ONE SHOT
Placer Compartido
Charlie y Babe llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo. Babe se tensó sobre él, soltando un gemido agudo y largo mientras se corría entre sus cuerpos. Charlie gruñó contra su cuello, empujando profundo una última vez y derramándose dentro de él con fuerza, llenándolo por completo.
Se quedaron quietos, unidos y jadeando. Babe apoyó la frente contra la de Charlie, intentando recuperar el aliento. Charlie acariciaba su espalda con suavidad, todavía dentro de él.
Charlie sonrió con satisfacción y preguntó con voz ronca:
—¿Esa es tu manera de hacer cosas divertidas?
Babe se encogió de hombros, todavía respirando agitado, con una sonrisa perezosa en los labios.
—No vi quejas de tu parte.
Charlie soltó una risa baja y sujetó el cabello de Babe con firmeza pero sin lastimarlo, atrayéndolo más cerca de su rostro.
—¿Quejarme? No todos los días te pones en ese plan…y no todos tienen un novio tan bello como yo.
Babe sonrió ante las palabras de Charlie, con los ojos brillando de cariño y deseo. Se inclinó y besó sus labios con ternura. Charlie lo atrajo más contra sí y devoró su boca con lentitud, saboreándolo profundamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Sus besos bajaron lentamente por la mandíbula de Babe hasta su cuello, dejando un rastro húmedo y caliente. Llegó hasta sus pezones y tomó uno con la boca, chupándolo con dedicación mientras su lengua jugaba alrededor de él. Babe arqueó la espalda y soltó un gemido suave, enredando los dedos en el cabello de Charlie.
—Charlie…— susurró Babe, entregado.
Charlie mordió suavemente el pezón antes de pasar al otro, dedicándole la misma atención. Sus manos bajaron hasta el trasero de Babe y lo apretaron con posesión, masajeándolo y amasándolo con firmeza mientras seguía chupando y mordiendo sus pezones.
—Mmm…me encanta cuando haces eso.— murmuró Babe, moviéndose ligeramente sobre él sin separarse.
La película seguía reproduciéndose de fondo, con sus sonidos de terror completamente ignorados por ambos. Charlie levantó la mirada un segundo hacia Babe, con los ojos llenos de amor y deseo.
—Eres tan perfecto…— susurró antes de volver a capturar un pezón entre sus labios, chupando más fuerte mientras sus manos no dejaban de explorar y apretar su trasero.
Babe suspiró de placer y se dejó consentir, acariciando el cabello de Charlie con ternura.
—Sigue así, mi amor…no pares.
Charlie sonrió contra su piel y continuó besando, chupando y mordiendo suavemente sus pezones, disfrutando del cuerpo de Babe con calma y devoción, mientras sus manos seguían masajeando su trasero con cariño posesivo.
Noche de Provocaciones y Cariño
Una hora después, la sala estaba en silencio excepto por los sonidos de la nueva película que habían puesto. Habían terminado su sesión de intimidad hacía rato. Charlie ya se había limpiado y acomodado su pantalón.
Babe, en cambio, solo llevaba puesta la remera grande de Charlie, ya que este le había roto la camisa antes. No se había puesto nada más debajo.
Babe estaba acostado de lado en el sofá, con las piernas ligeramente flexionadas. Charlie lo observó desde su lugar y bajó la mirada. La remera se había subido lo suficiente como para dejar ver claramente su trasero desnudo.
—Babe…— lo regañó Charlie con voz firme pero cariñosa.— ¿Otra vez sin ropa interior? Te ayudé a limpiarte y te dije que te pusieras algo. Se te ve todo.
Babe ni siquiera se movió mucho, solo giró un poco la cabeza y sonrió con picardía.
—No tengo ganas de ponerme nada. Estoy cómodo así.
Charlie suspiró y se acercó al sofá.
—Eres imposible. Alguien podría verte si se asoma por la ventana.
—No hay nadie mirando.— respondió Babe con indiferencia, moviéndose un poco más y dejando que la remera se subiera todavía más.
Charlie no aguantó. Se subió encima de Babe, acomodándose entre sus piernas y devorando su boca en un beso intenso y posesivo. Babe jadeó contra sus labios, sorprendido por la rapidez. Charlie bajó una mano y le dio una nalgada firme en el trasero expuesto.
—Ahh…¡Charlie!— se quejó Babe, empujándolo del pecho.
Charlie se apartó un poco y se acomodó de nuevo en su lugar en el sofá, con una sonrisa satisfecha.
—Para que aprendas.
Babe lo miró con fingido enojo, frotándose la zona.
—Que aprenda tu abuela.
Charlie soltó una carcajada genuina y negó con la cabeza.
—Eres un caso perdido, mi amor.
Babe sonrió y se acomodó mejor, todavía sin ponerse ropa interior. Charlie lo atrajo hacia sí y ambos se dispusieron a ver la nueva película que habían elegido.
Media hora después, Charlie giró la cabeza hacia Babe y lo encontró profundamente dormido. Su cabeza descansaba en el brazo del sofá, la remera subida hasta la cintura y una expresión tranquila en el rostro. Charlie sonrió con ternura, tomó la frazada que estaba en el respaldo y lo tapó con cuidado, arropándolo bien para que no tuviera frío.
—Duerme bien, mi amor.— susurró suavemente, besando su frente con delicadeza.— Te amo.
Se quedó un rato más observándolo dormir, con una sonrisa llena de amor en los labios, antes de volver su atención a la película, aunque su mano permanecía acariciando el cabello de Babe por encima de la frazada.
Mañana Tranquila
A la mañana siguiente, la luz del sol entraba suavemente por las cortinas de la sala.
Charlie despertó primero, todavía sentado en el sofá con la cabeza de Babe apoyada en su regazo. Durante la noche, Babe se había acurrucado más contra él, y la frazada apenas lo cubría.
Charlie sonrió con ternura y acarició suavemente el cabello de Babe, apartando algunos mechones de su frente. Babe se removió un poco y abrió los ojos lentamente, aún somnoliento.
—Buenos días, Cachorro…— murmuró Babe con voz ronca, estirándose como un gato.
—Buenos días, mi amor.— respondió Charlie, inclinándose para darle un beso suave en los labios.— ¿Dormiste bien?
Babe asintió y se sentó lentamente, sin importarle que la remera se subiera un poco.
Se frotó los ojos y miró a Charlie con una pequeña sonrisa.
—Dormí excelente. Aunque me duele un poco el cuello por la posición. ¿Por qué no me llevaste a la cama?
Charlie rio bajo y lo atrajo hacia sí para abrazarlo.
—Porque te veías tan tranquilo que no quise despertarte. Además, me gustó tenerte así toda la noche.
Babe se acurrucó contra su pecho y suspiró contento.
—Eres demasiado suave conmigo…Me vas a malcriar.
—Ese es el plan.— dijo Charlie, besando su sien.— ¿Quieres desayunar? Puedo preparar algo rápido antes de ir al taller.
Babe levantó la cabeza y lo miró con cariño.
—Me encantaría. Pero primero…dame otro beso.
Charlie no se hizo rogar. Tomó el rostro de Babe entre sus manos y lo besó con lentitud, disfrutando del momento tranquilo de la mañana. Cuando se separaron, Babe sonrió contra sus labios.
—Te amo, Charlie. Gracias por todo…por estar aquí, por mudarte, por apoyarme en todo.
—Yo también te amo, Babe. Muchísimo. Cada día contigo es mejor que el anterior.
Babe se levantó del sofá, ajustando un poco la remera de Charlie que llevaba puesta, y extendió la mano hacia él.
—Vamos a la cocina entonces. Hoy quiero panqueques. Y tú los haces mejor que yo.
Charlie tomó su mano y se levantó, entrelazando sus dedos.
—Panqueques van. Pero solo si me das otro beso antes de empezar.
Babe rio y lo besó de nuevo, esta vez más juguetón.
—Trato hecho. Eres insaciable de besos, ¿lo sabías?
—Solo de tus besos.— respondió Charlie, siguiéndolo hacia la cocina con una sonrisa enorme.
Mientras preparaban el desayuno juntos, el departamento se llenó de risas, pequeños roces y conversaciones ligeras. Su relación seguía fuerte, llena de amor, comprensión y esa complicidad que solo ellos entendían.
Rutina Compartida
Esa misma mañana, después del desayuno y algunos besos robados en la cocina, Babe y Charlie llegaron juntos al taller de X Hunter. El ambiente era el habitual: ruido de herramientas, motores encendidos y el equipo trabajando con energía.
Babe se cambió rápidamente y se dirigió a la pista de entrenamiento. Antes de subir a su auto, miró hacia el taller y vio a Charlie ya inclinado sobre uno de los vehículos. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Charlie, por su parte, se puso manos a la obra revisando el auto de North. Sus manos se movían con rapidez y precisión, ajustando piezas y comprobando niveles.
Jeff se acercó a él con una sonrisa cómplice.
—¿Todo bien en casa, hermano?
Charlie levantó la vista un segundo y sonrió.
—Todo perfecto. Desayunamos juntos y…bueno, ya sabes. Es bueno empezar el día así.
Jeff rio bajo y le dio una palmada en el hombro.
—Me alegra verte feliz. Y a Babe también. Se nota que está más tranquilo desde que están juntos.
En la pista, Babe completó una vuelta y detuvo el auto cerca de la zona de observación. Alan se acercó con una tablet en la mano.
—¿Cómo se siente hoy?— preguntó Alan.
—Bien.— respondió Babe, quitándose el casco.— La suspensión trasera responde mejor. Charlie hizo un buen ajuste ayer.
Alan asintió.
—Ese chico es un genio con los motores. Tienes suerte de tenerlo.
Babe miró hacia el taller, donde Charlie estaba ahora revisando el motor del auto principal.
—Lo sé.— dijo Babe en voz baja, con una expresión más suave.— Es lo mejor que me ha pasado.
Charlie, ajeno a la mirada de Babe, hablaba solo mientras trabajaba:
—Vamos…un poco más de torque aquí…perfecto.
Sonic pasó por su lado cargando neumáticos y bromeó:
—Oye, Charlie, ¿sigues hablando solo o le estás contando secretos al motor de Babe?
Charlie rio y se limpió las manos con un trapo.
—Un poco de ambos. Quiero que esté impecable para su próxima carrera.
Babe regresó al taller después de varias vueltas. Se acercó directamente al auto donde estaba Charlie y se detuvo a su lado, observando su trabajo.
—¿Cómo va?— preguntó Babe con tono profesional, aunque sus ojos decían otra cosa.
Charlie levantó la mirada y sonrió con calidez.
—Todo en orden. Cambié las bujías y ajusté la mezcla. Debería darte más potencia en las rectas. ¿Quieres probarlo ahora?
Babe asintió y se acercó un poco más, bajando la voz para que solo Charlie lo escuchara:
—Después. Primero quiero darte las gracias por el desayuno…y por lo de anoche.
Charlie se sonrojó ligeramente y miró alrededor para asegurarse de que nadie los escuchaba.
—Babe…aquí no. Pero de nada, mi amor. Me encanta cuidarte.
Babe sonrió de esa forma discreta que solo Charlie conocía y le dio un leve apretón en el hombro antes de volver a su tono serio.
—Buen trabajo, Charlie. Sigue así.
Mientras Babe se alejaba hacia la oficina para revisar datos, Charlie lo observó con una sonrisa enamorada.
North, que estaba cerca, negó con la cabeza divertido.
—Ustedes dos son demasiado obvios.
Charlie solo rio y volvió al trabajo, feliz de estar exactamente donde quería: trabajando en los autos de su novio, construyendo una vida juntos.
Final del Día
El sol comenzaba a bajar cuando el taller seguía lleno de actividad. Babe había completado varias sesiones de entrenamiento y regresaba sudoroso, con el traje de carreras bajado hasta la cintura. Charlie, como siempre, estaba concentrado en el auto principal, revisando los frenos con movimientos rápidos pero precisos.
Babe se acercó por detrás y se detuvo a su lado, observando su trabajo.
—¿Cómo va todo?— preguntó con su tono profesional habitual.
Charlie levantó la cabeza y sonrió al verlo, limpiándose las manos en un trapo.
—Todo perfecto. Los frenos responden mejor que nunca. Probé la nueva configuración y debería darte más control en las curvas. ¿Quieres qué te muestre los datos?
Babe asintió y se acercó más, fingiendo revisar el motor mientras bajaba la voz:
—Después. Ahora solo quiero mirarte un rato. Te ves sexy cuando estás tan concentrado.
Charlie se sonrojó y miró alrededor rápidamente.
—Babe…aquí no. Los chicos podrían oírte.
Babe sonrió de lado, esa sonrisa que solo Charlie conocía.
—Que oigan. Eres mi novio.
Jeff pasó cerca y fingió no escuchar, pero soltó una risa baja. Sonic, que estaba ordenando herramientas, levantó la vista.
—Ustedes dos ya ni disimulan— comentó Sonic.
Babe le lanzó una mirada fría.
—Sigue trabajando y no te metas en lo nuestro.
Charlie rio suavemente y negó con la cabeza.
—Ignóralo. ¿Terminaste por hoy?
Babe asintió y se cruzó de brazos.
—Sí. Mañana tengo una sesión importante. Quiero que vengas a la pista a supervisar el auto personalmente.
—Allí estaré.— prometió Charlie, cerrando el capó.— Siempre.
Alan se acercó al grupo y miró a ambos.
—Buen trabajo hoy, chicos. Pueden irse temprano. Mañana arrancamos fuerte.
Babe y Charlie recogieron sus cosas. Mientras caminaban hacia el auto de Babe en el estacionamiento, este tomó discretamente la mano de Charlie.
—Gracias por todo lo que haces.— dijo Babe en voz baja.— No solo con los autos…sino por estar conmigo.
Charlie apretó su mano y lo miró con cariño.
—Es lo que quiero. Estar contigo todos los días. En el taller, en casa, en las buenas y en las malas.
Babe se detuvo junto al auto y lo miró a los ojos.
—Te amo, Cachorro.
Charlie sonrió ampliamente.
—Yo también te amo, mi amor. Vamos a casa. Hoy cocino yo.
Babe subió al auto con una expresión más suave de lo habitual. Mientras conducían de regreso, la mano de Babe descansaba sobre la pierna de Charlie, un gesto pequeño pero lleno de significado.
La relación seguía creciendo, más fuerte y estable que nunca.
Apoyo Incondicional
Los meses seguían pasando y tanto Charlie como Babe mantenían sus sesiones con el psicólogo en días diferentes. Era una prioridad para ambos, y siempre se aseguraban de estar presentes para el otro.
El Día de Charlie
Era miércoles por la tarde. Charlie acababa de salir de su sesión. Tenía los ojos un poco rojos y caminaba con esa energía inquieta que lo caracterizaba, pero más calmada de lo habitual. Babe lo esperaba afuera del consultorio, apoyado contra su moto con los brazos cruzados.
En cuanto Charlie lo vio, su rostro se iluminó.
Babe se acercó de inmediato y lo abrazó con fuerza, sin decir nada durante unos segundos.
—¿Cómo te fue hoy, Cachorro?— preguntó Babe suavemente, acariciando su espalda.
Charlie suspiró contra su cuello y se aferró un poco más.
—Bien…pero fue pesado. Hablamos de cómo todavía me siento culpable cuando tengo bajones y no puedo concentrarme. A veces siento que soy una carga para ti.
Babe se apartó lo suficiente para tomar su rostro entre las manos y mirarlo a los ojos.
—No eres una carga. Nunca lo has sido. Me encanta tu energía, tu forma de moverte, tu cabeza que va a mil. Eso es parte de ti y te amo así. ¿Qué te dijo el psicólogo?
—Que estoy progresando. Que es normal tener días difíciles y que pedir ayuda no me hace menos.— Charlie sonrió débilmente.— Me recomendó una nueva técnica de respiración cuando me sienta abrumado.
Babe besó su frente con ternura.
—Entonces la practicaremos juntos en casa. Estoy orgulloso de ti por venir, aunque sea difícil. Gracias por no rendirte.
Charlie lo abrazó de nuevo, más relajado.
—Gracias por esperarme siempre. Saber que estás aquí hace que sea más fácil.
El Día de Babe
Dos días después, era el turno de Babe. Salió del consultorio con la mirada baja y los hombros ligeramente tensos. Charlie lo esperaba sentado en una banca afuera, con dos cafés en la mano.
En cuanto Babe se acercó, Charlie se levantó y le ofreció uno de los vasos.
—¿Quieres hablar de ello?— preguntó Charlie con suavidad, sin presionar.
Babe tomó el café y se sentó a su lado.
Después de unos minutos en silencio, habló:
—Hablamos de Sakda otra vez…y de esa voz en mi cabeza que todavía me dice que yo tuve la culpa. Hoy fue difícil aceptarlo del todo.
Charlie dejó su café a un lado y tomó la mano de Babe, entrelazando sus dedos.
—Es normal que esa voz aparezca todavía. Pero cada vez es más débil, ¿verdad?
Babe asintió y apretó su mano.
—Sí…El psicólogo me dijo que está bien sentirme enojado, triste y culpable al mismo tiempo. Que no tengo que ser fuerte todo el tiempo.— Su voz se quebró un poco.— A veces todavía me siento sucio.
Charlie lo abrazó por los hombros y lo atrajo contra su pecho.
—No eres sucio. Eres fuerte, valiente y el hombre que amo. Lo que te hicieron no te define. Tú eres mucho más que eso. Y estoy aquí para recordártelo todos los días.
Babe se dejó abrazar, escondiendo el rostro en el cuello de Charlie.
—No sé qué haría sin ti…Gracias por acompañarme en esto, aunque sea en días diferentes. Saber que llegas a casa y me esperas…me ayuda mucho.
Charlie besó su cabello y susurró:
—Siempre voy a estar aquí. Para ti, para mí, para nosotros. Estamos sanando juntos, mi amor. Paso a paso.
Babe levantó la cabeza y lo miró con los ojos brillantes pero más tranquilos.
—Te amo, Charlie.
—Y yo te amo a ti, Babe. Vámonos a casa. Hoy cocino yo y después vemos una película. Sin críticas esta vez.— bromeó Charlie.
Babe soltó una risa suave y se levantó, sin soltar su mano.
—Trato hecho.
Ambos seguían avanzando, más unidos que nunca, apoyándose mutuamente en su proceso de sanación.
Un Año Juntos
Charlie y Babe habían decidido celebrar su primer aniversario de noviazgo de forma especial. Babe, quien normalmente era reservado, se había encargado de organizar todo: una cena en un restaurante elegante con vista al río en Bangkok, lejos del ruido del taller y las pistas.
Esa noche, Babe esperaba en la sala del departamento vestido con una camisa negra ajustada y pantalones oscuros. Cuando Charlie salió de la habitación con una camisa blanca que Babe le había regalado, este se quedó mirándolo unos segundos más de lo necesario.
—Te ves…increíble.— dijo Babe con voz baja, acercándose para ajustar el cuello de la camisa de Charlie.— Feliz aniversario, Cachorro.
Charlie sonrió ampliamente y lo abrazó por la cintura.
—Feliz aniversario, mi amor. No puedo creer que ya haya pasado un año. Parece que fue ayer cuando me ignorabas en el taller.
Babe soltó una risa suave y lo besó con ternura en los labios.
—Y míranos ahora. Viviendo juntos, yendo a terapia, apoyándonos…Has cambiado mi vida, Charlie.
Cena Bajo las Luces
El restaurante estaba iluminado con luces suaves y velas. Tenían una mesa privada con vista al agua. Babe había pedido los platos favoritos de Charlie y una botella de vino que no era demasiado fuerte.
Mientras esperaban el postre, Babe tomó la mano de Charlie sobre la mesa y entrelazó sus dedos.
—Quiero decirte algo.— empezó Babe, mirándolo a los ojos con esa intensidad gris-azulada que siempre hacía que Charlie se derritiera.— Este año no ha sido fácil. Tuve muchos días oscuros, traumas que pensé que nunca podría enfrentar…pero tú estuviste ahí. Cada vez que salía de terapia destruido, tú me abrazabas sin pedir nada a cambio. Me enseñaste que no tengo que ser fuerte todo el tiempo.
Charlie apretó su mano, con los ojos brillantes.
—Y tú estuviste ahí en mis bajones, cuando mi cabeza no paraba y me sentía una carga. Me llamabas “Cachorro” y me hacías sentir querido tal como soy. No cambio ni un solo día contigo, Babe. Te amo más cada mañana que despierto a tu lado.
Babe sonrió de esa forma suave y coqueta que solo le dedicaba a él.
—Te amo, Charlie. Gracias por mudarte conmigo, por ser paciente con mis cambios de humor, por hacerme reír incluso cuando quiero estar serio. Eres lo mejor que me ha pasado.
El mesero trajo el postre —un pastel de chocolate compartido— y Babe tomó el tenedor, ofreciéndole el primer bocado a Charlie.
—Feliz primer aniversario, mi amor.— susurró Babe.
Charlie aceptó el bocado y luego le dio uno a Babe.
—Feliz aniversario. Y que vengan muchos más.
Regreso a Casa
De regreso en el departamento, ambos se quitaron los zapatos y se sentaron en el sofá.
Charlie atrajo a Babe hacia su regazo y lo abrazó por la cintura, apoyando la cabeza en su pecho.
—Hoy fue perfecto.— murmuró Charlie, acariciando el cabello de Babe.— Gracias por organizar todo.
Babe levantó la mirada y lo besó lentamente, con amor profundo.
—No tienes que agradecerme. Quiero darte días como este siempre. Quiero que sigamos creciendo juntos, yendo a terapia, trabajando en el taller, discutiendo por películas malas y haciendo el desayuno los domingos.
Charlie rio suavemente y besó su frente.
—Quiero todo eso contigo. Quiero despertarme todos los días y ver tus ojos gris-azulados. Quiero seguir siendo tu excepción, como tú eres la mía.
Babe lo abrazó más fuerte, escondiendo el rostro en su cuello.
—Eres mi hogar, Charlie. Te amo.
—Y yo te amo a ti, Babe. Más de lo que las palabras pueden decir.
Se quedaron abrazados en silencio, disfrutando de la calidez del otro, celebrando no solo un año de noviazgo, sino todo lo que habían superado y construido juntos.
Castigo Juguetón
Babe había jugado una broma pesada a Charlie, escondiendo todas sus herramientas favoritas. Ahora corría por la sala riendo como nunca, mientras Charlie lo perseguía con una mezcla de frustración y diversión.
—¡Ven aquí, Babe!— gritaba Charlie, riendo también.
Babe corría como si le fuera la vida en ello, esquivando muebles y soltando carcajadas.
Charlie finalmente lo alcanzó, lo levantó del suelo con facilidad y lo elevó un poco en el aire. Babe soltó un grito mezclado con risa fuerte.
—¡Charlie! ¡Bájame, idiota!
Charlie lo giró en el aire y lo miró con fingido enojo, aunque sus ojos brillaban de alegría al ver a Babe tan suelto y feliz.
—Te voy a regañar por esa broma. ¿Sabes lo importante que son esas herramientas para mí?
Babe seguía riendo, sin arrepentimiento.
—Solo fue una broma, aburrido.
Charlie arqueó una ceja.
—¿Aburrido?
—Lo eres.— respondió Babe con una sonrisa provocadora.
Charlie no perdió tiempo. Lo tomó del cabello con firmeza pero sin lastimarlo y lo besó con intensidad, devorando su boca. Babe protestó contra sus labios:
—¿Qué haces, mi amor?
Charlie susurró contra su boca, con voz ronca:
—Darte un castigo, mi amor.
Babe se apartó un poco, con los ojos brillantes.
—¿Castigo?
Charlie asintió y, sin esfuerzo, alzó a Babe, haciendo que enredara las piernas alrededor de su cintura. Lo presionó contra la pared y empezó a besar y morder su cuello con posesión. Babe jadeó cuando Charlie rompió su ropa interior de un tirón.
—Idiota…¿por qué lo haces?— se quejó Babe.
Charlie sonrió contra su piel.
—Porque no quiero estorbos.
Babe lo miró indignado.
—Eres un animal, Charlie.
Sin darle tiempo a protestar más, Charlie sacó su miembro y lo embistió de una sola vez, profundo y brusco. Babe soltó un grito ahogado ante la sensación abrumadora, aferrándose a sus hombros.
—Ahh…¡Charlie!
Charlie rio con diversión al ver la mezcla de molestia y placer en los ojos de Babe, especialmente cuando este intentó golpearlo en el pecho. Lo sujetó con más fuerza contra la pared y empezó a moverse con embestidas profundas y brutales.
—Te ves tan lindo cuando te enojas.— gruñó Charlie, besando, chupando y mordiendo su cuello mientras lo penetraba con fuerza.
Rompió la camisa de Babe con otro tirón, dejando su pecho expuesto. Babe lo golpeó varias veces en el pecho, indignado pero jadeando.
—¡Mi camisa, animal!
Charlie capturó sus muñecas con una mano y las sujetó por encima de su cabeza, mientras con la otra amasaba su trasero y lo penetraba más profundo.
—Ahora no hay nada que estorbe.— susurró dominante, bajando la boca para chupar y morder sus pezones con hambre.
Babe gemía agudamente con cada embestida brutal, su espalda golpeando contra la pared.
Charlie lo follaba con ritmo profundo y violento, saliendo casi por completo antes de volver a entrar con fuerza, llenándolo por completo.
—Charlie…más fuerte…— jadeó Babe, entregado a pesar de sus protestas iniciales.
Charlie lo besó con posesión, mordiendo su labio inferior mientras sus caderas no dejaban de moverse con brutalidad. Sus manos apretaban el trasero de Babe, abriéndolo más para penetrarlo aún más profundo.
—Eres mío…y te voy a castigar hasta que pidas perdón.— gruñó Charlie contra su boca, acelerando las embestidas.
Babe solo pudo responder con gemidos y jadeos, completamente dominado por el placer, arañando la espalda de Charlie mientras era follado contra la pared con fuerza y amor.
Castigo que Vale la Pena
Charlie siguió embistiéndolo con fuerza contra la pared, penetrándolo profundo y brusco. Cada embestida era potente, llenando a Babe por completo y haciendo que su espalda golpeara rítmicamente contra la superficie.
Babe gemía con cada movimiento, aferrándose a los hombros de Charlie.
—Charlie…ahh…— jadeaba Babe, con la voz entrecortada.
Charlie gruñó contra su cuello y aceleró el ritmo, follándolo con intensidad. Sus caderas chocaban con fuerza, profundo y salvaje.
Poco después, ambos llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo. Babe se tensó y se corrió con un gemido largo y tembloroso, mientras Charlie empujaba hasta el fondo y se derramaba dentro de él con un gruñido ronco.
Se quedaron unidos, respirando agitados, recuperando el aliento. Charlie aún dentro de él, sosteniéndolo contra la pared.
Babe lo miró a los ojos, todavía jadeando, y sonrió con picardía.
—¿Perdón? No haré tal cosa…No cuando vale la pena que me tomes así. Así que me disculpo por no sentir arrepentimiento alguno.
Charlie entrecerró los ojos y, sin previo aviso, le dio una embestida brusca y profunda. Babe soltó un sollozo agudo de placer, sensible por el orgasmo reciente.
—Ahh…¡Charlie!
Charlie sonrió con satisfacción, observando cómo Babe sollozaba de placer debido a la sobreestimulación. Lo sujetó con más fuerza por los muslos y empezó a moverse de nuevo, follándolo con embestidas profundas y brutales.
—Entonces tendré que castigarte un poco más, mi amor.— susurró Charlie con voz dominante y posesiva, besando su boca con hambre.
Babe gimió contra sus labios, respondiendo al beso con la misma intensidad. Charlie bajó a su cuello, chupando y mordiendo la piel sensible mientras sus caderas no dejaban de embestir con fuerza, penetrándolo profundo y sin piedad.
—Eres tan hermoso cuando estás así….— gruñó Charlie, bajando la boca hasta uno de sus pezones. Lo chupó con fuerza y lo mordió suavemente, haciendo que Babe arqueara la espalda.
—Charlie…es demasiado…— sollozó Babe de placer, arañando su espalda.
Charlie no se detuvo. Siguió follándolo contra la pared con embestidas rudas y profundas, saliendo casi por completo antes de volver a entrar con brutalidad. Sus manos apretaban el trasero de Babe, manteniéndolo abierto para él.
—Te voy a follar hasta que solo puedas pensar en mí.— susurró Charlie contra su pecho, pasando al otro pezón para chuparlo y morderlo con devoción.
Babe gemía agudamente con cada embestida, sollozando de placer mientras Charlie lo besaba, chupaba y mordía su boca, cuello y pezones sin descanso. El ritmo era intenso, profundo y brusco, haciendo que sus cuerpos chocaran con fuerza.
—Mi amor… más…— suplicó Babe, completamente entregado.
Charlie lo miró a los ojos con posesión y aceleró aún más, penetrándolo con embestidas poderosas y constantes.
—Eres mío, Babe. Solo mío.— gruñó contra su boca antes de besarlo con pasión, follándolo sin parar contra la pared.
Babe solo pudo responder con gemidos y sollozos de placer, perdido en las sensaciones que Charlie le provocaba.
Sin Arrepentimientos
Charlie siguió embistiéndolo con fuerza contra la pared, penetrándolo profundo y sin piedad.
Cada movimiento era brusco y preciso, haciendo que Babe sintiera cada centímetro de él. Babe sollozaba de placer, todavía sensible por el orgasmo anterior, con el cuerpo temblando entre los brazos de Charlie.
—Charlie…ahh…es demasiado…— gimió Babe, con la voz rota.
Charlie sonrió contra su cuello y le dio otra embestida fuerte y profunda, disfrutando de cada reacción.
—Dijiste que no te arrepentías…entonces voy a seguir castigándote, mi amor.
Babe soltó un sollozo agudo cuando Charlie aceleró el ritmo, follándolo con embestidas brutales y profundas. Sus caderas chocaban con fuerza contra él, llenándolo por completo una y otra vez. Charlie besaba su boca con posesión, mordiendo su labio inferior, luego bajaba a su cuello para chupar y morder, dejando marcas visibles. Después capturaba uno de sus pezones con la boca, chupándolo con fuerza mientras seguía penetrándolo sin descanso.
—Te ves tan hermoso así…sollozando de placer para mí.— gruñó Charlie, dominante, apretando su trasero con ambas manos para abrirlo más y entrar aún más profundo.
Babe arañaba su espalda, gimiendo agudamente en su oído.
—Mi amor…más fuerte…por favor…— suplicó, completamente entregado.
Charlie obedeció. Sus embestidas se volvieron más violentas y profundas, follándolo contra la pared con un ritmo implacable. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la sala junto con los gemidos y sollozos de Babe.
—Eres mío…solo mío.— susurró Charlie contra su pecho, mordiendo y chupando sus pezones con hambre mientras sus caderas no paraban.
Babe temblaba, sollozando de placer por la sobreestimulación. Sus ojos estaban vidriosos y su cuerpo completamente rendido al de Charlie.
—Charlie…voy a…otra vez…— jadeó Babe.
—Córrete para mí, mi amor.— ordenó Charlie, embistiéndolo más fuerte y profundo.
Babe se corrió con un grito ahogado, temblando violentamente entre sus brazos.
Charlie lo siguió poco después, empujando hasta el fondo y derramándose dentro de él con un gruñido ronco y largo, llenándolo por completo.
Se quedaron unidos contra la pared, respirando agitados. Charlie besó suavemente el cuello de Babe, bajando el ritmo hasta detenerse, todavía dentro de él.
Babe, con la voz débil y satisfecha, murmuró contra su hombro:
—No me arrepiento…ni un poco.
Charlie rio bajo y lo besó en los labios con ternura.
—Eres imposible, Babe. Pero te amo así.
Babe sonrió débilmente y escondió el rostro en su cuello, exhausto pero feliz.
—Yo también te amo, Cachorro…aunque rompas toda mi ropa.
Charlie lo sostuvo con cariño contra la pared unos segundos más, acariciando su espalda.
—Vamos a la cama. Hoy no pienso soltarte todavía.
Lecciones en la Pista
Era un día tranquilo en la pista privada de X Hunter. Babe había decidido que era hora de enseñar a Charlie a conducir como es debido, especialmente en un entorno de carreras.
Ambos estaban dentro del auto de entrenamiento. Babe en el asiento del copiloto, con los brazos cruzados y expresión seria.
—Arranca y conduce en línea recta primero. Suave con el acelerador.— ordenó Babe con tono seco.
Charlie respiró profundo, claramente nervioso. Sus manos temblaban ligeramente sobre el volante. Pisó el acelerador con demasiado miedo y el auto dio un brinco torpe hacia adelante.
—¡No así! ¿Qué parte de “suave” no entendiste?— gruñó Babe, frunciendo el ceño.— Baja la velocidad, mantén el volante firme. Pareces un principiante aterrado.
Charlie apretó los dientes y trató de corregir, pero al entrar en una curva ligera frenó demasiado tarde y el auto se fue un poco de lado.
—Babe…esto es más difícil de lo que parece.— murmuró Charlie, con la voz tensa.
Babe soltó un suspiro exasperado, como un profesor de mala gana.
—Claro que es difícil si no prestas atención. Corrige el volante antes de frenar, no después. ¿Quieres qué te explique de nuevo o vas a seguir manejando como si el auto fuera a morderte?
Charlie ya tenía ganas de abrir la puerta y tirarse del auto en movimiento. Sus manos sudaban y su pierna derecha no paraba de moverse por los nervios.
—Está bien…lo intentó de nuevo.— dijo con poca convicción.
En la siguiente recta, Charlie aceleró un poco más, pero al intentar frenar para una curva, lo hizo de golpe. El auto se detuvo de forma brusca y torcida, casi rozando el borde de la pista.
Babe lo miró con incredulidad.
—¿Qué fue eso?
Charlie apagó el motor y se recostó en el asiento, derrotado.
—Yo no soy bueno en esto, Babe.
Babe suspiró y su expresión se suavizó un poco, aunque seguía siendo estricto.
—No es que no seas bueno, Charlie. Eres bueno. Solo tienes miedo. El miedo te hace tensar el cuerpo y perder el control. Relaja los hombros, mira hacia donde quieres ir, no hacia donde tienes miedo de chocar. Acelera progresivamente y frena con anticipación. ¿Entendido?
Charlie intentó prestar atención, pero se perdió mirando el perfil de Babe: su ceño fruncido, sus ojos gris-azulados concentrados y esa actitud de entrenador serio. Se veía… muy atractivo.
Babe se dio cuenta de que Charlie no estaba escuchando y lo miró de reojo.
—¿Qué tanto miras?
Charlie se sonrojó un poco y confesó con una sonrisa tímida:
—Es que te ves muy lindo así…en modo entrenador.
Babe lo miró incrédulo durante dos segundos y luego le soltó un sape firme en la cabeza.
—¡Au! ¡Eso dolió! ¿Por qué lo hiciste?— se quejó Charlie, frotándose la cabeza.
Babe lo regañó con tono serio, aunque había un leve brillo divertido en sus ojos:
—Para que prestes atención a mis explicaciones y no a mi cara. No es momento de cumplidos, Charlie. Estamos en la pista, no en una cita.
Charlie se defendió, todavía frotándose la cabeza:
—Es que sí te ves muy lindo…estricto, con esa voz de profesor gruñón. Me distraes.
Babe negó con la cabeza y se cruzó de brazos, intentando mantenerse serio, pero la comisura de su boca se curvó ligeramente.
—Eres imposible. Arranca de nuevo y esta vez concéntrate en el volante, no en mí. Si vuelves a frenar como novato, te hago bajar y corro yo solo.
Charlie rio bajo y volvió a encender el motor.
—Está bien, entrenador. Pero después de esto me debes un beso por aguantar tus regaños.
Babe lo miró de reojo y murmuró:
—Conduce bien primero y tal vez lo considere. Ahora acelera…con cuidado.
Charlie sonrió y esta vez intentó seguir las indicaciones, aunque todavía nervioso. Babe seguía regañándolo cada dos por tres, pero en el fondo disfrutaba enseñarle, aunque lo disimulaba con su carácter gruñón.
Preparación en la Pista
Los días siguientes al anuncio de Alan fueron intensos. Una nueva carrera importante se acercaba —el Campeonato Regional del Sureste—, y el equipo X Hunter tenía que estar en su mejor forma. Babe, Dean, North y Way practicaban en la pista casi todas las tardes.
El rugido de los motores llenaba el aire mientras los cuatro corredores daban vuelta tras vuelta. Charlie observaba desde el borde de la pista, revisando datos en su tablet y ajustando estrategias con Jeff.
Alan estaba de pie con un cronómetro en la mano, gritando indicaciones.
—¡Otra vez! ¡North, mantén la línea interior en la curva tres! ¡Dean, no adelantes tan agresivo todavía!
Babe completó una vuelta impecable y detuvo su auto cerca de la zona de boxes. Se quitó el casco, con el cabello pegado por el sudor, y miró hacia Charlie con una pequeña sonrisa antes de recuperar su expresión seria.
North llegó segundo, seguido de Dean y Way.
—¡Joder, Babe sigue siendo una máquina!— exclamó North, bajando de su auto y quitándose los guantes.— ¿Cómo demonios haces para salir tan rápido de la curva dos?
Babe se encogió de hombros, limpiándose el sudor de la frente.
—Práctica y un buen mecánico.— respondió, mirando de reojo a Charlie.
Dean se acercó bebiendo agua.
—Alan dijo que esta carrera es más dura. Hay varios equipos nuevos con autos modificados. Necesitamos estar perfectos.
Way asintió, todavía recuperando el aliento.
—Mi auto se siente un poco pesado en las rectas. Charlie, ¿puedes revisarlo después?
Charlie levantó la vista de la tablet y asintió con energía.
—Claro. Ya tengo algunas ideas para mejorar la aerodinámica. Babe, ¿cómo se sintió el tuyo hoy?
Babe se acercó a él, fingiendo revisar el auto pero hablando en voz más baja.
—Excelente. Como siempre, Cachorro. Sigue así y vamos a dominar esa carrera.
North soltó una risa burlona desde atrás.
—Oigan, tortolitos, guárdense los ojos de enamorados para después. Estamos practicando, no en una cita.
Babe le lanzó una mirada fría y cortante.
—Cállate y vuelve a la pista, North. O te dejo atrás en la próxima vuelta.
North levantó las manos riendo.
—Tranquilo, Rey. Solo bromeaba.
Alan se acercó al grupo con el cronómetro.
—Buen trabajo hoy. Mañana repetimos a la misma hora. Babe, quiero que pruebes la nueva configuración de frenos que Charlie ajustó. Dean y North, trabajen en los adelantamientos. Way, enfócate en la salida. Esta carrera no es solo velocidad, es estrategia.
Charlie intervino, mostrándoles la tablet.
—Según los datos, si Babe sale primero y mantiene el ritmo en las curvas medias, los demás tendrán que esforzarse mucho para alcanzarlo. Pero necesitamos mejorar la respuesta de los autos de Dean y North en las rectas largas.
Babe miró a Charlie con orgullo disimulado y asintió.
—Hagámoslo. No pienso perder esta carrera.
Way sonrió.
—Con Babe liderando y Charlie en los boxes, vamos a estar invictos.
Los cuatro corredores volvieron a sus autos para otra ronda de práctica. Babe, antes de ponerse el casco, miró una última vez hacia Charlie y murmuró solo para él:
—Después de esto te recompenso en casa, Cachorro.
Charlie se sonrojó y rio bajo.
—Concéntrate en la pista, mi amor. Yo me encargo de que todo esté perfecto para ti.
Los motores rugieron de nuevo y los autos volvieron a la pista. Babe lideraba con autoridad, seguido de cerca por Dean y North, mientras Way cerraba el grupo. Alan y Charlie observaban atentamente, corrigiendo detalles en tiempo real.
La preparación para la gran carrera apenas comenzaba, pero el equipo X Hunter ya se sentía más unido y fuerte que nunca.
Victoria y Miradas Peligrosas
El día de la gran carrera finalmente llegó. El circuito estaba lleno de público, banderas y la tensión típica de una competencia importante.
Varios equipos destacaban, pero Red Racing era uno de los más fuertes. Su piloto estrella, Willy, era conocido por su agresividad y habilidad en la pista. Era un corredor carismático, con una sonrisa fácil y una reputación de no rendirse nunca.
Babe, Dean, North y Way ya estaban en sus puestos. Charlie observaba desde los boxes junto a Sonic, Alan y Jeff, con el corazón latiendo fuerte.
—Concéntrate, Babe. Tú puedes con esto.— murmuró Charlie para sí mismo.
Las luces se encendieron. El rugido de los motores llenó el aire. En cuanto se apagaron, los autos salieron disparados.
La carrera fue intensa desde el primer momento. Babe tomó la delantera rápidamente, pero Willy no se quedó atrás. Ambos pilotos daban todo en cada curva. Willy intentaba adelantarlo en las rectas, pero Babe defendía su posición con maestría, usando cada ajuste que Charlie había hecho en su auto.
—¡Vamos, Babe! ¡Mantén la línea!— gritaba Alan desde los boxes.
En las últimas vueltas, la pelea entre Babe y Willy fue épica. Los dos autos iban casi pegados, pero en la última curva Babe encontró el espacio perfecto y cruzó la meta en primer lugar.
El público estalló en gritos y aplausos.
—¡Babe! ¡Babe! ¡Rey de la pista!
Babe, Dean, North y Way bajaron de sus autos en la zona de llegada. La gente y los reporteros se acercaron rápidamente, rodeándolos.
En medio del caos, Willy se acercó a Babe y le extendió la mano con una sonrisa respetuosa.
—Estuviste increíble.— dijo Willy.— Fue una gran carrera. Me diste pelea de verdad.
Babe estrechó su mano con firmeza y asintió, todavía con la adrenalina corriendo por sus venas.
—Gracias. Tú también fuiste un gran oponente. Realmente me diste problemas ahí afuera. Eres un gran piloto.
Willy sonrió más ampliamente, mirándolo con evidente admiración.
—Viniendo de ti, eso significa mucho. Espero que volvamos a competir pronto.
Los reporteros los interrumpieron.
—¡Babe! ¡Willy! ¡Una foto juntos por favor! ¡Los dos mejores pilotos del día!
Ambos se colocaron uno al lado del otro para las fotos. Los flashes no paraban. Willy se acercó un poco más de lo necesario y colocó una mano en el hombro de Babe para una de las tomas.
Después de las fotos, Willy se despidió.
—Nos vemos en la próxima, Babe. Cuídate.
Willy se alejó, pero antes de irse le dedicó una última mirada a Babe, una mirada que duró más de lo normal y que estaba llena de interés.
Charlie, que había estado observando todo desde los boxes, notó perfectamente esa mirada. Conocía esa expresión demasiado bien. Su rostro cambió por completo: la sonrisa de orgullo se borró y una expresión tensa y celosa apareció en su lugar. Apretó los puños a los costados, pero no dijo nada.
Solo se quedó en silencio, respirando profundo.
Jeff, que estaba a su lado, lo miró preocupado.
—¿Todo bien, Charlie?
Charlie forzó una sonrisa pequeña y asintió.
—Sí…todo bien. Babe ganó. Eso es lo importante.
Pero por dentro, la semilla de los celos ya estaba plantada.
Babe, ajeno a todo, se acercó al equipo con una sonrisa discreta y buscó la mirada de Charlie. Este intentó disimular, pero Babe lo conocía demasiado bien.
—¿Estás bien?— preguntó Babe en voz baja cuando llegó a su lado.
Charlie solo asintió y le dio una palmada en el hombro.
—Felicidades, campeón. Estuviste increíble.
Babe frunció ligeramente el ceño, notando que algo no estaba del todo bien, pero decidió no presionarlo delante de todos.
Celos Compartidos
Después de la celebración en el taller con todo el equipo —llena de risas, cervezas y felicitaciones—, Babe y Charlie regresaron a casa. El ambiente en el auto había sido silencioso, pero Babe decidió no presionar. Al llegar, cada uno se duchó por separado. Babe notó que Charlie entró al otro baño y no lo acompañó, algo que le resultó extraño.
Una vez duchado y con ropa cómoda (una camiseta holgada y pantalones cortos), Babe fue a buscarlo. No estaba en la habitación.
Tampoco en el baño. Finalmente lo encontró en la sala, sentado en el sofá con la espalda recostada y los ojos cerrados, como si intentara calmarse.
Babe se acercó en silencio y se sentó directamente en su regazo, enfrentándolo. Sintió inmediatamente la tensión en el cuerpo de Charlie.
Acarició su mandíbula con ternura y preguntó con suavidad:
—¿Te encuentras bien, Cachorro?
Charlie abrió los ojos y asintió, aunque su expresión no era convincente.
—Sí, lo estoy.
Babe frunció el ceño, confundido.
—Pues no pareces. Estás raro desde que terminó la carrera.
Charlie intentó restarle importancia.
—No es nada.
Babe no se conformó. Se acomodó mejor, sentándose a horcajadas sobre él. El movimiento hizo que sus cuerpos se rozaran y Charlie soltó un gruñido bajo.
—Habla conmigo, cariño…No me gusta verte así.— dijo Babe, dejando suaves besos en los labios de Charlie.
Charlie suspiró profundamente y lo miró a los ojos con sinceridad.
—Es sobre ese tal Willy…No me gustó cómo te miró, Babe. Había algo en sus ojos…admiración o tal vez otro sentimiento. Y la forma en que se acercó tanto durante las fotos…no me gustó.
Babe comprendió inmediatamente y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—¿Estás celoso, mi amor?
Charlie respondió directo, sin rodeos:
—Sí, lo estoy. No me gusta esa mirada y la confianza que se tomó al acercarte tanto a ti.
Babe se mordió el labio inferior, claramente divertido.
—Te ves muy guapo celoso…
Charlie lo regañó con el ceño fruncido:
—Lo digo en serio, Babe.
Babe se puso más serio y acarició su mejilla.
—Yo también. Y en cuanto a Willy…que mire todo lo que quiera. Yo solo te amo a ti y me importas tú. Nadie más. Eres el único que me tiene así, Cachorro.
Babe escondió su rostro en el cuello de Charlie, respirando su aroma. Luego empezó a dejar besos suaves allí, subiendo lentamente hasta su boca. Charlie le respondió con más intensidad, apretando su cuerpo contra el suyo. Babe se dejó hacer mientras Charlie besaba y mordía suavemente su cuello.
De pronto, Babe murmuró contra su piel:
—Yo también estoy celoso.
Charlie se apartó un poco, sorprendido.
—¿Tú? ¿Por qué?
Babe confesó con una sonrisa avergonzada:
—Porque había ciertas miradas curiositas de un grupo de chicas en el público hacia ti…Créeme, hice todo lo posible por no chocarlas y pasar la línea de meta.
Charlie se quedó procesando las palabras unos segundos y luego empezó a reírse con ganas, la tensión desapareciendo de sus hombros. Babe sonrió al verlo así, aliviado.
—Eres imposible.— dijo Charlie entre risas, abrazándolo más fuerte.— ¿Estabas celoso de unas fans y aun así ganaste?
Babe rio también y besó su mejilla.
—Claro que gané. Porque mi motivación eras tú. Pero sí…no me gustó cómo te miraban.
Charlie tomó su rostro entre las manos y lo miró con cariño.
—Solo tengo ojos para ti, Babe. Siempre.
Babe se acurrucó contra su pecho, más relajado.
—Y yo solo para ti, Cachorro. No más celos tontos, ¿sí?
Charlie besó su cabello y asintió.
—No más celos tontos.
Se quedaron abrazados en el sofá, la tensión disuelta en risas y besos suaves, disfrutando de la tranquilidad de su hogar y del amor que los unía.
Una Pregunta Importante
En el taller de X Hunter, el ambiente era de trabajo concentrado. Babe, Dean, North y Way seguían practicando en la pista bajo las indicaciones de Alan. Desde dentro del taller, se escuchaba el rugido lejano de los motores.
Charlie estaba inclinado sobre el capó de uno de los autos, pero sus manos no se movían con su habitual rapidez. Revisaba las mismas piezas una y otra vez, claramente distraído.
Jeff, que trabajaba a su lado, lo observó durante unos minutos y finalmente se acercó.
—Charlie, ¿sucede algo?— preguntó Jeff con preocupación.— ¿Es alguna de tus crisis? ¿Necesitas un descanso?
Charlie negó rápidamente con la cabeza, aunque sus dedos seguían tamborileando nerviosos sobre la herramienta que tenía en la mano.
—No, no es eso. Estoy bien.
Jeff levantó una ceja, poco convencido.
—¿Entonces? Llevas media hora mirando el mismo tornillo. Suéltalo.
Charlie suspiró profundamente y miró alrededor para asegurarse de que nadie más estuviera cerca. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña cajita de terciopelo negro. La abrió con cuidado y se la mostró a Jeff.
Dentro había un anillo plateado sencillo pero elegante, con un pequeño detalle de un circuito grabado en el interior.
—Quiero pedirle matrimonio a Babe.— confesó Charlie en voz baja, con una mezcla de nervios y emoción.
Jeff se quedó mirando el anillo con los ojos muy abiertos, claramente sorprendido.
—¿Te quieres casar?
Charlie asintió, con una sonrisa tímida pero decidida.
—Sí. Me quiero casar con él.
Jeff se pasó una mano por el cabello, procesando la información.
—¿No es muy pronto? Solo llevan un año de novios…
Charlie cerró la cajita con cuidado y la guardó de nuevo en su bolsillo.
—Sí, lo sé…Pero con Babe no se me hace muy rápido. Así lo siento, hyung. Realmente quiero pasar el resto de mi vida con él. Despertar todos los días a su lado, seguir apoyándonos en la terapia, celebrar victorias juntos…Quiero que sea oficial.
Jeff lo miró en silencio unos segundos y luego sonrió con cariño, dándole una palmada suave en el hombro.
—Entiendo, hermano. Felicidades entonces. Si tú lo sientes así, es lo que importa.
Charlie se mordió el labio, visiblemente inseguro.
—¿Tú crees qué acepte? ¿Y si le parece demasiado pronto? Babe es…complicado a veces.
Jeff soltó una risa baja y lo miró con diversión y cariño de hermano mayor.
—Por supuesto que va a aceptar. Babe te ama demasiado, Charlie. Eso se nota muchísimo. La forma en que te mira cuando cree que nadie lo ve, cómo se suaviza solo contigo…Solo un necio no se daría cuenta. Tú eres su excepción, y él es la tuya. Van a estar bien.
Charlie soltó un suspiro de alivio y sonrió ampliamente, aunque todavía se notaba nervioso.
—Gracias. No le digas nada, ¿eh? Quiero que sea una sorpresa.
Jeff levantó las manos.
—Mis labios están sellados. Pero más te vale hacerlo bien. Babe se merece algo bonito.
Charlie asintió, mirando hacia la pista donde Babe estaba dando otra vuelta.
—Lo sé. Quiero que sea especial para él.
Jeff le revolvió el cabello con cariño.
—Vas a estar bien, Charlie. Los dos lo van a estar. Y yo estaré feliz de tener a Babe como cuñado oficial.
Charlie rio suavemente, más relajado ahora que había compartido su secreto.
—Cuñado…suena bien.
Desde la distancia, el motor del auto de Babe rugió fuerte al cruzar la línea. Charlie guardó la cajita con más cuidado y volvió al trabajo, aunque su mente ya estaba en otro lugar: planeando el momento perfecto para pedirle a Babe que se casara con él.
La propuesta
Charlie había preparado todo con mucho cuidado. Después de la práctica intensa en la pista, esperó pacientemente a que Babe se duchara junto con los demás chicos para quitarse el sudor y el polvo. El corazón le latía con fuerza mientras sostenía la cajita en el bolsillo.
Cuando Babe salió del vestuario con el cabello todavía húmedo y ropa cómoda, se acercó a Charlie con una pequeña sonrisa.
—¿Nos vamos?
Charlie respiró profundo y lo miró con ternura.
—Primero quiero pedirte algo.
Babe lo miró con confusión.
—¿Pedir qué?
Charlie no respondió con palabras. Bajó una rodilla al suelo frente a él, sosteniéndose con la otra. Sacó la cajita de terciopelo, la abrió y mostró el anillo plateado con el pequeño circuito grabado.
—Sé que solo llevamos un año juntos…Sé que es demasiado pronto para muchos, pero realmente de corazón quiero dar este paso importante contigo. Cada día te amo más, valoro y aprecio tu presencia en mi vida, más el apoyo que me brindas en las buenas y en las malas. Quiero pasar el resto de mis días contigo. ¿Quieres casarte conmigo, mi amor?
Babe se quedó congelado. Sus ojos gris-azulados brillaron intensamente, como dos focos de luz, llenos de emoción y sorpresa. Eran los mismos ojos que habían atrapado a Charlie desde el primer día, pero ahora lucían aún más bellos y únicos.
Babe asintió con una sonrisa enorme, casi temblorosa.
—Sí…joder, sí cariño. Claro que me quiero casar contigo.
Charlie sonrió con alivio y felicidad, tomó la mano de Babe y deslizó el anillo en su dedo con cuidado. Se levantó y lo besó con todo el amor que sentía. De fondo se escucharon los gritos y aplausos de los chicos (Dean, North, Way, Sonic y Alan), que habían salido del vestuario justo a tiempo.
Babe susurró contra sus labios, con una sonrisa juguetona:
—También te iba a pedir matrimonio, pero me ganaste.
Charlie sintió que su pecho iba a estallar de emoción. Babe sacó una cajita más pequeña de su bolsillo, la abrió y le puso un anillo similar en el dedo a Charlie. No hizo falta más palabras. Las acciones hablaban más fuerte.
Charlie lo besó de nuevo con pasión. Cuando se separaron, se fundieron en un abrazo fuerte y largo.
En ese momento se escuchó la voz de Jeff desde atrás:
—¿Ves, Charlie? Te lo dije y tú diciendo que Babe era un complicado.
Todos quedaron en silencio por un segundo.
Charlie miró a Babe con una sonrisa nerviosa y divertida. Babe se cruzó de brazos y levantó una ceja.
—¿Complicado?
Charlie soltó una risa suave y respondió con sinceridad:
—Lo eres, mi amor.
Babe lo miró con fingida advertencia, aunque sus ojos brillaban de felicidad.
—¿Acaso buscas la cancelación de la boda antes de un divorcio, Cachorro?
Charlie sonrió ampliamente y negó con la cabeza.
—No, no lo busco…Solo digo la verdad. Pero te amo así.
Babe golpeó su brazo de manera juguetona.
Charlie rio y lo atrajo por la cintura, besándolo una vez más frente a todos.
Los chicos volvieron a aplaudir y silbar.
North gritó:
—¡Ya cásense de una vez!
Babe se separó del beso solo lo suficiente para mirar a Charlie a los ojos, con una sonrisa suave y llena de amor.
—Vamos a casarnos, Cachorro.
Charlie apoyó su frente contra la de él.
—Vamos a casarnos, mi amor.
Planes y Estrellas Grises
Los días siguientes a la propuesta fueron llenos de emoción y planes. Charlie y Babe se sentaron en la sala de su departamento con papeles, laptops y muchas ideas sobre la mesa. Charlie estaba especialmente entusiasmado.
—Quiero que sea algo sencillo, solo con los chicos del equipo y algunos amigos cercanos.— dijo Charlie, mirando a Babe con ilusión.— Nada demasiado grande ni formal. Y…quiero que se haga en el taller.
Babe levantó una ceja, curioso.
—¿En el taller?
Charlie asintió con una sonrisa suave.
—Sí. Fue ahí donde todo empezó. Donde te vi por primera vez, donde me enamoré de tus ojos aunque me ignoraras, donde peleamos, donde nos reconciliamos…Ese lugar es importante para nosotros. Quiero que nuestra boda sea ahí.
Babe se quedó en silencio unos segundos, procesando. Luego sonrió con ternura y tomó la mano de Charlie.
—Me gusta la idea. Mucho. El taller es nuestro lugar. Hagámoslo ahí.
Charlie sonrió ampliamente y lo besó en la mejilla.
—Sabía que estarías de acuerdo.
Más tarde, mientras revisaban opciones de decoración en la tablet, Charlie notó que Babe se había quedado muy callado. Levantó la mirada y se encontró con una escena que le llenó el corazón de ternura y diversión.
Babe estaba sentado a su lado, con la mirada fija en su mano izquierda. Giraba lentamente el anillo en su dedo, admirándolo con una expresión suave y concentrada, como si todavía no pudiera creer que estuviera ahí.
Charlie sonrió, observándolo en silencio durante unos segundos antes de hablar con cariño:
—Te gusta mucho, ¿verdad?
Babe parpadeó, saliendo de sus pensamientos como si lo hubieran despertado. Se sonrojó ligeramente y apartó la mirada, avergonzado.
—…Sí, mucho.— admitió en voz baja.
Charlie sintió una oleada enorme de amor al ver esa sonrisa tímida y la forma en que los ojos gris-azulados de Babe brillaban.
—Tus ojos son muy hermosos, mi amor…Parecen dos estrellas. Y ni hablar de esa sonrisa tuya. Me vuelve loco cada vez que la veo.
Babe se cubrió inmediatamente la cara con ambas manos, claramente avergonzado.
—Charlie…no digas esas cosas de repente.
Charlie rio con ternura y apartó suavemente sus manos.
—No te escondas. Déjame verte.
Babe se descubrió poco a poco, mirándolo con esos mismos ojos brillantes. Se mordió el labio inferior, sonriendo, y se acercó a Charlie para abrazarlo con fuerza. Charlie lo recibió de inmediato, rodeándolo con los brazos y acariciando su espalda.
—Te amo tanto.— susurró Charlie contra su cabello.
Babe levantó la cabeza y lo besó en los labios con lentitud, un beso lleno de amor y gratitud.
Charlie correspondió, profundizándolo con suavidad, sosteniendo su rostro entre las manos.
Cuando se separaron, Babe apoyó su frente contra la de Charlie.
—También te amo. Y sí…me encanta el anillo. Me encanta lo que significa. Me encanta que quieras casarte conmigo en el taller.
Charlie sonrió y besó la punta de su nariz.
—Va a ser perfecto. Solo nosotros, los chicos, y el lugar donde todo empezó.
Babe asintió y volvió a abrazarlo, escondiendo el rostro en su cuello.
—No puedo esperar a casarme contigo, Cachorro.
—Yo tampoco, mi amor. Yo tampoco.
Se quedaron abrazados un largo rato, rodeados de ideas de decoración y planes de boda, pero en ese momento solo importaba el calor del otro y la promesa que acababan de sellar.
El Disparo que Rompió Todo
El día de la boda había sido perfecto, como salido de un sueño. El taller de X Hunter estaba decorado con luces suaves, flores blancas y azuladas, y fotos de ellos dos repartidas por todas partes. Solo estaban los chicos del equipo, Alan, Jeff y algunos amigos cercanos. Nada extravagante, solo amor puro.
Charlie y Babe se miraban a los ojos frente al improvisado altar. Ambos vestían trajes elegantes, Babe con un traje negro impecable que resaltaba sus ojos gris-azulados.
Después de los votos, el juez sonrió y dijo las palabras que ambos esperaban:
—Los declaro esposos. Puede besar al novio.
Charlie sonrió con lágrimas de felicidad en los ojos y se inclinó hacia Babe para besarlo.
En ese preciso instante, un fuerte disparo resonó en el taller.
El silencio fue inmediato y ensordecedor.
Charlie vio cómo el cuerpo de Babe se sacudía violentamente. Sus ojos bajaron lentamente y se encontraron con la mancha roja que se extendía rápidamente por el pecho del traje blanco de Babe.
—No…— susurró Charlie, con la voz quebrada.
Los ojos gris-azulados de Babe, esos mismos ojos que lo habían enamorado desde el primer día, perdieron su brillo natural. Se dilataron por el shock y el dolor. Babe parpadeó una vez, confundido, y luego empezó a caer hacia adelante.
—¡Babe!— gritó Charlie, atrapándolo en sus brazos justo antes de que tocara el suelo.
Lo sostuvo con desesperación, arrodillándose mientras acunaba su cuerpo.
—Babe…Babe, mi amor, mírame…¡Por favor, mírame!— suplicó Charlie entre lágrimas que caían sin control.— ¡No, no, no! ¡Quédate conmigo! ¡Babe, despierta! ¡Te amo, por favor no me dejes!
Babe respiraba con dificultad, su mano temblorosa se aferró débilmente a la camisa de Charlie. Sus labios se movieron, pero no salió ningún sonido. Sus ojos, cada vez más apagados, miraron a Charlie por última vez antes de perder el foco.
Los gritos de los chicos llenaron el lugar. Jeff y Alan corrieron hacia ellos. Dean, North y Way redujeron rápidamente al responsable: Sakda, quien había escapado de la cárcel días atrás buscando venganza. Lo tiraron al suelo con fuerza mientras gritaba incoherencias.
—¡Lo tenemos!— gritó North, sujetándolo.
Pero Charlie no escuchaba nada. Solo podía ver a Babe en sus brazos, la mancha roja creciendo, la vida escapándose de él.
—Babe…por favor…no te vayas…— sollozaba Charlie, meciéndolo suavemente.— Íbamos a ser felices…íbamos a casarnos…No puedes dejarme ahora…¡Babe! ¡Despierta, mi amor! ¡Te necesito!
Las lágrimas de Charlie caían sobre el rostro de Babe. Sus manos temblaban mientras intentaba presionar la herida, inútilmente.
Jeff se arrodilló a su lado, con la voz rota:
—Charlie…los paramédicos ya vienen…aguanta, hermano…
Pero Charlie solo lloraba desconsolado sobre el cuerpo de su esposo, abrazándolo con fuerza como si pudiera retener su alma.
—Te amo…te amo tanto…No me dejes, Babe…por favor…
El taller, que minutos antes había sido testigo de amor y alegría, ahora estaba envuelto en un silencio roto solo por los sollozos de
Charlie y las sirenas que se acercaban a lo lejos.
Sakda había conseguido su venganza…y con ella, había destruido el futuro que Charlie y Babe tanto habían soñado.
Pesadilla y Reafirmación
Charlie despertó con un grito ahogado, incorporándose bruscamente en la cama. Su corazón latía descontrolado y tenía el cuerpo cubierto de sudor frío. Las imágenes del sueño aún estaban vívidas: la mancha roja en el traje de Babe, sus ojos perdiendo brillo, su cuerpo cayendo…
Babe, que dormía a su lado, se despertó sobresaltado y se incorporó rápidamente.
—¿Qué pasa, Cachorro? ¿Qué tienes?— preguntó preocupado, encendiendo la lámpara de la mesita.
Charlie lo miró como si hubiera visto un fantasma. Sus ojos recorrieron el rostro de Babe, su pecho intacto, su respiración tranquila. Estaba vivo. Estaba ahí. Todo había sido una pesadilla cruel.
—Babe…— susurró Charlie con voz rota, todavía asimilando que era real.
Babe se acercó y tomó su rostro entre las manos.
—Respira conmigo, mi amor. Estoy aquí. Mírame. Estoy bien.
Charlie respiraba entrecortadamente. Babe lo ayudó a calmarse, guiando su respiración hasta que se estabilizó un poco.
—Soñé que nos casábamos…y que Sakda te disparaba.— confesó Charlie con la voz temblorosa.— Te perdí…Vi cómo te ibas en mis brazos…
Babe sintió un pinchazo en el pecho al ver el puro horror en los ojos de Charlie. Se subió encima de él, sentándose a horcajadas sobre su regazo y abrazándolo con fuerza.
—Estoy bien, Charlie. Estoy aquí contigo, vivo y a tu lado. Sakda sigue en la cárcel, no nos puede hacer daño. Fue solo un sueño, mi amor. Solo un mal sueño.
Charlie lo abrazó con desesperación, enterrando el rostro en su cuello. Sus manos temblaban mientras recorrían la espalda de Babe, confirmando que estaba realmente ahí.
—Necesito hacerte el amor, mi amor…Necesito hacerlo.— murmuró Charlie contra su piel, con voz urgente y posesiva.
Babe asintió sin dudar, acariciando su cabello.
—Hazlo, cariño. Haz lo que quieras conmigo hasta que estés seguro de que estoy bien y feliz contigo.
Charlie devoró su boca con hambre, besándolo con intensidad casi desesperada.
Con un movimiento rápido, lo volteó sobre la cama, colocándose entre sus piernas. Le quitó la ropa interior con urgencia, dejándolo solo con la camisa. Sacó su propio miembro y se masturbó un par de veces antes de alinearlo contra la entrada de Babe.
Bajó completamente su cuerpo y lo embistió con fuerza, penetrándolo de una sola vez hasta el fondo.
—Ahh…¡Charlie!— gimió Babe, arqueando la espalda.
Charlie empezó a moverse con embestidas profundas, fuertes y bruscas. Cada golpe era intenso, posesivo, como si necesitara sentir que Babe estaba realmente vivo y suyo.
—Eres mío…estás aquí…conmigo…— gruñía Charlie mientras lo follaba con fuerza, besando, chupando y mordiendo su boca.
Rompió la camisa de Babe de un tirón para tener acceso total a su pecho y bajó la boca hasta sus pezones, chupándolos con hambre y mordiéndolos suavemente mientras sus caderas no dejaban de embestir con brutalidad.
—Charlie…más fuerte…— jadeaba Babe, arañando su espalda.
Charlie lo sujetó por las caderas y lo penetró más profundo, con movimientos rudos y constantes, llenándolo por completo una y otra vez. Besaba su cuello, mordía su clavícula y volvía a sus pezones, devorando cada centímetro de piel mientras lo follaba sin piedad.
—Te siento…estás vivo…caliente…mío.— susurraba Charlie contra su piel, dominante y desesperado.
Babe gemía agudamente con cada embestida fuerte, envolviendo las piernas alrededor de su cintura para sentirlo más adentro.
—Estoy aquí…todo tuyo…no me voy a ninguna parte, mi amor…— jadeaba Babe entre gemidos.
Charlie aceleró el ritmo, follándolo con fuerza y profundidad, sus cuerpos chocando ruidosamente. Besaba su boca con posesión, chupaba su cuello y mordía sus pezones mientras lo penetraba sin descanso, necesitando borrar el miedo del sueño con placer real.
—Te amo…te amo tanto…— repetía Charlie entre embestidas brutales.
Babe solo podía responder con gemidos y sollozos de placer, completamente entregado al hombre que lo estaba amando con tanta intensidad.
Reafirmando la Realidad
Charlie siguió embistiéndolo con fuerza y profundidad, sus caderas chocando contra Babe con un ritmo intenso y desesperado.
Cada embestida era posesiva, como si necesitara grabar en su cuerpo que Babe estaba realmente ahí, vivo y suyo.
—Charlie…ahh… ¡me vengo!— gimió Babe, arqueando la espalda y clavando las uñas en su espalda.
Charlie gruñó contra su cuello y aceleró, follándolo con embestidas brutales hasta que ambos llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo. Babe se corrió con un gemido largo y tembloroso, apretando alrededor de Charlie.
Este empujó profundo una última vez y se derramó dentro de él con un gruñido ronco, llenándolo por completo.
Charlie se dejó caer encima de Babe, apoyando su peso con cuidado mientras ambos intentaban recuperar el aliento. Sus cuerpos estaban sudorosos y pegados. Babe acariciaba lentamente la espalda de Charlie con las manos, trazando líneas suaves con las yemas de los dedos.
Después de unos segundos, Babe sonrió contra su cuello y bromeó con voz ronca y juguetona:
—Si quieres puedes seguir follándome, Cachorro…Si es que aún no estás claro de que estoy bien.
Charlie procesó sus palabras y soltó una risa baja, aún enterrado dentro de él. Levantó la cabeza para mirarlo a los ojos y le dio una embestida lenta pero firme, disfrutando del gemido agudo que escapó de los labios de Babe.
—Ahh…Charlie…— jadeó Babe, mordiéndose el labio.
—¿Estás seguro de qué quieres provocarme así?— preguntó Charlie con voz ronca y dominante, moviéndose lentamente dentro de él otra vez, profundo y deliberado.— Porque todavía siento que necesito recordarte que eres mío…que estás aquí…vivo…y que no voy a perderte.
Babe sonrió con picardía a pesar de estar sensible, rodeando la cintura de Charlie con las piernas.
—Estoy seguro…Hazme sentirte todo lo que quieras, mi amor. Quiero que borres ese sueño de tu cabeza.
Charlie gruñó y lo besó con intensidad, comenzando a moverse de nuevo con embestidas profundas y fuertes, aunque más controladas que antes. Sus caderas chocaban con ritmo constante mientras besaba su boca, su cuello y bajaba hasta sus pezones, chupándolos y mordiéndolos suavemente.
—Te amo…— susurró Charlie contra su piel, penetrándolo con fuerza pero lleno de amor.— No voy a dejarte ir nunca.
Babe gemía con cada embestida, acariciando su cabello y espalda.
—Y yo te amo a ti…Estoy aquí, Cachorro…todo tuyo.
Charlie siguió moviéndose dentro de él, reafirmando con su cuerpo lo que su corazón ya sabía: Babe estaba vivo, a su lado, y juntos iban a construir el futuro que tanto merecían.
Un Nuevo Amanecer
La luz del sol entraba suavemente por las cortinas de la habitación. Charlie despertó primero, con el cuerpo cálido de Babe pegado al suyo. Lo abrazaba por detrás, con un brazo alrededor de su cintura. Por un segundo, el recuerdo de la pesadilla volvió a su mente, pero sentir el pecho de Babe subir y bajar tranquilamente lo calmó de inmediato.
Babe se removió un poco y abrió los ojos lentamente. Al notar que Charlie ya estaba despierto, sonrió con sueño y se giró para quedar frente a él.
—Buenos días, Cachorro…— murmuró con voz ronca, acercándose para darle un beso suave en los labios.
—Buenos días, mi amor.— respondió Charlie, besándolo con ternura y abrazándolo más fuerte.— ¿Dormiste bien?
Babe asintió y escondió el rostro en su cuello, respirando su aroma.
—Sí. Aunque desperté un par de veces porque te movías mucho. ¿Tú estás bien? ¿La pesadilla no volvió?
Charlie acarició su espalda con lentitud, trazando círculos suaves.
—Tuve miedo al despertar, pero ya estás aquí…vivo, cálido y en mis brazos. Eso borra todo.
Babe levantó la cabeza y lo miró a los ojos con cariño.
—Estoy aquí. Y no me voy a ninguna parte. Lo de anoche fue solo un mal sueño. Sakda está donde debe estar y nosotros estamos juntos, planeando nuestra boda.
Charlie sonrió y besó su frente, luego su nariz y finalmente sus labios.
—Gracias por estar conmigo anoche…por dejarme sentirte. Necesitaba recordarme que todo es real.
Babe rio suavemente y se acurrucó más contra su pecho.
—Siempre puedes recordártelo cuando quieras. Aunque prefiero las mañanas tranquilas como esta.
Se quedaron un rato más en la cama, abrazados, disfrutando del silencio y del calor del otro. Charlie jugaba con el cabello de
Babe mientras este trazaba líneas invisibles en su pecho.
—¿Quieres qué prepare el desayuno?— preguntó Charlie después de un rato.
Babe negó con la cabeza, todavía perezoso.
—Cinco minutos más. No quiero salir de tus brazos todavía.
Charlie sonrió y lo abrazó más fuerte.
—Cinco minutos entonces. Después hacemos panqueques juntos.
Babe levantó la mirada con una sonrisa coqueta pero suave.
—Trato hecho. Te amo, Charlie.
—Y yo te amo a ti, Babe. Más que ayer.
Se besaron lentamente, con calma y amor, comenzando el día como más les gustaba: solo ellos dos, en su pequeño mundo, seguros y felices.
Desayuno de Planes
La luz de la mañana entraba por la ventana de la cocina mientras Charlie y Babe desayunaban juntos. Charlie había preparado panqueques, fruta fresca y café. Babe estaba sentado frente a él, con el cabello aún despeinado y una camiseta holgada de Charlie, mirando su anillo de compromiso cada pocos segundos con una pequeña sonrisa.
—Está delicioso.— dijo Babe, pinchando otro trozo de panqueque.— Eres bueno en esto, Cachorro.
Charlie sonrió, pero rápidamente volvió al tema que los ocupaba.
—Entonces, sobre la boda…Ya confirmamos que será en el taller. Alan dijo que podemos decorar todo el sábado por la mañana. ¿Qué opinas de las luces? Jeff sugirió ponerlas colgadas desde las vigas del techo, como un cielo de estrellas.
Babe asintió mientras masticaba, pensativo.
—Me gusta. Que sea algo cálido, no demasiado brillante. Quiero que se sienta íntimo. Solo nosotros, los chicos, Sonic, North, Dean, Way y Alan. Nadie más. ¿Estás de acuerdo?
—Totalmente de acuerdo.— respondió Charlie, sirviéndole más café.— Nada de prensa ni gente extraña. Solo familia. ¿Y las flores? Pensé en blanco y azul, como el color de tu auto de carreras. ¿O prefieres algo más sencillo?
Babe tomó un sorbo de café y lo miró con cariño.
—Blanco y azul está perfecto. Me gusta que tenga algo nuestro. También quiero que haya una zona con fotos nuestras…de cuando empezamos, de la primera vez que me sonreíste a pesar de que yo te trataba como si no existieras.
Charlie rio suavemente y extendió la mano sobre la mesa para tomar la de Babe, acariciando el anillo con el pulgar.
—Todavía no puedo creer que dijiste que sí. A veces me despierto y pienso que todo esto es un sueño.
Babe entrelazó sus dedos y lo miró con ternura.
—No es un sueño. Es real. Y quiero que sea perfecto para ti también. ¿Qué hay del pastel? ¿Quieres qué sea de chocolate o prefieres algo más ligero?
—Chocolate.— respondió Charlie sin dudar.— Con una pequeña figura de un auto de carreras arriba. North ya se ofreció a hacerla, aunque probablemente quede horrible, pero será gracioso.
Babe soltó una carcajada y negó con la cabeza.
—Que North haga la figura entonces. Pero tú y yo cortamos el primer pedazo juntos. Y después…quiero bailar contigo. Aunque sea una canción lenta y tonta.
Charlie lo miró con ojos brillantes.
—Bailaré todas las canciones que quieras. Incluso si es solo tú y yo en medio del taller. Babe…¿estás seguro de qué quieres hacer esto en el taller? Sé que es especial para mí, pero si prefieres otro lugar…
Babe apretó su mano con fuerza y lo interrumpió con suavidad.
—Estoy completamente seguro. Ese taller es donde te vi por primera vez, donde me enamoré sin querer admitirlo, donde peleamos, donde nos reconciliamos…Es nuestro lugar. Quiero casarme contigo ahí.
Charlie sintió un nudo de emoción en la garganta y se llevó la mano de Babe a los labios para besarla.
—Te amo. Vamos a tener la mejor boda sencilla del mundo.
Babe sonrió con esa expresión suave que solo le dedicaba a él.
—Y yo te amo a ti. Ahora come, que se te enfrían los panqueques. Todavía tenemos que decidir quién va a llevar los anillos…¿Jeff o Alan?
—Jeff.— respondieron casi al mismo tiempo, y ambos rieron.
Se quedaron un rato más desayunando, hablando de detalles pequeños y grandes, disfrutando de la tranquilidad de su hogar y de la emoción de lo que estaba por venir.
El Día que Nos Unimos
El taller de X Hunter nunca había lucido tan hermoso. Las luces colgaban como estrellas del techo, flores blancas y azules adornaban cada esquina, y una alfombra sencilla marcaba el camino hacia el altar improvisado.
Solo estaban los más cercanos: Jeff, Alan, Sonic, North, Dean, Way y algunos amigos del equipo. Nada más. Exactamente como ellos querían.
Charlie estaba guapísimo con un traje negro elegante que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Babe, a su lado, lucía imponente y arrebatador con un traje del mismo color, pero con una camisa blanca impecable que resaltaba sus ojos gris-azulados.
Ambos se miraban con una intensidad llena de amor y felicidad.
Después de los votos, donde Charlie habló con la voz temblorosa de emoción y Babe, aunque más reservado, dijo palabras profundas y sinceras, el juez sonrió ampliamente.
—Los declaro esposos. Puede besar al novio.
Charlie no esperó ni un segundo. Tomó el rostro de Babe entre sus manos con ternura y lo besó con todo el amor que sentía. Fue un beso dulce, profundo y lleno de promesas.
Babe correspondió, sujetando su cintura, olvidándose por un momento de que todos los miraban.
Cuando se separaron, el taller estalló en aplausos y silbidos.
—¡Por fin!— gritó North, levantando los brazos.— ¡Ya era hora!
Jeff se acercó primero, abrazando fuerte a su hermano mayor con lágrimas en los ojos.
—Felicidades, Charlie. Te ves feliz. Y tú, Babe…bienvenido oficialmente a la familia. Aunque ya eras parte de ella desde hace mucho.
Babe sonrió de lado y estrechó la mano de Jeff.
—Gracias, Jeff.
Sonic se acercó con una sonrisa pícara y le dio una palmada a Charlie en la espalda.
—Charlie, hermano…¿seguro qué estás listo para vivir con este gruñón el resto de tu vida? Babe tiene carácter fuerte, ¿eh?
Babe levantó una ceja y lo miró con advertencia.
—Cuidado con lo que dices, Sonic.
North soltó una carcajada y se unió:
—Exacto. Charlie, te compadezco. Babe es hermoso, pero cuando se enoja…hasta los motores tiemblan.
Charlie rio y pasó un brazo por la cintura de Babe, atrayéndolo contra su cuerpo.
—Me encanta su carácter fuerte. Me enamoré de eso también. Además, soy el único que puede manejarlo.
Babe lo miró de reojo con una sonrisa coqueta pero amenazante.
—¿Manejarme? Ten cuidado, Cachorro. Acabamos de casarnos y ya estás buscando problemas.
Dean y Way se acercaron riendo.
—Felicidades, chicos.— dijo Dean.— Babe, nunca pensé verte tan sonriente. Charlie, gracias por domar al Rey de la Pista.
Babe bufó, pero no pudo ocultar su sonrisa.
—No me domó. Solo…me convenció.
Alan fue el último en acercarse, visiblemente emocionado.
—Estoy muy orgulloso de ustedes dos. Han pasado por mucho y han salido más fuertes. Que esta unión sea tan sólida como los motores que arreglan juntos.
Charlie y Babe se miraron, con los ojos brillantes de felicidad. Charlie besó la sien de Babe y susurró solo para él:
—Te amo, esposo mío.
Babe sonrió de esa forma suave y única que solo Charlie conocía.
—Y yo te amo a ti, esposo. Más de lo que imaginé posible.
Los chicos volvieron a aplaudir y bromear, creando un ambiente cálido y lleno de risas.
North ya estaba planeando abrir las bebidas mientras Sonic amenazaba con contar anécdotas vergonzosas de ambos.
Era un día perfecto. Simple, lleno de amor y rodeados de las personas que realmente importaban.
Bailando Nuestro Propio Ritmo
La fiesta en el taller estaba en su mejor momento. Las luces tenues creaban un ambiente cálido y acogedor. Cuando sonaron los primeros acordes de “Fire to Fire” de Sam Smith, Charlie tomó la mano de Babe y lo llevó al centro del taller. Todos los chicos se apartaron un poco para darles espacio.
La canción parecía escrita para ellos. Charlie rodeó la cintura de Babe con una mano, mientras la otra sostenía la suya. Babe escondió su rostro en el cuello de Charlie, respirando su aroma. Era una pose elegante, íntima y llena de amor.
Charlie canturreó suavemente la letra cerca de su oído, como si realmente se la estuviera dedicando:
—“You’re the fire to my fire…burning brighter every day…”
Babe sonrió contra su cuello y lo abrazó más fuerte por los hombros, balanceándose lentamente con él.
—Eres un romántico de primera, Cachorro.— murmuró Babe, con la voz suave.— Me encanta que hayas elegido esta canción.
Charlie besó su sien y apretó suavemente su cintura.
—Te representa a ti y a mí. Tú eres ese fuego que me encendió desde el primer día, aunque intentaras ignorarme. Ahora ardo por ti todos los días.
Se movieron lentamente, perdidos en su propio mundo. Los chicos los observaban con sonrisas, algunos tomando fotos discretamente. Era un momento hermoso y privado en medio de la celebración.
Más tarde, la música cambió radicalmente.
Alguien puso reggaetón y el ambiente se volvió más animado. Sonic, ya algo achispado, tomó del brazo a Babe con una sonrisa enorme.
—¡Vamos, Babe! A bailar como en los viejos tiempos. ¡No seas aburrido el día de tu boda!
Babe soltó una risa genuina y se dejó llevar al centro.
—Está bien, solo una.
Charlie se quedó de pie junto a Alan, con una cerveza en la mano, observando. Sus ojos se abrieron como platos cuando Babe empezó a bailar.
Babe se movía con una fluidez y sensualidad hipnótica. Sus caderas bajaban y subían con ritmo experto, meneando el trasero de forma natural y provocadora mientras seguía el beat. Sonic bailaba a su lado, animándolo.
North, Dean y Way se unieron rápidamente, formando un pequeño grupo.
Charlie se quedó sin palabras, con la boca ligeramente abierta.
—No sabía que bailaba así…— murmuró, completamente sorprendido.
Alan rio a su lado y le dio una palmada en la espalda.
—No solo es bueno con el volante, también en la pista de baile. Siempre supo hacerlo. Antes de que llegaras, a veces en las fiestas después de las carreras nos sorprendía a todos. Pero desde que está contigo, casi no lo hace. Creo que solo baila así cuando está realmente feliz.
Charlie no podía apartar la mirada. Babe bailaba con soltura, sonriendo y riendo mientras North intentaba seguirle el ritmo y fallaba estrepitosamente. Sus movimientos eran precisos, atractivos y llenos de esa confianza que lo caracterizaba.
Babe miró hacia Charlie desde la pista y le dedicó una sonrisa coqueta, sin dejar de moverse. Charlie sintió que el corazón le latía más fuerte.
Jeff se acercó a él riendo.
—Cierra la boca, hermano. Se te va a caer la baba.
Charlie rio, todavía embobado.
—Es que…míralo. Es mi esposo. Y baila así.
Babe se separó del grupo un momento y se acercó a Charlie, todavía moviendo las caderas al ritmo de la música. Lo tomó de la mano y tiró de él.
—Ven, Cachorro. Baila conmigo.
Charlie dejó la cerveza y se dejó llevar, rodeando la cintura de Babe mientras intentaba seguir el ritmo.
—No sé bailar esto.— admitió entre risas.
Babe sonrió y acercó sus labios a su oído.
—Solo muévete conmigo. Así…lento y pegado. El resto no importa.
Charlie lo abrazó más cerca y bailaron juntos, riendo y disfrutando del momento. Los chicos silbaron y aplaudieron a su alrededor.
Era una noche perfecta: llena de amor, risas, baile y la certeza de que, después de todo lo que habían pasado, por fin estaban exactamente donde querían estar.
Fuego en la Toscana
La habitación de la villa en la viña era amplia y acogedora, con grandes ventanales que dejaban entrar la luz dorada del atardecer italiano. Apenas cerraron la puerta, Babe se lanzó sobre Charlie, abrazándolo con fuerza y escondiendo el rostro en su cuello.
Charlie rio sorprendido pero lo sostuvo con cariño, rodeándolo con sus brazos.
—Estoy feliz, Cachorro…Muy feliz.— murmuró Babe contra su piel.— Gracias por esta boda, por esta felicidad que me das y especialmente por el amor que me tienes. Te amo, Cachorro.
Charlie acarició su mejilla con ternura, mirándolo a los ojos con devoción.
—Yo estoy feliz, cariño. Casarme contigo es lo mejor que he hecho en mi vida. Cada día te amo más y cada día pienso en seguir haciendo muchas cosas más contigo. Y yo también te amo, mi amor.
Charlie lo besó. El beso empezó suave, pero rápidamente subió de intensidad, volviéndose profundo y desesperado. Se despojaron de la ropa con prisa, dejando todo tirado en el suelo hasta caer sobre la gran cama.
Charlie se colocó entre las piernas de Babe, preparándolo con dedos hábiles y urgentes.
Cubrió sus cuerpos con la frazada blanca, creando un espacio íntimo y caliente. Sus movimientos debajo de la tela se veían sensuales y obscenos.
Sin esperar más, Charlie alineó su miembro y lo embistió con brusquedad, penetrándolo hasta el fondo de una sola vez.
—Ahh…Charlie…— gimió Babe, arqueando la espalda.
Charlie empezó a moverse con embestidas lentas pero profundas y bruscas, follándolo con posesión. Besaba, chupaba y mordía su cuello, bajaba a su boca para devorarla con hambre y luego atacaba sus pezones, chupándolos con fuerza mientras sus caderas chocaban con ritmo intenso.
—Te sientes tan perfecto…tan mío…— gruñó Charlie contra su piel, dominante, acelerando el ritmo.
Babe llevaba la cabeza hacia un lado, soltando gemidos agudos y entrecortados que volvían loco a Charlie.
—Más…mi amor…más fuerte…— suplicaba Babe, clavando las uñas en su espalda.
Charlie sonrió con orgullo y satisfacción al ver las expresiones de placer de Babe y escuchar cada gemido. Embistió más profundo y brusco, saliendo casi por completo antes de volver a entrar con fuerza, llenándolo por completo una y otra vez.
—Eres tan hermoso cuando gimes así para mí…— susurró Charlie, mordiendo uno de sus pezones mientras lo follaba sin piedad.
Babe solo podía responder con gemidos agudos y sollozos de placer, completamente entregado. La frazada se movía con cada embestida, marcando el ritmo sensual y salvaje de sus cuerpos.
Charlie lo besó con intensidad, chupando su lengua mientras sus caderas no dejaban de embestir profundo y brusco.
—Te amo…Te amo tanto…— jadeaba Charlie contra su boca.
Babe gimió alto cuando Charlie golpeó ese punto sensible una y otra vez.
—Charlie…estoy cerca…no pares…
Charlie aceleró, follándolo con fuerza y profundidad, besando, chupando y mordiendo su cuello, boca y pezones hasta que ambos llegaron al orgasmo. Babe se corrió con un gemido largo y tembloroso, apretando alrededor de él. Charlie empujó hasta el fondo y se derramó dentro de él con un gruñido ronco, llenándolo por completo.
Se quedaron unidos, respirando agitados.
Charlie besó suavemente su frente, todavía dentro de él.
—Te amo, esposo mío.— susurró.
Babe sonrió con los ojos brillantes y lo abrazó más fuerte.
—Y yo te amo a ti, esposo. Esto es solo el comienzo.
Besos entre Viñedos
Al día siguiente, el sol brillaba cálido sobre los extensos viñedos de la Toscana. Charlie y Babe se levantaron temprano, desayunaron en la terraza de la villa y decidieron salir a recorrer los alrededores. Ambos vestían ropa cómoda: Charlie con una camisa blanca de lino y pantalones claros, Babe con una camisa negra ligeramente abierta y jeans oscuros que le quedaban perfectamente.
Caminaban de la mano entre las hileras de vides cargadas de uvas maduras. El aire olía a tierra húmeda y hojas frescas.
—Esto es increíble.— dijo Charlie, mirando alrededor con una sonrisa enorme.— Nunca imaginé que estaríamos aquí, casados, caminando por un lugar tan hermoso.
Babe apretó su mano y lo miró de reojo, con una sonrisa suave.
—Yo tampoco. Pero me alegra que hayamos elegido Italia. Es tranquilo… y perfecto para nosotros.
Se detuvieron en un punto donde las vides formaban un arco natural. Charlie sacó su teléfono y levantó el brazo para tomar una selfie. Babe se acercó, apoyando la cabeza en su hombro.
—Sonríe, esposo.— bromeó Charlie.
Babe soltó una risa baja y sonrió de verdad, esa sonrisa que solo Charlie conseguía.
Charlie tomó la foto y luego giró el teléfono para tomar otra donde besaba la mejilla de Babe.
—Otra más.— pidió Babe, girándose hacia él.
Esta vez Babe tomó el teléfono. Se pusieron frente a frente, narices rozándose. Babe capturó el momento justo cuando Charlie le robaba un beso suave en los labios.
—Te ves muy guapo con esta luz.— murmuró Babe contra su boca, tomando otra foto.
Charlie rio y lo abrazó por la cintura, levantándolo ligeramente del suelo.
—Tú sí que te ves hermoso. El sol hace que tus ojos brillen aún más. Parecen plata líquida.
Babe se sonrojó ligeramente y escondió el rostro en su cuello por un segundo, pero luego levantó la cabeza y lo besó con calma, saboreando el momento. El beso fue lento, dulce y lleno de amor, con el sonido del viento entre las vides de fondo.
Cuando se separaron, Charlie apoyó su frente contra la de Babe.
—Te amo, Babe. Gracias por casarte conmigo. Gracias por elegirme.
Babe acarició su mejilla con el pulgar, mirándolo con intensidad.
—Te amo más, Charlie. Eres lo mejor que me ha pasado. No cambiaría ni un solo día contigo…ni siquiera los difíciles.
Siguieron caminando, deteniéndose cada tanto para tomar más fotos: una donde Babe besaba la sien de Charlie, otra donde Charlie cargaba a Babe en su espalda riendo, y varias más simplemente abrazados entre las vides.
En un claro soleado, Charlie detuvo a Babe de nuevo y lo besó con más profundidad, sujetando su cintura. Babe correspondió, pasando los brazos alrededor de su cuello.
—Quiero que este viaje sea solo nuestro.— susurró Charlie.— Sin taller, sin pistas, sin preocupaciones. Solo tú y yo.
Babe sonrió contra sus labios.
—Solo tú y yo, esposo. Para siempre.
Se quedaron un rato más disfrutando del paisaje, robándose besos y fotos, con el corazón lleno y la certeza de que su amor, después de todo lo vivido, había encontrado su lugar perfecto.
Celos y Reafirmación
Una hora después, Charlie se había quedado entre la multitud observando a Babe. Este bailaba con un italiano atractivo, riendo y divirtiéndose de verdad. Cuando terminó la música, Babe llevó la cabeza hacia atrás, riendo con felicidad. En ese momento, el hombre se acercó demasiado a su cuello.
Charlie vio rojo y empezó a caminar hacia ellos.
Sin embargo, Babe se separó a tiempo, sin darse cuenta de la situación, y agradeció al hombre por el baile con una sonrisa educada.
El italiano asintió, le entregó una tarjeta y se despidió. Babe la tomó confundido, se encogió de hombros y se dirigió hacia Charlie con una sonrisa brillante.
Al acercarse, notó la expresión tensa de Charlie y se preocupó.
—¿Qué pasa, Cachorro? ¿Te sientes bien?
Charlie suspiró y respondió con honestidad:
—Ese hombre estaba a nada de besarte, Babe. Justo en el momento que llevaste tu cabeza hacia atrás.
Babe se sorprendió. Charlie notó la tarjeta en su mano, la tomó, rodó los ojos y la rompió en pedazos antes de tirarla al basurero más cercano.
Babe lo cuestionó:
—¿Por qué hiciste eso?
Charlie lo miró con seriedad.
—Es su número de teléfono, Babe.
Babe abrió la boca, sin saber qué decir.
Charlie suspiró y tomó su mano.
—Vámonos.
Babe lo siguió en silencio hasta la villa.
Al llegar, se ducharon juntos. Babe solo vestía una camisa de dormir negra, larga y suelta.
Estaba revisando su teléfono cuando recibió un mensaje. Pensó que era de los chicos, pero provenía de Instagram. Estaba a punto de leerlo cuando escuchó la voz fría de Charlie detrás de él, leyendo en voz alta:
—“Hola, Babe…Soy Willy del equipo rival. Me gustaría que tengamos una cita. Realmente me gustas y tal vez lleguemos a algo más.”
Babe se sobresaltó. Charlie observaba el mensaje con clara irritación.
—¿Acaso no sabe qué estás casado? ¿Es idiota o se hace?
Babe se mordió el labio inferior.
—No lo sé, mi amor…
Charlie tomó el teléfono, bloqueó a Willy y lo dejó a un lado. Babe hizo un pequeño puchero.
Charlie lo miró.
—¿Te molesta qué lo haya hecho? ¿Te gustaría seguir recibiendo mensajes suyos sabiendo su intención?
Babe negó con la cabeza rápidamente.
—No, Cachorro…Solo que me siento regañado.
Charlie sonrió con una expresión peligrosa que hizo que Babe sintiera un escalofrío placentero. Lo tomó de la cintura, lo alzó con facilidad e hizo que Babe enredara las piernas alrededor de su cintura. Lo llevó contra la pared con decisión.
Babe jadeó cuando Charlie devoró su boca en un beso intenso y posesivo. Las manos de Charlie bajaron por debajo de la camisa y se detuvieron al descubrir que no llevaba ropa interior.
Charlie se separó apenas, con voz ronca:
—¿Por qué no llevas ropa interior?
Babe acarició su mejilla y besó sus labios antes de responder con una sonrisa provocadora:
—Tengo que estar preparado para mi esposo cuando quiera hacerme el amor.
Charlie gruñó satisfecho, sacó su miembro y lo llevó directamente a la entrada de Babe. Lo embistió con fuerza, penetrándolo de una sola vez hasta el fondo.
—Ahh…¡Charlie!— gimió Babe, aferrándose a sus hombros.
Charlie empezó a follarlo contra la pared con embestidas profundas, fuertes y violentas.
Cada golpe era brusco y posesivo, llenándolo por completo. Rompió la camisa de Babe de un tirón para tener acceso total a su pecho y bajó la boca hasta sus pezones, chupándolos y mordiéndolos con hambre mientras sus caderas no dejaban de embestir con brutalidad.
—Eres mío, Babe…Solo mío.— gruñó Charlie contra su piel, mordiendo su cuello y dejando marcas.
Babe rasguñaba la espalda desnuda de Charlie, soltando gemidos agudos con cada embestida violenta.
—Charlie…más fuerte…por favor…— suplicaba Babe, con la cabeza echada hacia atrás.
Charlie lo sujetó con más fuerza por los muslos y lo penetró aún más profundo y brusco, follándolo sin piedad contra la pared.
Besaba su boca con posesión, chupaba y mordía su cuello y pezones mientras sus caderas chocaban con fuerza.
—Nadie más te toca…nadie más te mira así…— susurraba Charlie entre embestidas salvajes.
Babe solo podía gemir y arañar su espalda, completamente entregado al placer dominante de su esposo.
Posesión en la Mesa
Charlie embistió un poco más profundo y fuerte, con movimientos precisos y posesivos, hasta que ambos llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo. Babe se tensó alrededor de él, soltando un gemido largo y tembloroso mientras se corría entre sus cuerpos. Charlie gruñó contra su cuello y empujó hasta el fondo, derramándose dentro de él con fuerza, llenándolo completamente.
Aún jadeando, Charlie besó el cuello sudoroso de Babe y, sin salir de él, lo levantó en esa misma posición. Lo llevó hasta la pequeña mesa cercana y lo sentó sobre ella con cuidado, pero sin perder el contacto.
Babe sollozó de placer cuando Charlie empezó a moverse de nuevo, las embestidas ahora más profundas por la nueva posición.
Estaba demasiado sensible después del orgasmo.
—Charlie…espera…— jadeó Babe, intentando apartarse un poco y empujar su pecho, cerrando instintivamente las piernas.— Estoy muy sensible…
Charlie lo agarró firmemente del cabello, tirando suavemente hacia atrás para que lo mirara.
—Quédate quieto y mantén las piernas abiertas para tu esposo, mi amor.— ordenó con voz ronca y dominante.
Babe soltó un sollozo de placer contra su boca, temblando.
—Eres un animal, Charlie…Ten un poco de consideración…
Charlie rio bajo, con una sonrisa oscura y satisfecha, y embistió con más fuerza, profundo y violento.
—El mismo animal que luego súplicas para que no pare de follarte, mi amor.
Babe empezó a golpear su pecho con las manos, más por la intensidad abrumadora que por rechazo. Charlie lo sujetó con más fuerza por las caderas y devoró su boca en un beso posesivo, tragándose sus gemidos.
Charlie siguió follándolo sobre la mesa con embestidas rudas, profundas y violentas.
Cada golpe era fuerte, haciendo que la mesa se moviera ligeramente. Sus caderas chocaban con brutalidad contra Babe mientras besaba, chupaba y mordía su cuello, bajaba a su boca para besarlo con hambre y luego atacaba sus pezones, chupándolos y mordiéndolos con devoción.
—Charlie…ahh…demasiado…— gemía Babe, arañando su espalda.
—Quiero que sientas que estoy aquí…que eres mío…— gruñó Charlie contra su pecho, penetrándolo más profundo y brusco, sin dar tregua.
Babe solo podía sollozar de placer, con la cabeza echada hacia atrás y las piernas abiertas para él. Charlie lo sujetaba con posesión, follándolo con fuerza y profundidad, besando y mordiendo cada parte de su cuerpo que alcanzaba.
—Te amo…y eres solo mío.— susurró Charlie contra su boca, acelerando las embestidas violentas.
Babe gimió alto, completamente entregado, arañando su espalda mientras recibía cada embestida profunda y fuerte de su esposo.
Charlie continuó dominándolo sobre la mesa, besando, chupando y mordiendo su cuello, boca y pezones sin descanso, follándolo con intensidad hasta que el placer los consumió nuevamente.
Quedémonos un Poco Más
Unas horas después, la habitación estaba en silencio, iluminada solo por la suave luz de la luna que entraba por la ventana. Charlie y Babe estaban completamente desnudos bajo la frazada blanca, acurrucados en la gran cama. Babe tenía la cabeza recostada sobre el pecho de Charlie, escuchando los latidos calmados de su corazón, mientras una de sus piernas descansaba sobre la cintura de su esposo. Charlie acariciaba lentamente su espalda con una mano y, de vez en cuando, bajaba para apretar con cariño su trasero, de forma posesiva pero llena de ternura.
Babe suspiró contento y levantó ligeramente la cabeza, mirando a Charlie con ojos brillantes.
—¿Podemos no irnos todavía?— preguntó en voz baja.
Charlie giró la cabeza para mirarlo, acariciando su cabello con la otra mano.
—¿Por qué, mi amor?
Babe se sonrojó visiblemente y una sonrisa tímida apareció en sus labios, algo que le provocó una oleada de ternura inmensa a Charlie. Babe escondió un poco el rostro contra su pecho antes de responder:
—Quiero seguir estando en Italia…No sé, recorrer otros pueblos o provincias…como si estuviéramos de vacaciones de verdad. Nos merecemos esto, Cachorro…Obviamente, si tú quieres. No quiero presionarte.
Charlie sonrió con calidez y lo abrazó más fuerte contra su cuerpo, besando su frente con devoción.
—Me encanta que lo propongas.— susurró contra su cabello.— Yo también quiero quedarme más tiempo. No tengo prisa por volver. Solo quiero estar contigo, sin horarios, sin taller, sin nada más que tú y yo.
Babe levantó la cabeza de nuevo, con los ojos iluminados de felicidad.
—¿De verdad? ¿No te parece demasiado?
Charlie negó con la cabeza y acarició su mejilla con el pulgar.
—Nada es demasiado si es contigo. Podemos quedarnos dos semanas más, o incluso tres. Visitemos Florencia, Roma, Venecia…donde tú quieras. Quiero verte sonreír así todos los días.
Babe se mordió el labio inferior, claramente emocionado, y se acurrucó más contra su pecho.
—Te amo tanto, Cachorro. A veces todavía no puedo creer que seas mío…que seamos esposos.
Charlie rio suavemente y apretó su trasero con cariño, atrayéndolo más cerca.
—Y yo te amo a ti, mi amor. Más de lo que puedes imaginar. Casarme contigo fue la mejor decisión de mi vida. Y si quieres extender nuestra luna de miel, entonces la extenderemos. Quiero darte todo lo que te mereces.
Babe levantó la cabeza y lo besó con lentitud, un beso lleno de gratitud y amor profundo.
Cuando se separaron, apoyó su frente contra la de Charlie.
—Gracias, mi amor. Quiero crear muchos recuerdos contigo aquí.
Charlie sonrió y besó la punta de su nariz.
—Entonces mañana empezamos a planear. Pero por ahora…solo quiero abrazarte y sentirte así.
Babe asintió y volvió a recostarse sobre su pecho, cerrando los ojos con una sonrisa tranquila.
—Suena perfecto.
Se quedaron en silencio, envueltos en la frazada y en el calor del otro, escuchando solo sus respiraciones y los latidos de sus corazones. Fuera, la noche italiana seguía su curso, pero dentro de esa habitación solo existían ellos dos y la promesa de más días juntos.
¡FIN!
Dedicado a @patricia19898 la segunda parte que pediste, disculpa la demora y espero te guste….









me había asustado por un momento, incluso llore 😿 pero que bella historia amistad
Me encanta leer tanta pasión y entrega y un felices por siempre!
Hay que hermoso me encantó la boda y su luna de miel que hermosa algo así quería para mí Charliebabe en la serie que disfrutarán de su matrimonio y luna de miel que viajarán la parte de la canción fire on fire ame me encanta esa canción muchas gracias Vanessa por estas historias hermosas