El salto del pequeño sapito
El salto del pequeños sapito
En una laguna salpicada de agüita , vivía un sapito muy travieso que tenía un gran deseo: ¡quería alcanzar un globo de colores que flotaba en el aire! El sapito, entusiasmado, empezó a dar brincos cada vez más altos. *¡Bric, brac, bric!*
Su mamá lo miraba desde una piedra y, con voz dulce pero firme, le advirtió:
—Ten cuidado, pequeño. No saltes tan alto, que podrías lastimarte.
Pero el sapito, con los ojos fijos en el globo, no le hizo caso. Siguió saltando y saltando hasta que... *¡pum!* Se tropezó con una rama y se dio un golpe en su patita verde.
—¡Ay, mamá! ¡Me duele mucho! —exclamó el sapito rompiendo a llorar.
Mamá Sapo se acercó saltando velozmente y lo tomó entre sus brazos.
—Bueno, bueno, ya pasó —le dijo con ternura—. Vamos a curar ese dolor.
Entonces, mamá empezó a cantar la canción más mágica del mundo:
*"Sana, sana, plumita de palomita, si no sana hoy, sanará mañana. Esta lastimadura se va a sanar..."*
Mamá Sapo le dio un soplido suave, *¡shhh!*, y de repente, como por arte de magia, el dolor se fue volando. El sapito ya estaba bien.
—Bueno, tesoro, ya es tarde —dijo mamá—. Es hora de ir a dormir.
—¡No quiero todavía, mamá! —respondió el sapito con un pequeño puchero.
Mamá Sapo lo miró con esos ojos grandes y pacientes que solo tienen las mamás, y el sapito, comprendiendo que era hora de descansar, suspiró y dijo: —Está bien, mami.
Se acurrucó en su camita de musgo, pero sus ojitos seguían abiertos.
—Si no puedes dormir, empieza a contar —le susurró su mamá.
El sapito empezó a susurrar: —Uno... dos... tres... —y así, contando hormiguitas imaginarias, se quedó profundamente dormido.
Cuando el pequeño ya soñaba con globos de colores, Mamá Sapo le dio un beso suave en la frente y, antes de irse ella también a descansar bajo la luz de la luna, le susurró al oído:
—Dulces sueños, mi vida.








