Capitulo 1: Parte:1. Los sectores
El despertar no fue lento ni pacífico. Fue un choque eléctrico en el sistema.
Cuando sus ojos se abrieron, no había recuerdos. No había nombres de padres, ni rostros de amigos, ni el eco de una vida anterior. Solo había un vacío blanco en la mente y una urgencia animal por respirar.
El escenario era una pesadilla de metal y tierra, encerrada entre muros de acero que se elevaban cien kilómetros hacia un cielo infinito, bloqueando cualquier rastro de esperanza. El aire olía a ozono y a hierro fresco. A su alrededor, decenas de personas se retorcían en el suelo, gimiendo de dolor mientras trataban de procesar quiénes eran. Pero no hubo tiempo para preguntas. En el centro de aquel lugar, cajas de suministros marcadas con un frío emblema negro se alzaban como altares.
La masacre comenzó en el segundo tres.
Sin memoria, pero con el hambre y el miedo a flor de piel, la gente se lanzó sobre las cajas como bestias. Gritos, golpes y el sonido de carne siendo golpeada llenaron el aire. En medio del caos, un hombre se alzaba por encima del resto.
Jacob. Era una figura imponente: alto, corpulento, con hombros anchos que dominaban el espacio. Su pelo rubio estaba erizado y sucio, y sus ojos grises, fríos como el acero galvanizado, escaneaban el área con una calma aterradora. Mientras otros peleaban con las uñas, él ya tenía una lanza en la mano.
Un sujeto intentó arrebatarle una caja. Jacob no dudó. Con un movimiento fluido y preciso, hundió la punta de la lanza en el cuello del hombre; un punto vital, una muerte instantánea. Otro se abalanzó por su espalda, pero Jacob giró sobre su eje y clavó el arma directamente en el corazón del atacante. Dos movimientos. Dos muertes.
El círculo de gente a su alrededor retrocedió, aterrado por la eficiencia de aquel gigante.
—¡Escúchenme bien! —su voz retumbó, profunda y sin rastro de duda—. De ahora en adelante, yo mando aquí. Todo lo que vean, todo lo que coman, pasa por mis manos. ¿Alguien quiere ser el tercero?
El silencio se apoderó del lugar, roto solo por los sollozos de los heridos. Jacob miró hacia arriba, a la inmensidad de las paredes que los mantenían prisioneros, sin saber por qué estaba allí, pero aceptando el control del caos.
Sin embargo, el pánico aún dominaba a algunos. Un chico, con los ojos desencajados por el horror de ver los cadáveres a los pies de Jacob, se dio la vuelta y corrió. Su único objetivo era escapar de aquel círculo de sangre. Vio un estrecho pasaje entre dos paredes colosales que parecían ser una salida hacia lo desconocido.
—¡No, espera! —gritó alguien, pero fue tarde.
En el momento en que el chico cruzó el umbral entre las dos paredes, algo ocurrió. Fue un destello, un movimiento tan veloz que el ojo humano apenas pudo registrarlo como una sombra borrosa. No hubo grito. Solo un sonido seco, un crack metálico, y el cuerpo del chico cayó al suelo, dividido en dos antes de que sus pies terminaran de dar el paso.
Las paredes se quedaron manchadas de rojo mientras el resto del grupo observaba paralizado. Jacob ni siquiera parpadeó.
—Nadie sale —sentenció Jacob, limpiando la sangre de su lanza—. Nadie sale hasta que yo lo diga.
A miles de metros de altura, lejos del olor a sangre y el frío del acero, el caos del Sector 1 se proyectaba en una resolución tan nítida que se podía ver el reflejo de la lanza en las pupilas grises de Jacob.
En una sala inundada por la luz azulada de cientos de monitores, un joven se reclinaba en su asiento de cuero sintético con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía apenas un chico, de no más de veinte años, con un desordenado pelo de un tono naranja opaco que brillaba bajo los focos de la sala. Sus ojos cafés, inquietos y cargados de una excitación casi infantil, no se despegaban de la pantalla principal.
—¡Wow! ¡El Sector 1 es fuego puro! —exclamó Julian, dando un golpe en el reposabrazos—. ¡Me gusta! ¡Miren esa masacre! ¡Ese rubio no ha tardado ni tres minutos en marcar su territorio! Esto es lo que la audiencia quiere ver.
Julian se giró hacia el resto de los técnicos y operadores que se movían en silencio absoluto. Con un gesto rápido de su mano, hizo que la imagen de Jacob se hiciera pequeña para dar paso a una toma satelital que revelara la verdadera naturaleza del lugar.
—Abran el ángulo —ordenó—. Recuérdenles a los patrocinadores la escala de lo que hemos construido.
En la pantalla gigante, el Sector 1 se redujo a una mota insignificante. Lo que apareció ante la cámara fue una estructura que desafiaba la razón: un laberinto gigante, una arquitectura imposible de pasillos y muros kilométricos que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. No era una prisión común; era un continente artificial de metal y trampas, una red colosal de biomas que superaba en tamaño a países enteros. Desde esa altura, los participantes no eran más que microbios atrapados en las grietas de una costra geométrica perfecta.
—Damas y caballeros, inversionistas y humanos de sangre azul —dijo Julian, fijando sus ojos cafés en la cámara—, preparen sus créditos. El hambre ha comenzado y el miedo es el mejor combustible en este tablero.
Se puso de pie, extendiendo los brazos ante la inmensidad del laberinto que brillaba bajo la luz de los monitores.
—¡Bienvenidos al programa ARK!









Bastante impresionante el primer capítulo. Valoro tu obra
SUBE EL CAPITULO 2 MALDITO 😭😭😭👊👊