Capítulo 1: La Caminata
—Mamá, ya me voy —le grito desde la puerta esperando su respuesta.
—Está bien —grita desde su cuarto.
Amo caminar a la escuela, bueno, técnicamente no camino a la escuela, porque necesito tomar el camión, pero aun así, hago una caminata de 10 minutos para llegar a la parada del camión. Estar despierto tan temprano es raro. Después de vacaciones tan largas, todo lo que quiero hacer es quedarme acostado en la cama, dormido.
No soporto que la gente que espera el camión aquí conmigo sea tan ruidosa. Apenas puedo escuchar mis propios pensamientos entre la gente hablando y tosiendo.
Veo una luz blanca brillante. La gente empieza a moverse y me doy cuenta de que tengo que apresurarme si quiero encontrar lugar, es solo para estudiantes, pero aún así se llena demasiado pronto.
Apenas logro alcanzar asiento en la tercera fila, cuando veo un puñado de estudiantes ya dentro del camión. No reconozco a nadie. El año pasado todavía estaba estudiando en la secundaria, había tenido tres años malos seguidos, pero alcancé lugar, así que desde ahora ya sé que este año será bueno. Tal vez hablé un poco pronto, porque el camión da demasiados brincos y este chico rubio parece no saber lo que es el espacio personal. Trato de mantener distancia entre nuestras piernas, pero él mantiene las de él junto a las mías, al menos nos mantendremos un poco calientes, porque el viento entra a través de un pequeño orificio por la tercera ventana del camión. La «chica anime» delante de mí ni siquiera cierra la ventana. Tal vez solo le gusta el frío. O quizás quiere demostrarle al mundo entero lo diferente que es. Tal vez solo estoy asumiendo cosas.
Después de diecisiete minutos, finalmente llegamos a la preparatoria. Nunca había visto una escuela con el pasto recién cortado y regado tan temprano. Al menos huele mejor que en el camión. Ni siquiera sé dónde está mi nuevo salón, pero no puedo dejar que la gente note que estoy perdido, así que sigo caminando a pesar de que solo había venido una sola vez para realizar el examen de admisión. De pronto me detengo al escuchar la voz fuerte de una maestra:
—Si es tu primer día de clases, quédate aquí.
Este nuevo salón de clases es demasiado callado y aburrido, apenas tenía dos amigos en la secundaria, pero al menos hablábamos entre todos, aquí parece que nadie tiene lengua o siquiera sabe qué hace aquí. Veo a una chica que no es tan alta como las demás; de hecho, es la más pequeña, usa lentes y la reconozco casi de inmediato al ver sus ojos, del color del pasto recién cortado que había visto hace unos minutos, no habíamos hablado desde que teníamos once años, desde la graduación de la primaria, estoy por decirle «buenos días», cuando un anciano entra gritando:
—¡Todos sentados!
Así que tengo que posponer nuestro encuentro. Esta está siendo la clase más aburrida, me pregunto si el resto del día será igual. Al menos el profesor hizo preguntas: nos pidió nombres, edades y gustos. La mayoría contestó que les gustaba la música, pero a nadie le gusta tanto como a mí, la música ha estado en mi vida desde siempre, probablemente ellos solo escuchan música de fiesta y lo llaman «innovación». Estoy a punto de prepararme porque soy el siguiente en responder, cuando el maestro dice:
—Continuaremos mañana. Al menos por hoy, no tengo que preocuparme por cómo hablo o cómo sueno para los demás, por ahora estoy a salvo.








