Capítulo 1
El Norte No Perdona
La puerta de la habitación ducal se cerró detrás de Charlie con un sonido suave.
Demasiado suave.
Como si el palacio entero estuviera conteniendo la respiración.
La joven permaneció inmóvil en medio de la habitación.
Estaba en la habitación de Aeren, pero no reconocía el lugar.
Y eso era absurdo.
Había estado allí, dormido allí, pero se sentía como si no fuera lo mismo.
El dormitorio era enorme. Oscuro. Elegante de una manera severa. Las paredes metálicas negras estaban atravesadas por líneas de energía azul profundo que pulsaban lentamente como venas bajo la estructura.
Las ventanas mostraban las tormentas del norte golpeando las murallas externas del complejo ducal.
Frío.
Todo era frío.
El aire.
La luz.
El silencio.
Incluso el suelo bajo sus pies parecía más duro que en el palacio imperial.
La habitación no estaba preparada para recibir a una esposa.
Estaba preparada para resistir una guerra.
Y Charlie sintió algo quebrarse dentro de ella.
Porque hacía apenas unas horas… había estado feliz.
Ridículamente feliz.
Había pensado en decorar aquella habitación.
En mover muebles.
En llenar los ventanales con jardines suspendidos como los del palacio imperial.
Había pensado en desayunos con Aeren antes de que él partiera a reuniones militares.
En acompañarlo durante la ceremonia del título.
En construir algo juntos.
Su hogar.
Su familia.
Su ducado.
Había visto imágenes de las estancias Drakys durante amaneceres. Había estudiado protocolos del norte. Había leído sobre la arquitectura militar del sistema y las tradiciones de los duques guerreros.
Pero aquello…
aquello no se sentía como el hogar que había imaginado.
Y ahora…
todo se había derrumbado en segundos.
La acusación volvió a atravesarla.
Protocolos internos contra Lia Lyselle Drakys.
La garganta se le cerró.
Las manos comenzaron a temblarle.
No sabía cuándo empezó a retroceder.
Solo supo que terminó sentándose lentamente en el borde de la cama mientras intentaba respirar.
No podía entenderlo.
No podía.
Jamás había firmado esos decretos.
Jamás habría tocado rutas militares del norte.
Ni siquiera conocía completamente los sistemas logísticos Drakys todavía.
Entonces, ¿cómo…?
¿Cómo alguien había usado su reconocimiento?
¿Cómo podían creer que ella haría algo así?
Las imágenes del salón volvieron a su mente.
Las miradas.
La hostilidad.
Los murmullos.
El modo en que algunas casas menores la observaron como si fuera una amenaza.
Una intrusa.
Una Lyselle imperial manipulando Drakys.
Charlie bajó la vista hacia sus manos.
Seguían temblando.
Y eso le dio más miedo todavía.
Porque ella sabía lo que ocurría cuando perdía estabilidad emocional.
La energía femenina comenzaba a alterarse.
El planeta la sentía.
Aeren la sentía.
Zyra reaccionaba.
Respiró profundamente intentando contenerse.
No debía colapsar.
No ahora.
No aquí.
La puerta secundaria se abrió silenciosamente y Veyra entró después de hablar con los sistemas de seguridad externos.
La mujer observó a Charlie apenas un segundo antes de acercarse.
No dijo nada de inmediato.
Nunca lo hacía cuando la joven estaba así.
Se movió hasta una consola lateral y activó una iluminación más cálida en la habitación.
Pequeños cambios.
Discretos.
Como si intentara engañar al ambiente hostil del norte.
Luego se acercó lentamente.
- Respire, alteza.
Charlie soltó una risa rota.
- No puedo.
Veyra se detuvo frente a ella.
La escolta imperial era una de las pocas personas capaces de mantenerse completamente estable frente a una crisis emocional de Charlie.
La humana era fuerte, una guerrera y si se quebraba era porque había llegado al límite.
Ella era una general del ejército Drakys y conocía esa templanza.
Y la respetaba.
Tal vez por eso nunca reaccionaba con lástima.
Ni con miedo.
Solo firmeza.
- Puede.
Charlie negó apenas.
- ¿Y si me odian?
La pregunta salió tan pequeña… tan vulnerable…
que el pecho de Veyra se tensó.
Porque debajo de todas las ceremonias, el protocolo, el poder Lyselle, la política imperial y su entrenamiento de combate…
Charlie seguía siendo una chica que había pasado media vida intentando merecer un lugar.
Y eso era lo más peligroso de ella.
Que amaba demasiado rápido.
Demasiado profundo.
Demasiado sinceramente.
- No importa si te odian. - dijo Veyra finalmente - Importa que no puedan tocarte.
Charlie levantó lentamente la vista.
Y Veyra sostuvo su mirada con absoluta firmeza.
- El duque dejó eso claro.
El recuerdo golpeó a la joven de inmediato.
Aeren avanzando frente al consejo.
Tomando su mano.
Protegiéndola delante de todo Drakys.
Entonces juzgarán primero a su Duque.
La respiración de Charlie tembló.
Porque entendió algo recién ahora.
Aeren acababa de ponerse en riesgo político por ella.
No como esposo.
Como heredero Drakys.
Y eso podía destruirlo.
- No quería esto… - murmuró con culpa - Él esperó tanto este día…
Veyra suspiró internamente.
Sí.
Ese era el verdadero problema.
Charlie jamás pensaba primero en sí misma.
- Aeren tomó su decisión. - respondió con calma - No fue impulsivo.
Pero Charlie sí lo conocía lo suficiente para saber que había sido instintivo.
Biológico incluso.
Drakys.
Imperial.
Protección absoluta.
Eso hizo que el miedo regresara.
Más profundo.
- ¿Qué va a pasar ahora?
La pregunta quedó suspendida en el enorme dormitorio.
Y por primera vez desde que llegaron al norte…
Veyra no tuvo una respuesta inmediata.
Porque políticamente aquello era grave.
Muy grave.
No era solo una acusación doméstica.
Era sabotaje logístico.
Manipulación militar.
Desvío de recursos estratégicos.
Eso podía convertirse incluso en traición ducal.
Y alguien había planeado todo perfectamente.
Usando a una mujer cercana.
Usando su reconocimiento.
Usando su posición como Lyselle imperial para fracturar Drakys desde dentro.
Veyra observó las tormentas tras el ventanal.
Algo mucho más grande se estaba moviendo.
Podía sentirlo.
- Ahora - dijo finalmente - usted espera.
Charlie frunció apenas el ceño.
- ¿Esperar?
- A que el duque regrese.
La palabra sonó distinta.
Duque.
No Aeren.
No consorte.
No heredero.
Duque.
Y eso también cambió algo dentro de Charlie.
Porque comprendió que el hombre que había quedado en ese salón…
no era exactamente el mismo que salió del palacio imperial.
El norte estaba despertando algo en él.
Algo antiguo.
Algo peligroso.
Veyra se inclinó apenas frente a ella.
- Debe confiar en él.
Charlie bajó la vista.
Confiaba.
Ese era el problema.
Confiaba tanto en Aeren que el miedo de perderlo le dolía físicamente.
- ¿Y si esto afecta el traspaso del título?
Veyra guardó silencio.
Eso fue suficiente respuesta.
Charlie cerró los ojos lentamente.
Maldición.
Todo había salido mal.
La ceremonia.
El regreso.
El norte.
El futuro.
Sintió las lágrimas acumularse y apretó las manos intentando contenerlas.
No debía quebrarse.
No podía ser una carga para Aeren ahora.
Veyra la observó unos segundos antes de hablar nuevamente.
- Debemos decidir también si informaremos al emperador.
Eso hizo que Charlie levantara la cabeza de inmediato.
Rahel.
Amara.
Rylan.
Daren.
Tarin.
Su familia.
Una parte de ella quiso llamar inmediatamente.
Escuchar la voz de Amara.
Que Rahel solucionara todo como siempre hacía.
Pero otra parte entendía perfectamente lo que significaría.
El emperador interviniendo en Drakys.
No.
Eso podía destruir el equilibrio político del norte.
Charlie tragó saliva lentamente.
- Aeren decidirá eso también…
Veyra asintió.
- Contigo, pero si.
Y ese detalle silencioso marcó algo importante.
Incluso Charlie había comenzado a reconocer la nueva posición de Aeren.
Porque ahora…
las decisiones del norte pasaban primero por él.
No por el imperio.
El viento golpeó nuevamente los ventanales.
Y por primera vez desde que llegó a Drakys…
Charlie sintió miedo real del norte.





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