El hombre que dejó de soñar
Las personas suelen romantizar el insomnio.
Dicen que las madrugadas son tranquilas.
Que pensar de noche es relajante.
Que el silencio ayuda a ordenar la mente.
Mentira.
Después de cierto tiempo, la madrugada deja de sentirse humana.
Las paredes empiezan a verse diferentes.
El sonido del ventilador cambia.
Cada sombra parece estar en el lugar equivocado.
Y el silencio…
El silencio empieza a sonar demasiado fuerte.
Llevaba meses durmiendo mal.
No era algo reciente. No podía recordar exactamente cuándo empezó, pero cada noche se sentía más pesada que la anterior. A veces lograba dormir una o dos horas. Otras veces simplemente me quedaba mirando el techo hasta que amanecía.
Lo peor no era el cansancio.
Era la sensación constante de que algo no estaba bien.
Como si mi cabeza estuviera esperando algo.
Aquella noche empezó igual que todas.
La lluvia golpeaba suavemente la ventana de mi habitación mientras la luz azulada de mi teléfono iluminaba el techo. Eran las 3:17 AM.
Otra vez.
Siempre despertaba a la misma hora.
Suspiré y me senté en la cama, frotándome los ojos con desesperación. Sentía el cuerpo pesado, pero mi mente seguía completamente despierta.
Tomé el teléfono.
Ninguna notificación.
Nada nuevo.
Solo el reflejo de mi rostro cansado en la pantalla negra.
Me levanté lentamente y caminé hacia la cocina. El apartamento estaba oscuro y silencioso, excepto por el zumbido eléctrico del refrigerador.
Abrí la nevera.
La luz blanca iluminó el pasillo vacío detrás de mí.
Y por un segundo…
Sentí que había alguien observándome.
Giré rápido.
Nada.
Solté una pequeña risa nerviosa.
—Necesito dormir… —murmuré.
Tomé una botella de agua y regresé a mi habitación arrastrando los pies.
Pero antes de entrar, algo me hizo detenerme.
La ventana.
La lluvia había parado.
Y el cielo…
Se veía extraño.
No sabía cómo describirlo. Era como si las nubes estuvieran demasiado quietas. Como una imagen congelada.
Me quedé observando unos segundos.
Entonces ocurrió.
Un sonido.
Grave.
Lejano.
Tan profundo que no parecía escucharse con los oídos, sino dentro del pecho.
FRRRRMMMMM…
Fruncí el ceño.
El sonido desapareció tan rápido que dudé haberlo escuchado realmente.
Me acerqué a la ventana.
Nada.
La ciudad seguía completamente normal.
Luces.
Autos.
Silencio.
Pero mi cuerpo seguía tenso.
Como si una parte de mí hubiera reconocido ese sonido.
Retrocedí lentamente y cerré las cortinas.
No quería seguir mirando afuera.
Volví a acostarme.
El cansancio finalmente empezó a ganar.
Mis ojos ardían.
La respiración se volvió más lenta.
Y por primera vez en meses…
Me dormí.
Pero esa noche…
Soñé.
Al principio, el sueño parecía normal.
Tan normal que ni siquiera me di cuenta de que estaba soñando.
Estaba caminando por una calle llena de personas. Las luces de los edificios iluminaban las ventanas húmedas por la lluvia y enormes pantallas publicitarias parpadeaban sobre las avenidas abarrotadas. Los autos avanzaban lentamente mientras la gente hablaba, reía y caminaba sin prestar atención a nada más.
Todo se sentía extrañamente real.
Demasiado real.
El aire frío golpeaba mi rostro.
Podía escuchar conversaciones lejanas.
El sonido de los semáforos cambiando.
Pasos.
Motores.
Respiraciones.
Era exactamente igual al mundo real.
Y eso fue lo primero que me inquietó.
Porque los sueños normalmente se sienten… incompletos.
Pero aquello no.
Aquello se sentía vivo.
Recuerdo haber mirado mis propias manos.
Incluso podía sentir el movimiento de mis dedos.
Entonces alguien chocó contra mi hombro al pasar.
—Fíjate por dónde vas —gruñó un hombre sin detenerse.
Me quedé quieto.
Confundido.
Mi corazón empezó a acelerarse lentamente.
Había algo raro.
Algo que no lograba entender.
Miré alrededor otra vez.
La ciudad seguía moviéndose con normalidad.
Pantallas brillando.
Personas cruzando calles.
Lluvia acumulándose en el pavimento.
Todo parecía perfectamente normal.
Hasta que alguien gritó.
No fue un grito fuerte.
Fue peor.
Fue el tipo de grito que hace que todo el mundo se calle al mismo tiempo.
La multitud empezó a detenerse poco a poco.
Algunas personas levantaron la mirada hacia el cielo.
Otras sacaron sus teléfonos.
Y entonces yo también lo vi.
Una luz....









