🍃Mi mayordomo personal (⅓)🍃
Narrador
Como de costumbre, Kim Ji-won estaba sumergido en su trabajo. Sentado tras su amplio escritorio, revisaba montones de documentos importantes con una concentración absoluta, sin prestar atención al paso de las horas.
—Director Kim... —se escuchó la voz de su secretaria a través del intercomunicador, con un tono ligeramente cauteloso.
—¿Qué pasa? —respondió él, sin apartar la vista de los papeles que tenía frente a sí, ni detener por un segundo su pluma.
—El presidente está aquí... desea verlo.
Kim Ji-won suspiró levemente, pero mantuvo la calma.
—Hágalo pasar.
La puerta se abrió casi de inmediato. Entró un hombre de edad avanzada, de porte elegante y mirada amable: era su padre, el fundador de la empresa.
—Ji-won... —lo llamó con suavidad mientras se acercaba.
—Dime, padre. Por favor, que sea rápido; como ves, estoy muy ocupado —contestó Kim Ji-won, señalando con un gesto breve el desorden organizado de su mesa.
El hombre sonrió con complicidad y se sentó frente a él, cruzando las manos sobre sus rodillas.
—Hijo, siempre estás ocupado. Vives rodeado de papeles y reuniones... Creo que ya es hora de que tengas un mayordomo personal. Eso te ayudaría mucho.
—¿¿Un mayordomo... personal? —Kim Ji-won levantó la vista por fin, mirando a su padre con una mezcla de sorpresa y escepticismo.
—Sí, hijo. Alguien que se encargue de tus asuntos, que te ayude aquí en la oficina y también en la casa. Te quitará un peso de encima, ya lo verás.
—No lo necesito. Estoy perfectamente bien como estoy —respondió él con seriedad, volviendo a sus documentos.
—Solo escúchame un momento... Piénsalo, ¿quieres?
—Ya tenemos al mayordomo Choi. Él se encarga de todo.
—Pero Choi trabaja para mí, es mi empleado —recalcó su padre con paciencia—. Tú necesitas a alguien que esté solo para ti.
—Te digo que no lo quiero.
—Hijo, mírate: no tienes novia, apenas sales de la empresa, y cuando llegas a casa te encierras en tu estudio. No es vida.
—No tengo novia porque no me interesa perder el tiempo en esas cosas, y tampoco necesito a nadie que me esté vigilando como si fuera un niño o un perro guardián.
El padre se inclinó un poco hacia adelante y puso esa expresión de "ojos de cachorro" que siempre le daba resultado.
—Hazlo por mí, por favor. Me siento mal al ver que no puedo ayudarte más con la carga de trabajo... Me duele ver que te agotas solo.
Kim Ji-won soltó la pluma, se pasó una mano por el cabello y suspiró, vencido por la insistencia.
—Está bien... Tendré ese mayordomo personal.
—¡Excelente! —el anciano sonrió ampliamente, triunfante—. Mañana mismo en la residencia entrevistaremos a los candidatos. Tú estarás presente y lo elegirás tú mismo.
—Como quieras. Ahora, por favor, ¿me puedes dejar solo? Tengo mucho que terminar.
—Está bien, ya me voy.
Al salir de la oficina, el semblante del padre cambió; ya no parecía un padre suplicante, sino un hombre con un plan bien trazado. Se acercó al mayordomo Choi, quien lo esperaba en el pasillo.
—Ponga un anuncio en todos los medios: periódicos, tableros de anuncios, portales de empleo... Se busca mayordomo personal para el director de Industrias Kim. Las entrevistas serán mañana en la residencia principal.
—A la orden, señor —respondió Choi con una reverencia inmediata.
Esa misma tarde, el mayordomo hizo las llamadas necesarias y en poco tiempo la oferta de trabajo estaba publicada en toda la ciudad, prometiendo un buen sueldo y excelentes condiciones.
Por otro lado...
—¡¿Y ahora qué voy a hacer?! —se quejó Kang Woo-jin, dejándose caer sobre un banco de la plaza con las manos en la cabeza.
—Tranquilo, amigo. Ya verás como pronto consigues algo —le respondió Lee Min-woo, su mejor amigo, sentándose a su lado y dándole una palmada reconfortante en la espalda.
—Pero Min-woo, necesito dinero urgente. Quiero ingresar a la universidad y la matrícula cuesta una fortuna. Si no pago pronto, perderé la oportunidad.
—No seas tan dramático, que no es para tanto —le sonrió con calma—. Vamos, compremos un periódico y revisemos las ofertas. Seguro hay algo que te sirva.
—Está bien... supongo que no pierdo nada con mirar.
Fueron al quiosco más cercano y pasaron página tras página, pero nada parecía encajar. O pedían demasiada experiencia, o el horario era imposible, o el sueldo no alcanzaba ni para el transporte. Hasta que, al salir, Lee Min-woo vio un cartel grande pegado en una pared.
—¡Oye, espera! ¿Qué es esto? —se acercó y leyó en voz alta, con los ojos brillando—: "Se busca mayordomo personal. Buen salario. Alojamiento incluido. Presentarse mañana en la Residencia Kim". ¡Woo-jin, mira esto!
—¿Qué pasa? —se acercó él, curioso.
—¡Esto es lo que necesitas! Míralo bien.
—¿Mayordomo? Pero... yo no tengo ni idea de cómo se hace eso. Nunca he servido a nadie.
—Vamos, Woo-jin, ¿qué tan difícil puede ser? Creo que es básicamente preparar té, mantener el orden y atender lo que te pidan. Cosas sencillas.
—¿De verdad crees?
—¡Claro! Y mira la dirección: es en la zona residencial alta, lo que significa que pagan muy bien. Mañana es la entrevista, tienes que ir.
—¿Y si no me eligen? Seguro habrá gente muy preparada.
—No seas negativo. Inténtalo. Si no resulta, seguimos buscando, pero al menos habremos intentado, ¿no? —le animó Lee Min-woo con su sonrisa contagiosa.
Kang Woo-jin dudó un momento, miró el cartel y pensó en la universidad.
—Está bien... iré. Aunque la verdad es que no me siento muy seguro.
Al día siguiente
—¡Por todos los dioses! Esto está más lleno que un estadio de fútbol —exclamó Lee Min-woo al ver la fila de personas esperando frente a la gran puerta de la mansión Kim.
—Eso es lo que menos me preocupa... mira esta casa, Min-woo... es inmensa —respondió Kang Woo-jin, con la voz entrecortada por el nerviosismo, observando la fachada imponente llena de jardines y detalles lujosos.
—Ánimo, amigo. ¡Tú puedes! ¡Fighting!
—Gracias... —Kang Woo-jin lo abrazó rápido, buscando un poco de fuerza.
Lee Min-woo se quedó esperando afuera, mientras Kang Woo-jin entraba temblando un poco. Lo que más le preocupaba era la ropa: todos los demás candidatos vestían trajes oscuros, camisas impecables y zapatos brillantes. Él, en cambio, llevaba su ropa más sencilla y cómoda, pues no tenía prendas elegantes; venía de una familia humilde y siempre había aprendido que el valor no está en lo que se lleva puesto, sino en quién eres.
Pasaron tres horas de espera interminable.
—¡El siguiente! —anunció una voz desde el interior.
—Vamos, Woo-jin... tú puedes —se dijo a sí mismo, tomando una bocanada de aire y acomodándose la camisa.
Entró a la sala principal y se inclinó en una reverencia profunda. Al levantar la vista, vio a tres personas: al fondo, sentado en un sillón de terciopelo, estaba el señor Kim, el dueño de todo. A su lado, de pie, el mayordomo Choi, con su traje impecable y postura recta. Y al otro lado, en una silla aparte, estaba él: Kim Ji-won.
Kang Woo-jin sintió que el corazón se le salía del pecho. El hombre joven era increíblemente guapo, serio y parecía inalcanzable.
—Muy bien, joven. Bienvenido a mi casa. Por favor, preséntese —dijo el señor Kim con voz amable.
—Mucho gusto... Mi nombre es Kang Woo-jin. Tengo veintitrés años —habló con voz clara, aunque un poco temblorosa por los nervios.
—Casi tienes la edad de mi hijo —comentó el señor Kim, mirándolo con interés—. Dime, ¿qué haces en tu tiempo libre? ¿Qué te gusta hacer?
—Ayudo a mi padre en su taller; él es alfarero. También colaboro mucho en casa con las tareas del hogar y ayudo a mi madre con la limpieza y la cocina —respondió con sinceridad.
El anciano asintió, poniéndose una mano en la barbilla como si estuviera evaluando cada palabra.
—Dime, ¿qué te impulsó a venir hasta aquí y postularte para este puesto?
Fue culpa de Min-woo, él me arrastró hasta aquí... pensó Kang Woo-jin, pero en voz alta dijo con total honestidad:
—Pues... necesito dinero para poder ingresar a la universidad. Vengo de una familia muy humilde, y aunque trabajamos duro, no nos alcanza para pagar la matrícula. Este empleo es mi oportunidad para estudiar.
—Interesante... —murmuró el señor Kim, mirándolo con una sonrisa oculta—. Y dime: ¿tienes experiencia como mayordomo o atendiendo a personas?
—N-no, señor... no tengo experiencia —admitió Kang Woo-jin, bajando un poco la mirada, apenado—. Pero aprendo rápido, soy responsable y trabajo duro.
El señor Kim se volvió hacia su hijo.
—Ji-won, hijo... ¿qué opinas tú? ¿Cuál eliges?
Kim Ji-won, que había estado en silencio todo este tiempo, observó a Kang Woo-jin de arriba abajo con una mirada intensa y analítica. Se levantó lentamente de su silla, sin decir nada más que:
—Que sea él.
Y sin esperar respuesta, dio media vuelta y se dirigió hacia sus habitaciones en el piso superior.
—¡Entendido! —exclamó el padre, radiante de alegría—. El trabajo es tuyo, joven. Empiezas mañana mismo. Trae tus pertenencias y te asignaremos tu habitación aquí mismo, en la mansión.
—¡Muchas gracias, señor! Gracias por darme esta oportunidad —Kang Woo-jin sonrió, aliviado y feliz, con una sonrisa brillante y genuina que iluminó su rostro.
—Tienes una sonrisa muy linda, muchacho —comentó el señor Kim, mirándolo con ternura—. Te va a ir muy bien aquí.
—Gracias... —Kang Woo-jin se sonrojó levemente—. Con su permiso, me retiro.
Al salir el muchacho, el mayordomo Choi se acercó al señor Kim.
—Este joven... es el indicado, ¿verdad?
—Sin duda. Se nota que es un buen chico, humilde y sincero.
—¿Cree que su hijo se dará cuenta de lo que tiene frente a él? —preguntó Choi con discreción.
—Mi hijo no podrá decir que no a alguien con un encanto tan natural —respondió el anciano con una sonrisa traviesa—. Y si Ji-won no se interesa, pues... siempre puedo presentárselo a mi hija. Sería un excelente yerno para mí. Ya es hora de que mi hijo deje de estar solo y aburrido. Además, él mismo lo eligió, ¿no?
—Así es, señor.
—Prepara su habitación, Choi. Y asegúrate de que quede justo al lado de la de mi hijo.
—Como usted ordene.
—¡¡Min-woo!! —Kang Woo-jin salió corriendo hacia su amigo, que lo esperaba en la entrada.
—¡¿Qué pasó, mi pequeña nutria?! —se burló Lee Min-woo, riéndose.
—¡Te he dicho mil veces que no me llames así! —hizo un puchero, pero no podía ocultar su alegría—. ¡Me aceptaron! Mañana empiezo a trabajar.
—¡¡SÍ!! —Lee Min-woo lo levantó del suelo en un abrazo fuerte y alegre.
Cuando Kang Woo-jin se disponía a subir al auto de su amigo, sintió una mirada fija sobre él. Alzó la vista y vio en el balcón superior de la mansión a Kim Ji-won, quien lo observaba en silencio, serio e impenetrable.
—¿Pasa algo? —preguntó Lee Min-woo, notando su distracción.
—Nada... nada, vamos —respondió Kang Woo-jin, subiendo rápido al vehículo con el corazón acelerado.
El gran día 🐓
—¡Hoy es el gran día! —se dijo Kang Woo-jin al despertar, con una mezcla de emoción y nervios.
Su madre lo esperaba con el desayuno listo, aunque tenía los ojos llorosos.
—Hijo, cuídate mucho... Te voy a extrañar tanto.
—Si te tratan mal, si te hacen sentir menos... te vas de inmediato, ¿me oyes? —le dijo su padre con voz firme, poniéndole una mano en el hombro—. Podremos ser pobres, pero somos personas dignas y con orgullo. Nunca lo olvides.
—Lo sé, papá. Gracias —lo abrazó fuerte, grabando ese momento en su memoria.
Al salir de su casa, Lee Min-woo ya lo estaba esperando en su viejo auto. Kang Woo-jin le sonrió con gratitud.
—Gracias por traerme, mi fiel caballo —bromeó él.
—De nada, nutria —le devolvió la sonrisa Lee Min-woo.
Después de un largo viaje, llegaron a la imponente mansión. Lee Min-woo se despidió con un gesto de mano y Kang Woo-jin respiró hondo, acercándose al timbre.
—¿Quién es? —preguntó una voz desde el interfono.
—Soy el nuevo mayordomo... Mi nombre es Kang Woo-jin.
La puerta se abrió sin decir nada más. Kang Woo-jin se despidió con la mano una última vez de su amigo, quien se quedó allí hasta que lo vio entrar.
Caminó por el largo sendero, con su maleta en una mano y el corazón latiéndole fuerte. La mansión era aún más hermosa por dentro: jardines inmensos, flores de todos los colores, fuentes de agua cristalina y una arquitectura que parecía de cuento.
Kang Woo-jin sonrió, lleno de esperanza, y comenzó a caminar hacia su nuevo destino, sin saber que esa puerta que acababa de cruzar cambiaría su vida para siempre.








