Customize readability
Aa

Cartas que cruzaron Kilómetros (KatsuDeku)

All Rights Reserved ©

Summary

En un acto de bondad, Izuku escribe una carta a un soldado solitario en Japón, sin saber que cambiaría su vida y la de su destinatario, enamorándose desde la distancia.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Único

IZUKU POV


"Hoy les daré un anuncio interesante. Quizás muchos de ustedes, tienen tiempo de sobra y no saben que hacer con él. Pues tengo algo que contarles. Se ha notado, de forma casi unánime, que los jóvenes que se encuentran combatiendo en Japón se sienten mucho más incentivados cuando sus familiares y amigos les envían sus cartas, les da esa sensación de calor y la convicción de que alguien los está esperando en casa, y que deben hacer lo posible por sobrevivir, porque no pueden defraudarlos. Pero lamentablemente, por miles de razones, muchos de esos hombre no cuentan con alguien que les escriba, con nadie que los extrañe. Por eso, desde el gobierno nacional, iniciamos una campaña solidaria en busca de personas que tengan la capacidad para brindar un poquito de su cariño y estimamos a aquellos seres que están luchando día y noche por su país.

Los que estén interesados pueden acercarse a las oficinas de correos más cercanas a su domicilio, cada una de ellas contará con un listado de exhibición pública en donde ustedes mismos podrás elegir a quién enviarle su correspondencia. Un representante de la oficina tomará sus datos para ingresarlas en el sistema y le otorgará toda la información que necesita al respecto.

No olviden que se acercan las fiestas de fin de año, y aunque les parezca tonto e ingenuo, un simple saludo desde aquí para algunos de ellos les hará pensar que no están solos como creen. No cuesta nada.

¡Bien! Y en otras noticias les cuento que el día de hoy..."


El hombre del noticiero siguió con su itinerario de noticias como cada tarde, pero aquel anuncio en particular me había acaparado por completo la atención.

Sin embargo, tenía otras cosas en que pensar antes que nada, por ejemplo en como terminar el libro que estaba escribiendo en el plazo que me impuso la editorial: dos meses.

¡Ni siquiera había empezado!

Hacía mucho que no me sentía inspirado, no podía escribir nada digno de hacerse público, y mis editores no se jactaban por ser pacientes, menos conmigo, un novato de Veintitrés años recién salido de la Universidad.

Cerré mis ojos con fuerza tratando de quitar toda tensión de mi mente, cuanto más me agobiaba más seco de ideas que me encontraba. Decidí poner manos a la obra de una vez por todas, primero me di una ducha relajante, mientras sospesaba mi opciones antes de llevarlas al papel. Sequé mi cabello y me vestí unos pantalones negros y una remera larga hasta las rodillas. Hola café. Necesitaba lo más fuerte para mantenerme despabilado.

Encendí mi NoteBook, y abrí el archivo de mi trabajo en Word.


Treinta minutos después...


Nada. Blanco, estaba completamente en blanco.

Me rendí no mucho tiempo después, resignado a que ésta no sería una buena temporada para mí. Luego de haberme mudado desde Japón hasta aquí, en Francia, la hermosa ciudad del Amor, no había hecho amigos ni mucho menos conocido algún chico que me gustara. Nunca fui sociable y con el correr de los años, la madurez esa característica se había fortalecido. Eso me jugaba en contra en este momento, mis historias siempre fueron inspiradas por personajes ficticios, cada personaje era compuesto en base a la personalidad de alguien, pero ahora que mis amigos no eran muchos, y mi madre estaba lejos, nada venía a mi mente.

Enfurruñado conmigo mismo, volví al sofá y encendí el televisor, cambié los canales una y otra vez, pero el sonido de gritos me llamaron la atención y volví con el control remoto hasta dar con el canal indicado. Estaban dando "Las aventuras de All Might", la película. Me encantaba ese héroe. Es fuerte, valiente y bondadoso.

Instantáneamente, el aviso del hombre del noticiero volvió a mi mente.

No era una mala idea, la verdad escribir y expresarme a través del papel se me daba bien, contaba con mucho tiempo libre y la idea de sorprender a un combatiente solitario con un humilde saludo desde aquí me entusiasmaba. Apagué la televisión y me fui a dormir, sabiendo que ir al correo sería lo primero que haría en la mañana.






-Buenos día señorita, vengo para inscibirme en el programa de correspondencia solitaria a los combatientes de Japón.

-¡Felicidades! No mucha gente se ha acercado para unirse, los cuento con los dedos de una mano. Pero bueno, todo lo que tiene que hacer es dejarme sus datos escritos- me entregó un papel -luego eligirá a uno de los hombres que figuran en la lista pegadas en esa pared- señaló un muro empapelado con los nombres de los combatientes.

Me acerqué titubeante, indeciso, no tenía ni idea de como elegir. Qué criterio usar.

Decidí que como sea quien sea, sería un completo desconocido, elegí que el destino me diera una mano. Giré sobre mí mismo y eché una mirada en el salón de la oficina, cogida de la mano de su mamá, había una niña muy adorable, a quien reconocí como mi vecina Marilyn, un encanto de señorita. Justo lo que quería, la inocencia de un niño.

Me acerqué a ella y le sonreí.

-Hola, Marilyn-.

-¡Zuku! ¿Qué haces aquí?- dijo riendo.

-Vengo a hacer unos trámites ¿ustedes?- pregunté mirando a su mamá, Léa.

-Venimos a enviar unas tarjetas navideñas a la familia, es algo tedioso como verás- contestó Léa refiriéndose a la larga fila para envíos.

-Totalmente cierto- concordé -Marilyn ¿Puedo pedirte un favor?- pregunté.

-Claro-.

-Dime dos letras que te gusten. Piénsalo muy bien-.

La adorable niña hizo un gesto como de estar meditando profundamente.

-¡Listo!-.

-¿La primera?-.

-La "B"- dijo, con gesto travieso.

-¿Y la segunda?-.

-La "K"- concluyó, convencida.

-¡Muchas gracias, me sacaste de un dilema existencial!- agradecí dándole un fuerte abrazo.

-¿Para qué necesitas las letras?- preguntó Léa curiosa.

-Para elegir a una persona- contesté sinceramente, alejándome.

Volví hacia la pared de las listas y busqué el listado perteneciente a la letra B.

Listo

Luego, busqué el primer nombre que coincidiera.

Bakugou, Katsuki.

Un nombre bonito, pero ni por asomo se me cruzó la idea de buscar otro, él sería mi destinatario. Suspiré, tomé la lapicera que prendía de un cordón al costado y taché ese nombre de la lista. Ya estaba tomado como mio.






Tomé papel y una pluma, y como si de un torrente de agua se tratara, escribí.


"Querido Katsuki:

Antes que nada, me presento. Soy Izuku Midoriya. Soy de Japón, aunque resido ahora en Francia, donde escribo para una editorial de novelas. Tengo Veintitres años. Soy soltero, y vivo completamente solo aquí, mi escasa familia vive en Musutafu, Japón, donde nací. Me apasiona leer y ver atardeceres. Mi color favorito es el rojo. El Katsudon es mi debilidad. No se me ocurre nada más sobre mí, así que pasaré a lo importante.

Quiero decirte gracias, por ser tan valiente, por estar allí sufriendo privaciones y ganándote heridas por defender nuestro país. Eres un héroe, igual que tus compañeros, y la vida te lo recompensará.

De ahora en adelante, cada vez que te sientas sólo, triste, vencido y sin fuerzas, antes de renirte, piensa que aquí, en una parte de Francia, hay alguien que está pensando en tí, alguien que quiere que mantengas la fortaleza, que sigas de pie, alguien que estará comiéndose las uñas rogando por tu seguridad. Te prometo que, si tú me lo permites, te escribiré todas las semanas, y sólo si tienes ganas, podrás responderme y hacerme saber como estás, podremos charlar de lo que quieras.

Ya no estás solo, Katsuki, quiero que lo tengas en cuenta. Te mando un cálido abrazo desde aquí, te estaré esperando. Ojalá quieras responderme, soy muy entusiamado con esto. Sé que quizás pienses que solo soy un extraño, pero el tiempo nos hará buenos amigos.

Con mucho cariño, Izuku Midoriya.

PD: Junto a la carta te envío una foto mía, bastante reciente, no soy un chico bonito, no lo hago por alardear, como verás no tengo con qué hacerlo. Es para que sepas, que esta carta tiene un rostro precedente, y es real".






Ocho días después, cuando llegaba del supermercado, vi una solitaria carta en el buzón.

Mis ojos chispearon de ilusión y corriendo como loco dejé las bolsas en la mesa de la cocina, y volví hacia la puerta.

Tokyo, Japón

Mi corazón voló en latidos y con cuidado de no arruinar el contenido, abrí el sobre.

En un precario papel, escrito con lápiz, al parecer prácticamente sin punta, se extendían líneas de una caligrafía preciosa, estilizada y varonil.


"Querido Izuku (lindo nombre):

Como sabes, por supuesto, soy Katsuki Bakugou. Pero pasaré a contarte algo sobre mí, como lo has hecho tú. Tengo Veinticinco años, nací aquí como tú, en Japón. Hasta antes de ser convocado al ejército era médico, aquí también ejerzo, pero la gran mayoría de las veces me necesitan en el frente y no puedo elegir por mí mismo. El verde es mi favorito, los bosques me dan tranquilidad, y la comida picante de solo imaginarla, me da hambre.

Quiero agradecerte por tu carta, no sabes lo sólo que uno puede llegar a sentirse aquí, en el mismísimo infierno, y más cuando estás solo en el mundo. Mis padres fallecieron hace muchos años, no tengo hermanos ni familiares que yo sepa. Mi único amigo no está enterado ni siquiera que estoy aquí, ya que unos meses antes de venir tuvimos una fuerte pelea, y eso me trae muchos remordimientos. Así es como supongo que los agentes de correspondencia habrán notado que nadie me escribía y me han agregado a la lista de "huérfanos" que tanto odié cuando me contaron sobre ella. Me enfermaba la idea de que alguien sintiera lástima por mi, yo no quiero la lástima de nadie, ni que se compadezcan de mí.

Caundo recibí tu carta, me enfurecí con quien quiera que la hubiera escrito, estuve a punto de romperla, pero hubo algo que me dijo que merecía por lo menos leerla. Sentí vergüenza de mí mismo al terminarla, tu calidez y dulzura me hicieron sonreír para mí mismo, me hicieron olvidar por un momento de donde estaba, e inmediatamente cambié de opinión al respecto. Al decirme que estarías velando por mí, que ya no estaba solo, le diste un propósito a mi lucha. Antes tenía bien presente que, en el caso de salir vivo de esta, nadie estaría esperando por mí en el aeropuerto, y en el caso de morir, nadie me extrañaría. Ahora sé que tú piensas en mí, y aunque te parezca exagerado, eso es suficiente para mantenerme vivo. Gracias.

Con respecto a la fotografía, quiero que sepas que no te ves a tí mismo correctamente, eres hermoso, nunca dudes de eso, tienes unos hermosos ojos como las esmeraldas, muy expresivos, tienes lindas pecas, y ojalá pueda verlos en persona alguna vez. Ahora tu foto está en el bolsillo de mi pantalón, la llevo siempre conmigo, y cada vez que veo un atardecer me acuerdo de tí.

Espero que te encuentres muy bien, y ojalá algún día pueda leer alguno de tus libros. Te mando mis saludos desde aquí, Izuku. Gracias a tí, ya no me siento solo.

Espero con ansias tu respuesta.


Katsuki Bakugou".



POV de tercera persona:


Izuku no podía creer las amenas que fueron las palabras de Katsuki, e inmediatamente comenzó a corresponderle.

Así pasaron los meses, una vez cada diez días, o a veces más, ellos se intercambiaban correspondencia. Se contaron todo del uno al otro, sin haberse visto jamás, parecía como si se conocieran de toda la vida, o por lo menos así se sintió. Pronto las cartas de Izuku pasaron de ser de una sola hoja de papel, a cuatro o cinco, con letra lo más pequeña pero legible posible, para poder escribir más.

Katsuki esperaba esas líneas ansioso, con el correr del tiempo, había caido profundamente enamorado de aquel peliverde, su ángel, como lo creía él, que había iluminado sus días, que le había dado esperanzas, le había dado una razón para querer sobrevivír. Se conformaba con ver en persona ese bello rostro pecoso una vez, sólo una, para morír en paz. Cuando le tocaba ir al frente de batalla, se esforzaba por mantenerse fuerte, por no perder la cordura y no dejar que la situación le inquiete, por que no podía defraudarlo, no lo haría.

Siempre que veía el Sol meterse, pensaba en Izuku, en como le gustaría tenerlo en sus brazos para ver juntos aquel atardecer, y el resto de los que le toque ver por el resto de su vida.

Izuku se sintió abrumado, luego de los primeros meses, comprendió que no sólo le encantaba escribirle, si no que una sensación de ansiedad y euforia le recorría cada vez que su cartero tocaba su puerta con noticias de su Kacchan, como él lo había apodado.

Por que así lo sentía, le pretenecía, dentro de su alma y en silencio, Izuku sentía como si ya no pudiera vivir sin él, era extraño, ni siquiera conocía ese rostro que tanto le intrigaba, y sin embargo, cada día lo amaba un poquito más.

Lo imaginaba fuerte y jovial, y por alguna razón tenía la certeza de que su sonrisa sería la más hermosa y contagiosa del mundo. Cada día suplicaba por que estuviera sano, que llegara a salvo a casa, que no permitiera que lo hieran, que no pase hambre ni sed, y que si en algún momento se siente sobrepasado, pedía que le de fuerzas, que tuviera esperanzas, que le de la señal necesaria para que recuerde que él lo estaba esperando.






Una tarde, mientras Izuku estaba planchando unas camisas que usaría para ir a la editorial, el hombre del noticiero dió un anuncio, que lo llenó de ilusiones.


"El gobierno Nacional, ha dado a conocer públicamente que retirarán varias de las tropas que se encuentran en Japón. Por razones que no se han dado a conocer, creen que será necesario llegar a un acuerdo para detener el fuego, pero no se animan a quedar desprotegidos, es por eso que otras tropas acamparán allí por tiempo indefinido, mientras que algunos podrán regresar a casa.

En otras noticias, una coalición producida entre un autobús y un auto particular dejó heridas a dos personas..."


Izuku quedó estupefacto, petrificado, tanto que casi quema la camisa blanca que tanto le gustaba.

Dejó todo como estaba y corrió a su escritorio, donde el papel y la pluma lo esperaban.

Estaba eufórico, los dedos le temblaban por la alegría incontenible, y no le permitían producir una letra mediamente legible.

Hizo un bollito con el papel y lo tiró al cesto, presionó los ojos e intentó relajarse lo más que pudo, cuando sintió que lo estaba logrando, volvió a tomar la pluma.


"Querido Kacchan.

¡Hola! Espero que te encuentres sano y salvo. Estoy muy emocionado por una noticia que escuché en la TV. El gobierno ha decidido retirar la mayoría de las tropas alojadas en Japón para enviarlas a casa, y guardo las esperanzas de que entre esas tropas se encuentren la tuya, Kacchan.

En fin, lo que quiero es enviarte todos mis datos, para que puedas ubicarme cuando regreses.

Mi dirección es ****, primer piso, departamento C. Francia, bueno eso ya lo sabes jaja.

De verdad, deseo que si tienes un tiempo, puedas venir a visitarme, o decirme donde quieres que vaya e iré yo con todo gusto. Te podrás quedar en mi casa, por eso no debes preocuparte. Quiero que sepas que te quiero mucho, Kacchan, y que no veo la hora de conocerte en persona. Te envío mi más fuerte abrazo y beso, y con suerte y si tú quieres, nos veremos muy pronto.

Cariños, Izuku".






Katsuki quedó boquiabierto, no cabía en sí mismo de tanta felicidad. Aquellas palabras eran las que le faltaba para tomar la iniciativa e ír a conocer a Izuku en cuanto pisara suelo Francés.

Le contó a todo su pelotón acerca de Izuku y en lo encantado que estaba con él, que no paraba de imaginarlo, que no podía entenderse a sí mismo cómo logró querer tanto a aquel hombre.

-Tú si que estás enamorado, maldito suertudo- dijo Eijiro entre risas, su compañero de tienda de campaña.

-Sí, lo estoy. Es tan hermoso, cálido y dulce. ¿Sabes? No sé como reaccionaré cuando lo tenga frente a mí- comentó Katsuki mirando hacia el cielo.

-¿Tienes pensado ír a verlo a Francia?- preguntó Eijiro enarcando una ceja.

-Desde que el Sargento Primero dio la noticia de que todos nos vamos a casa en dos días, supe que lo primero que haría al salir de aquí, es coger un avión e ír a verlo- explicó con una sonrisa suave.

Desde que había conocido a su Izuku, había sonreido más que durante toda su vida, y eso es algo que él no sabía de que manera agradecerle.

-¿Él sabe que irás?- preguntó Shoji.

-¡Él mismo me lo ha pedido! Me ha enviado una carta más esta semana, porque se enteró de que volvería a través de TV y ¿sabes?, en ella me ecribió su dirección y me dijo que estaría esperándome.

-Pero no le has contestado, no te vi yendo a la caja de envíos hoy cuando se solicitó-.

-Ni lo haré. Izuku me dió una gran sorpresa cuando me escribió por primera vez, y te aseguro que le devolveré el favor-.






Izuku estaba que caminaba por las paredes, cinco días habían pasado desde que envió su última correspondencia, y no había tenido respuestas.

-¿Nada para mí, señor Beau?- preguntó Izuku parado en la entrada el edificio cuando el cartero llegó y no dejó nada en su buzón.

-No, Izuku. Lo siento- dijo con una mirada de compasión.

Días pasaban y nada de Katsuki. Comenzaba a desesperarse, sabía que en el Este de Asia todo estaba calmado de momento y que no se estaba produciendo enfrentamientos, pero la sola idea de suponer que su Kacchan estaba herido o quizás peor, le hacía sentir un frío que le calaba los huesos.

Fue al refrigerador por la tarde, para ver que podía cenar esa noche, pero nada comestible parecía encontrarse allí. Tomó su abrigo color verde, unos guantes de lana y su bufanda a juego, botas para la nieve, su cartera y salió hacia el supermercado.

Se encontraba a solo dos calles de distancia por lo que decidió ír con calma. Caminó lo más lento que pudo para hacer que aquella salida sea más larga, quería despejarse y liberar esas ideas de que Katsuki estaba herido o...¡no podía ni pensarlo!.

En el supermercado compró pastas y salsa con algo de pan, y se dispuso a pagar. Tomó la única bolsa que le tendía el vendedor con su compra en el interior y volvió caminando a casa, aún más lento que antes.

Cuando se acercaba a la entrada de su edificio, notó que alguien estaba parado allí tocando uno de los tantos timbres con insistencia, caminó aún más rápido por simple impulso y se detuvo a unos dos metros de él. La bolsa que llevaba en su mano de pronto le pareció demasiado pesada y la dejó caer, cuando comprendió que aquel hombre que se encontraba de espaldas a él a solo unos pasos, vestía un uniforme militar impoluto.

No le salía la voz, y lo único que logró fue un débil susurro.

-¿Kacchan?-.

Aquel joven que estaba empezando a dudar sobre si Izuku saldría o no de su casa, se quedó tieso. La voz que lo llamó a sus espaldas, aunque fue débil, le pareció la voz más dulce de todas y como autómata se giró sobre sus pies para ver a quién le pertenecía.

Allí, vestido con un abrigo verde, haciendo juego con su cabello y sus ojos esmeraldas, estaba él, su Izuku. Su amigo por correspondencia desde hace un año, tan espléndido y hermoso como lo creía, pero aquella foto que él tenía no le hacía justicia, era su ángel, el amor de su vida, lo tenía bien claro.

Izuku ahogó un gritito cuando sus ojos llegaron a su rostro, era bellísimo, dueño de unos ojos color rubí que lo tenían prisionero, el cabello de un color rubio cenizo, se lo notaba fuerte y entrenado, le llevaba una cabeza por lo menos. Cuando notó la sonrisa que se asomaba en sus labios, tan perfectos que te daban ganas de besarlos y no aburrirte nunca, dejándole ver sus perfectos dientes, confirmó lo que imaginaba, esa era la mejor sonrisa que algún día alguien le podría dedicar.

-¡Izuku!- exclamó Katsuki, abriéndole sus brazos, tirando su bolso al suelo en el proceso.

Izuku se lanzó a sus brazos aprisionándolo contra él lo más fuerte que pudo, las lágrimas le salían involuntarias de sus ojos, y no podía dejar de sonreír.

Katsuki lo levantó del suelo, los pies de Izuku colgaban en el aire. El cenizo escondió su rostro en su cuello, y decidió que su aroma, el de ese peliverde, sería su favorito a partir de ahora.

Menta

-Izuku, Izuku, Izuku- murmura una y otra vez -mi dulce Izuku, al fín puedo tenerte conmigo-.

Izuku alejó su rostro sólo un poco, para verlo a los ojos.

-No sabes cuantas veces he imaginado este momento- dijo mirando esos ojos rubíes que tanto le enamoran, cristalinos por las lágrimas de emoción.

-Es en lo único que podía pensar, te lo aseguro- contestó Katsuki.

Lentamente fue soltándo su agarre y dejó a Izuku en el suelo, dándole una media sonrisa de disculpa con algo de vergüenza.

-¡Subamos! Hace mucho frío, espero que vengas para quedarte, Kacchan. ¡Tenemos tanto de que hablar!- exclamó Izuku sintiéndose más que excitado, él mismo se recordó a su amigo de Japón, Denki, una persona sumamente vivaz y alegre, había llegado a pensar que era eléctrico.

Katsuki tuvo por primera vez en su vida la certeza de que había encontrado el lugar en donde pertenecía, junto a Izuku, donde sea que él quiera estar.

-Me encantaría, Izuku- contestó.

Como el caballero que estaba acostumbrado a ser, levantó su bolso sobre su espalda, y con la mano libre cargó la bolsa con las compras de Izuku. Subieron por el ascensor en silencio, hipnotizados el uno por el otro. Muy en el fondo, ambos sabían que ese amor que sentían era correspondido, pero siempre los temores los hacía dudar.

Ya en el departamento, Katsuki apreció que ese aroma a menta que Izuku llevaba en la piel, estaba impregnado en cada ambiente del departamento, lo abrumaba y no lo dejaba pensar coherentemente, nunca se imaginó que el primer encuentro le sería tan difícil de llevar.

-Katsuki, ¿porqué no vas a la habitación y te cambias el uniforme?, quiero que estés lo más cómodo posible, por favor- pidió Izuku.

-Te lo agradezco, la verdad es que no hice ninguna parada desde Japón hasta aquí, ya me está resultando incómodo- rió suave el cenizo, musicalmente según la opinión de Izuku.

-Genial, entonces. Ve a la última habitación por el pasillo, será la tuya todo el tiempo que quieras- afirmó Izuku mientras se acercaba para poner su mano en su hombro, en señal de apoyo.

-Gracias, Izuku. No sé cómo...- Izuku no lo dejó terminar, puso un dedo en sus labios.

-Shh...nada-.

Katsuki entró en la habitación perfectamente ordenada, y se puso un jeans y una remera de algodón negra, sencilla. Salió lo más rápido que pudo, no quería desperdiciar tiempo.

Encontró al peliverde sentado en el sillón largo del living, con una taza de café en sus manos, y otra lo esperaba a él en la mesita a su lado.

-Cuéntame, Kacchan. ¿Cómo estuvo el viaje?-.

-Estuvo bien, no me quejo. Solo estaba ansioso, muy ansioso- dijo eso sin pensarlo y se arrepintió, eso haría que izuku preguntara más.

-¿Por qué tanta ansiedad?- dijo Izuku enarcando una ceja. Katsuki se convenció de que no solo había venido a conocerlo, sino a intentar conquistar su corazón, y es lo que haría. Aunque él no sabía que no era necesario esforzarse, ese corazón ya le pertenecía hacía meses.

-Por tí- Izuku se sorprendió, como si no fuera la respuesta que esperaba -es que...desde hace un año, tú te transformáste en mi amigo, mi única familia, mi único contacto con el mundo fuera de ese maldito lugar que me estaba matando lentamente. Eres la razón por la que estoy vivo, Izuku, y no encuentro el modo de agradecerte- confesó bajando la mirada, los ojos le picaban y sabía que no faltaba mucho para quebrarse frente a él.

-¡Oh, Kacchan! No merezco que me digas esto, es demasiado. No tienes nada que agradecer, lo hice por que quise y no sabes lo feliz que me has hecho todo este tiempo. Aquí estoy muy solo, y conocerte ha sido maravilloso- Izuku tomó su mano y lo acarició con dulzura y adoración.

Katsuki seguía con la mirada agachada, y casi ya no podía contener el llanto, estaba muy feliz pero a la vez muy nostálgico. Sentía que en su interior una tormenta de sensaciones se desataba y no sabía dominarlas.

Izuku notó ese cambio de atmósfera y se sintió contagiado por ella, con los ojos llorosos, llevó su otra mano hacia el mentón de Katsuki e hizo que lo mirara.

-Te quiero, Katsuki. Ya no estás solo-.

Y con eso, Katsuki no lo soportó más y rompió en sollozos, Izuku lo siguió y se lanzó a abrazarlo, se acomodó para que el cenizo pudiera descansar su cara en su cuello. Katsuki se aferró al peliverde como si la vida se le fuera en ello, supo que lloraba de alegría, de felicidad, que toda su vida había dado un vuelco desde que Izuku midoriya había llegado a él, y que era mejor persona desde entonces.

-Dios, Izuku, yo también te quiero, mucho- Contestó Katsuki al rato, conteniendo un sollozo.

-Gracias, por todo. Por haber venido, creí que luego de que esto terminara, quizás, tu te olvidarías de mí- Confesó Izuku mientras acariciaba el rostro de su kacchan con delicadeza.

El se tensó al instante, figuró en ese momento, que Izuku nunca llegará a darse cuenta de que él lo amaba, era muy inocente y tenía muy poca autoestima, por lo que decidió que le confesaría todo, su amor, su devoción, y le rogaba al cielo que le de suerte y haga que Izuku lo pueda querer, al menos la tercera parte de lo que él lo hacía. Tomó la iniciativa, y se separó del abrazo de Izuku, dejándolo desconcertado. Katsuki miró profundamente sus ojos esmeraldas por unos segundos antes de hablar.

-¿Olvidarte? ¿Cómo crees que podría hacer algo así? Ni te imaginas lo que tú significas para mí- le aseguró serio, sin quitar sus ojos de los de Izuku, esas esmeraldas fascinantes que tanto le habían gustado desde el principio.

Izuku no supo que decir, ni como seguir con la conversación sin ser descubierto, sin hacerle saber que estaba sumamente nervioso.

Katsuki lo admiró unos segundos más, y con su mano izquierda, se animó a acariciar suavemente su mejilla pecosa, la suavidad de esa piel lo dejó embobado, sonrió con dulzura antes de jugarse por completo todo su ser con esas palabras.

-Te amo. Te amo más que a mi vida, y me prometí en la guerra que sobreviviría sólo para poder decírtelo en persona. Eres mi ángel, lo más hermoso que han visto mis ojos. Te amo- confesó, terminando en un susurro. En ese instante, sintió como si su cuerpo perdiera varios kilos, se sintió liviano y transparente, ya no tenía secretos.

Izuku brincaba de felicidad en su interior, pero su rostro era una mascara de incredulidad intensa, se le escapó una lágrima, y se dijo a si mismo que las puertas de la felicidad se le estaban abriendo ante sus ojos, y no dudaría en cruzar su lumbral.

Izuku se arrodilló en el sofá y acortó esa poca distancia que los separaba, y lo besó.

Comenzó lento y tímido, pero con el correr de los segundos, se hizo más profundo, sus lenguas se abrazaban sin darse respiros. Katsuki tomó una de sus piernas y la pasó por encima de su regazo, haciéndolo quedar a horcajadas sobre él. Sostuvo su cintura con una mano y enterró la otra en su verde cabello, esponjoso, suave y aromático.

Izuku se aferró a su cuello y le daba suaves caricias al cabello cenizo de Katsuki, enviándole escalofríos por todo el cuerpo. Ambos gemían con fuerza, se amaban con toda el alma, y ya nada los separaría.

Izuku no aguantó más y se separó solo unos centímetros para respirar, acunó ese rostro hermoso con ambas manos y notó como estaba bañado en lágrimas, esbozó una enorme sonrisa que le quitó el aliento al cenizo.

-Yo también te amo, Kacchan. Y lo hago desde hace meses- confesó Izuku finalmente, dándole a Katsuki la mejor noticia de su vida. Izuku lo amaba, tanto como él.

-Me acabas de hacer más feliz de lo que merezco-.

-Tú te mereces todo lo que desees. Y estoy dispuesto a entregarte mi vida entera si tú me la aceptas- Le ofreció Izuku, uniendo sus frentes para quedar aún más conectados.

-La acepto, ¡claro que si! Mi vida te pertenece hace mucho tiempo- Le confesó Katsuki, dándole un casto beso en los labios, antes de abrazarlo con fuerza contra su pecho, abrazando a la razón de su existencia desde hacía un año y para siempre.



FIN







Espero que les haya gustado tanto como a mí. 🥹

Muchísimas gracias por leer mis estrellitas. <

Espero vuestros comentarios y votad por favor. 🧡💚

Let GRohoR Juvia know what you thought about this chapter!
Love this

2

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Death's Shadow MC Book 1

cecilia: Can t give a full account yet but this is fun to reed will surent be able to once I finish. Again guilty pleasure

Read Now
Alpha Zach

Viviana Lorena: La trama de la novela, me encanta.

Read Now
The Grumpy Next Door

Scarlett709 : I honestly,truly, and deeply loved this so much. I read it in one sitting and I couldn't stop smiling and giggling.

Read Now
My Playboy Roommate

Wiebke: Ich war überrascht. Das passiert nicht so oft. Dieses Buch hat mich wirklich gefesselt. Es ist wunderbar, brilliant geschrieben mit der richtigen Prise Humor und der einer erschreckenden Tiefe für Drama. Und wer Drama liebt, wird hier sehr schnell fündig werden und es lieben.Ich bin sehr froh, daß i...

Read Now
Broken Halos MC

Dawn: Great characters and good plot! Exciting and little steamy

Read Now
The Mafia's Chef

toritsesan: The best book I have read on this app.... got hooked from chapter 1 till the end. Perfect story line, good continuity and spellings

Read Now
Ruthless Lord

Victoria: Hi,I analyzed your work, and I think it has a very unique and engaging storytelling style. The way you present your ideas and emotions really stands out. By the way are you currently working on any other stories or writing projects?

Read Now
Mated to the Wrong Alpha

Victoria: Hi,I analyzed your work, and I think it has a very unique and engaging storytelling style. The way you present your ideas and emotions really stands out. By the way are you currently working on any other stories or writing projects?

Read Now