Capítulo 1
Quien me conoce en mi día a día me considera una persona tranquila, centrada y muy devota. Esa es la imagen que mi familia ultra creyente me ha enseñado a presentar al mundo desde que era muy pequeña.
Siempre educada, paciente e invisible. Si soy sincera conmigo misma, siempre he creído que era adoptada. Físicamente mis padres tienen el pelo negro, ojos oscuros y de estatura media; en cambio yo soy alta para mi edad, el cabello rubio cae liso sobre la parte baja de mi espalda y mis ojos presentan una heterocromía bastante notable.
El derecho color verde musgo y el izquierdo azul cielo.
Según esta comunidad antigua, mis ojos son considerados un mal presagio. Debido a esto no crecí rodeada de amigos.
Tengo 19 años, muchas ganas de vivir y experimentar cosas nuevas. A pesar de las quejas y amenazas de mis padres me he apuntado a una universidad, conseguí un trabajo en línea y he ahorrado lo suficiente para la estancia en el campus y el primer año de matrícula.
El calendario en mi pared marca que restan once días de mi tortura. El bolso que contiene mis ahorros y documentos me mira desde el fondo del armario, asomándose entre todos los vestidos que nunca me pondré.
Cuento los segundos para empezar de cero.
Un golpe interrumpió mis pensamientos, la voz de mi madre gritó con impaciencia mi nombre… -¡Freya, baja ya!
Miro el reloj y veo que son dos minutos pasada las 8pm.
Ruedo los ojos y me levanto de la cama...
Bajo las escaleras hasta tra "encantadora" cena familiar sin apetito.
El ambiente el comedor es solemne, denso, como si nos costara estar en el mismo espacio.
En la cabecera de la mesa está sentado mi padre Pablo. Su postura rígida y su traje destacan en este ambiente. Mi madre María alisa su vestido y sus dedos rozan su collar de perlas.
Me dirige una mirada de seria que da la sensación de problemas. Me fijo en la mesa y noto que hay dos platos más. No me contengo, giro a mi madre y digo: ¿Esperamos a alguien?- todo se mantiene ensilencio. Ninguno de los dos contesta a mi pregunta. Contengo la respiración, sé que es algo que no me va a gustar. Otro plan para mantenerme en esta jaula dorada.
El timbre de la puerta me sacude y mi padre se apresura a abrir. En todos mis años de vida nunco lo he visto abrir la puerta de casa, lo consideraba algo bajo, eso era tarea de mi madre.
Lo que me deja claro que esta situación es sobre negocios o de lo que puede obtener para si mismo.
Escucho tres conjuntos de pasos, aparece mi padre guiando el camino, detrás de él un señor de su misma edad y luego un chico un poco mayor que yo, quizás en sus veintes. Madre se apresura a saludar, intercambian cortesías y se sientan alrededor de la mesa. Puedo sentir a todos observandome, no reacciono, sirvo agua en mi copa y bebo despacio.
Levanto la vista, el mayor de los visitantes me extiende su mano y se presenta: - Soy Antonio y este es mi hijo Marco.- Asiento, no me da tiempo a responder cuando él continua:- Hemos escuchado mucho de tí pero los elogios de Pablo se quedan pequeños comparados con tu belleza.
Apreté el tenedor en mi mano y sin pensar dije: - Lástima que no pueda decir lo mismo de ustedes, no los he oído nombrar. Por lo de la belleza, muchas gracias.-
Pablo se aclaró la garganta atrayendo la atención a la mesa. Me dice sin miramientos con el seño fruncido:- Freya, estos son Antonio tu futuro suegro y Marco tu prometido...
Mi silla raspó el suelo al echarme hacia atrás, me levanto de un salto, a prisa y grito en su cara: -Ni de broma-.
Corro a mi habitación, cierro la puerta con seguro, saco mi maleta de mano que habia preparado para la universidad y comienzo a añadir las cosas de mi tocador.
La puerta cruje con los golpes de mi padre y sus gritos me recuerdan la grosería que considera imperdonable al salir del comedor sin permiso.
No me detengo a contestar , tomo el dinero escondido, mi libro favorito y los documentos, arrojo todo en mi equipaje y la deslizo por la ventana hasta que está escondida entre los arbustos que rodean al árbol cercano.
Me siento en mi cama y escucho la cerradura crujir al abrir con otra llave desde fuera. La cara de mis padres es de decepción y furia, pero esta vez no voy a ceder esta vez.
-Te vas a casar en un mes y vas a olvidar la tontería de la universidad o te quedas sin nada y en la calle, al final volverás arrastrandote a pedir dinero..
¡¡¡NO!!!- grité y no vi venir el golpe. La mano de mi padre golpeo tan fuertemi labio que lo hizo sangrar.
Contuve las lágrimas y sonreír con ironía. -¿Eso es todo padre?
Creo que no pensó no lo que decía :- no he pedido criar a una mocosa ingrata que no lleva mi sangre para que no me retribuya por tantos años manteniendola.
Marí llevó una mano a su boca intentando contener un jadeo que ya había escuchado.
Esto confirma mis sospechas.
Me pongo en pie, tomo de la mano a María y la aprieto en forma de consuelo silencioso. Se relaja un poco y empieza a balbucear incoherencias sobre como siempre quizo un hijo y que hubo un momento en que yo era su princesa.
Padre cortó este intento de explicación con sus duras palabras- o te casa en un mes o te vas con que llevas puesto y no vuelvas más.-
La decisión estaba tomada. Solté a María, giré mi cuerpo hacia la puerta y dije:- Gracias por estos años.
Salí de esta enorme casa con mi móvil en el bolsillo y una sonrisa en mis labios rotos.
Me acerqué a los arbustos, recogí mi equipaje de mano, la colgué en mi hombro y caminé hacia la enorme puerta de hierro.
Hoy comienza mi nueva vida...








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