Ella
Él salió de su trabajo contento, su jefe lo había felicitado por su desempeño laboral y cómo reconocimiento a su esfuerzo le ascendieron de puesto, ahora ganaría más dinero y podría mudarse junto a su amada a aquella casa que ambos soñaban. Cuando terminó su horario laboral, corrió hacia su auto, encendió el motor y pisó el acelerador a fondo, se moría de ganas por llegar con su esposa para contarle las buenas nuevas.
Ella saltaba de emoción, la prueba de embarazo salió positiva, decoró el living de su departamento con prisa para recibir a su amado con la noticia; globos, una pancarta casera y el test pegado a ella. Se sentó en el sofá a esperar su llegada, sonriendo mientras le contaba por celular a sus amigos y familiares que pronto dejarían de ser un "grupo" de dos.
Las horas pasaban.
Y su amado aún no llegaba.
Un numero desconocido llamó a su celular, ella contestó creyendo que sería su marido desde otro teléfono.
Era un policía.
Y tenia una mala noticia para ella.
Lamentaban anunciar el fallecimiento de su marido, un accidente automovilístico del que fue protagonista.
Los vecinos oyeron su grito de dolor.
Ella lloraba tirada en el piso, nunca había sentido un dolor tan horrible en su vida, vio la ventana de su balcón abierta, necesitaba tomar aire, su pena no la dejaba respirar.
Se sentía pesada y su alrededor era ligero como el aire.
Cuando abrió los ojos se encontró tirada en el suelo fuera del edificio en el que vivía, vecinos y desconocidos estaban a su alrededor, la grababan y la observaban con miedo, ella no entendía lo que decían, no se fijó en lo que ocurría a su alrededor, la vergüenza la hizo ciega y sorda. Se levantó para regresar a su departamento, allí esperaría a su amado y le pediría explicaciones sobre su accidente.
Todo era como un sueño, sin dolor, sin pesares y con una única cosa en mente, ver volver al amor de su vida.
Sentada en su sofá se dispuso a esperar.
Nadie la llamó, nadie la visitó.
Un día su familia se llevó todas sus pertenencias pequeñas, al día siguiente se llevaron la mayoría de sus muebles, pero nadie se la llevo a ella, ni si quiera notaron que estaba ahí.
Ella se acostumbró a descansar en el piso, de vez en cuando caminaba por su departamento vacío, se asomaba a su balcón junto al letrero de "Se Vende", cuando veía a alguien conocido lo saludaba, pero nadie le devolvía el saludo. Nunca salía de su departamento, le asustaba la idea de que su amado llegara y no la encontrara ahí.
Luego de unos meses una nueva familia llegó, a ninguno le molestaba su compañía, pero a ella le molestaba los nuevos inquilinos. Ver a una nueva pareja feliz, exitosa y con hijos, todo lo que ella no pudo lograr.
La envidia hizo que se le olvidara como lucia su propio rostro.
Una mañana se le cruzó una idea por la mente, les pregunto uno por uno si conocían a su marido, pero nadie la escuchó, repetía y volvía a preguntar cuando alguien de la familia traían a un invitado.
Pero nadie nunca le devolvía una respuesta.
Con el tiempo ella se acostumbró a aquella familia, hasta tenia individuos favoritos. Vio como los niños crecían y hacían su vida, vio a los padres envejecer hasta mudarse del departamento para pasar el resto de sus vidas en un mejor lugar. Vio como el departamento volvía a estar vacío, volvía a venderse y daba paso a nuevos inquilinos qué tampoco notaron su existencia.
Conoció muchas caras a las que le preguntaba si conocían a su amado y nunca hubo una respuesta de vuelta.
La monotonía la hizo ceder de preguntar en vano.
Una noche de pura rabia, gritó tan fuerte que, por primera vez, un inquilino del departamento se preguntó si había alguien más ahí con ellos.
Pasaron años para que ella asumiera que su amado no iba a regresar, la vida continuaba sin él y ella se había estancado.
Se cansó de esperar por alguien que ya no estaba en ese mundo.
Y para el aniversario de la muerte de su esposo, ella se volvió a lanzar del balcón.








