mientras sostenía varios libros contra el pecho. Su uniforme negro se movía con el viento frío de la madrugada y algunos mechones de su cabello café oscuro caían frente a sus ojos.

La mayoría de personas evitaban mirarla directamente.

Y quienes lo hacían terminaban apartando la vista rápidamente.

Había algo extraño en ella.

Algo difícil de explicar.

Su piel era demasiado pálida.

Sus ojos negros parecían vacíos.

Y sus manos… siempre estaban frías.

Tan frías que parecían pertenecer a alguien muerto.

—Ahí está.

—La chica rara.

—Dicen que nunca sonríe.

Vaelisse escuchó los murmullos mientras cruzaba frente a un grupo de estudiantes.

No reaccionó.

Ya estaba acostumbrada.

Desde pequeña, las personas parecían incómodas cerca de ella.

Algunos la llamaban arrogante.

Otros creían que era cruel.

Pero la verdad era mucho más simple.

Vaelisse no sabía cómo acercarse a los demás.

Después de la muerte de su padre, algo dentro de ella se había roto lentamente.

Recordaba muy poco de aquella noche.

Solo lluvia.

Oscuridad.

Y a su madre llorando en silencio frente a una ventana.

Desde entonces, la casa donde vivían parecía más fría.

Más vacía.

Su madre trabajaba casi todo el día y apenas hablaban durante las noches.

A veces Vaelisse pensaba que ambas se parecían demasiado.

Las dos vivían rodeadas por tristeza.

Las dos fingían estar bien.

El viento húmedo golpeó su rostro mientras levantaba lentamente la mirada hacia la enorme estructura frente a ella.

La Academia Noctis Verlain.

El edificio parecía más una catedral abandonada que una escuela.

Torres negras se elevaban hacia el cielo gris.

Las ventanas gigantes estaban cubiertas por vitrales oscuros.

Y enormes rosas negras crecían alrededor de las paredes de piedra.

Vaelisse respiró lentamente.

Aún no conseguía acostumbrarse a aquel lugar.

Empujó las grandes puertas de hierro y entró.

El interior estaba iluminado por lámparas antiguas y velas pequeñas. El eco de cientos de conversaciones llenaba el salón principal mientras estudiantes caminaban entre las escaleras y los corredores.

Entonces ocurrió.

Una melodía de piano atravesó el aire.

Todas las voces se apagaron casi inmediatamente.

Vaelisse reconoció aquella música.

Sylas Velkan Whitmore.

El estudiante más admirado de toda Noctis Verlain.

Varias chicas se acercaban discretamente al salón principal solo para escucharlo tocar.

Incluso algunos profesores parecían fascinados por él.

Vaelisse avanzó lentamente entre la multitud hasta verlo.

Sylas estaba sentado frente a un enorme piano negro.

La luz gris que atravesaba los vitrales iluminaba parcialmente su rostro mientras sus dedos se movían suavemente sobre las teclas.

La melodía era triste.

Elegante.

Demasiado perfecta.

Sylas tenía el cabello café claro ligeramente ondulado y desordenado, como si jamás se preocupara realmente por acomodarlo. Sus ojos verde oscuro permanecían concentrados en las teclas del piano mientras el sonido llenaba todo el salón.

Vestía tonos negros y grises como siempre.

Perfecto.

Intocable.

Silencioso.

Vaelisse lo observó durante unos segundos.

Había algo extraño en él.

Aunque sonreía frente a los demás… sus ojos parecían vacíos.

Como si aquella amabilidad fuera solamente una máscara.

Entonces Sylas levantó lentamente la mirada.

Y la vio.

Por un instante, sus dedos dejaron de moverse.

La música se detuvo.

El salón entero quedó en silencio.

Vaelisse sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Los ojos verdes de Sylas permanecieron fijos en ella más tiempo del necesario.

Como si intentara descubrir algo.

Algo escondido dentro de ella.

Entonces el enorme reloj del salón comenzó a sonar.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Los estudiantes levantaron la mirada confundidos.

El reloj marcaba medianoche.

Pero apenas eran las ocho de la mañana.

Los murmullos comenzaron inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

—Otra vez no...

—Ese reloj estaba funcionando hace un minuto.

Vaelisse observó el enorme vidrio oscuro del reloj.

Y entonces lo vio.

Una sombra.

Alta.

Oscura.

Humana.

Parada detrás del cristal.

Observándola.

Vaelisse dejó de respirar por un instante.

Parpadeó rápidamente.

La figura desapareció.

—¿Vaelisse?

La voz de una profesora la hizo reaccionar.

—Llegas tarde nuevamente.

—Lo siento.

La profesora suspiró cansadamente.

—Ve al salón antes de que comiencen las clases.

Vaelisse caminó rápidamente hacia las escaleras.

Pero antes de desaparecer entre los corredores, volvió a mirar hacia el piano.

Sylas seguía observándola.

Ya no sonreía.

Y por primera vez desde que había llegado a Noctis Verlain…

Vaelisse sintió miedo.

Las clases comenzaron poco después.

El salón de literatura estaba iluminado por una tenue luz gris que atravesaba las enormes ventanas cubiertas por lluvia. Los estudiantes hablaban entre ellos mientras el profesor organizaba varios libros sobre su escritorio.

Vaelisse tomó asiento cerca de la última fila, junto a una ventana.

Siempre se sentaba lejos de los demás.

Le desagradaba sentir tantas miradas encima.

Mientras acomodaba sus libros, escuchó dos voces detrás de ella.

—¿Viste cómo la miró Whitmore?

—Tal vez le parece interesante.

—No entiendo cómo alguien podría interesarse en ella.

Vaelisse fingió no escuchar.

Miró hacia afuera.

La lluvia seguía cayendo lentamente sobre los jardines oscuros de la academia.

A veces pensaba que Nocturna era una ciudad triste.

Como si incluso el cielo estuviera cansado.

—Señorita Blackthorn.

Vaelisse levantó la mirada.

El profesor la observaba desde el frente del salón.

—¿Podría leer el siguiente fragmento?

Ella asintió lentamente.

Tomó el libro entre las manos y comenzó a leer con voz baja.

“Y las sombras siguieron al hombre incluso después de abandonar la luz.”

El salón quedó en silencio.

Algunas personas comenzaron a mirarla incómodamente.

Aquella frase parecía demasiado adecuada viniendo de ella.

Cuando terminó de leer, volvió a sentarse sin decir nada.

Entonces sintió una mirada.

Sylas.

Sentado unas filas más adelante, la observaba nuevamente.

Pero esta vez no parecía curioso.

Parecía preocupado.

Vaelisse frunció ligeramente el ceño.

¿Por qué la observaba tanto?

Durante el resto de la clase intentó ignorarlo.

Sin embargo, cada vez que levantaba la mirada, los ojos verdes de Sylas seguían allí.

Como si intentara entender algo.

Cuando finalmente sonó la campana, los estudiantes comenzaron a salir rápidamente.

Vaelisse guardó sus libros con tranquilidad.

Prefería esperar a que el salón se vaciara.

Menos ruido.

Menos personas.

Menos miradas.

Tomó lentamente uno de sus cuadernos.

Dentro guardaba una fotografía antigua.

La única fotografía que conservaba de su padre.

La imagen estaba ligeramente doblada por el tiempo.

En ella aparecía un hombre joven sonriendo mientras sostenía a una pequeña Vaelisse entre sus brazos.

Ella rozó la fotografía con cuidado.

Recordaba muy poco de él.

Su voz.

El sonido de su risa.

Y el aroma de lluvia que siempre llevaba en la ropa.

A veces temía olvidarlo por completo.

—No sabía que sonreías.

Vaelisse levantó rápidamente la mirada.

Sylas estaba de pie junto a su mesa.

Ella cerró el cuaderno casi inmediatamente.

—¿Qué quieres?

Sylas guardó las manos dentro de los bolsillos de su uniforme.

—Nada importante.

—Entonces deja de aparecer detrás de mí como un fantasma.

Aquello hizo que Sylas soltara una pequeña risa.

Una risa real.

No la sonrisa elegante que usaba frente a todos.

Vaelisse lo notó enseguida.

Y eso la incomodó más de lo que debería.

—Todos creen que eres aterradora —dijo Sylas tranquilamente.

—¿Y tú?

Él tardó unos segundos en responder.

Luego habló en voz baja.

—Creo que solo estás sola.

Aquellas palabras golpearon a Vaelisse más fuerte de lo esperado.

Porque eran verdad.

Y odiaba que alguien pudiera verlo tan fácilmente.

Se levantó rápidamente.

—No sabes nada sobre mí.

Intentó pasar junto a él.

Pero entonces Sylas tomó suavemente su muñeca.

El contacto hizo que ambos se quedaran inmóviles.

Las manos de Vaelisse estaban heladas.

Mucho más de lo normal.

Sylas frunció ligeramente el ceño.

—Tus manos...

Vaelisse apartó la mano rápidamente.

—Siempre son así.

Por primera vez, la expresión de Sylas cambió.

Parecía sorprendido.

Tal vez incluso preocupado.

Entonces el enorme reloj del pasillo volvió a sonar.

Medianoche.

Otra vez.

Los estudiantes se detuvieron inmediatamente.

El sonido recorrió toda la academia.

Vaelisse sintió un escalofrío.

Y cuando levantó lentamente la mirada hacia las ventanas del corredor…

Vio una figura observándola desde afuera bajo la lluvia.

Alta.

Oscura.

Completamente inmóvil.

Vaelisse dejó de respirar.

Pero un relámpago iluminó el cielo.

Y la figura desapareció.

Vaelisse permaneció inmóvil varios segundos.

El sonido de la lluvia llenaba el corredor mientras los demás estudiantes comenzaban a murmurar confundidos.

—¿Qué ocurre con ese reloj?

—Mi madre dijo que algo malo pasa cada vez que se detiene.

—Cállate, idiota.

Vaelisse apartó lentamente la mirada de la ventana.

Tal vez solamente estaba imaginando cosas.

Tal vez el cansancio comenzaba a afectarla.

Pero algo dentro de ella le decía que no.

Aquella figura se había sentido demasiado real.

Sylas todavía seguía frente a ella.

—¿Viste algo?

Vaelisse dudó unos segundos.

No estaba acostumbrada a contarle sus pensamientos a nadie.

Mucho menos a alguien como Sylas Whitmore.

—Había alguien afuera.

Sylas giró ligeramente hacia la ventana.

La lluvia caía violentamente sobre el patio vacío.

No había nadie.

—Tal vez fue una sombra.

—No bromees.

—No estoy bromeando.

Vaelisse lo observó en silencio.

Por primera vez desde que lo conocía, Sylas parecía realmente serio.

Ya no quedaba rastro de aquella sonrisa elegante que usaba frente a todos.

Eso hizo que Vaelisse sintiera algo extraño.

Curiosidad.

Porque tal vez ella no era la única persona fingiendo ser alguien diferente.

—¿Por qué me observas tanto? —preguntó finalmente.

Sylas pareció sorprendido por la pregunta.

Luego bajó ligeramente la mirada.

—Porque eres distinta.

—Eso no responde nada.

Él soltó una pequeña risa.

—No pareces encajar aquí.

Vaelisse miró lentamente el enorme corredor oscuro de Noctis Verlain.

—Tal vez porque nunca quise hacerlo.

Aquella respuesta hizo que Sylas sonriera apenas.

Pero esta vez la sonrisa parecía sincera.

Un grupo de estudiantes pasó junto a ellos y el ambiente cambió inmediatamente.

Varias chicas saludaron a Sylas con entusiasmo.

—¡Whitmore! ¿Vendrás al ensayo esta tarde?

—El profesor te está buscando.

Sylas volvió a colocarse aquella máscara perfecta casi al instante.

Sonrió educadamente.

Respondió con tranquilidad.

Y actuó exactamente como todos esperaban.

Vaelisse observó aquello en silencio.

Era extraño.

Parecía una persona completamente distinta.

Cuando finalmente los estudiantes se alejaron, Sylas suspiró levemente.

—Agotador.

Vaelisse levantó una ceja.

—¿Qué cosa?

—Las personas.

Ella no pudo evitar soltar una pequeña risa.

Muy baja.

Pero real.

Sylas la miró sorprendido.

—¿Acabas de reírte?

Vaelisse apartó la mirada inmediatamente.

—Olvídalo.

—No sabía que podías hacerlo.

—Whitmore.

—Está bien, está bien.

Sylas levantó ligeramente las manos en señal de rendición.

Por un instante, el ambiente se sintió extrañamente tranquilo.

Casi normal.

Y eso era raro.

Porque Vaelisse jamás se sentía cómoda cerca de otras personas.

Entonces el sonido de unos pasos interrumpió el momento.

Una profesora apareció al final del corredor.

—Whitmore.

Sylas giró inmediatamente.

—El director quiere hablar contigo.

—Entiendo.

La profesora observó brevemente a Vaelisse.

Su expresión cambió apenas.

Como si verla le incomodara.

—Y señorita Blackthorn… trate de no volver a llegar tarde.

—Sí, profesora.

Cuando la mujer se alejó, Vaelisse soltó lentamente el aire.

Odiaba aquella mirada.

La mirada que todos le daban.

Como si hubiera algo malo dentro de ella.

Sylas pareció notarlo.

—No deberías prestar atención.

—Es fácil decirlo cuando todos te admiran.

Por un instante, los ojos verdes de Sylas se volvieron fríos.

Muy fríos.

—No sabes lo cansado que es eso.

Aquellas palabras sorprendieron a Vaelisse.

Porque por primera vez sonó honesto.

Completamente honesto.

El silencio volvió a caer entre ambos.

La lluvia seguía golpeando las ventanas.

Entonces Sylas habló nuevamente.

—¿Te gusta leer?

Vaelisse miró los libros que sostenía entre los brazos.

—Es mejor que hablar con personas.

—Eso explica muchas cosas.

Ella rodó ligeramente los ojos.

—¿Y a ti qué te gusta?

Sylas pareció pensarlo.

—La música.

—Eso ya lo sabe toda la academia.

—No exactamente.

Vaelisse lo observó confundida.

Sylas apoyó la espalda contra la pared del corredor.

—Me gusta porque cuando toco piano o violín… no necesito pensar.

Aquella respuesta hizo que Vaelisse lo mirara más atentamente.

Había tristeza en sus ojos.

Una tristeza silenciosa.

Y por alguna razón…

Ella entendía perfectamente cómo se sentía.

Entonces el reloj volvió a sonar.

Medianoche.

Otra vez.

Las luces del corredor comenzaron a parpadear.

Los estudiantes se detuvieron.

Y el aire se volvió helado.

Vaelisse sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Sylas también lo sintió.

Porque inmediatamente levantó la mirada hacia el final del corredor.

Una sombra cruzó rápidamente entre las paredes.

Oscura.

Alta.

Inhumana.

Varios estudiantes gritaron.

Las luces se apagaron durante un segundo.

Y cuando volvieron…

La sombra había desaparecido.

El silencio se volvió absoluto.

Nadie parecía entender qué acababa de ocurrir.

Pero Vaelisse sí entendió algo.

Aquella figura la estaba observando.

A ella.

Y por alguna razón aterradora…

Sentía que volvería a aparecer.


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