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El Ojo de Wiracocha

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Summary

Las agencias de inteligencia mas poderosas del mundo están tras un un artefacto inca que se cree que proviene de épocas pre diluvianas. El ojo de Wiracocha posee un poder tal que es capaz de cambiar el curso de la historia a favor de quien lo posea y sea capaz de despertarlo. El misterio de este artefacto ancestral traerá consigo una cadena de acontecimientos para los cuales ninguna agencia estará preparada.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

1. OPERACIÓN QHAPAQ ÑAN

¿Podría algo lumínico y fastuoso emerger de entre las sombras inhóspitas que esconden secretos de un pasado glorioso? Son variados y defectuosos, en medida, los mitos que transcurren en el tiempo y que viajan desde épocas distantes, cuyas variantes disipan muchos elementos clave. Es innegable el orgullo de muchos sobre el conocimiento de aquel distante pasado, pese a las implicancias de enigmas no resueltos y conocimientos perdidos. El tiempo, que lo consume todo, no perdona aquello que en ciertas épocas brillaba con trasfondos místicos, nobles y religiosos, y que, tras su paso, queda en el olvido y enterrado bajo tierra.

El paso del tiempo no siempre entierra todo en el pasado, pues la vitalidad de muchos conocimientos sobrevive en la mente de algunos. Muchos de los saberes sagrados fueron celosamente custodiados y ocultados durante largo tiempo debido a sus implicancias. Son fortuitos los caminos de quienes los descubren y desvelan sus misterios.

Entre los variados contrastes de simbologías antiguas, muchas permanecen indescifrables ante los ojos modernos de la sociedad. Muchos de los estudiosos difieren en sus apreciaciones y culpan al tiempo de devorar los antiguos saberes. Entre sombríos y apartados rincones, muy pocos oyen los susurros del tiempo, que manifiesta que no todo ha sido devorado por sus fauces, sino que el conocimiento permanece por siempre en algún lugar al que muy pocos pueden acceder.

¿Son esos susurros los causantes de que muchas mentes y corazones se aventuren en su búsqueda implacable? El conocimiento no siempre es desvelado por quienes ameritan recibirlo y discernirlo, sino también por mentes y corazones manchados de ambición, que no pretenden darle un uso adecuado.

¿Cuántos han seguido esas voces hacia su perdición? En el corazón de los Andes, donde las montañas respiran aliento de piedra y nubes, palpita algo oculto y siniestro cuya existencia fue manifiesta solo entre muy pocos. Algunos guardianes de linaje noble la custodiaron por siglos, aunque dicho linaje se fue extinguiendo con el pasar del tiempo. El olvido fue envolviendo aquello que, en el pasado, se conectaba con la mente de unos pocos elegidos, designados a trascender lo terrenal y el tiempo. Son pocos los vestigios y códigos indescifrados que aún lo mencionan, pues también fueron devorados por el tiempo.

¿Puede un murmullo o un canto antiguo revelar su existencia a quien lo amerite por su discernimiento? También puede que esa revelación llegue a oídos equivocados. A su marcha, el tiempo dirá, pero nunca sin cobrar su precio.

***

Ahora bien, el tiempo transcurría por el año 2025. Día 25 del mes de septiembre. Un cálido brillo del sol envolvía las calles empedradas del centro histórico de la ciudad del Cusco. Turistas de distintas nacionalidades y personas locales rondaban envueltos en un notorio sosiego.

La normalidad con la que se desarrollaba la vida en el Cusco pasaba desapercibida ante la llegada de unas figuras extranjeras que avanzaban como sombras con propósito. No eran peregrinas ni turistas, aunque portaban ropajes y rostros que fingían tal destino. Era de vital importancia para ellas no ser descubiertas, pues su plan podría frustrarse. Además, tenían tiempo limitado para llevar a cabo su principal objetivo sin ser detectadas. Recibían órdenes y presión “desde arriba” para realizar su trabajo de la forma más efectiva posible.

Se trataba de tres agentes de alto nivel de la CIA, muy bien entrenadas para la misión secreta que debían cumplir. Eran tres jóvenes mujeres con habilidades sobresalientes, que las habían hecho merecedoras de ser designadas para esta operación. La CIA estaba al tanto de su valor y había desplegado, además, otros agentes para cubrirlas y asegurarse de que todo saliera bien.

El interés de la CIA en la operación radicaba en un artefacto muy antiguo, que se sospechaba pertenecía a épocas antediluvianas. Innegablemente, se trataba de algo surreal, lo que causó dudas en primera instancia. No disponían de muchos datos acerca del objeto, pero sabían que era de ineludible importancia.

Pese al velo de misterio que aún rodeaba la verdad del artefacto, conocían ciertos atributos relacionados con él que resultaban increíbles. Algo que confirmaba su veracidad era que la FSB de Rusia también había enviado agentes secretos para hacerse con el supuesto artefacto lo antes posible.

Los rusos venían rastreando información sobre el objeto y tenían claro que no era, para nada, de naturaleza común, y que su origen era desconocido. Las incógnitas sobre el objeto seguían acumulándose entre los mandos secretos de ambos bandos, pero estaba claro que se debía actuar cuanto antes, pues se sospechaba que el artefacto poseía una enorme capacidad, capaz incluso de cambiar el rumbo de la historia.

Los agentes encubiertos de la CIA conocían la ubicación del objeto y las posibles rutas de entrada hacia su poco accesible localización. Habían analizado el terreno y la mejor hora para actuar. Todo debía salir bien, o un desastre podría tener consecuencias inesperadamente catastróficas. Los agentes rusos también estaban cerca y les pisaban los talones. No había tiempo que perder: “la Operación Qhapaq Ñan” demandaba sus mejores esfuerzos, sobre todo de las tres agentes encargadas de la misión principal de adentrarse a buscar el objeto.

Las tres trabajaban con total compromiso en lo que consideraban la misión de sus vidas. La primera era una estadounidense de nombre Samantha Carter, de 30 años, líder del grupo. Medía 1.75 m, tenía cabello castaño rojizo, ojos verdes, físico atlético y elegante. Era una líder nata, fría bajo presión, capaz de hablar siete idiomas (incluido quechua, por la misión). Experta en estrategia y manipulación psicológica, podía predecir movimientos enemigos y anticiparse a ellos.

La segunda agente era una alemana de nombre Anika Von Reinhardt, de 19 años. Medía 1.70 m, tenía cabello rubio platino hasta la cintura (siempre recogido en misión), ojos azules glaciales y piel de porcelana. Aunque parecía una modelo, prefería las batas de laboratorio. Era una genio de la criptografía y la arqueología prohibida, poseía un doctorado en física cuántica y tenía la habilidad de descifrar códigos con altísima precisión.

La tercera era una suiza de nombre Elodie Moreau, de 25 años. Medía 1.68 m, con cabello gris corto, ojos grises metálicos y una cicatriz en el hombro. Experta en artes marciales mixtas y en uso de armas, había sido entrenada en unidades de élite. Era la mejor en defensa personal y siempre estaba atenta a la seguridad del equipo. Precisa y confiable como un reloj suizo.

Al día siguiente, las tres agentes se encontraban explorando senderos invisibles para ojos comunes. Fingían ser turistas, pero sus corazones marchaban al compás de mapas secretos y cálculos milimétricos. Estaban cerca de Sacsayhuamán, en un espacio discreto donde nadie más se encontraba… o al menos eso creían.

Ellas analizaban el lugar y ya tenían listo el plan que debían ejecutar por la noche, en coordinación con los demás agentes de la CIA desplegados en distintos puntos del Cusco.

—La noche nos llamará a la acción —dijo Samantha con voz grave mientras observaba unos mapas de la zona—. Será hoy o nunca, pues ya no podemos esperar más. Los agentes rusos están muy cerca.

—El plan ya está definido —añadió Anika, con una voz tan gélida como la información que portaba—, y debemos tomar ese artefacto cuanto antes, cuando las alarmas de la ciudad estén en su punto más bajo. La vigilancia será mínima a esa hora y podremos ingresar en el túnel prohibido que fue sellado.

—Es posible que los rusos lleguen para entonces —dijo Elodie sin emoción—.

Los informes de los otros agentes dicen que ya fueron localizados en la ciudad. Puede que ya nos estén observando.

Y entonces, como si el universo confirmara su sospecha, el silencio fue roto. Un leve crujido. Una presencia cercana. Lo que había sido planeado con frialdad fue alterado por el azar… o por algo más antiguo que la agencia misma a la que servían. Porque cuando uno pisa terreno sagrado, hasta el ruido de una rama puede ser juicio de los dioses.

El instinto de las tres funcionó como uno solo: se lanzaron a interceptar la presencia oculta antes de que pudiera huir. El sujeto trató de retroceder al notarse en peligro, pero ya era tarde, pues las tres agentes lograron acorralarlo.

Se trataba de un joven de estatura media, cabello negro liso de longitud media, piel color canela claro uniforme, ojos oscuros de tamaño medio y vestido con un suéter beige y pantalón del mismo color. Ellas notaron que no era un agente ruso, como creían, pero sabían que había escuchado su conversación y no podían dejarlo ir.

—¿Te gusta espiar conversaciones ajenas? —le dijo Samantha, en un español perfecto y con una sonrisa fría—. Dinos por quién fuiste enviado.

—Yo solo pasaba por aquí por casualidad… —dijo el joven, tratando de mantener la compostura—. Además, yo no entiendo vuestro idioma…

—Dinos qué escuchaste —le dijo Elodie en español, con tono amenazante y apuntándole un arma.

—¡Nada! —insistió el joven con cierta ansiedad—. Solo soy un local que vive cerca de aquí y pasaba por casualidad. No tenía intención de perturbarlas.

—No es ningún espía del enemigo —dijo Anika, analizándolo con una mirada calculadora—, pero sabe algo de lo que estuvimos hablando.

—Claramente no lo podemos dejar ir —sentenció Elodie con una mirada asesina—. Debemos deshacernos de él cuanto antes. No tomemos riesgos innecesarios.

Elodie se disponía a matarlo con una pistola silenciada al ver el silencio de la líder, pero Anika la detuvo enseguida.

—Es un local. Si lo matamos, notarán su ausencia. Además, los túneles pueden tener trampas y él podría sernos de utilidad.

—¿Y si habla después? —preguntó Samantha, con algo de impaciencia.

—Podemos hacer que desaparezca luego —replicó Elodie—, pero que primero nos sirva.

El joven, con el corazón acelerado, fingía no entender inglés, pero en el fondo sí comprendió cada cosa que dijeron. Anika se acercó a él y le dijo que debía venir con ellas, pues tenían un trabajo para él, y que, si lo hacía bien, podría vivir. Él sabía que era una promesa falsa, pero no tenía opción y debía buscar otra manera de salir de ese embrollo en el que se había metido sin querer. Ellas mostraban una frialdad que no le dejaba dudas: no vacilarían en darle muerte si no cooperaba.

—Vendrás con nosotras —le comunicó Samantha con dureza—, harás todo lo que te digamos y, si intentas hacer algo estúpido, no dudaremos en acabar contigo. Tu única carta para preservar tu vida es obedecer.

Tras esta última advertencia, las chicas se marcharon de allí llevando consigo a su prisionero, a quien decomisaron algunas pertenencias, como su celular y su Documento Nacional de Identidad (DNI). Tras esto, le ordenaron que en todo momento fingiese ser amigo de ellas en los lugares públicos.

Quien iba más apegada a él era Elodie, de quien podía notar que era una asesina con facilidad para el manejo de variedad de armas. Su sola mirada amenazante parecía capaz de poner nervioso a cualquiera.

La travesía hacia la ciudad estuvo acompañada de cierta tensión para el nuevo participante del grupo, pese a que intentaba introducirse en el rol aparente que se le exigía.

En un acto de cierto nivel de simpatía, Anika se acercó, le puso una mano sobre el hombro y le dijo con un tono de mayor delicadeza:

—Según tu documento de identidad, te llamas Yhonatan Condori Velasquez y tienes 28 años. Tal vez deberíamos ponerte otro nombre.

—Mejor ponle uno —dijo Elodie con tono sarcástico—, uno que sea divertido…

—¡Solo llámenme por mi nombre! —respondió el joven.

—Bien, Yhonatan —dijo Anika con una leve sonrisa—, suelta esa tensión que aún llevas encima y muéstrate más relajado.

—Haré lo que pueda.

Los cuatro caminaban juntos por la plaza, envueltos por la luz tenue del atardecer, mientras fingían disfrutar de su estancia allí. Yhonatan se mostraba menos tenso y fingía ser un guía de las jóvenes extranjeras, que se mostraban algo curiosas respecto a lo que las rodeaba.

Ahora él mostraba mucha confianza y seguridad al hacer de guía local. Explicaba la historia antigua del Cusco y cómo se construyeron esos templos religiosos e históricos que tenían enfrente.

Las piedras que conformaban construcciones monumentales parecían palpitar a los ojos de los visitantes. Los contrastes de la iluminación del día iban cambiando a medida que el sol se ocultaba en el atardecer. Todo un espectáculo que parecía incluso humanizar a las frías agentes, que hacían ciertos comentarios sobre la energía mística del lugar.

Cuando un vendedor ambulante pasó, Yhonatan le compró un collar con chakana (simbólica cruz escalonada del mundo andino). Luego, se acercó a Anika de forma sigilosa y se lo puso en el cuello. Ella lo miró algo confusa.

Él, con una sonrisa, le dijo:

—Es un regalo de los Andes. La chakana, también conocida como cruz andina, es uno de los símbolos más profundos, antiguos y sagrados de la cosmovisión andina. No es solo una figura geométrica: representa todo un sistema filosófico, espiritual, astronómico y social que organizaba la vida de los pueblos andinos, incluidos los incas.

Anika lo miró detenidamente y lo analizó mientras lo sostenía con ambas manos. Luego miró a Yhonatan y le dio las gracias, manteniendo su peculiar seriedad. Elodie lo observó algo extrañada. Samantha, mientras tanto, tomaba algunas fotos del lugar.

Tras esto, Samantha propuso que fueran por unos cafés, a lo que las otras dos chicas aceptaron. Estando en una cafetería del centro, ellas ordenaron cafés de su preferencia y le dieron a elegir uno a Yhonatan.

El ambiente parecía relajado y ellas conversaban amigablemente, como personas normales. Yhonatan degustaba su café y parecía disfrutar un poco del momento, observándolas cada cierto tiempo, sobre todo a Anika, a quien veía como la más brillante del grupo.

—Disipa tu silencio, cusqueño —le dijo Samantha con un tono de burla—. En la plaza te mostrabas más extrovertido, como un guía local…

—Déjalo disfrutar de su café en paz —intervino Anika—. Ya nos entretuvo un poco con sus conocimientos locales en la plaza de armas.

—Creo que eres muy amable con él —intervino Elodie con una media sonrisa burlona—, aunque admito que nuestro amigo sabe expresarse con pasión sobre sus raíces.

—Son vastas las historias, mitos y leyendas de estas tierras —expresó Yhonatan con un tono relajado—. El corazón de los Andes es un mundo entero…

—Y tú sabes asimilarlas cuando las observas —le dijo Samantha—, así como estuviste echando ojo a Anika de forma disimulada, pero con bastante frecuencia.

—También lo noté —dijo Elodie de forma burlona mirando a Anika—. Parece que le gustas a un descendiente quechua.

—Dejemos las bromas —expresó Anika—. Vayamos a buscar un restaurante local donde cenar. Tú, Yhonatan, debes conocer un buen lugar.

—¡Claro! —respondió el joven local—. Las puedo llevar a uno donde tendrán una variedad de manjares acompañados de calidad local.

—Pues bien —dijo Samantha con un leve respiro—, vayamos para allá por nuestra última cena aquí.

Tras el tiempo transcurrido en el café, el grupo se dirigió al restaurante al que su falso guía local las conducía. La sombra de la noche ya cubría los cielos, y los puestos de trabajo de las calles eran infaltables a la vista. Cuando llegaron al restaurante del centro de la ciudad, el grupo ocupó una mesa e hicieron sus pedidos. Yhonatan les recomendó algunos platillos y ellas lo tomaron en cuenta. Él pidió el mismo platillo que le recomendó a Anika.

—El famoso lomo saltado —dijo Anika mientras lo degustaba—. Es uno de los mejores platos bandera del Perú.

En ese momento entraron al lugar unos músicos que comenzaron a tocar música andina con un contraste algo melancólico. Cuando ellos terminaron de tocar, Anika les dio algo de dinero.

—Me da gusto que te haya agradado la música local —le dijo Yhonatan con una leve sonrisa.

—Tienes algo de razón —respondió ella—, aunque no creo volver por aquí.

—¿Y por qué no?

Samantha le hizo una mirada de advertencia al joven, por lo que implicaba su pregunta. Tras esto, Anika decidió cambiar de tema.

—¿Eres un guía local? Sabes mucho de historia del corazón de los Andes.

—No —respondió Yhonatan—. Todos aquí la conocemos por cultura, aunque también admito que soy autodidacta en historia. Lo que sí estudié en la universidad es economía, por lo que suelo analizar la historia desde un enfoque económico…

—Me parece interesante tu cultura, Condori —declaró Anika.

—Solo llámame Yhonatan —dijo el joven.

—No te encariñes mucho con él ni con su cultura —intervino Samantha con cierta ironía—, porque, como tú misma lo dijiste, no volverás por aquí.

Tras esto hubo un leve silencio, hasta que el mesero trajo algunas copas de vino que ellas habían ordenado. Todos bebieron una pizca antes de concluir con la cena.

Tras aquella cena, el grupo se dirigió a su hostal, el cual era discreto para que no fuesen ubicadas por los agentes enemigos. Una vez allí, comenzaron a comunicarse con los demás agentes de la CIA y a revisar sus planes. Ellas se aseguraban de que todo su camino hacia su objetivo estuviese libre y, según decían, saldrían a las 23:00 horas. Todo parecía marchar según lo habían planeado anticipadamente, pues las agentes recibían mensajes positivos de los demás agentes que estaban desplegados en el Cusco. Uno de esos mensajes fue que ellos lograron abrir la entrada del túnel que había estado sellada desde el siglo pasado.

Todo parecía que iba quedando listo. Las herramientas que irían a usar ya habían sido equipadas. A las 22:00 horas, Yhonatan fue conducido a una habitación del hostal donde le mostraron el mapa del túnel que debían recorrer.

—Asimílalo como haces con tus historias —le dijo Elodie en tono sarcástico.

Una vez que el reloj marcó la hora indicada, el grupo de cuatro salió del hostal para dirigirse a las alturas de Sacsayhuamán. El tiempo era un elemento importante que tomaban en cuenta en sus movimientos, mientras se desplazaban por un camino poco transitado que no les traería muchos contratiempos.

Por el camino, Yhonatan comenzó a hablar de forma más discreta, revelando un sueño que había tenido sobre aquel artefacto la noche anterior. Él mencionó que, en ese sueño, había escuchado voces antiguas del interior del complejo arqueológico que le llamaban por su nombre. Dichas voces se oían algo distorsionadas al principio, pero se fueron convirtiendo en una voz comprensible, como si se tratase de una antigua entidad que despertaba en el presente y auguraba eventos venideros. La voz retumbaba desde el suelo y, con un peculiar tono místico, le reveló que estarían frente a frente, pues ese era su destino. Pero agregó que todo ello podría suponer una maldición para quienes osasen profanar su estancia en la profundidad de la tierra.

Cuando concluyó con eso, Elodie soltó una risa tosca.

—Al menos sabes contar historias y chistes. No fuiste muy mal rehén después de todo, pero aún viene la verdadera prueba que deberás superar si quieres quedar libre.

—No es ningún invento —afirmó Yhonatan con seriedad—. Me sorprende que todo se haya cumplido. Yo no tenía conocimiento del artefacto hasta antes de ese sueño. Creí que solo era un sueño, pero los eventos de este día me llevaron hasta el momento y lugar donde las escuché mencionarlo, y ahora, sin querer, soy parte de esto.

—¿Qué más nos ocultaste? —le dijo Anika con una leve mirada—. Entiendes bien el inglés que hablamos y no eres lugareño de Sacsayhuamán, sino de otra comunidad…

—Anika —expresó Yhonatan acercándose a ella—, tú amas el conocimiento y la razón antes que recibir órdenes ciegamente…

—¡Silencio! —le ordenó Samantha con un tono de impaciencia—. No tienes escapatoria, pues ese trabajo es lo que definirá tu destino. Solo considéralo una maldición si fallas en él.

El camino que seguían estaba cada vez más cerca de la entrada hacia ese túnel donde se encontraba aquel preciado objeto, codiciado tanto por la CIA como por la FSB. La noche definiría el curso de aquellas operaciones que se realizaban en torno a él. Bajo la penumbra, se había activado el juego peligroso de una carrera por la obtención del objeto.

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