Capítulo 1
Arthur Myron comprueba la hora en su reloj de bolsillo; era temprano, mas no lo suficiente para ser inoportuno. Baja del auto y tira de los costados de su saco, alisando la tela antes de dar el primer paso hacia la propiedad ante él.
Una pequeña casa de madera, rodeada por un jardín de árboles frondosos y flores silvestres que delineaban el camino de piedras sueltas.
La puerta es atendida al tercer golpe. Un joven de castaña cabellera y suave fragancia, casi opacada por el aroma a café molido del interior, mira con curiosidad al hombre canoso de elegante pero inapropiada vestimenta para ese lugar.
—Muy buenas tardes, caballero. Permítame presentarme, mi nombre es Myron, Arthur Myron, mayordomo de la familia Belmont. Me encuentro en búsqueda de Madame Vanner; me informaron que esta es su residencia.
—Temo que le han informado mal. Esta era su residencia... Mi madre ha fallecido hace tres meses.
—... Lamento escuchar eso.
—Puedo suponerlo. Un gran problema debe tener la familia Belmont.
—¿Disculpe?
—Perdone mi rudeza —el joven sonrió sin ganas—. Pocos eran los visitantes que llegaron a tocar esta puerta con un motivo diferente —se mueve un poco, dejando espacio en el marco de la puerta—. Sin duda fue un viaje largo. ¿Gusta una taza de café, señor Arthur?
Los puños golpean la sólida madera del escritorio, tambaleando los objetos sobre él. La mirada azul del hombre destella a un rojo brillante por unos segundos.
—¡Te envié por una Omega y vuelves a esta casa con un Alfa!
—Mi señor. Se trata del hijo de la difunta Madame, fue instruido por ella para...
—¡Es un alfa!
Alistair, sentado en el sillón individual de la pequeña sala en el centro de ese despacho, ignora la conversación y el tono de la misma, tanto como el señor de la casa había decidido ignorarlo a él. Enfocándose solo en una cosa... El sabor del té, que una empleada le había entregado con manos temblorosas, era delicioso...
Tres horas... Tres tediosas y largas horas había demorado el señor de la casa en controlarse, escuchar y comprender... Finalmente, contratando al joven Alfa.
Myron cierra las puertas del despacho con un suave clic apenas salen los tres. Mira su reloj de bolsillo para confirmar la hora, anunciándola en voz alta: —Casi es hora de servir la comida.
—Sígame, señor Alistair —indica el señor Belmont guiando el camino.
El tour por la casa principal es corto y limitado al primer piso: desde el despacho, por la estancia principal hasta la cocina, donde el anciano mayordomo recoge una charola cubierta, separada del carrito de comida que será llevado al comedor.
Salen por la puerta trasera de la cocina que los conduce a los jardines.
Alistair escucha al señor Belmont: la casona fue construida para el hospedaje de visitas importantes y miembros lejanos de la familia, pero desde hace algunos meses se ha vuelto la residencia de su hijo mayor.
Alistair se encargará de varias funciones, ya que es poco el personal que puede soportar la cercanía con el joven amo. No hay problema cuando el muchacho está tranquilo, pero con cualquier emoción que lo golpee, todo se dispara. Pero, por supuesto, se esperaba que eso no fuese un impedimento para su labor principal y la paga sería, en consecuencia, mayor a la acordada.
La puerta principal de la casona está cerrada con llave. El señor Belmont las lleva colgadas en su cuello, cubierta por sus ropas; abre la puerta y entrega el juego a Alistair.
—Solo usted y yo tenemos una copia, procure llevarla al cuello para no perderla... Puertas cerradas con llave en todo momento, recuérdelo.
El lugar era tan ostentoso como habría de esperar, pero frío e inquietantemente silencioso. Entran y suben las escaleras; el viejo mayordomo equilibra la charola con una mano y con la otra desliza el pañuelo de su traje y cubre su nariz a mitad de las escaleras.
El señor Belmont se detiene ante una puerta, toca y, aunque no obtiene respuesta, entra a la habitación.
Alistair frunce el ceño... y Arthur aprieta la tela contra su nariz con mayor fuerza.
Una cabellera negra y despeinada se mueve entre las claras sábanas en la cama. La camisa blanca y semiabierta cae por el pálido hombro al sentarse. Mejillas rojas, piel acalorada, perlada por el sudor. Mechones de cabello pegados a la frente por la humedad. Labios rojizos, hinchados y jadeantes... Ojos de un carmín intenso y brillante... Un Omega en celo.
Está frente a un Omega fértil y necesitado... Pero mantiene la compostura y el recato, lo que hace asentir al señor Belmont. Ese jovencito, el primogénito de la familia... Un Omega, tal como le habían dicho antes.
Sonríe internamente por su propia estupidez... ¿Qué problema puede ocasionar un chico de 14 años? Solo es un muchachito. Un simple mocoso, es lo que pensaba Alistair ante la primera advertencia del señor Arthur, sentado ante la mesa de su cocina.
—Como puede notar... la condición del joven señor Lucien no es algo fácil de manejar.
Había escuchado rumores: un primogénito omega... ¿Quizás una desgracia para esa gran familia? Debía ser el motivo para mantenerlo aislado. No era extraño que ese fuese el caso con muchas familias adineradas ante nacimientos de omegas como primogénitos o únicos hijos... Un Omega con problemas... Pero no cualquiera.
Ante sus ojos tenía al primer Omega dominante que conocía en su vida. Algo que tenía entendido era sumamente difícil que apareciera.
Ahora entendía: el joven no era una vergüenza para la familia. Era un tesoro resguardado.









💖💗👀👀 Es precioso!! me esto e perdiendo un poquito por lo de los nombres y jsjsj, PERO ME ENCANTA!! Y estoy ansiosa por más capitulos a futuro🤩
Quizás algunos de esos capítulos me dejen en shock😵, se aprecia mucho que dejes advertencia de contenido! Ese demuestra lo responsable qué eres con tus historias😁😁👀, mucho ánimo con la escritura!! 👍