Capítulo 1: Fundido a negro
Hacía escasos meses que tenía la vida prácticamente resuelta y que estaba viviendo su sueño. Jade había tenido muy claro, ya desde niña, que quería ser actriz. No fue un camino fácil, pero diez años en la industria comenzaban a dar sus frutos... Tenía un papel importante en una serie internacional, casi medio millón de seguidores en Instagram y un futuro bastante prometedor.
Ahora solo tenía la boca seca y el estómago vacío.
Ella y su grupo, los pocos que quedaban, se habían refugiado en una nave de un polígono industrial. El sitio parecía que ya llevaba abandonado un tiempo, parecía una especie de bar, con un taller en la parte trasera. No era muy acogedor, pero la puerta era de garaje, pesada y segura. En la parte superior tenían algunos compartimentos que les servían para dormir con algo de privacidad, así que eso les valía.
El brote había sido demasiado repentino y había afectado a demasiada gente. Al principio pensaron que era un ataque o algo así, se cortó el acceso a internet y a las llamadas apenas un par de días después de que comenzara todo. Tampoco era algo que descartaran, tal y como estaba el mundo, solo una epidemia zombie podía sorprender a la humanidad.
Pues bueno, habían conseguido sorprenderlos.
— Toma —la voz de Julia la sacó de su ensimismamiento, ofreciéndole una botella de agua—. ¿En qué piensas?
Jade, que estaba hundida en un sofá oscuro junto a la escalera, se incorporó un poco para tomar la botella y esbozar un atisbo de sonrisa como agradecimiento antes de beber. Julia también era actriz, había interpretado a su madre en la serie que estaban rodando, y en cierto modo se comportaba como si fuera su madre en toda esa situación.
— No sé... ¿en todo? —Jade dejó escapar un pequeño suspiro, cerrando el tapón de la botella—. Es solo que... la cosa no pinta muy bien, ¿no?
Julia apretó los labios en una sonrisa y se pasó una mano por el pelo, apartándoselo de la cara.
— Supongo que no. Me gustaría poder decirte que mañana nos va a recoger un helicóptero, que nos llevarán a casa y que en un tiempo seguiremos con nuestras vidas... —Se encogió de hombros y miró a Jade. Tenía los ojos un poco húmedos. Se sentó junto a ella con cuidado y le dio una palmadita en la rodilla—. Eso es pedir demasiado a estas alturas. Pero... Estamos bien, resistimos y nos adaptamos.
— ¿No te da rabia estar en la otra punta del mundo? —Le preguntó casi sin pensar. Sabía que Julia estaba casada y que apenas había podido comunicarse con su pareja. No tenía forma de saber si seguía con vida—. Perdona... vaya pregunta...
Agachó un poco la cabeza. A sus veintidós años, en Canadá no la esperaba nadie, pero aun así, el aislamiento de estar en un país extranjero la carcomía por dentro.
— Jade, podemos pasarnos la tarde aquí sentadas hablando sobre cómo podrían haber ido mejor las cosas. —Julia se encogió de hombros y esbozó una sonrisa algo amarga—. O valorar que están mejorando. Hemos pasado momentos muy duros, horribles, pero ahora tenemos un lugar seguro y cuando Jacob llegue tendremos comida. Además, nosotras por lo menos hablamos español, el pobre de Jacob solo sabe saludar y preguntar por el lavabo...
Las dos se rieron un poco, casi sin ganas. Jacob era la estrella de la serie, aunque no era muy conocido allí. Él era norteamericano y apenas conocía el idioma, pero a pesar de sus cincuenta y tantos había sacado al grupo de más de un apuro, y si habían llegado al refugio era gracias a él.
— Deberían haber vuelto ya, ¿no crees? Se fueron muy temprano, y...
— Deja de preocuparte. —La mirada de Julia se afiló, intentando mantener el buen humor—. Jacob se las apaña y Ricardo es de aquí, con suerte vuelven con la furgoneta llena de comida.
Jade rodó los ojos, soltando un suspiro.
— Mataría por un Redbull.
— Y yo por una Coronita. —Rio Julia, frotándose un ojo con la punta de los dedos—. Y un cigarrillo, tomando el sol en la playa...
— Sí, con los zombis sirviendo espetos de sardinas junto al paseo marítimo.
Julia soltó una carcajada y le dio una pequeña cachetada en la pierna.
— Prohibidísimo mencionar las sardinas. Un descubrimiento reciente que voy a echar mucho, mucho de menos.
Volvieron a reír y se quedaron en silencio en la creciente oscuridad del lúgubre espacio que les servía como refugio. Al cabo de un rato, Jade estaba mirándose en un sucio espejo con la mirada casi perdida. Llevaba la cazadora verde que usaba su personaje durante el rodaje de la serie, que abrigaba bastante y era cómoda.
La cazadora había visto días mejores, estaba sucia de tener que arrastrarse por el suelo y tenía salpicaduras de sangre. La sangre no era suya, pero sí de gente que había conocido. Su reflejo le devolvía una mirada cansada, con ojeras y sin esa chispa de alegría que siempre la había acompañado.
El departamento de maquillaje habría tenido que esforzarse, estaba sucia y tenía rasguños en las mejillas. Inspiró hondo, se esforzó por dedicarse a sí misma una sonrisa, una que le llegara a los ojos y que le hiciera olvidar por un segundo todo lo que había pasado. Al fin y al cabo, seguía siendo actriz.
Cuando salió del baño había perdido la sonrisa y sus ojos volvían a estar apagados. Arrastró los pies en dirección a la barra, donde se encontraba Ray con la cabeza gacha. Era el único que se había quedado en el refugio con ellas, uno de los especialistas de la producción, pero se había lastimado el brazo durante la huida y lo tenía inmovilizado.
El tipo alzó la cabeza para mirarla. Durante un momento parecía que iba a decir algo, pero volvió a clavar la mirada en un punto perdido de la barra. Así pasaron unos minutos, en completo silencio, con las sombras acentuándose, cuando se oyó el motor aproximarse.
Ray dio una palmadita en la barra con la mano sana y se giró en el taburete, incorporándose.
— Por fin... —Dijo mientras se acercaba a la pesada puerta de entrada, pero Julia se interpuso en silencio y alzó un dedo.
Jade y Ray la miraron con expresiones confusas, pero la entendieron de inmediato. Precaución. Podían no ser ellos.
El mero pensamiento de que les podía haber pasado algo hizo un nudo en la garganta de la joven. Mantuvo la respiración mientras el vehículo avanzaba hasta detenerse justo delante. Oyeron una de las puertas del vehículo abrirse, y unos pasos acercarse...
Llamó a la puerta tres veces, con fuerza, haciendo que Jade se sobresaltase y dejando escapar el aire que había estado reteniendo.
— ¡Abrid! ¡Somos nosotros! —Del otro lado se oyó la voz de Jacob, inconfundible, hablando en español con un fortísimo acento.
Ray soltó un suspiro mientras se acercaba a la puerta y estiraba el brazo para desatrancarla, pero Julia frunció el ceño, cruzándose de brazos. Jade también estaba algo extrañada, ¿por qué Jacob había hablado en español?
El especialista desatrancó la puerta y comenzó a tirar para abrirla, pero esta se abrió con fuerza, haciéndolo retroceder un paso. Al otro lado estaba Jacob, con el rostro hinchado y ensangrentado, y no estaba solo.
A su lado, un tipo corpulento sostenía una escopeta y apuntaba hacia el interior. En cuanto la puerta se abrió, pateó la parte trasera de las piernas de Jacob, haciéndole caer de rodillas. El actor alzó las manos, disculpándose con sus compañeros entre balbuceos.
— ¡Vaya sitio de mierda para esconderse! —Exclamó otro tipo mientras daba un paso al interior—. Enano, vigila la calle por si aparece algún bicho.
CRACK.
La culata del rifle se estrelló contra el rostro de Ray, mandándolo de espaldas contra el suelo.
Otro de los asaltantes, un tipo altísimo, asintió y se quedó pegado a la furgoneta. Jade distinguió a Ricardo en su interior, tras las ventanas de la parte trasera. Parecía tan magullado como Jacob. El corazón de la joven iba a mil por hora, retrocedió un paso cuando el asaltante entró.
El asaltante pasó junto a Ray, que se retorcía en el suelo con la mano cubriendo su nariz, de donde manaba bastante sangre. Dedicó una sonrisa a Jade y a Julia que tenía muy poco de amable.
— Tranquilitas, ¿sí? No vamos a haceros daño. —Les dijo, como si no hubieran hecho daño a tres de ellos—. Pero si gritáis o hacéis alguna otra tontería, os lo haré con mucho gusto. Vuestros amigos han dicho que no tenéis armas, pero no quiero ninguna puta sorpresa. ¿Nos vamos a llevar alguna puta sorpresa?
Jade abrió la boca para intentar decir algo, pero estaba temblando, paralizada en el sitio. Eran cinco tipos, todos armados.
— Nada que dispare. —Respondió Julia en voz baja, pero sin miedo en el tono. Más bien parecía resignada—. Solo... cuchillos y herramientas.
El asaltante del rifle se plantó frente a Julia, ampliando su sonrisa de oreja a oreja. Otros dos entraron tras él. Jade sintió un escalofrío viendo cómo uno de ellos caminaba directo hacia ella.
La agarró del pelo con tanta fuerza que un agudo relámpago de dolor le recorrió todo el cuero cabelludo, tirando de ella para conducirla al exterior.
— ¡Pues a la furgoneta, que nos vamos de paseo! —Oyó que canturreaba el líder, empujando a Julia. En ese momento, consciente de lo que estaba ocurriendo, la joven entró en pánico y trató de resistirse.
— ¡No! ¡Suéltame, joder! —Chilló, golpeando al tipo que la sujetaba del pelo mientras el dolor y la desesperación inundaban sus ojos de lágrimas—. ¡Cabrones de mierda, dejadnos en paz!
El puño que la sostenía por el pelo no cedía mientras ella se debatía por liberarse, y alcanzó a ver la culata de un arma antes de que todo se volviera negro.








