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EL PLEBEYO DE LA ROSA

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Summary

Este no es el libro de un gran autor, sino el alma cruda de un analfabeto que se atrevió a plasmar su historia sin apenas haber tocado un libro antes, construyendo un viaje real donde la misma ortografía evoluciona junto con mi edad. Al inicio, en la niñez —a la que llamo el humo—, leerás las palabras de un niño confundido por la hostilidad del entorno, escritas con las faltas ortográficas propias de la infancia y la inocencia; luego, en la ruptura —el ojo de la tormenta—, notarás cómo la redacción va mejorando poco a poco mientras empiezo a entender el mundo a base de golpes; hasta llegar a la adolescencia —el cuerpo—, donde la comprensión es absoluta, las faltas desaparecen por completo y me armo de valor para justificar y revelar los secretos dolorosos que antes dejé en suspenso. Al comenzar cada capítulo te toparás con frases sueltas que parecerán no tener sentido, desafiando tu curiosidad a seguir leyendo para que tú mismo descubras de dónde nacen y cómo piensa este chico. Esta obra es para un público general, desde niños hasta padres y abuelos, porque el dolor no tiene edad y aquí todos tienen el permiso de desahogarse, ya que muchos miran el llanto como una debilidad, pero yo lo miro como la única verdad: el que no llora no siente, pero el que llora, de verdad lo está sintiendo. Aunque es un borrador, espero sus críticas; gracias y tengan buenos días, tardes y noches.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El plebeyo de la Rosa

PROLONGO

“Tuve todo lo necesario para convertirme en un desquiciado...pero terminé siendo...¿quién soy?”


INTRODUCCIÒN:

“Cada etapa de mi vida dejó algo distinto en mí.Mi niñez me enseñó la inocencia.Mi juventud me enseñó la realidad.Y mi adolescencia… me enseñó el peso de sentir demasiado.

No escribo este libro para dar lástima… ni para hacerme ver diferente.

Escribo porque muchas veces mi mente habló más fuerte que mi voz.

Hubo momentos donde amé, donde odié, donde me perdí… y otros donde entendí que crecer no siempre significa madurar, sino sobrevivir a lo que uno carga por dentro.

Tal vez esta historia no cambie el mundo.

Pero si mis pensamientos lograron vivir dentro de estas páginas… entonces una parte de mí nunca desaparecerá.”


CAPITULOS

PARTE I: NIÑEZ

Capitulo I: 8 años............................................5

Capitulo II:9 años............................................7

Capitulo III:10 años..........................................9

Capitulo IV:11 años.......................................10

PARTE II: OJO DEL TORMENTA

Capitulo V:12 años.......................................11

Capitulo VI:13 años.....................................15

Capitulo VII:14 años....................................17

PARTE III: ADOLESCENCIA


Capitulo VIII:15 años..................................21

Capitulo IX:16 años.................................26

Capitulo X:17 años................................39


Parte I — Niñez

“Vivir como adulto siendo un niño”

Capítulo I:8 años

No recuerdo mucho esos tiempos pues en mis recuerdos solo queda odio habian momentos de paz pero solo eran sueños , sueños en donde vivia la adultez y no vivia la niñez... Recuerdo aquellos momentos en donde las risas eran solo leyendas y los golpes eran tradiciones , pues mi actitud no era digno de halagos si no de golpes y insultos me mantuvia en silencio pues mi palabra no valian nada ante relatos mios, cada vez que intentaba defenderme era callado con un golpe donde la sangre fluia y mis traumas aumentaban , no conocia la paz ni menos la tranquilidad pues momentos tranquilos eran aquellos en donde estaba solo pues no escuchaba insultos , ni menos golpes , solo era yo y mi mundo , un mundo en donde mi imagacinacion no tenia limites y en donde yo era el rey de mis decisiones. Tambien recuerdo aver tenido mascotas , pues ese era un regalo que deseaba cn mi alma. Y un dia se cumplio mi deseo,,, Llegue a mi casa no me esperaba algo nuevo , pues mi pan de cada dia eran insultos , golpes, maldiciones y entre otras cosas... Una vez que llegue me dirigue a mi cuarto a jugar para poder olvidar el dolor que sentia y escuche maullidos y me gano la curiosidad y fue a buscar , habia encontrado un gatito con su hermano a uno lo llame “naranja” y la otra “negra” pues aunque no hayan sido mios decidi criarlos y mis padres me lo permitieron por un momento de mi vida avia conocido la paz pues en esos animales encontre mi felicidad... Y aunque al principio mis padres enegaron , me dieron la oportunidad de cuidarlos y me sentitan feliz que les un abrazo... el año pasaba y los problemas aumentaban pero no me afectaban tanto por que sabia que en mi casa me esperaban mis gatos que aunque no eran humanos me dieron su abrazo... Pasando el tiempo mi madre empezo a mostrame su amor aunque sean por gritos me mostro lo mucho que le importaba y empeze a verla con otro ojos ya no la veia como alguien que me odiba si no que le importaba, pero mientras los problemas aumentaban mi crianza cambiava. Llegue al punto de robar y incluso a insultar , me deje llevar por los problemas por que no veia con claridad era el ambiente que cegaba , llegue a un punto de incluso robar tiendas y mi madre al ver como era , me pegaba pero no por odio si no por dolor , por que aunque yo segui siendo asi por mucho tiempo , mi madre nunca dejo de quererme, Y entonces llego ese dia... Un dia llegaba del colegio y se me ocurrio irme a un internet para divertirme pero al ver que no tenia dinero y mi hermana mayor si lo tenia yo empeza a robar a mi familia , no era conciente de mis actos pues yo solo buscaba tranquilidad, buscaba como liberarme de este ambiente de dolor y lo hacia mientras yo robada y escapaba. Desde ese dia donde toque el dinero sucio de mis manos , me avia acustumbrado a robar, llegando al punto de creer que “si siguo asi, lograre ser feliz”. Un dia decidi robar mas de lo que debia y me dirigui al cuarto de mi hermana pues yo ya conocia donde guardaba su dinero y empeza a urtar dinero sin hacer un daño fisico mi felicidad en esos momentos se ivan al cielo por el echo de aver robado una gran cantidad de dinero y luego lo usaba por beneficio propio sin antes pensar en las consecuencias. Luego de lo sucedido mi habito cambio por completo pues me dedique al robo y no al estudio , me juntaba con gente de mal camino incluso llegar a la punto de robar a mi propio colegio en donde era mi otra casa pues ahi no avian golpes ni menos insultos ahi era tranquilo con mis amigos , Andre , Gustabo y Diego. Son los nombre de aquellos que hoy llamo hermanos pues incluso yo sabiendo mi situacion nunca les ise daño si no les de mi cariño y mi lealtad ellos me mostraon lo que es la “Amistad” me abrieron los ojos que un dia yo crei cerrados con ellos solo habian risas y no discuciones pues incluso yo siendo el peor de mi clase ellos nunca se alejaron era tan feliz en esos momentos que hoy los guardo con cariño y amor, por que gracias a ellos soy mejor, incluso las veces que me despedida de ellos , ellos nunca se alejaron si no me apoyaron y me dieron su calido abrazo de buenos amigos , nunca me avia sentido tan tranquilo ese dia pues ya sabia que me esperaba en casa...

Capítulo II: 9 años

En mi noveno cumplaños recibi mi primer carro, estaba tan contento pues no me esperaba que me dieran algo por el echo de como era yo en esos momentos pues mis notas eran de lo peor y era la burla de clase y mis actitudes eran desagradables , pues aun asi mi madre lucho por mi me daba alas incluso cuando yo las cortaba y no era nada comun que me llevasen a direccion pues con mano dura solo aprendia tanto en casa como en el colegio por que si me vieran en esos momentos no verian a aun niño si no aun malagradecido.

But aun asi no decidi mostrar dolor a otros pues aprendi una leccion inovidable “no devuelvas el dolor que dan si no devuelve lo que te faltaba” pues aunque mis actitudes hallan sido de lo peor nunca decidi devolver el dolor pues de lo que aprendi de mi madre es que incluso en el terror aun hay salvacion.

Mi padre en cambio fue el nucleo de mi tormento , pues no habia solo ocasionado mis miedos si no tambien mis traumas por el deje creer y empeze a ver, siendo el mismo en esos tiempos me golpeba con lo que tenia en la mano ,

no le importaba si me hacia sangrar solo hacerme reflexionar pues cada golpe venia de decepciones y odio , pues quien quisiera tener un hijo ratero...

Cada golpe que el me daba se sentia como que se estaria desohogando conmigo pues el tampoco tuvo el amor de su padre y el aver que su hijo era diferente a el decidio forgarme con golpes no solo ami si no tambien amis hermanos pues yo fue la excepcion de todos los golpes que me daban por que mientras a atros le hablaban con calma ame me hablaban con odio y rencor

no recuerdo bien lo que decian de mi pero si lo que los rumores decian de mi de como un hijo es capaz de robar a cortar incluso de insultar.

No avia aun solo dia que me mi padre me recordase lo fracasado que era y lo inutil que era , el me cortaba las alas antes que yo las isiera pues para el solo le importba el dinero y no vida de su familia, incluso tambien llegue al punto de robarle a el y asu familia pero de el al entererarse no me hablaba si no me golpeaba con lo masa duro que avia en mi casa y desde ese entonces mi mente era afectada y mi miedo hacia el aumentaba...

Pero incluso en ese tormento surguieron 2 personas , 1 era mi hermano mayor y la otra una chica llamada sophya :)

Ambas era diferentes personas , pero de ambas personas me mostraron la luz de poder volver a florecer pues mi hermano era el unico que daba su vida para alejarme de golpes el era un guardian sin yo siquiera averlo llamado , el para mi no solo era un hermano si no un padre en esos momentos que el en vez de llenar mi mente de insultos y mi cuerpo de golpes me llenaba de felicidad pues en el avia una persona feliz en un cuerpo de roca el asu estilo me sacaba risas y sonrisas incluso el sabiendo lo que hacia , robar, insultar y entre otras cosas el nunca me metio la mano si no me hablaba y me decia “deja de portarte asi , eso esta mal” con el no solo abia risas si no recuerdos que no se cuentan, solo se vivian el con su carisma recogia las plumas que yo quitaba pues el no perdia la fe en mi si no buscaba un cambio en mi.

Y sophya fue una de ellas , aunque eramos niños de 8 años ella me mostraba lo que era divertirse con otras personas me hacia sentir libre sin ser juzgado con ella eran risas no problemas , incluso siendo un niño no pensaba en poseerla si no pasar tiempo con ella cada recuero y expencia que tengo de ella

eran contadas como una estrella fugaz por que solo se podia contar y ver una vez en la vida.

Capítulo III: 10 años


Llegando a esta edad no solo encontre la paz si no la esperanza de cambiar

pues poco a poco decidi dejar mis abitos y empeze a caminar mis problemas seguiana y seguian mejorando pues no habia un solo dia que al caer la noche o al llegar ami casa ubiera violencia, pero aun asi tenia amis 3 amigos fieles y a mi hermano y sophya ami lado , esas 5 personas me daban la paz que buscaba y tranquilidad que esperaba.


Luego un cierto dia me fije en otra persona que era Angie y yo ami madre le pedi una segunda lonchera para ella incluso regalaba dulces amis compañeras y amis amigos no , pues creia que mientras mas daba mas se fijariana en mi pero no fue asi si no lo contrario , nunca supe la verdad si realmente me veian diferente o solo lamente eran amables por lo que daba , nunca lo supe , pero incluso eso me mostro mi amabilidad por que mi madre un dia me mostro su lado gnneroso dando el dinero que tenia a una niña de la calle y eso me dejo con una pregunta -¿si mi madre es buena , por que da miedo?- y al saber la respuesta me di cuenta que no todos somos iguales que incluso uno siendo el peor de mundo es el mejor dando consejos.


Pasando medio año , los problemas pense que se acabarian pero solo era una idea mia pues los problemas aumentaban y yo empezaba a ser conciente , poco a poco mis abitos dejaron de mostrarse incluso los rumores desaparecieron pero llego un dia en donde me volvi adulto y deje de ser un niño,


Un dia llegue ami casa y emperaba un abrazo de mis mascotas pero al llegar ami cuarto solo avia soledad no avian maullidos ni carisiasa solo silencio y un entonces fui directo ami madre a preguntar sobre mis gatos y me dijo “los gatos los di a un pariente para que esten mas libres” yo al principio me sentia triste pues no iva a sentir el calido abrazo de mis mascotas pero luego me puse bien por que sabria que estan en un lugar mas tranquilo.


Luego de ese aconsentimiento aprendi una leccion que se aprende de adulto

“disfrutar cada momento , pues uno nunca sabe cuando se acaba”


Capítulo IV: 11 años


En mi onceabo compleaños los problemas bajan y las soluciones aumentaban

pero los golpes y insultos crecian uno mas que otro pero las risas florecian.


Mi familia poco a poco cambian , los golpes se dejaron de sentir de rencor

y solo de reflexion pues mi cuerpo se estaba acustumbrando a que me insultes y me peguen, pero ya no me dolian como antes pero sin darme cuenta en unos años los golpes ya no dolerian y las palabras matarian.


La pandemia habia llego y el coronavirus era la notica pues el covid-19 no solo era una enfermedad mortal si no se llevaba el tiempo de vida de los demás,


Mis padres al ver que eso les afectaría mucho en su negocio decidieron innovar y vender frutas en camiones , en ese año los problemas ya no eran solo el dinero si también la salud pues temían que nos muriéramos , por suerte mi otra hermana avia culminado su carrera de enfermera y con ella nos sentíamos más seguros pero eso no quito el hecho que los conflictos de casa desaparecieran si no aumentaran .


Llegando al punto que los golpes eran mas fuertes que nunca y los abusos eran el pan de cada día , los insultos eran el menú y los abusos eran la cena


Y al llegar a esa edad , mi abìtos cambiaron , deje de robar incluso deje de juntarme con personas malas , porque de esa experiencia viví la traición y conocer que es verdaderamente la amistad , recuerdo que un día había robado dinero a mi padre y mi padre se dio cuenta y entonces le entregue el dinero aun supuesto amigo y al confortarlo él lo negó todo y dejo que yo recibiera todo el conflicto ese día aprendí una valiosa lección.

Parte II — EL OJO DE LA TORMENTA

“En esta etapa ya no era el niño que no entendía el mundo… pero tampoco era alguien que supiera cómo vivirlo.

Y es donde nace la siguiente frase”

“no tengo motivos para vivir, pero tampoco motivos para detenerme”

Capítulo V: 12 años

Al inicio de estos años, debido al COVID-19, las clases se volvieron virtuales y fue el comienzo de mi tormento, eso que llamo “el ojo de la tormenta”. En este punto surgió mi filosofía y mis despedidas; las cuales no solo contaré, sino que las reviviré, porque incluso en el dolor aún hubo amor...

Eran inicios del año 2020, cuando el COVID-19 era tendencia y la cuarentena se volvió parte de la vida cotidiana.

Todas las familias eran confinadas si salían de sus casas. Para mí esto no era algo nuevo, pues yo ya vivía en mi propio mundo; no conocía el exterior porque temía a lo desconocido, y solo me alimentaba de creencias, ya que las experiencias aún no las había vivido.

Ya no eran solo rumores, sino algo que había visto con mis propios ojos y sentido en mi propia piel, algo que cambió la forma en la que entendía mi mundo.

Era un día como cualquier otro, pero los problemas eran peores que antes. El año anterior había sido solo una cortina de humo que me hizo pensar que los conflictos se habían ido, pero no...

Mi actitud no había cambiado porque seguía siendo el mismo de antes. Era mi mente la que me había hecho creer que mi forma de ser se había transformado, pero seguía actuando como un niño malagradecido y malcriado. Dejaba de asistir a mis clases virtuales solo para usar mi computadora para jugar videojuegos en lugar de estudiar. Engañaba con mis palabras a mis padres diciéndoles que era el mejor, pues mi cobardía no me permitía ser sincero.

Mi rutina diaria era siempre la misma: despertar, jugar, comer y dormir eran las únicas cuatro cosas que aplicaba día tras día. En mi mente no cabía la palabra “estudiar”, solo la idea de “jugar”. Mis mentiras fueron las causantes de mi sufrimiento, pues mis propias palabras promovieron los conflictos. No me preocupaba por nada más que por mi vida misma y la de mi madre; pues aunque yo fui un chico terco, el amor de madre nunca desapareció.

Incluso sabiendo que yo era un mal hijo y una decepción para mi padre, nunca devolví el odio. Bueno, eso creía hasta que llegó mi hermana mayor a mi casa.

Recuerdo el día en que llegó a vivir con nosotros. Ella fue la causante de mi rebeldía: viví como un sirviente para ella y para sus hijos, y morí como hermano para ella...

Tenía la idea de que hacía bien en tratarme como basura, pues siempre me vio como tal, e incluso yo llegué a creer que lo era. No hubo un solo día en que no me usara para sus responsabilidades porque a ella le daba flojera hacerlas; y como los rumores sobre mí llegaron a sus oídos, usó mi palabra contra mí. Solo era un fiel siervo para ella, nunca un hermano...

Veía cómo mis sobrinos usaban mis cosas como si fuesen de ellos. Mientras yo solo aprendía a callar, ella aprendía a utilizar. Me dejé llevar por el miedo a perder a mi madre, pues mi hermana la tenía en la palma de su mano. Mi madre en esos momentos le creía todo lo que ella le decía sobre mí, pensando que yo seguía siendo el mismo, cuando yo solo buscaba un cambio en mí. Y ese cambio no surgió mediante el apoyo, sino mediante el dolor; quise mejorar porque mi verdad no podía quedarse de brazos cruzados, tenía que pelear por mi libertad.

Llegó un día en que mi madre salió de casa y me dejó a merced de mi hermana y su esposo. Fue esa noche donde todo empezó a caer pieza por pieza. Ese día yo me había quedado jugando hasta tarde con un amigo que me alegraba los días, y esa misma noche fue cuando mi hermana me exigió que apagase la computadora. Yo le dije que no, y ella, al ver que no hacía caso, entró a mi cuarto enfurecida, me agarró y me golpeó. Pedí ayuda, pero mis llantos fueron en vano...

Mi única salida era escaparme, pues sabía que no podría aguantar más. Así que tomé una decisión: quité sus manos de encima de mí y logré llegar a la puerta, pero ella fue más rápida, me sujetó diciendo: «¿A dónde crees que vas, mocoso?» y me empezó a pegar nuevamente. Yo le pedía que parara, pues no solo me hacía daño físico, sino que revivía mis traumas. Durante un rato nadie salió a defenderme, ni siquiera su marido; ella seguía y seguía golpeándome e insultándome. Al ver que el problema empeoraba, decidí correr al cuarto de mi hermano, pues ahí me sentiría más seguro...

Había logrado zafarme de sus brazos y, sin pensarlo dos veces, salí corriendo al cuarto de mi hermano, quien por suerte escuchó mi voz y me salvó. Me llevó a su habitación y vio cómo lloraba y sangraba por la nariz a causa del golpe que me dio mi hermana. Él empezó a calmarme y yo le dije:

—Yo no pedí existir, solo pedía paz.

Luego de ese acontecimiento, mi hermano llamó a mi madre. Ella vino con mis tíos y bajé para ver qué me iban a decir, pues esperaba una charla, no una amenaza. Bajé y lo primero que hice fue ponerme al lado de mi madre; mis tíos se colocaron junto a mí y mi hermana enfrente. Empecé a decir lo que me venía a la mente, pues en ese momento no pensaba con claridad, solo hablaba. Mi hermana solo contaba su versión de lo que pasó y su única justificación era:« A Juan Diego no le pegaban como a mí», mientras se mantenía completamente calmada. Yo me sentía destrozado, no por los golpes, sino por lo que estaba viviendo y por ver cómo veían mi vida como algo insignificante. Ella creía que yo nunca había sido golpeado porque no veía mis heridas ocultas; solo se fijaba en donde estaba limpio, mas no en lo que estaba roto.

Después de escuchar sus palabras y ver su calma, decidí hablar, pues no podía dejar que se expresara como si supiera lo que yo había sufrido. Empecé a decirle entre lágrimas:

—¿Tú crees que acaso el papá no me pegaba?

A ella no le importaba si lloraba o no, solo quería verme sufrir, pues no veía esperanza en mí, solo cobardía y decepción...

Y de un momento a otro salió su marido para defenderla y no perderla, diciéndome:

—Deja de hablar tonterías. Sigue hablando así y verás cómo te saco la mierda frente a todos...

Yo esperaba respaldo, pero solo reviví los golpes. Luego de esa amenaza me quedé callado por temor a volver a ser maltratado. Me fui a mi cama llorando y mis lágrimas no paraban de salir; me costó dormir por el miedo latente.

Pasaron los días y mis problemas aún no se solucionaban; seguían y seguían, eran el pan de cada día. Aunque tenía a mi hermano y a mi madre, fue mi madre quien me demostró desconfianza. De ella escuchaba la palabra prohibida:«¿Estás seguro de que puedes hacerlo?». De ella vino la duda.

Solo era un niño que buscaba alas porque ya no las tenía. Me llamaba a mí mismo un fracasado, una basura sin metas. Cada día ya no era el ambiente el que me destruía, sino mis propios pensamientos...

Meses después, un día me encontraba en el techo y de la nada escuché un maullido. Decidí investigar, pues hacía tiempo que no sentía un abrazo cálido, y entonces lo encontré: había un gatito afuera de mi casa. Sin dudarlo lo agarré y lo metí. Al principio ni mi madre ni mi padre querían gatos, pero al ver el cambio en mi actitud me permitieron criarlo. Aunque al inicio querían deshacerse de él, yo me mantuve sereno y lo cuidé.

Pasó el tiempo y mi gato creció. Aunque a veces lo trataba mal porque no sabía controlar mis emociones, él seguía volviendo a mí, lo que me hizo surgir una pregunta:

—¿Por qué a pesar de que te trato mal, decides volver al mismo lugar?

Yo aún no entendía el significado de esa pregunta, pues solo buscaba disfrutar de la luz antes de volver a la oscuridad...

Y entonces llegó ese fatídico día...

Un día me desperté y mi primera idea fue buscar a mi gato. Lo busqué por todos lados pero no lo encontraba. Le pregunté a mi mamá y ella me respondió que lo había encontrado muerto afuera de la casa; fueron los perros de la vecina los que me quitaron mi felicidad. Pensé en odiar a los perros, quise hacerlo, pero sabía que las mascotas solo actúan basadas en su naturaleza.

Al principio me negué a creerlo, pues sabía que no podría vivir con la culpa de saber que había perdido nuevamente a mi gato y que no luché por salvarlo. Así que me alisté y fui a buscarlo, pero por más que busqué no lo encontré; mi madre había escondido el cadáver para que yo no lo viera.

Después de haber rebuscado en cada lugar, me sentí adolorido al no poder aceptar la pérdida. Me negué a aceptar su muerte varias veces, hasta el punto de caer de rodillas y ponerme a llorar. Quería ver nuevamente a mi gato, pues él me daba el amor que buscaba en otros. Para el resto solo fue un animal, pero para mí era mi fortaleza para seguir viviendo...

Y luego de ese acontecimiento surgió la siguiente frase:

«Pensé que podría manejarlo, pero sigo siendo solo un niño...»

“No entregues tu lealtad a quien aún no ha demostrado la suya.”

Capítulo VI: 13 años

“El inicio del renacimiento y la evolución del sufrimiento”

La cuarentena había acabado y el inicio de las clases presenciales había comenzado. Aunque el COVID-19 ya tenía cura y se podía salir nuevamente, los problemas empeoraron más...

Mi madre había juntado dinero para comprarme los útiles escolares y yo no desaproveché el momento: empecé a cambiar y a estudiar. Aunque no era el mejor de la clase, comencé a mostrar interés.

Ya en esos tiempos había dejado el hábito de robar, pues había aprendido que ese no era el camino correcto. Dejé ese sendero para crear uno nuevo y empecé a usar mis pasos como pluma y mi vida como libro. Poco a poco las cosas mejoraban para mí, pero a la vez, en mi familia todo empeoraba. Mi hermano sufrió una ruptura amorosa y yo intenté animarlo, pues era el momento del cambio. Luego de eso hice las paces con mis hermanas y logré que me miraran bien nuevamente; pero a mi hermana mayor jamás le hablé, y ese fue mi error, pues llegaría un día en el que todo lo que logré se iría a la basura.

Antes de que llegase ese día, mis padres se separaron porque mi padre le fue infiel con otra persona. Mi madre, al enterarse de eso, empezó a tomar alcohol, llegando al punto de venir a la casa borracha y decir cosas feas...

Un cierto día mi padre me pidió que lo acompañara a recoger a mi madre, que estaba ebria. Yo acepté porque era mi madre, y al llegar al destino y verla, escuchaba cómo decía:

—No, por favor, no quiero ir con ese señor.

Yo conocía a mi padre como era. Mi madre, al subir al carro a la fuerza, dijo algo que me marcaría de por vida:

—Me quiero matar, no quiero nada, quiero quitarme la vida.

Esa frase fue la que llenó el vaso. no solo la escuchaba, sino que lo veía y lo sentía; sentía ese dolor ajeno de no querer sufrir y solo querer vivir...

Entonces, un día logré calmarme porque me habían regalado un gato, y esta vez volví a sentir paz porque nuevamente iba a tener compañía.

Eso creía yo, pues la verdad es que solo sería otra pérdida más...

Mi vida seguía siendo la misma: golpes, insultos, maldiciones, etcétera. Llegué a un punto en el que me dije a mí mismo que no valía la pena vivir, pues ya había sufrido lo suficiente sin necesidad de haber estado en una guerra. Llegué al punto de querer matarme; buscaba sin parar cómo quitarme lo que hoy llaman vida...

Y una noche sucedió lo inesperado...

Esperé a que mi familia se durmiera porque no me gustaba que me vieran llorar. Me dirigí a la cocina, agarré el cuchillo más grande, me lo puse en el pecho y me empecé a insultar y a decirme: «Quiero paz, quiero sentirme libre, no quiero sufrir, quiero ver el mar, no las olas». Lo intenté tres veces, pero nunca lo ejecuté; solo ponía mi vida en una cuerda floja entre la vida y la muerte, cuando a mi edad se suponía que debía disfrutarla y no vivir de preocupaciones. En ese momento surgió una duda:« Si mi existencia no fue planeada, ¿por qué aún me tienen con vida?».

Y para que la vida me diera la respuesta, me dio el golpe definitivo...

Estaba en mi cuarto mientras hacían una fiesta en mi casa. Como no podía dormir, decidí jugar un rato en la computadora, pero al dirigirme ahí me encontré con mi gato. Al principio pensé que estaba bien, pero en realidad estaba presenciando los últimos segundos de su vida...

Al día siguiente noté que en la noche mi gato no solo temblaba, sino que maullaba de dolor. No sabía qué hacer, sinceramente, pues era de noche, no había veterinarios abiertos ni dinero. Solo podía ver cómo moría ante mis ojos. «Solo era un niño, ¿por qué debería estar viviendo esto?». Llamé a mi madre y ella solo me alejó para que no siguiera viéndolo sufrir...

Dos días después mi gato fue enterrado. Ahora ya cargaba con dos pérdidas siendo solo un niño...

Y entonces fue el inicio de mis pensamientos...

Capítulo VII: 14 años

“Llevé mi propia cordura a la muerte...”

Recuerdo esto como si fuese ayer, pues incluso pasando el tiempo, aún decido volver...

Llevo tiempo creyendo que mi vida cambiará, pero yo fui el mismo que la destruyó. Cada pensamiento me llevó a destruirme mentalmente; no hubo alguien que me escuchase, solo era yo contra mi mente. Mi mente ya no era solo mi mente, sino mi contraparte. No solo luchaba con la idea de seguir, sino con la idea de seguir viviendo...

Llegué al punto de ver insignificante la vida, pues no encontraba un motivo por el cual vivir, pero tampoco encontraba un motivo para rendirme.

Este año me dio mucho de qué hablar, pues no solo hablo de mí mismo, sino de cómo fui capaz de soportar tanto dolor; pues no solo era mi mente la que me estaba llevando a la idea de quitarme la vida, sino de deshacerme de ella...

Al inicio de clases pensé en ser un chico callado porque no quería compañía, ya que temía perder mi paz nuevamente. Sin embargo, fueron mis amigos los que me acogieron y me mostraron que, incluso en la oscuridad, aún hay luz.

Empecé a mejorar en mi rendimiento escolar. Aunque no fuese el mejor, a una sí decidí intentarlo una vez más, pero incluso con ese impulso, me volví a sabotear... Me empecé a dejar llevar por la poesía, pues en ella encontraba calma al poder expresar lo que sentía en palabras, y una de ellas fue:

«Mi vida se basó en el caos mientras mi mente aún no despertaba. Creía estar muerto, pero viví el infierno. No tenía motivos por los cuales seguir viviendo, pero tampoco tenía motivos por los cuales detenerme. Incluso sabiendo que pierdo la luz, sé que aún hay esperanza en mí...»

Pero mi vida dio un giro inesperado, pues en un recreo la volví a ver, y la reconocí por el dolor en el pecho que sentía...

Era ella, era Sophya. Después de tanto tiempo no la había vuelto a ver, pero hoy la vi nuevamente. No sabía qué hacer, pues mi corazón latía fuertemente. La saludé y ella me devolvió el saludo; entonces decidí recrear aquellos momentos en donde nos divertíamos y no había problemas ni insultos, solo risas y sonrisas. Recuerdo que la esperaba a la salida, pues era un hábito mío esperarla y molestarla. Pero también aprendí una cosa bella y dolorosa:

«No puedo obligar a que alguien me elija»

Y así fue. Aprendí a la mala que no puedo poseer el camino de alguien, pues el día que declaré por fin mis sentimientos hacia ella, me dijo con sinceridad que no sentía lo mismo porque estaba enfocada en sus estudios. Yo no tomé una decisión impulsiva, sino que respeté su postura; pero ese fue el último acto de amor que pude haber dejado, porque después de ese acontecimiento, volvió una marca ya escrita, pero esta vez con más fuerza.

Un día, regresando de la escuela, mi madre me preguntó si había agarrado el dinero de mi hermana. Yo le contesté sinceramente que no lo había hecho; sin embargo, no me creyó y empezó a rebuscar por toda la casa, registrando cada rincón sin dejar nada...

Y entonces llegó mi primo con mi tía. Mi tía empezó a discutir con mi mamá mientras mi primo me consolaba, pues yo me ponía destrozado al ver que seguían desconfiando de mí, aunque demostraba cambios. Mi madre empezó a gritar:

—¡¿Dónde mierda está la plata?! ¡Me quiero matar, quiero dejar de sufrir!

Pensé que esas palabras no las volvería a escuchar, pero solo era una mentira que yo me decía. Todo surgió mediante mi hermana mayor, porque ella fue la causante de que mi madre desconfiara de mí al decir:«¿Juan Diego no habrá agarrado el dinero?». Mi madre dudó, pero luego lo ejecutó...

Volviendo a la situación, mi mente no podía estar tranquila pues empezaba a culparse a sí misma. Mi hermana menor también huyó porque no podía seguir escuchando las palabras de mi madre queriendo suicidarse. Yo solo me quedaba con mi primo, pues sabía que si hacía algo, me caería toda la culpa...

Al huir mi hermana, mi tía empezó a hablar diciendo:

—Otra mujer haciendo drama por las puras.

Decía eso mientras mi madre caía en la locura y yo caía hacia la ruptura...

Quería matarme en ese instante, pues en mi mente solo había culpa, mas no perdón. Un día decidí escaparme y dejé una nota en donde me despedía de todo, diciendo:

«Me largo, no aguanto más este sufrimiento...

Me tratan como basura siendo solo un humano.

Creí ver esperanza, pero solo habrá destrucción.

Me duele tanto ver cómo soy el principal sospechoso,

pues ni con cambios recibo halagos, solo recordatorios

de ser un fracasado...»

Dejé la nota y me largué, pero no lejos, sino al lado de una casa. Al esconderme escuchaba cómo mi madre me buscaba y preguntaba dónde estaba; yo solo me quedaba callado porque no quería que me encontrasen...

Después de un rato, mi padre me había encontrado... Pero no dijo nada, dejó las cosas solo ahí; no hubo golpes, solo silencio. Luego de que él se fuera yo salí, pero al temer que gritasen y me golpeasen en casa, decidí agarrar una roca, romper mi ropa y luego mancharme la cara para dar la idea de que me habían arrastrado.

Luego de hacer eso esperé a que mi madre me encontrase, y así lo hizo. Me encontró, pero no dijo ni una sola palabra, pues sabía que todo era mi culpa. Mi madre me miró, me gritó y me preguntó:

—¿Quién te hizo eso?

Y yo le contesté:

—Fue un señor. Al dejar mi carta quise regresar, pero me agarraron por la espalda y no pude.

Mi madre al principio se lo creyó, pero en realidad no; no dijo nada porque no sabía si gritarme o no. Después de haberme encontrado me llevó a la casa estando todo sucio y me dirigí a mi cuarto. Luego de sentarme en mi cama, mi otra hermana se acercó y me dijo:

—Ve y pídele disculpas a la mamá.

Yo al principio no quise porque era un cobarde...

Después de un rato mi hermana se fue furiosa y yo me sentí culpable, porque lo que hice estuvo mal, ya que me dejé llevar por el dolor y no por las circunstancias...

Luego mi madre pasó. Yo no sabía qué hacer pues seguía con miedo a ser insultado y golpeado... pero me armé de valor, le di un abrazo y le pedí mis sinceras disculpas, porque yo aún no entendía el dolor ajeno...

Después de unas semanas, mis hermanos me veían como un imbécil porque solo actuaba desde el dolor, mas no desde la conciencia. Cada día mis hermanas me demostraban lo basura que era, ya que mi comportamiento era inmaduro; solo recibía ataques y más ataques, mas no un abrazo. Solo era un niño que buscaba libertad, pero solo encontró caos en su libertad...

Pasaron los días y mis actitudes cambiaron; por fin había logrado transformaciones, pues había dejado de robar definitivamente y mis errores ya no eran constantes. Y empecé a dar inicio a lo que hoy llamo..

Parte III — ADOLESCENCIA

“En esta parte no solo contaré mi evolución sino de lo quedó de mis pensamientos”

Y el nacimiento del plebeyo de la rosa

Capítulo VIII: 15 años

15 de enero del 2024

Mi quinteto cumpleaños, fue uno de los más bellos pues los problemas habían dejado de verse y solo quedaron en rumores; eso pensé cuando empezaron a llegar los días de sufrimiento...

En mis 15 años fue bonito, porque incluso cuando no había payasos o personas alrededor, solo había 2 personas importantes frente mío: mi madre y mi hermana menor. Solo bastó un pastel para que llorase y su compañía, pues incluso sabiendo que no habría una fiesta grande, era suficiente con tal de tenerlas al frente y compartiendo mi pastel con ellas...

Porque no era necesario regalos caros, sino la presencia de quienes amamos.

Pasaron semanas después de mi cumple y, poco a poco, me llamaba la atención los poemas y empecé a escribirlos; al inicio solo los hacía porque me gustaban, pero no me nacían.

Luego de unas semanas inicié el colegio y me dirigí con algo de miedo, ya que no sabía si mis amigos estarían –André, Diogo y Gustavo–, pero me armé de valor y subí a mi salón. Después de subir las gradas y llegar a mi supuesto salón, no había nadie que conociera pues me había confundido de grado, pero al entrar al salón incorrecto dijeron: –¿Ponce?–

Yo al principio no entendía, pero eran mis amigos de otro grado los cuales no les hablaba mucho. Luego de un rato me dirigí a mi salón que me correspondía y, al entrar, había caras nuevas, pero al mirar más al fondo estaban mis amigos.

Al principio no les dije nada porque pensé que no me reconocerían, pero pasaron los días y logré tener un contacto con ellos y pudimos volver a ser amigos como los de antes, ya no tanto juguetones sino divertidos.

Pero a pesar de eso mis problemas seguían, ya que habían surgido nuevos problemas y ya no eran como las de un niño, sino como las de un adulto...

Y fue esta etapa en donde conocí qué es la conciencia; había entendido que las cosas no solo se debían hacer al instante, sino pensarlas y luego hacerlas.

Un día me dirigía a mi casa y, como de costumbre, siempre veía a mi alrededor porque no me gustaba verme a mí mismo ni la cara de la gente. Aún seguía viviendo en mi mundo, pues aún me sentía un fracasado...

Aunque mis cambios eran notables y recibía elogios de profesores, mi mente estaba atrapada en el pasado. No pasaba un solo día que me preguntase como un adulto:

-¿Esto es vivir?-

Era una pregunta que me mataba por dentro, pues no solo era una simple pregunta, sino una pregunta que se hacía uno cuando uno ya era viejo y vivió todo...

Sin embargo, no solo era mi mente que me mostraba lo ingenuo que era ni menos lo fracasado que creía ser, sino también mis pensamientos que me mataban por dentro y hacía que mi corazón sangrara...

Era mediados de año y había sufrido algo que solo un adulto puede manejar: la separación de padres...

Pues no solo escuchaba los gritos y los golpes, sino los vivía a cada momento, y había vivido el día que mis padres se separaron, que fue un domingo del año 2024 en el mes de enero...

Luego de esa separación, los problemas dejaron de ser palabras y se manifestaban en acciones. Cada día era un infierno, pues no solo veía cómo golpeaban a mi madre sino que yo también lo vivía. Cada golpe que sentía en esos momentos se sentían cuando tenía 8 años, y se sentían de odio, pues mi padre aún no aprendía a aceptar sus errores y los manifestaban en golpes...

Un día mi padre aceptó que un primo mío durmiese con nosotros, pero esa confianza hizo que mi hermana odiase a la familia de mi padre, ya que mi primo vivía en mi casa sino él hacía cosas repugnantes, y una de ellas fue abusar de mi hermana. Yo al principio no lo creía, pues a mi primo no lo veía de esa forma, pero luego, al escuchar los llantos de mi hermana, entendí que lo decía de verdad, pues en su rostro reflejaba algo que yo mostraba:

-El miedo a no ser escuchado-

Después de escuchar a mi hermana decir eso frente a mi primo y mis padres, mi primo intentó mostrar su inocencia, pero su reacción fue la que lo delató, ya que ese mismo día se fue de la casa. Pero algo no cuadraba, pues mis padres se dieron cuenta que no había dinero y que fue mi primo que se los llevó. Pero al darse cuenta de lo sucedido después, me cayó a mí lo que a mi primo no le dieron...

Cada golpe se sentía más duro que el anterior, pues no solo me golpearon con el cinturón, sino con la manguera, cable e incluso con palos de clavos...

Yo no podía hacer nada pues era mi palabra contra la de ellos, ya que todo lo que decía siempre era mentira en la creencia de ellos. Pero incluso en esos tormentos que he vivido, nunca odié, sino amé...

Luego de un largo tiempo, empecé a pensar y dejé abiertas las puertas de mi mente; no decía mi pensamientos, solo los hacía. Había empezado a crear un mundo en mi mente en donde yo era feliz y los problemas solo eran leyendas.

Y ese mismo mundo fue el que me dio las fuerzas necesarias para sobresalir. Aunque sabía que mi mente estaba mal y estaba al borde de matarse, decidí caminar y empezar a recrear mi mundo nuevamente, y ese fue el cambio que me hizo escribir frases.

PENSAMIENTO N.º 1 “Cada día mejoro sin darme cuenta, pero sigo sin creer en la gente que tiene fe en mí. Viví tanto en la mentira, que la verdad es mi única herramienta para escribir y la mentira una forma de vivir. Tendré el cariño de conocidos, tendré lo esencial para fortalecerme, pero mi fortaleza siempre fue el recuerdo de ella, el recuerdo de mi felicidad y mi forma de amar, y al final fuiste el pilar de mis emociones y el recuerdo de mis sensaciones, Sophya...

Había empezado a entrar al mundo de los pensamientos, ya que cada pensamiento me libera un poco de mi dolor; no solo lo podría expresar con la voz, sino en palabras que me daban calma.

PENSAMIENTONº3

«Dejé que el dolor me consuma, pues en él vi calma;

ya que la tranquilidad era solamente una leyenda urbana...»

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que sentí paz. Mis conflictos aún no habían acabado; solo eran ideas mías que me hacían creer que todo mejoraría.

Pensabaquesi dejaba entrar el odio en mí, la gente me vería diferente. Deseaba sentirme popular, quise ser el “diferente”, pero mis acciones mostraban cada día mi ignorancia como ser humano...

Hay días en los que me pregunto si valió la pena dejar la ventana abierta; días en los que me cuestiono si fue lo correcto...

Sinceramente no sé qué decir, ya que mi garganta se nuda al recordar momentos en los que me porté como un patán y un idiota.

Mis palabras no justificaban mi comportamiento, pues yo era consciente de lo que hacía, llegando al punto en el que ya no me sentía humano, sino un lunático; alguien que hacía las cosas sin pensarlo, solamente para fingir ante mí mismo lo que es ser “honrado”. Había vuelto al pasado, pero no como antes, sino peor: dejé de lado el dolor ajeno y me enfoqué solo en mí. Aparté a mi familia porque solo la veía como un estorbo. Deseaba tanto morirme en esos días, ya que ese no era yo... Pero todo eso era el reflejo de qué hubiese pasado si me dejaba llenar de odio.

Tiempo después, me di cuenta de que esa idea de dejar la ventana abierta solo era una historia en mi mente; una hipótesis de qué hubiera pasado si hubiese elegido ese camino oscuro...

Llevo días, semanas, meses y años preguntándome quién soy realmente. Hasta este momento no sé quién soy, pues aún sigo siendo un niño buscando lo que hoy llamo “felicidad”.

PENSAMIENTONº4

«Vivir en el pasado es como vivir en el presente, pues no hay un futuro ya consciente...»

Mi mente está destruida...

¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué escribo un libro?

¿Por qué soy así?...

No sé qué me pasa.

¿Acaso esto es vivir?

¿Acaso a esto le llaman vida?

Dios, por favor, quítame la mente...

quítame lo que llamas conocimiento...

Quiero ser libre, por favor, quiero librarme de mi pasado.

Quiero vivir el presente, porque solo vivo en el futuro...

Háblame, Dios, por favor, te lo ruego;

dime que estoy en el buen camino...

Pues solo veo llantos y no sonrisas.

A esto lo llamo el infierno, pues cada cosa buena es condenada al sufrimiento.

No encuentro lógica en mi vida; sin embargo, mi destino ya está escrito.

Solo que ahora no lo sabré, lo sabré en el momento en que lo viva.

Tal vez muera en presencia, pero no en palabras...Y así, poco a poco, mediante años de vivir en el sufrimiento, me fui integrando al mundo de la filosofía. Aunque antes no me gustaban las letras, ahora las veo como armas; unas armas con las que pronto descubriré mi verdadero potencial...

Capítulo IX: 16 años

«Incluso en el olvido hubo amor, y en el odio hubo esperanza».

A inicios de este año pasaron varias cosas inolvidables, tanto buenas como malas, las cuales me marcaron profundamente.

Era mi último año escolar y había logrado pasar de grado, ya que había mostrado empeño y cambios en mí. Mi vida empezaba a transformarse; mi familia había dejado de pelear, ya no había tantos golpes como antes, sino solo conversaciones.

Mi primer día de colegio fue agradable, pues ya no sentía tanto miedo como en el pasado. Ahora había dejado que mi mente descansara un poco, para que después tuviera el aliento necesario para enfrentar lo que se viniera adelante.

Recuerdo que solo hablaba con mis amigos, pero con mis demás compañeros no, porque no era tan sociable y seguía siendo muy desconfiado.

Durante este año mi rendimiento académico aumentó, ya que no dejaba que los problemas me dominasen y los trataba con calma. Fue dentro de este tiempo que conocí a una persona llamada Diana y a su familia, y que, aparte de eso, pude reconciliar algunas amistades.

Parte III — ADOLESCENCIA

«In esta parte no solo contaré mi evolución, sino lo que quedó de mis pensamientos».

Y el nacimiento del plebeyo de la rosa.

Capítulo VIII: 15 años

15 de enero del 2024

Mi decimoquinto cumpleaños fue uno de los más bellos, pues los problemas habían dejado de verse y solo quedaron en rumores. Eso pensé... justo antes de que empezaran a llegar los días de sufrimiento.

Mis 15 años fueron bonitos porque, incluso cuando no había payasos ni muchas personas alrededor, tenía a las dos personas más importantes frente a mí: mi madre y mi hermana menor. Solo bastó un pastel para que llorase. Su compañía, sabiendo que no habría una fiesta grande, era suficiente con tal de tenerlas enfrente y compartir mi pastel con ellas. Porque no son necesarios los regalos caros, sino la presencia de quienes amamos.

Pasaron semanas después de mi cumpleaños y, poco a poco, me comenzó a llamar la atención la poesía; empecé a escribir poemas. Al inicio solo lo hacía porque me gustaban, pero no me nacían del todo.

Luego de unas semanas inicié el colegio. Me dirigí hacia allá con algo de miedo, ya que no sabía si mis amigos —André, Diogo y Gustavo— estarían ahí. Pero me armé de valor y subí a mi salón. Después de subir las gradas y llegar a mi supuesto aula, no había nadie a quien conociera; me había confundido de grado. Al entrar al salón incorrecto, alguien dijo: «¿Ponce?». Yo al principio no entendía, pero eran mis amigos de otro grado a los cuales no les hablaba mucho. Luego de un rato, me dirigí al salón que verdaderamente me correspondía y, al entrar, vi caras nuevas, pero al mirar más al fondo estaban mis amigos.

Al principio no les dije nada porque pensé que no me reconocerían, pero pasaron los días, logré tener contacto con ellos y pudimos volver a ser amigos como los de antes: ya no tan juguetones, sino más divertidos.

A pesar de eso, mis problemas seguían; habían surgido nuevas dificultades que ya no eran las de un niño, sino como las de un adulto. Fue en esta etapa donde conocí qué es la conciencia; había entendido que las cosas no solo se deben hacer al instante, sino pensarlas antes de actuarlas.

Un día me dirigía a mi casa y, como de costumbre, siempre miraba a mi alrededor porque no me gustaba verme a mí mismo ni ver la cara de la gente. Aún seguía viviendo en mi propio mundo, pues todavía me sentía un fracasado. Aunque mis cambios eran notables y recibía elogios de los profesores, mi mente estaba atrapada en el pasado. No pasaba un solo día en que no me preguntase, como un adulto:«¿Esto es vivir?». Era una pregunta que me mataba por dentro, pues no era una duda simple, sino el cuestionamiento que se hace alguien cuando ya es viejo y lo ha vivido todo.

Sin embargo, no solo era mi mente la que me mostraba lo ingenuo que era ni lo fracasado que creía ser; también eran mis pensamientos los que me destrozaban por dentro y hacían que mi corazón sangrara.

Era mediados de año y había sufrido algo que solo un adulto puede manejar: la separación de mis padres. No solo escuchaba los gritos y los golpes, sino que los vivía a cada momento. Presencié el día en que mis padres se separaron, un domingo del año 2024, en el mes de enero.

Luego de esa separación, los problemas dejaron de ser palabras y se manifestaron en acciones. Cada día era un infierno, pues no solo veía cómo golpeaban a mi madre, sino que yo también lo sufría. Cada golpe que sentía en esos momentos me hacía retroceder a cuando tenía 8 años; se sentían cargados de odio, pues mi padre aún no aprendía a aceptar sus errores y los manifestaba a través de la violencia.

Un día, mi padre aceptó que un primo mío durmiese con nosotros. Esa confianza hizo que mi hermana terminara odiando a la familia de mi padre, ya que mi primo no solo vivía en mi casa, sino que hacía cosas repugnantes: una de ellas fue abusar de mi hermana. Yo al principio no lo creía, pues no veía a mi primo de esa forma, pero luego, al escuchar los llantos de mi hermana, entendí que decía la verdad. En su rostro se reflejaba algo que yo mismo mostraba:el miedo a no ser escuchado.

Después de escuchar a mi hermana decir eso frente a mi primo y mis padres, él intentó mostrar su inocencia, pero su reacción lo delató, ya que ese mismo día se fue de la casa. Sin embargo, algo no cuadraba; mis padres se dieron cuenta de que faltaba dinero y que había sido mi primo quien se lo llevó. Al percatarse de lo sucedido, cayó sobre mí el castigo que a mi primo no le dieron.

Cada golpe se sentía más duro que el anterior; no solo me golpearon con el cinturón, sino con la manguera, con cables e incluso con palos con clavos. Yo no podía hacer nada, era mi palabra contra la de ellos, ya que todo lo que yo decía siempre era una mentira ante sus ojos. Pero incluso en esos tormentos que he vivido, nunca odié; siempre amé.

Luego de un largo tiempo, empecé a reflexionar y dejé abiertas las puertas de mi mente. No decía mis pensamientos, solo los ejecutaba. Había empezado a crear mundos en mi mente en donde yo era feliz y los problemas eran solo leyendas. Ese mismo mundo fue el que me dio las fuerzas necesarias para sobresalir. Aunque sabía que mi mente estaba mal y al borde de matarse, decidí caminar y empezar a recrear mi realidad. Ese fue el cambio que me hizo escribir mis primeras frases:

PENSAMIENTO Nº 1


«Cada día mejoro sin darme cuenta, pero sigo sin creer en la gente que tiene fe en mí. Viví tanto en la mentira, que la verdad es mi única herramienta para escribir y la mentira una forma de vivir. Tendré el cariño de conocidos, tendré lo esencial para fortalecerme, pero mi fortaleza siempre fue el recuerdo de ella: el recuerdo de mi felicidad y mi forma de amar. Al final, fuiste el pilar de mis emociones y el recuerdo de mis sensaciones, Sophya...».


Había empezado a entrar al mundo de los pensamientos, ya que cada uno de ellos me liberaba un poco de mi dolor; ya no solo lo expresaba con la voz, sino en palabras que me daban calma.


PENSAMIENTO Nº 3


«Dejé que el dolor me consuma, pues en él vi calma; ya que la tranquilidad era solamente una leyenda urbana...».


Había pasado mucho tiempo desde la última vez que sentí paz. Mis conflictos aún no habían acabado, solo eran ideas mías que me hacían creer que todo mejoraría. Pensaba que si dejaba entrar el odio en mí, la gente me vería diferente; deseaba sentirme popular, quise ser el "diferente", pero mis acciones mostraban cada día mi ignorancia como ser humano.


Hay días en los que me pregunto si valió la pena dejar la ventana abierta; días en los que me cuestiono si fue lo correcto. Sinceramente no sé qué decir, ya que mi garganta se nuda al recordar momentos en los que me porté como un patán y un idiota. Mis palabras no justificaban mi comportamiento, pues yo era consciente de lo que hacía, llegando al punto en el que ya no me sentía humano, sino un lunático: alguien que hacía las cosas sin pensarlo, solamente para fingir ante mí mismo lo que es ser "honrado". Había vuelto al pasado, pero no como antes, sino peor: dejé de lado el dolor ajeno y me enfoqué solo en mí. Aparté a mi familia porque solo la veía como un estorbo. Deseaba tanto morirme en esos días, ya que ese no era yo... Pero todo eso era el reflejo de qué hubiese pasado si me dejaba llenar de odio.


Tiempo después, me di cuenta de que esa idea de dejar la ventana abierta solo era una historia en mi mente; una hipótesis de qué hubiera pasado si hubiese elegido ese camino oscuro. Llevo días, semanas, meses y años preguntándome quién soy realmente. Hasta este momento no sé quién soy, pues aún sigo siendo un niño buscando lo que hoy llamo «felicidad».


PENSAMIENTO Nº 4


«Vivir en el pasado es como vivir en el presente, pues no hay un futuro ya consciente...»


Mi mente está destruida... ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué escribo un libro? ¿Por qué soy así?... No sé qué me pasa. ¿Acaso esto es vivir? ¿Acaso a esto le llaman vida?


Dios, por favor, quítame la mente... quítame lo que llamas conocimiento. Quiero ser libre; por favor, quiero librarme de mi pasado. Quiero vivir el presente, porque solo vivo en el futuro... Háblame, Dios, por favor, te lo ruego; dime que estoy en el buen camino... Pues solo veo llantos y no sonrisas. A esto lo llamo el infierno, pues cada cosa buena es condenada al sufrimiento. No encuentro lógica en mi vida; sin embargo, mi destino ya está escrito. Solo que ahora no lo sabré; lo sabré en el momento en que lo viva.


Tal vez muera en presencia, pero no en palabras...


Y así, poco a poco, mediante años de vivir en el sufrimiento, me fui integrando al mundo de la filosofía. Aunque antes no me gustaban las letras, ahora las veo como armas; unas armas con las que pronto descubriré mi verdadero potencial...


Capítulo IX: 16 años


«Incluso en el olvido hubo amor, y en el odio hubo esperanza».


A inicios de este año pasaron varias cosas inolvidables, tanto buenas como malas, las cuales me marcaron profundamente.


Era mi último año escolar y había logrado pasar de grado, ya que había mostrado empeño y cambios en mí. Mi vida empezaba a transformarse; mi familia había dejado de pelear, ya no había tantos golpes como antes, sino solo conversaciones.


Mi primer día de colegio fue agradable, pues ya no sentía tanto miedo como en el pasado. Ahora había dejado que mi mente descansara un poco, para que después tuviera el aliento necesario para enfrentar lo que se viniera adelante. Recuerdo que solo hablaba con mis amigos, pero con mi demás compañeros no, porque no era tan sociable y seguía siendo muy desconfiado.


Durante este año mi rendimiento académico aumentó, ya que no dejaba que los problemas me dominasen y los trataba con calma. Fue dentro de este tiempo que conocí a una persona llamada Diana y a su familia, y que, aparte de eso, pude reconciliar algunas amistades.


Era inicios de año, justo el 15 de enero fue mi cumpleaños. Había cumplido 16 años y en mi cumpleaños por fin pude verle el rostro a Diana. Ese día también había salido con mis amigos; al momento de despedirnos, fui directo con mi familia para pasar el rato, y entre mi familia estaba Diana. Mi comportamiento fue inmaduro, ya que la ignoraba a cada rato haciéndome de la vista gorda; y no lo hacía porque no me agradaba, sino por miedo a que jugasen conmigo. Cuando tenía 15 años ya conocía a Diana, pero solo por WhatsApp y era divertida, pero yo en ese momento no sentía nada por ella, sino por otra persona.


Era cortante con ella, pues no sentía interés en esos momentos. La otra persona era la prima de un amigo mío; la había conocido por el hecho de que me ayudase a mandarle una carta a Sophya, ya que ella era cercana a Sophya. Yo al principio solo estaba enfocado en darle la carta a Sophya y no estaba interesado en nadie más que solo ella.


Y entonces un día, el día en el que tuve que entregarle la carta a Sophya, su amiga no podía. Entonces decidí dársela a otra persona para así no llevármela a mi casa. Después de un tiempo, me había llamado el interés conocer a esa chica y mi excusa era siempre llevarle budín; ese fue mi regalo hacia ella por ayudarme. Al momento de entregarle el budín, ella me felicitó pues le había gustado, y me había pedido que le haga otro tanto para ella como para su amigo, al cual yo conocía y me llevaba bien con él.


La cosa es que lo volví a hacer, pero con la intención de enamorarla. Cada vez que le escribía, lo hacía para hacerme el interesante o el coqueto. El día que volví a entregarle el postre no estaba ella, sino su amigo; entonces le entregué a él el budín más un Pulp. Algo en mí había surgido, un sentimiento hacia ella, y yo quería hacer crecer ese amor.


Un día decidi preguntarle: —¿Te gusta Hablando Huevadas? Y ella me contestó: —Sí.


Aquí tienes todo el texto estructurado en párrafos, con las palabras que estaban juntas ya separadas y con las tildes y comas correspondientes para que tenga una excelente ortografía, manteniendo tus palabras exactamente iguales:

Pero no se lo dije en persona ni en palabras escritas, sino en llamada, y entonces ella aceptó... o bueno, eso yo creía, pues había escuchado mal. Al escuchar su respuesta, empecé a indagar sobre ese programa, cosa que yo ya conocía y veía, pero no sabía dónde se compraban las entradas ni el lugar.

Entonces decidí pedir ayuda a un amigo que se llama Gustavo. Le pedí el favor de que comprase las entradas y yo le pagaría. Pensaba en esos instantes: «Si le compro la entrada VIP, se divertirá más». Al final decidí esa opción, pero no con la intención de enamorarla, sino para que se divierta. Al final, nunca sucedió la salida y ni siquiera compré las entradas.

Tiempo después me había distanciado de ella, pues aún no aceptaba la verdad de lo que había escuchado. Un día en el colegio, como cualquier otro, estaba con mis amigos y bromeaba con la prima de mi amigo. Al principio no lo hacía por el hecho de que pensaba que él dejaría de ser mi amigo, pero luego de eso, en vez de enojarse conmigo, él me apoyó; incluso bromeaba diciendo: «Tienes que extender mi apellido, Ponce» o «Te doy mi bendición, Ponce», y cosas así de las que nos reíamos. Así estuvimos hasta que llegó el día de talentos.

Si mal no me equivoco era en agosto, pues ya faltaba poco para mi viaje de promoción. Ese mes, mi amigo Narváez salió a cantar y, como un cantante medio conocido, los alumnos y profesores quedaron impactados. Justo la chica estuvo ahí; escuchó la voz de Narváez y se enamoró de él, pero no por su voz, sino por su carisma, ya que él era muy alegre y simpático.

Al enterarme de eso, poco a poco me distancié de ella, hasta incluso dejar de hablarle y mirarle. Cada vez que la veía simplemente me dolía, y no era por amor, sino porque no me eligió a mí. Eso me hizo escribir una frase:

«Debo amarme a mí mismo antes de amar a alguien».

Fue en ese instante donde aprendí a no dejar que el odio me consuma. Pero aún seguía con la duda de si le gustaba mi amigo Narváez; él, al enterarse, no le mostraba interés porque estaba con otra persona, e incluso intentó ayudarme para enamorarla, cosa que yo no permití.

El tiempo pasó y había llegado mi viaje de promoción. Me divertí mucho porque estaban mis amigos: André, Gustavo, Diogo, Narváez y Araziel. Eran puras risas; por fin un día me había librado del tormento de mis pensamientos. Sentía cómo mi mente se calmaba y era libre por unos días; era una sensación que no se explicaba con palabras, sino con acciones en las que mostraba calma.

Ese viaje consistía en ir a Ica, Nazca y Paracas. Fue divertido, pero a la vez aburrido, pues no solo no podía dormir en el bus, sino que me sentía solo al despedirme de mi madre. Incluso ese día, en el punto de reunión, lloré porque no me gustaba estar separado de mi madre.

Después de eso llegamos a Ica. Primero nos fuimos a un restaurante para tomar el desayuno; luego nos dirigimos al hotel, que eran unas cabañas bonitas pero a la vez graciosas, pues no solo eran casitas, sino casas de la risa. Pasé buenos momentos en esas cabañas porque mis amigos me hacían reír y yo a ellos. Incluso en la noche nos pusimos a jugar a las escondidas, a asustarnos y también a meternos a la piscina en la noche (jajaja). Algo que me agradó mucho fue que, cuando dije: «Tengo miedo a la oscuridad», en vez de burlarse de mí, me dijeron: «Tranquilo, aquí estamos».

Luego de esa noche nos dirigimos hacia un desierto en donde íbamos a sentir adrenalina en unos carros y deslizarnos en la arena con tablas. Antes de irnos, y después de la diversión, compré tres collares en forma de corazón: dos eran para mis padres y uno era para Diana. Pues ya en esos instantes empezaba a hablar más con Diana; había despertado en mí nuevamente esa sensación de amar, pero a la vez con miedo, pues sentía que solo jugaban conmigo. También compré vinos para mi madre y mi padre.

En una excursión en el último día del viaje de promoción pasaron dos cosas. Una fue que me enteré nuevamente, y con confirmación, de que a la prima de mi amigo le gustaba mi amigo Narváez. Eso me lo confirmó el amigo de la chica, pues con él conversaba mucho sobre la vida y las decisiones.

Yo al principio pude enojarme y romper lazos de amistad con Narváez, pero en vez de hacer ese acto, decidí apoyarlo y aceptar la decisión de la chica. Porque yo mismo me dije y le dije a Narváez:

«No pienso destruir una amistad por una mujer».

Así fue como, poco a poco, no dejaba que el odio me consuma, sino la paz mental que buscaba. Dejé de lado el amor y empecé a dejar de caer en las mentiras.

PENSAMIENTO N.º 5

«Viví tanto en la mentira que la verdad solo la encuentro en palabras. Las emociones no me bastan, pues ya experimenté cada una de ellas. Y mientras en mis acciones se refleja lo que tú llamas ‘puro’, en mis pensamientos verás lo que yo llamo ‘impuro’.»

Tuve tantas anécdotas que simplemente las vivía en recuerdos, pues aún no encontraba esa calma; no conocía la escritura ni menos la poesía. Había dejado el control en manos de mi memoria; mi propia mente era el diario en donde no solo escribía, sino que imaginaba.

Aún recuerdo esas dichosas palabras en donde decían que «todo estará bien» o «no te preocupes, no es tu culpa». ¿Cómo no creer esas cosas cuando solo era un niño? Un niño que buscaba paz en un infierno; un infierno que yo mismo construí. No solo eran mis acciones las que mostraban la “inocencia” de mi pasado, sino que reflejaban lo que provocó ese mismo entorno.

Creía incluso que tenía 5 años cuando en realidad tenía 15. Dejé que el tiempo pasara, pero mi mente se quedó en esos recuerdos de infancia. No solo seguía imaginando escenarios en donde yo era un “héroe”, sino acciones en donde mis pensamientos reflejaban cómo seguía siendo capaz de sacrificar mi propia vida por quienes me dieron su confianza. Una de ellas era cómo daba mi vida por mi amigo Narváez, la cual fue:

—No llores, moriré en presencia, pero no en palabras... —decía yo mientras sangraba y miraba sonriendo a mi amigo, quien me salvó de mi tormento, mirándolo a los ojos y diciéndole frases que solo un adulto le diría a un niño antes de su muerte.

No solo ese escenario imaginado por mí reflejaba una muerte, sino el reflejo de un caballero dando la vida por alguien que lo vio como un plebeyo y no como un caballero. Ante él no dejaba ver mi armadura, sino mi alma derrotada y hecha pedazos. Con él no tenía que ser “Ponce”, sino que fui “Juan”: el chico que fue capaz de lidiar con sus problemas, el chico que fue capaz de derrotar sus miedos solo. Fui capaz de hacer variedad de cosas por mi cuenta, pero a la vez la soledad me dio algo que hoy llamo...

PENSAMIENTO N.º 6

«Obtuve lo que hoy llaman ‘honor’, pero la soledad me otorgó ‘deshonor’».

Luego de un tiempo, en mi últimos días de colegio, hice dos cosas que me ayudaron mucho a conectar con mis compañeros. Una de ellas fue un discurso que di en la fiesta de promoción. Aunque tenía miedo a ser juzgado o verme inferior, fue el apoyo de mi tutor Luis el que me dio fuerzas para salir y decir mi discurso. Aunque era un texto largo en donde mostraba mis cicatrices a personas que no conocía, se las leí con sangre y lágrimas.

Día: 22/12/2025

El día en donde por fin pude liberar el dolor que sentía frente a un público que aún no me conocía del todo. Estaban todos, ya que era la fiesta de promoción. Al llegar al local, saludé a mis amigos tanto de la sección A como de la B; no solo di la mano a mis amigos, sino a padres que ya conocía.

Luego de un tiempo de charla con mis amigos y unas risas, vi la entrada y noté cómo una señora estaba subiendo las gradas con la ayuda de un familiar suyo. Al ver que nadie se ofrecía a ayudarla, di el primer paso y la auxilié hasta llevarla a su asiento. Aunque la gente me hubiera visto o no, mi objetivo no eran los aplausos o elogios, sino ser bondadoso con quienes lo necesitan. Por eso a veces me decía a mí mismo:

«No me veas como un escritor, veme como un analfabeto escribiendo un libro».

Pues incluso sabiendo que no leo libros, sé qué es lo correcto.

Luego de ayudar a la señora, me fui a sentar al lugar que me correspondía. Después de llegar a mi asiento, el presentador empezó a llamar a las personas, pues yo no era el único que hablaría. Tras escuchar a tres compañeros, me llamaron a mí y, con miedo, salí frente a todos a hablar. Escuchaba aplausos de mis amigos mientras me llamaban por mi apellido, “Ponce”, y otros solo apoyaban. Al ponerme frente al micrófono, empecé a dictar mi discurso:

«Buenas tardes a todos. Hoy no les habla el ‘Ponce’ extrovertido, payaso e ingenuo que ustedes conocen; hoy les habla Juan. No busco aplausos, busco compartir mi verdad más honesta, esa que me consume cada segundo.

Quiero agradecer primero a mis amigos de la infancia: André, Gustavo y Diogo. Ellos me enseñaron lo fundamental: a no rendirme, a sonreír en la dificultad y a saber que, si un día vuelvo a caer, estarán ahí para levantarme.

Sé que muchos creen que soy feliz, pero mi mente ha estado atrapada en un pasado doloroso. He cometido errores que ni yo mismo me perdono: robé buscando una felicidad efímera, me autolesioné para sentirme vivo y tuve la autoestima por los suelos. Desde los 6 años crecí escuchando insultos, viendo golpes y deseando la muerte. A los 13 años, cargando un dolor que ya no soportaba, sostuve un cuchillo contra mi pecho tres veces; no lo ejecuté porque, a pesar de considerarme un desecho, no quería causarles más conflictos a mis padres.

Tuve que sobrevivir a mi propio infierno. Uno de los dolores que más me muerde el alma fue tener que vender a mi gata, a mi compañera ‘Judas’, sacrificando mi felicidad solo por el bien económico de mi familia. Cuando la visité y la abracé por última vez, llorando sin parar, decidió dejarla para no quitarle la felicidad a su cría. Ese día perdí la mía, pero de ese vacío nació una lección que se me quedó grabada a fuego: ‘No vendas tu felicidad por dinero’.

Toda mi vida me dio las herramientas, el escenario y el dolor necesario para volverme un monstruo, para llenarme de odio y destruir a los demás. Pero decidí no hacerlo. Decidí que mis traumas no serían una excusa para hacer el mal, sino el motor para ser una mejor persona. Conviértanse en ese amigo que no abandona, en ese compañero que ayuda, en ese ser que brinda alegría. Coleccionen intentos, no días de duda y espera.

Quiero pedir un aplauso para nuestro compañero Gabriel, que falleció en pandemia por leucemia. Él fue un luchador que, a pesar del dolor de su enfermedad, dio todas sus fuerzas para estudiar y dejar una marca. Su ausencia dejó un vacío, pero su historia nos enseña que es mejor sobresalir que caer.

Si un día Dios me quita la vida, recuerden que habré muerto en persona, pero jamás en mis palabras. Perdonen a quienes los odien, amen a quienes los detestan, porque una vida con odio no es vida si no sabes perdonar.

Y con estas palabras, enfrente de todo este público, te digo a ti, madre mía, Nancy Mamani Quispe, que estás aquí conmigo, que eres la mejor madre que pude haber tenido. Habré sido un mal hijo, habremos tenido tantos conflictos en el pasado y habré sido terco contigo, pero eso nunca, jamás, cambió el amor que tengo hacia ti. Tú te enojarás conmigo a veces, pero yo contigo jamás. Vivimos tormentas muy oscuras, caídas que nos rompieron, pero tú para mí eres la razón principal por la cual sigo aquí de pie, el pilar que me sostiene, y por eso siempre te tendré en lo más profundo de mi corazón. Quise que hoy escucharas esto frente a todos, porque tu amor es lo que me salvó de mí mismo.

Abracen a sus seres queridos, amigos, compañeros y a quienes les dieron la fuerza para no rendirse. Lloren si lo desean, porque llorar no es símbolo de debilidad, sino símbolo de tener corazón. Gracias por escuchar mi verdad».

Aunque este discurso solo sea un resumen del verdadero, aún transmite cómo fui capaz de mejorar.

Al culminar mi discurso pasaron cosas que yo aún no olvido y aprecio: ver cómo antes escuchaba risas al inicio para terminar con un silencio absoluto en el momento en que lloré y conté mi vida. Yo al principio creía que nadie me tomaría en serio, que solo sería un pez más, pero todo fue lo contrario, pues incluso escuché algo que no pensaba oír.

Uno de mis profesores me dijo: «Ponce, desde el inicio supe que eras un alma pura». Otros profesores, aunque lloraron, me mostraron sonrisas y apretones de manos mirándome a los ojos, y yo a los de ellos. No solo veía cómo cambiaba la imagen que tenían sobre mí, sino cómo sus ojos, calmados al inicio, terminaron rojitos al final. Dos o tres padres se acercaron a consolarme, pues no era fácil contener mis lágrimas. Una compañera se me acercó diciéndome: «Yo me pregunté: ¿Qué hace Ponce ahí?, pero al final me hiciste llorar tanto a mí como a mi familia».

Antes de culminar mi intervención, cuando estaba llegando a la parte en donde le daba las gracias a mi madre frente al público, no pude pronunciar su nombre y me puse a llorar ante todos. Incluso antes de llegar a ese punto mi cuerpo se sentía raro. Pensé que era algo común, pero al indagar más, sé que me pudo haber dado un colapso por haber guardado muchos sentimientos durante mucho tiempo.

Cuando estaba dando mi discurso, no solo le hablaba a las personas; a la vez le estaba quitando las esposas a mi alma, y mi alma, al sentir la libertad, empezó a liberarse con rapidez. Sentía mis manos entumecerse, mis piernas temblando, mi vista borrosa, mi mente volando y mi voz cortándose. Aunque mi cuerpo me daba signos de «no puedo más», yo decidí resistir hasta llegar a la parte del agradecimiento hacia mi madre.

Al llegar a esa sección, no pude ni leer su nombre. Mi madre se acercó y me abrazó; yo, sin dudarlo, me fundí en su abrazo y me puse a llorar frente a todos. Quise continuar el discurso, pero no pude, y al final terminé llorando tanto con mi madre como con mis amigos. Uno de ellos se ofreció a darme su hombro para que yo pudiera desahogarme, y ese fue Gustavo; luego estaban alrededor André, Diogo, Narváez, Araziel y Aníbal.

Al verlos, noté que ellos también lloraban. Cuando me fui al baño, dije: —No quería que se enteraran de esta manera. Y mi amigo Araziel me dijo: —Ponce, eres valiente. Todo pasará, créeme.

Al final me fui del local, pues no podía seguir estando ahí sabiendo que continuaría llorando.

Luego de ese día, el 25 de diciembre, era el día de mi graduación. Cuando fui, llegué tarde, pero aun así me dejaron entrar. Después de sentarme, mi compañera Camila salió a dar unas palabras, las cuales escuché y admiré.

Al culminar la ceremonia, dos o tres compañeros se me acercaron y me dieron un abrazo diciéndome: «Parecía que estabas dictando tu discurso de muerte». Yo me reí, pero antes de irme le dije algo especial a Narváez: —Cuando seas exitoso, nunca pierdas la humildad y sigue mejorando. Luego le di un abrazo y me despedí de todos.

Aquí tienes todo el texto del Capítulo X perfectamente estructurado en párrafos. Se han separado las palabras que estaban juntas y se han añadido todas las comas y tildes correspondientes para garantizar una excelente ortografía, manteniendo tus palabras exactamente iguales:

Capítulo X: 17 años

Pensamiento N.º 7

«Un triste ignorante que fue consumido por el sucio dinero».

Trataré de contar cosas que no logré contar anteriormente; cosas que solo dejé en suspenso y en las que solo dejé palabras. Aunque esta pueda ser una de las partes de lo que quedó de mí en mis tormentos...

Es mejor leerlas, verme a mí mismo en qué cambié y ver quién soy actualmente. No puedo negar que en esta parte es donde dejo mi doloroso recuerdo. No puedo asegurar que sea un capítulo bueno ni malo, sino uno en el que estará mi alma y lo que quedó de ella.

Verán por qué en cada capítulo hay una frase la cual no cobra sentido en ese dichoso capítulo. En esta parte, les abriré la puerta hacia mi mente y hacia mi alma... en donde nació la poesía y en donde nació ese Ponce.

Aunque este libro me tomó tiempo —y no porque me faltara el tiempo—, me tomó tiempo porque no quería que cada palabra fuera escrita por escribir, sino que cada una de ellas tuviera un sentimiento y una emoción en cada capítulo. Porque tiempo me bastó, pero el sentimiento me faltó. No puedo negarles que en su momento quise que este libro contase con 100 pensamientos, pues en esos instantes solo quería que mi obra se viera “interesante”. Pero, pasando el tiempo, me di cuenta de algo esencial: para que un libro sea interesante no necesita tener mil palabras o miles de páginas, sino que tenga alma y sea escrito desde el amor al arte.

Fue un gusto y de mi agrado haber creado este libro. Pues aunque este sea el último capítulo y las últimas palabras, habré dejado mi historia plasmada en letras. Porque aunque mi libro no sea famoso —y ese no es mi objetivo—, espero que este libro sea leído, al menos, por una persona. 😀

Gracias por leerlo y espero que les parezca interesante este último capítulo. Gracias, tengan un bonito día, tarde o noche.

«Olvidar sin pensar, avanzar sin recordar».

Bueno, tenía 13 años. Era la época de la pandemia, pero habían habilitado los colegios con la condición de que usáramos mascarillas. Aquello fue algo incómodo al inicio, pero después me acostumbré, hasta el punto de no quitármela ni para comer. El motivo era que me sentía muy insecure con mi rostro; me llamaba a mí mismo “monstruo”, ya que sentía que mis facciones no eran algo divino, sino algo humilde que la sociedad suele ver como desecho.

En esos tiempos había conocido a una chica llamada Camila, de la cual me enamoré. Era alguien simpática y graciosa. A la vez conocí a Narváez, un chico alegre al cual yo no le hablaba mucho, ya que vivía acomplejado por mi cuerpo y por mi tono de piel. No me tomaba bien los chistes; en el fondo, aún cargaba con el peso de los conflictos constantes entre mis padres.

Poco a poco comencé a hablarle a Camila y a crear un vínculo con ella. Al principio todo iba bien, pero fueron mis propias actitudes las que terminaron reflejándome como alguien “celoso y tóxico”. Aclaro que nunca estuve en una relación con ella, ni fuimos nada, pero al inicio sí quería que lo fuéramos. Con ella me la pasaba muy bien: reíamos a carcajadas y bromeábamos con los demás compañeros.

Llegó un día en el que decidí regalarle un Stitch de goma (o algo parecido) para que se lo colgara en la mochila. Con ella todo eran risas. Y aunque yo aún lidiaba con los conflictos de mi hogar, sumado a que mi hermana mayor todavía vivía en mi casa, jamás dejaba que los demás se enteraran de mis problemas; incluso a los profesores les ponía un alto. Entonces, un día me armé de valor y le conté lo que sucedía en mi casa. Camila me mostró su apoyo, lo cual me hizo sentirme mucho más seguro a su lado.

Luego pasamos a tercero de secundaria, y fue en ese grado cuando me volví tóxico y celoso. Cada vez que Camila se juntaba con otro chico, yo me ponía en ese plan, al punto de pensar cosas que no debía. Me repetía a mí mismo: “Ya me cambió”, “Soy un fracasado” y ese tipo de cosas. Pero, pasando el tiempo, poco a poco dejé que mi mente respirara.

Después de un tiempo quise tomar la iniciativa e invitarla a comer a un parque, ya que un amigo mío me había invitado de su comida, me había gustado, y yo quieras compartir ese detalle con ella. Hubo dos ocasiones en las cuales la invité a salir. Al principio ella me decía que sí quería, pero al final terminaba cancelándome, diciendo que no podía. Cuando me decía eso, yo me molestaba tanto que cometí la estupidez más grande: quitarle el Stitch que le había regalado. Cuando llegó ese día, me metí a mí mismo la excusa de que se lo quitaba para cambiárselo por otro, pero no fue así; simplemente lo guardé y, desde ese día, dejé de hablarle. Puse una distancia enorme entre ella y yo, al punto de ignorarla por completo y actuar como si nunca hubiera existido.

Sin embargo, Camila fue la que, sin saberlo, inició mi camino hacia la filosofía. En esos tiempos de tercero de secundaria también había conocido a dos personas: Yocha y Araziel, los cuales me caían muy bien. Fue en esos momentos cuando descubrió los poemas en TikTok; al principio solo copiaba los versos que aparecían en los videos y los escribía en mi cuaderno.

Al inicio, solo los veía como simples palabras escritas a las cuales no les encontraba un significado profundo. Incluso, un día mi compañero Yocha me preguntó: —¿Tú escribiste esto? Y yo, llevado por mi orgullo, le respondí: —Sí. Obviamente él se dio cuenta de que mentía, pero decidió no decir nada y respetar mi espacio.

Luego de un tiempo me empecé a familiarizar más con él y con Araziel, al punto de unirme a un servidor de Discord con sus amigos. Era un lugar seguro y divertido, un sitio donde no había máscaras y solo reinaba la verdad; donde las mentiras no existían y solo eran usadas para reírnos, mientras que la verdad funcionaba como una herramienta hacia la honestidad. Sinceramente, en ese tiempo yo estaba muy apegado a la computadora. Eso provocó que mi hermana mayor respondiera con golpes e insultos hacia mí, lo cual se convirtió en la clave perfecta para darme cuenta de cómo era feliz con mi ordenador y cómo, poco a poco, me desenganchaba de la hostilidad del mundo exterior.

Pasando el tiempo, Camila tuvo un enamorado, lo cual a mí me destrozó. Mi deseo más crudo en ese entonces era que yo fuese su primer beso, algo que nunca pasó. En ese momento reutilicé un poema que antes había usado con Sofía, en donde le decía: “No podré ser el mejor partido, pero mis sentimientos son reales”. Le mandé el poema acompañado de una canción de fondo; se lo envié cuando ella ya empezaba su relación. No lo hice con la intención de que dejara a su novio por mí, sino porque no me gustaba quedarme con la duda ni guardarme los sentimientos. Los años posteriores me demostraron el daño que causa reservarse demasiadas emociones.

Algo que me agradó profundamente de esta experiencia fue que, al conocer a Yocha y ver que él leyó mi poema, me dijo algo que marcó mi lealtad hacia él para siempre: —Si su enamorado te hace algo, cuenta conmigo para defenderte. Fue un gesto que sigo apreciando hasta el fondo de mi alma. Amigos así no se ven todos los días; otros solo fingen, mientras que algunos demuestran con acciones.

Pensamiento N.º 8

«No tengo motivos para vivir, pero tampoco motivos para detenerme».

Tenía 15 años, y fue la edad que más me marcó. Fue una época a la que hoy llamo “dolor”, y no porque hubiera gritos, sino por las acciones. Era una edad complicada; estaba reviviendo los mismos hechos que pasé antes, donde mi padre actuaba como un lunático. Recuerdo días en los que mi pan de cada día era puro sufrimiento. No había un solo día en el que no escuchara insultos o maldiciones; mis padres seguían enfrentándose hasta el punto de golpearse.

Un día estaba en mi colegio y todo marchaba tranquilo. Hablaba con mi grupo y jugaba con ellos; sabía que no era el mejor de la clase, pero aun así tenía amigos que eran reales. Al momento de la salida, cuando me dirigía a mi casa, decidí tomar un taxi porque quería llegar rápido a jugar en mi computadora. Subí a un taxi rojo, manejado por un señor que era más o menos un abuelito.

Casi sin darme cuenta, entablé una conversación con él y le abrí paso hacia mis tragedias. Le conté mi vida de forma resumida y cómo creaba frases desde mi propio sufrimiento. Antes de bajarme de su auto, le dije la primera frase que escribí mientras sufría: —No tengo motivos para vivir, pero tampoco motivos para detenerme.

Casualmente, al día siguiente me lo volví a encontrar. Él mismo me levantó la mano para que subiera a su auto, lo cual acepté; esta vez, él también me dio permiso para entrar a sus pensamientos. Luego de una charla, me dijo algo que se me quedó grabado: —Tienes una mente brillante, nunca cambies ese pensamiento. Yo acepté sus palabras, y hasta el día de hoy sigo manteniendo mi promesa.

Antes de bajarme del auto, en medio de nuestra plática, le comenté el verdadero significado de mi frase. Le expliqué que era como si estuviera en un punto muerto, en donde solo avanzaba por avanzar, siendo literalmente un zombie sin un rumbo. El señor se sorprendió y me dio sus palabras de aliento antes de irme. Desde ese día no volví a ver al señor, pero gracias a esta escritura lo recuerdo, recordándome que no todas las personas son iguales. :b

Al llegar a mi casa y dirigirme a mi cuarto, me di cuenta de dos cosas: primero, que mi ventana estaba rota; segundo, me enteré del porqué. Según me contaron, mi hermana mayor y mi madre estaban en la casa con mi padre. De tanto estrés acumulado, la discusión escaló hasta la agresión física. La verdad, agradezco no haber estado en ese momento, pero también me alegro de que no les pasara nada grave a mis padres. Aunque ellos eran, por así decirlo, “problemáticos”, en ese entonces nunca los odié; al único que llegué a odiar fue a mi padre. Él, en medio de su crisis, agarró una silla y la estrelló contra mi ventana. De ahí no supe qué más pasó.

Días posteriores, un problema más sucedió. Mi padre aún insistía en conversar con mi madre para convencerla de volver y hacer dinero. Ante la negativa de mi madre, quien le repetía que no quería saber nada, mi padre se enfureció tanto que llegó al punto de tirar y destrozar todo lo que había en el cuarto de ella.

Yo, aunque sabía que era muy arriesgado, tomé la decisión de abrazar a mi padre. Aun sabiendo que me podría golpear, lo rodeé con mis brazos y le dije: —Tranquilo... Y él, poco a poco, se fue calmando. Pero antes de ese abrazo, fui testigo de cómo él, por el estrés acumulado, se chancaba la cabeza contra la pared sin parar. En ese momento casi no lo reconocía; podía ver su sufrimiento en la forma en que los demás lo veían como a un loco...

Al vivir esos momentos tan trágicos, fue cuando inicié verdaderamente en la filosofía. Poco a poco empecé a comprender las cosas. Al principio pensaba que la poesía debía ser perfecta para mostrarla al público, pero a esta edad entendí que la perfección es solo un dicho, mas no una regla.

Y cuando pasé a quinteto de secundaria, a la edad de 16 años, la vida me permitió formar amistades que valen oro. Dos de ellas fueron las de Leonardo y Diego Narváez. Esas dos personas, a quienes posiblemente el mundo vea como seres normales, se convirtieron en los mejores de mi mundo y de mi historia.

A Narváez lo aprecio muchísimo. Aunque al principio solo éramos compañeros de clase, el tiempo se encargó de crear un vínculo real entre nosotros. Nuestra amistad se terminó de forjar de manera virtual mediante un videojuego y una apuesta junto a André y Gustavo. Fue lo mejor que pudo pasarme, pues él estuvo presente en cada momento de mi dolor; fue quien incluso me llamó “hermano”.

Recuerdo un día en el que me sentía fatal, completamente destrozado. Veía cosas que ya no eran simples ilusiones, sino fantasmas de cada día. Mi mente se estaba volviendo loca: veía personas vigilándome desde las ventanas, sentía cómo me observaban y escuchaba voces que me llamaban. Sin darme cuenta, me hundí en una profunda depresión y en pesadillas constantes.

Entonces, una noche lo llamé por teléfono, poniéndole cualquier excusa para poder hablar. Mientras conversábamos, no pude contener más el peso y empecé a llorar con desesperación. Comencé a insultarme a mí mismo, repitiéndole: —Yo no quería tener esta mente, solo quiero paz. No sé qué me vaya a pasar a futuro, solo sé que un día desapareceré y nunca volveré...

Narváez, al escucharme en ese estado, me interrumpió: —No, Ponce, no digas eso...

Yo seguía llorando, diciéndome que tenía una vida de mierda y que todo se me iba al vacío. Luego de un rato, logré calmarme un poco y me dispuse a despedirme. Antes de cortar la llamada, Narváez me dijo: —Sí, Ponce, mejor duerme y tranquilízate... Eres una persona que supo manejar sus emociones. Al igual que tú me ayudaste en mis problemitas y me hiciste pensar, sé que no eres esa clase de persona que dices que eres. Te considero como un hermano.

Aunque hoy no tenga ese mensaje guardado por escrito, recuerdo perfectamente que me llamó “hermano”. Es algo que aprecio con el alma, porque él llegó justo en el momento en que yo estuve a punto de jalar el gatillo del arma. Es una persona que siempre tendré en el corazón.

Al igual que a Leonardo, quien estuvo para mí en los momentos más difíciles y fue capaz de abrirme los ojos antes de que siguiera ilusionándome en vano. Aunque no escriba un texto inmenso sobre él, es suficiente saber que estuvo ahí para mí para dejar claro cuánto lo aprecio. :b

Pensamiento N.º 10

«Antes de amar, aprende a amarte a ti mismo; antes de odiar, aprende a perdonar».

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