Grimorio, Una Bruja Enamorada by hcamila at Inkitt
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Grimorio, una bruja enamorada

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Summary

Heridia siempre sintió que había algo roto -o antiguo- dentro de ella. Las regresiones solo confirmaron lo que llevaba años sospechando: la magia corre por su sangre. Pero nada la preparó para Dante. Un profesor imposible de ignorar. Un vínculo que parece existir desde antes de esta vida. Y una verdad que podría destruir todo lo que ella creía conocer sobre sí misma. Porque algunas historias de amor no empiezan en esta vida. Empiezan mucho antes.

Genre
Romance
Author
hcamila
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sueños en el bosque

Siempre que sus pies tocaban la tierra húmeda, el corazón de Heridia latía el doble.

No era sugestión. Nunca lo había sido.

Era algo más antiguo que el miedo y más íntimo que el pensamiento: un pulso que no le pertenecía del todo, como si la sangre recordara antes que ella. La vista se le afinaba, los colores se volvían otros, más densos, más vivos. Tonos que no tenían nombre en ningún idioma que hubiese aprendido.

De chica lo decía sin pudor.

Le contaba a su madre que, a veces, su alma se desprendía del cuerpo mientras dormía y viajaba liviana hacia lugares que no existían en los mapas. Engla la escuchaba en silencio, con esa ternura medida de quien elige creer... pero nunca confirma.

Ese fue el primer límite.

Heridia creció sintiéndose comprendida en casa, pero mal leída afuera.

En la escuela era “la rara”. No por lo que decía —que también—, sino por cómo lo decía. No gritaba, no exageraba. Afirmaba.

Que los árboles respiraban.Que el agua retenía recuerdos.Que el fuego no destruía: transformaba.Que todo lo vivo tenía intención.

No eran delirios. Eran certezas mal ubicadas.

Con los años aprendió a callarse. No porque dejara de creer, sino porque entendió —con una lucidez precoz que no siempre le jugaba a favor— que decir demasiado, demasiado bien y demasiado pronto, incomoda.

No era una genia.Pero tampoco encajaba.

Respondía en clase con una precisión que irritaba. No por brillante, sino por exacta. Usaba palabras que no correspondían del todo a su edad, pero tampoco eran impostadas: simplemente... le salían así.

Y eso, en un aula, es suficiente para volverte blanco.

—Ahí viene la intensa.—Qué pesada, boluda, nadie te preguntó tanto.

No necesitaban más.

Heridia no era inocente en eso. Contestaba. No siempre en voz alta, pero sí con la mirada, con un gesto, con una ironía mal colocada. Era errática, sí. Y filosa. Y eso no ayudaba.

Tenía pocas amigas. Pero las tenía. Y las sostenía como se sostienen las pocas cosas que no decepcionan.

El problema no era la escuela. Nunca lo fue.

El problema empezó en su casa el día que todo se partió.

La separación no fue una conversación. Fue un estallido.

Gritos que no entendía del todo, objetos que cambiaban de lugar, silencios más violentos que cualquier insulto. Su padre —hasta entonces una figura firme, incluso presente en lo concreto de la infancia— se volvió, en cuestión de semanas, un nombre que no se pronunciaba.

No desapareció de un día para el otro. Pero sí lo suficiente como para que el recuerdo quedara fragmentado.

Heridia sabía dos cosas:que algo había pasado,y que ese algo era “grave”.

Nunca le explicaron qué.

Engla no mentía.Pero tampoco decía.

—Hay cosas que es mejor no saber todavía.

Ese “todavía” nunca llegaba. Con el tiempo, la ausencia se volvió relato.

“Tu padre hizo algo malo.”

Sin detalles.Sin matices.Sin defensa posible.

Y, sin embargo, en los pocos recuerdos que sobrevivían, Heridia no encontraba a un monstruo.

Encontraba a un hombre incómodo.Irritable, sí.Especialmente cuando ella hablaba de “cosas raras”.

—Dejá de decir esas cosas, Heridia.—No son normales.

No era violencia.

Era rechazo.

Y para una nena que necesitaba ser entendida, eso alcanzaba.

Después de la separación, no lo vio más.

Ni una llamada.Ni una explicación.

Soloausencia.

Como si alguien hubiera decidido, por ella, arrancarlo de su historia.

Desde entonces, algo en Heridia quedó suspendido.

Y lo que no pudo sostener en su vida, lo sostuvo en los libros.

Leía de todo. Sin orden, sin criterio académico, sin método. Lo que encontraba. Lo que le vibraba. Lo que le hacía sentido.

No era evasión. Era traducción.

El mundo le resultaba demasiado opaco; los libros, en cambio, le devolvían una estructura. Una forma de pensar lo que sentía sin parecer... desbordada.

Escribía también. Mucho.

A veces con delicadeza. A veces con violencia. Como si las palabras fueran la única forma de drenar algo que no tenía nombre.

Su cuerpo, mientras tanto, la traicionaba. Las emociones no sabían disimularse en ella.

Se le subían a la cara, a la respiración, a los ojos.

Sus compañeros no sabían qué hacer con eso. Por eso se reían. No de lo que decía. De lo que generaba...

Esa noche estaba especialmente cansada. Había escrito durante horas sobre un bosque que no terminaba de inventar, con criaturas que no parecían ficción sino recuerdo. Cerró el cuaderno, miró el reloj.

00:00. Exacto. Siempre exacto.

Sintió primero el silencio.

Después, la voz.

No venía de afuera.Ni de adentro.

Venía... justo en el límite.

—Recostate.

Heridia no se movió.

—Es hora de abrir el portal.

Cerró los ojos. No con miedo. Con una familiaridad incómoda. Como quien acepta algo que nunca eligió.

El mundo se apagó. Y otro comenzó.

—¡Al fin! —la voz masculina irrumpió con una risa contenida—. Ya pensaba que hoy no ibas a venir.

Heridia abrió los ojos.

El aire era distinto. Más denso, pero respirable. Como si tuviera peso.

El pasto le rozaba las piernas con una suavidad tibia. Las flores no estaban quietas: latían. Y los árboles... los árboles no parecían plantas, sino presencias.

Antiguas.

Conscientes.

—¿Dónde estoy? —preguntó, girando sobre sí misma—. Y... ¿por qué tu voz me resulta familiar?

El muchacho la observaba con una media sonrisa.

Cabello largo. Postura relajada. Esa mezcla insoportable de confianza y misterio que la irritaba incluso antes de entender por qué.

—¿De verdad no te acordás de mí?

Heridia frunció el ceño.

Lo miró mejor.

Algo en su cara le resultaba... evidente.

Y eso la enojó.

—No —dijo, tajante—. Y esto tampoco es real. Es un sueño. Otro más. Demasiado elaborado, pero sueño al fin.

Él rió.

—Claro. Porque todo lo que no podés explicar... lo reducís a tu cabeza.

—Porque es lo lógico —replicó ella—. No hay portales, no hay bosques vivos, no hay... esto. Hay una mente cansada, sobreestimulada, que mezcla lecturas, emociones y traumas. Fin.

—Qué aburrida sos cuando te ponés racional.

Heridia cruzó los brazos.

—Y vos sos un personaje recurrente. Eso te hace, como mínimo, sospechoso.

—Elaia —dijo él, inclinando apenas la cabeza—. Ya que te gusta ponerle nombre a todo.

Ella se quedó quieta un segundo.

Elaia.

Sí.

Lo había pensado así antes.

Nunca lo había dicho en voz alta.

—Genial —murmuró—. Ahora mis alucinaciones se presentan.

—No estás alucinando —respondió él, ahora sin sonrisa—. Estás recordando.

El tono cambió algo.

Sutil.

Pero suficiente.

—No —dijo ella, más bajo—. No puede ser.

—¿Por qué siempre a las doce, Heridia? —preguntó él—. ¿Por qué esa voz? ¿Por qué este lugar, siempre igual?

Ella tragó saliva.

—Porque... estoy mal.

—Porque estás conectada.

Silencio.

—¿Con qué?

Elaia la miró de frente.

Sin ironía.

—Con lo que sos.

Heridia sintió un nudo en el pecho. No era miedo. Era reconocimiento.

Y eso era peor.

—Esto no tiene sentido.

—Tu mundo no lo tiene —corrigió él—. Este sí.

Se acercó un paso.

—Vos no pertenecés solo allá.

El bosque pareció inclinarse apenas.

Como si escuchara.

—Este lugar fue tuyo —continuó—. Antes de que te olvidaras.

—Yo no me olvidé de nada.

—Claro que sí.

Ella negó con la cabeza.

—No.

—Entonces despertá —dijo él suavemente—. Y seguí haciendo de cuenta que todo esto no existe.

Heridia lo miró.

Por primera vez, dudando.

—Tengo preguntas.

—Y las vas a tener siempre.

Una pausa.

—Pero no todas se responden de golpe.

El mundo empezó a deshacerse.

Luz.Ruido.Peso.

—Despertá —repitió él—. Tenés que ir a la escuela.

Y esta vez, no sonó como una orden.

Sonó como una advertencia.



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