Prólogo
Hace 5 años...
Aquella noche todavía olía a vodka barato y perfume caro.
Hannah podía recordarlo incluso años después.
La música hacía temblar las paredes de la casa, las luces cambiaban de color cada pocos segundos y todos parecían demasiado ocupados divirtiéndose como para notar lo incómoda que ella estaba.
Había ido a esa fiesta porque sus amigas insistieron.
Porque "sería divertido".
Porque "los jugadores del equipo iban a estar ahí".
Gran error.
Recordaba las risas.
Las miradas.
Las manos en su cintura sin permiso.
Y, sobre todo... lo recordaba a él.
El jugador estrella.
El MVP del momento.
La persona que todos admiraban.
Hannah cerró los ojos con fuerza al sentir nuevamente el sabor amargo del miedo subiéndole por la garganta.
—Relájate... —había murmurado él aquella noche, sosteniéndola demasiado fuerte—. Nadie va a creerte.
Y nadie lo hizo.
Porque él era famoso.
Porque ella había tomado alcohol.
Porque era más fácil decir que había sido "un malentendido".
Desde entonces, Hannah aprendió a sobrevivir de una sola forma: manteniendo distancia.
Sin relaciones.
Sin citas.
Sin permitir que nadie la tocara demasiado tiempo.
Mucho menos deportistas.
Por eso, cuando años después le dijeron que trabajaría para el equipo profesional de Seattle, quiso rechazar el puesto inmediatamente.
Pero la vida la había obligado a aceptar.
Tenía cuentas que pagar... incluyendo el tratamiento de su madre enferma.
Lo que nunca imaginó fue que terminaría cruzándose con Ethan Rodríguez.
El hombre que podía destruir cada muro que ella había construido para sobrevivir.
O terminar de romperla por completo.