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Mafia Bajó La Rosa Roja

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Summary

En el oscuro mundo donde el poder se compra con sangre y la lealtad se impone con miedo, PhaKorn Rojanawongkul gobierna sin oposición. Como líder de la temida Mafia Rosa Roja, su nombre es suficiente para sembrar terror. Frío, calculador y despiadado, ha construido un imperio que todos codician, pero que nadie se atreve a desafiar. Sin embargo, detrás de su imponente fachada se esconde un hombre consumido por la soledad, atrapado entre secretos, traiciones y heridas que nunca lograron sanar. Por otro lado, Aran Phromsuk solo desea una vida tranquila. Trabajando como mesero, intenta dejar atrás un pasado doloroso que aún lo persigue en las sombras. Pero algunas cicatrices jamás desaparecen, y algunos destinos son imposibles de evitar. Cuando sus caminos vuelvan a cruzarse, viejos recuerdos enterrados resurgirán, secretos ocultos saldrán a la luz y una peligrosa red de mentiras amenazará con destruir todo a su paso. En un mundo donde el amor puede convertirse en una debilidad mortal y la confianza tiene un precio demasiado alto, ambos deberán decidir si están dispuestos a enfrentar los fantasmas de su pasado... o perderlo todo. Porque algunas rosas nacen para ser admiradas. Y otras están cubiertas de espinas capaces de hacer sangrar incluso al corazón más frío.

Genre
Drama
Author
Yuliaa
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1 Emperador

Era de noche.

Desde el último piso de su rascacielos, un hombre alto y corpulento observaba las luces de la ciudad.

Abajo, miles de personas seguían con sus vidas sin saber que gran parte de la ciudad estaba bajo su control, negocios, puertos, empresas e información.

Derepente se escucharon pasos, era un subordinado entró apresuradamente.

-Jefe, encontraron el cargamento.

-¿Y?

-También encontramos al responsable.

Aque hombre de cabello negro continuó mirando por la ventana.

-Llevenlo a la bodega.

El hombre tragó saliva. Aquel hombre giró lentamente la cabeza, una sola mirada bastó.

-¿Necesito repetirlo?

-N-No, señor.

El subordinado salió casi corriendo.

Y nuevamente la habitación quedó en silencio.

Sobre la enorme mesa de caoba oscura descansaban varios documentos perfectamente ordenados, un elegante lapicero de tinta negra y un teléfono de última generación. Sin embargo, lo que más llamaba la atención era una placa de metal negro con letras doradas grabadas cuidadosamente:

Presidente PhaKorn Rojanawongkul.

La oficina reflejaba poder y autoridad en cada rincón. Era amplia y lujosa, con altos ventanales que permitían el paso de la luz exterior. Las paredes, revestidas de madera oscura y detalles en mármol, otorgaban al lugar una atmósfera sobria y distinguida.

Una lámpara de cristal proyectaba una tenue iluminación cálida sobre la estancia, mientras que varios cuadros de estilo moderno decoraban las paredes. El aroma a cuero y madera fina impregnaba el ambiente. Detrás del escritorio se alzaba una imponente silla de cuero negro, digna de alguien acostumbrado a dar órdenes y controlar.

Todo en aquella oficina transmitía lujo, elegancia y una sensación inquietante de autoridad, como si cada objeto allí presente recordara quién era el hombre que ocupaba aquella oficina.

PhaKorn Rojanawongkul permanecía de pie frente al enorme ventanal de su oficina, observando en silencio el paisaje que se extendía ante él. Su postura era recta e impecable, transmitiendo una autoridad natural que imponía respeto sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Tras unos segundos, se dio la vuelta y comenzó a caminar con pasos lentos y seguros. Cada movimiento reflejaba elegancia, confianza y el porte de alguien acostumbrado a estar al mando. Sin mirar atrás, abandonó la oficina mientras el eco de sus zapatos resonaba suavemente por el amplio pasillo.

Al otro lado de la puerta lo esperaban cuatro guardaespaldas vestidos de negro. Permanecían inmóviles y atentos, listos para seguir cada una de sus órdenes. En cuanto PhaKorn apareció, los hombres se acomodaron a ambos lados y comenzaron a escoltarlo.

El grupo descendió hasta la entrada principal del edificio. Afuera, tres lujosas camionetas negras aguardaban con los motores encendidos. Varios guardaespaldas más vigilaban los alrededores, observando cada movimiento con extrema atención.

Sin detenerse, PhaKorn se dirigió hacia la camioneta central. Uno de sus hombres abrió la puerta de inmediato y él subió con la misma serenidad y autoridad que lo caracterizaban. Segundos después, la caravana abandonó el lugar, avanzando por la ciudad como una muestra silenciosa del poder que aquel hombre poseía.

...

En otro lugar. [2:30 PM]

La lluvia golpeaba el techo del almacén abandonado.

Un hombre estaba arrodillado en el suelo, temblando. Frente a él, más de veinte miembros de la Mafia Rosa Roja guardaban silencio.

Nadie se atrevía a hablar, nadie se atrevía siquiera a respirar demasiado fuerte.

Entonces se escucharon unos pasos, lentos, firmes y autoritarios. El silencio se volvió todavía más pesado.

PhaKorn Rojanawongkul apareció vestido de negro. Sus ojos oscuros recorrieron el lugar sin mostrar emoción alguna.

-Por favor... déjeme explicarme... -suplicó el traidor.

PhaKorn no respondió, Simplemente tomó asiento. Todos bajaron la cabeza.

Porque cuando el Emperador se sentaba, nadie más tenía derecho a permanecer de pie.

-¿Cuánto tiempo llevabas vendiendo información? -preguntó.

Su voz era tranquila, demasiado tranquila a desir verdad.

Aquella calma resultaba mucho más aterradora que cualquier grito.

El hombre arrodillado comenzó a llorar. Las lágrimas descendían por su rostro mientras temblaba sin poder controlar el miedo que lo consumía.

Y eso era lo más aterrador de todo, porque PhaKorn jamás levantaba la voz, no lo necesitaba.

Su sola presencia era suficiente para imponer autoridad. Su poder hablaba por él.

Con una expresión fría e imperturbable, observó a todos los presentes. Sus ojos recorrieron la habitación lentamente, como si estuviera evaluando a cada persona allí.

-Espero que nadie vuelva a traicionarme -declaró con serenidad-. Porque quien lo haga terminará igual que él. Y les demostraré exactamente cuál es el destino de los traidores.

El silencio se apoderó de la sala.

PhaKorn levantó el arma con absoluta firmeza y la apuntó hacia la cabeza del hombre, que permanecía atado frente a él.

-Por favor... no... -suplicó entre sollozos.

Pero la compasión no existía en el corazón de PhaKorn El Emperador.

Sin alterar su expresión, apretó el gatillo.

El estruendo del disparo resonó por toda la habitación.

Después llegó el silencio, un silencio pesado y sepulcral, nadie se atrevió a moverse, nadie se atrevió a hablar.

Mucho menos a mirar directamente a los ojos al hombre que acababa de recordarles quién tenía el control.

PhaKorn bajó el arma lentamente y observó a los presentes.

-Espero que haya quedado claro.

Sus palabras fueron suficientes, no necesitaba repetirlas, todos comprendían perfectamente el mensaje.

PhaKorn acababa de recordarles quién era el líder, quién gobernaba las sombras, quién era el emperador de aquella ciudad.

Guardó el arma y comenzó a caminar con la misma elegancia y autoridad de siempre. Los hombres a su alrededor apartaron la mirada mientras él avanzaba entre ellos.

-Limpien este lugar.

La orden fue breve y firme.

Luego se acercó a uno de sus subordinados, un hombre alto y de semblante serio, y le dio algunas instrucciones en voz baja.

Cuando terminó, se dio la vuelta y abandonó el lugar sin mirar atrás.

En el exterior, sus guardaespaldas ya lo esperaban.

Y, como siempre, todos se hicieron a un lado para dejar pasar a su rey.

En ese momento Phakorn se retiró del lugar dejando un ambiente sombrío y intenso.

A través de la oscuridad de la noche, los autos se alejaron poco a poco, perdiéndose entre las luces de la ciudad como si nada hubiera ocurrido. Como si aquella escena jamás hubiera existido.

Y así, la noche llegó a su fin, un nuevo día comenzó. Para algunos, era simplemente el inicio de otra jornada.

Para otros, era el comienzo de un nuevo infierno.

En el corazón de Bangkok, donde se alzaban los edificios más imponentes de Tailandia y donde las mayores fortunas del país movían millones cada día, existía una empresa cuyo nombre inspiraba respeto, admiración y, en algunos casos, temor.

La Empresa de Exportación Rojanawongkul.

Un gigante empresarial que dominaba gran parte del mercado internacional de exportaciones. Su influencia se extendía más allá de las fronteras tailandesas, alcanzando países de todo el mundo. Durante años, la familia Rojanawongkul había construido aquel imperio con esfuerzo y ambición, convirtiéndose en una de las familias más poderosas y respetadas de Tailandia.

Su sede principal era una obra maestra de la arquitectura moderna.

Un enorme rascacielos de cristal negro y acero, cuyos ventanales reflejaban el cielo de Bangkok como un espejo. El lujo estaba presente en cada rincón: desde el inmenso vestíbulo de mármol italiano hasta las elegantes lámparas de diseño que colgaban sobre los pasillos. Todo en aquel lugar transmitía riqueza, exclusividad y poder.

Pero si la empresa era temida y admirada hoy en día, no era únicamente por el apellido que llevaba.

Era por una sola persona.

PhaKorn Rojanawongkul.

A sus veinticinco años, había logrado algo que ni su abuelo consiguio durante décadas. Bajo su liderazgo, la empresa alcanzó una expansión sin precedentes, multiplicando sus ganancias y convirtiéndose en la compañía de exportación más influyente del país.

Muchos lo consideraban un genio, otros, un hombre demasiado peligroso para su edad.

La realidad era que nadie se atrevía a subestimarlo.

Aquella mañana, varios vehículos de lujo se detuvieron frente a la entrada principal del edificio.

En cuanto las puertas automáticas se abrieron, una tensión invisible recorrió todo el lugar.

Los empleados reaccionaron de inmediato.

Como si una orden silenciosa hubiera sido dada, todos abandonaron momentáneamente sus actividades y se alinearon impecablemente a ambos lados del vestíbulo.

El silencio se volvió absoluto, ni una sola conversación, ni un solo murmullo.

Solo el sonido de unos pasos firmes resonando sobre el brillante suelo de mármol.

PhaKorn Rojanawongkul acababa de entrar.

Vestido con un impecable traje negro hecho a medida y un gran abrigo negro que lo cubrí, avanzó sin apresurarse. Su expresión permanecía fría, como si nada en el mundo fuera capaz de sorprenderlo o impresionarlo.

Sus ojos recorrieron el lugar apenas un instante.

Fue suficiente para que varios empleados sintieran un escalofrío recorrerles la espalda.

-Buenos días, señor Rojanawongkul.

Las voces se unieron al mismo tiempo mientras todos realizaban una respetuosa reverencia.

-Buenos días, señor Rojanawongkul.

Nadie se atrevió a levantar demasiado la mirada.

Nadie quería cometer el más mínimo error frente a él.

Porque todos sabían que PhaKorn no toleraba la incompetencia.

A su derecha caminaba su mano derecha, el hombre encargado de ejecutar cada una de sus órdenes sin cuestionarlas, con un traje de color azul oscuro.

A su izquierda avanzaba su secretaria personal, sosteniendo una tableta repleta de reuniones, contratos y reportes pendientes. Con un traje negro y el cabello recogido demostraba su seriedad en el trabajo.

Detrás de ellos se encontraban varios guardaespaldas de élite, hombres entrenados para proteger al heredero de la familia Rohana Kaut a cualquier costo.

Sin embargo, no eran ellos quienes imponían respeto.Era él.

PhaKorn continuó avanzando por el vestíbulo como si fuera el dueño del mundo. Y, para muchos, quizás lo era.

Porque en aquel edificio nadie cuestionaba sus decisiones, nadie desafiaba sus órdenes, y nadie olvidaba quién era el hombre que había llevado a la familia Rojanawongkul a la cima de Tailandia.

Cuando PhaKorn desapareció de la vista de los empleados todos suspiraron con tranquilidad.

Las puertas del ascensor privado se abrieron con un suave sonido metálico.

PhaKorn salió acompañado de su mano derecha, su secretaria personal y parte de su equipo de seguridad. Sus pasos eran tranquilos, firmes y calculados. No había prisa en sus movimientos, pero tampoco espacio para que alguien se interpusiera en su camino.

Al final del corredor se encontraba una de las salas de reuniones más importantes de toda la Empresa de Exportación Rojanawongkul.

Un enorme salón de diseño moderno y elegante.

Las paredes estaban revestidas con madera oscura importada, mientras que enormes ventanales permitían observar gran parte de Bangkok desde las alturas.

Una larga mesa de mármol negro ocupaba el centro de la estancia, rodeada por cómodas sillas de cuero.

Varias pantallas digitales mostraban gráficos, estadísticas y proyecciones económicas relacionadas con los próximos movimientos de la empresa.

Dentro ya se encontraban reunidos diversos directivos, socios estratégicos y ejecutivos encargados de desarrollar nuevas estrategias para mantener el crecimiento de la compañía.

Todos conversaban en voz baja, hasta que la puerta se abrió y el silencio cayó de inmediato sobre la sala, todos se pusieron de pie.

-Buenos días, presidente Rojanawongkul.

Las voces resonaron al unísono, PhaKorn únicamente realizó un leve movimiento de cabeza antes de caminar hacia la cabecera de la mesa.

-Tomen asiento.

Su voz era calmada, pero suficiente para que nadie se atreviera a desobedecer.

Apenas había regresado aquella misma mañana de un importante viaje de negocios al extranjero. Sin embargo, lejos de buscar descanso, ya se encontraba revisando nuevos proyectos y escuchando propuestas para continuar expandiendo el imperio que había construido.

Porque para PhaKorn, detenerse nunca fue una opción.

Y quizás por eso había logrado lo que nadie más pudo.

A los veintiún años tomó el control de la empresa familiar cuando muchos creían que era demasiado joven para asumir semejante responsabilidad.

Incluso algunos accionistas llegaron a pensar que terminaría hundiendo todo lo que generaciones anteriores habían construido.

Se equivocaron, en apenas cuatro años convirtió a Rojanawongkul una de las compañías más influyentes de Tailandia.

Multiplicó inversiones, abrió nuevos mercados internacionales, firmó acuerdos que parecían imposibles.

Y llevó el apellido Rojanawongkul a una posición que ni siquiera su abuelo había conseguido alcanzar.

Por eso nadie cuestionaba su autoridad, por eso todos lo respetaban Y, en algunos casos, lo temían.

PhaKorn escuchó las primeras presentaciones sin mostrar emoción alguna.

Su rostro permanecía serino con su abitual frialdad e inexpresivo.

Era difícil saber qué pensaba, difícil saber si estaba satisfecho o disgustado.

Sus ojos observaban cada documento, cada gráfica y cada propuesta con una atención casi aterradora.

Aquella frialdad era una de las razones por las que muchas personas evitaban acercarse demasiado a él.

La otra razón era que parecía completamente inaccesible.

A pesar de su juventud, poseía la madurez y la presencia de alguien mucho mayor.

Su poder, riqueza y posición social lo convertían en uno de los solteros más codiciados de toda la alta sociedad tailandesa.

Numerosas hijas de empresarios, políticos e importantes socios comerciales habían intentado llamar su atención.

Algunas aprovechaban eventos benéficos, otras reuniones de negocios.

Incluso existían quienes buscaban cualquier excusa para acercarse a él dentro de la propia empresa.

Todas compartían el mismo objetivo, conquistar al heredero Rojanawongkul.

Convertirse en la persona que estuviera a su lado, ascender socialmente, compartir el poder que aquel joven poseía.

Pero ninguna había tenido éxito, porque PhaKorn jamás mostraba interés, jamás prolongaba conversaciones innecesarias y jamás alimentaba falsas esperanzas.

Mantenía la misma distancia con todos, como si hubiera construido un muro imposible de atravesar.

Un muro que protegía algo que nadie conocía.

Porque detrás de aquella imagen fría, calculadora e inalcanzable, existía un secreto que jamás había compartido con nadie.

Un secreto que guardaba celosamente en lo más profundo de su corazón.

Y era que, desde hacía mucho tiempo, ya había entregado sus sentimientos a una sola persona.

Una persona que seguía ocupando cada uno de sus pensamientos.

Una persona que, sin saberlo, poseía aquello que el dinero, el poder y la influencia jamás habían podido comprar.

Su corazón.

PhaKorn Rojanawongkul


Una ficha para que se imaginen mejor a uno de los protagonistas y las bibras que da

Aviso importante

Esta historia es una versión original de un fanfic que anteriormente escribí sobre un ship de OhmFluke. Sin embargo, hace un tiempo decidí retirarlo y dejar de escribir sobre esos personajes, ya que actualmente ambos actores siguen caminos diferentes en sus carreras y tienen nuevos proyectos. Por esa razón, opté por crear una versión completamente original con personajes propios.

Si esta historia no es de tu agrado, eres libre de dejar de leerla. Solo te pido respeto y que evites hacer comentarios ofensivos o negativos.

Datos importantes que debes tener en cuenta

1. Esta es una obra de ficción. Por lo tanto, algunos elementos, situaciones y conceptos mencionados en la historia no existen en la vida real y fueron creados únicamente para este universo.

2. El mundo de esta historia es completamente original. En él existen tres géneros: hombre, mujer y donce. La forma en que funciona este sistema será explicada a lo largo de la trama.

3. La historia está ambientada en Tailandia, por lo que los personajes poseen nombres tailandeses.

4. Aunque la historia se desarrolla en Tailandia, muchas de las costumbres, normas y aspectos culturales presentados no corresponden a la realidad. Esto se debe a que la trama ocurre en un universo ficticio creado por mí, donde las reglas y tradiciones son diferentes.

Gracias por darle una oportunidad a esta historia. Espero que la disfrutes.

Para más dudas en los comentarios.

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